Tras unos pocos días de tregua, las lluvias regresaron a Galicia este miércoles, en un comienzo de año en el que sobran los dedos de las manos para contar los días sin precipitaciones en Galicia. La sucesión de borrascas (Goretti, Harry, Ingrid, Leonardo, Marta, Nils u Oriana), su persistencia y la intensidad del agua caída provocaron en las primeras semanas de este 2026 una “situación extraordinaria”, según destacó la Xunta.
Los valores de precipitación media en enero duplicaron los habituales en este período y Meteogalicia tuvo que activar por primera vez en su historia —más de 25 años— un aviso rojo por lluvias, que en los primeros 44 días del año registraron más de 14.300 hectómetros cúbicos en Galicia. Hubo inundaciones, paralización del transporte ferroviario o marítimo en las rías, desvíos de vuelos, accidentes, graves afectaciones al marisqueo o ríos desbordados, y el 112 gestionó más de 7.600 incidencias relacionadas con los temporales, movilizando sus servicios en más de 21.000 ocasiones. En otras partes del Estado los problemas causaron varias muertes, al igual que en el norte de Portugal, donde la emergencia fue también extrema.
La sucesión inusual de borrascas y su fuerza fue señalada, aun sin análisis detallados ni concluyentes, por numerosos expertos como una de las consecuencias del calentamiento global por el debilitamiento del vórtice polar (una gran zona de bajas presiones y aire muy frío que en invierno se sitúa sobre el Ártico) y por el excepcional calentamiento de los mares. Ahora, el primer estudio científico sobre esta situación excepcional confirma las sospechas: el cambio climático provocado por el ser humano aumentó la intensidad de las lluvias torrenciales en Galicia.
La conclusión surge de la investigación llevada a cabo por la World Weather Attribution (WWA), una red científica que desde hace una década analiza los vínculos con la crisis climática en eventos extremos como olas de frío y calor, riadas, sequías o incendios forestales. Esta comunidad de investigación internacional acaba de divulgar su primer análisis sobre las lluvias extremas en España, Portugal y el norte de Marruecos, centrándose en las zonas más afectadas, también Galicia.
Los y las investigadoras de la WWA estudiaron la probabilidad e intensidad de las precipitaciones más fuertes “en dos regiones que abarcaban las zonas más afectadas”: el norte de Portugal y noroeste de España (donde se incluye Galicia), por un lado, y el sur de Portugal y el suroeste de España, junto con el norte de Marruecos, por otro.
Los datos basados en observaciones indican que los días con mayores precipitaciones en ambas áreas “son ahora aproximadamente un tercio más lluviosos que antes de que el planeta se calentase 1,3 grados centígrados”. Y también que hay “un claro aumento en la intensidad” de estos episodios de lluvia extrema en una jornada: un 36% más de agua en la región sur y un 29% en la región norte, es decir, en Galicia y en el norte de Portugal.
En el caso de esta área, que abarca Galicia y el norte portugués, la investigación halló que hubo un aumento de alrededor del 11% en la intensidad de la lluvia que “puede atribuirse directamente a las emisiones de carbono”. Y lo hizo después de que los y las investigadoras, “para identificar la influencia humana en este cambio” en las lluvias, combinaran los aumentos observados en las precipitaciones con simulaciones de modelos climáticos.
El estudio aclara que, mientras en Galicia y en el norte de Portugal ese aumento de más del 11% en las precipitaciones es directamente atribuible al incremento de las emisiones de carbono, en la región sur analizada los modelos climáticos “no reprodujeron la tendencia observada”.
“Esto es exactamente lo que supone el cambio climático: los patrones meteorológicos que antes eran más manejables ahora se están convirtiendo en desastres más peligrosos”, explica Friederike Otto, profesora de Ciencias Climáticas en el Centro de Política Ambiental del Imperial College de Londres y una de las autoras del estudio. “Ya sea el aumento del 11% que pudimos atribuir directamente a las actividades humanas, como la quema de combustibles fósiles, o las tendencias mucho más elevadas que observamos sobre el terreno a lo largo de décadas, estamos seguros de que la crisis climática hace que estas intensas lluvias sean más severas”, añade.
Por su parte, David García, profesor del Departamento de Matemáticas Aplicadas e Ingeniería Aeroespacial de la Universitat de Alacant y otro de los autores del informe, destaca que el volumen de agua caída en lugares como Grazalema fue “asombroso”. “Que caiga en pocos días el equivalente a las precipitaciones de todo un año supone un impacto enorme para nuestras infraestructuras y nuestro suelo”, afirma quien considera que el estudio de la WWA “confirma que el calentamiento de la atmósfera provocado por nuestras emisiones colectivas de carbono está dando lugar a un patrón de lluvias más extremas e intensas”.
En su investigación, estos y otros investigadores indican también que el aumento de precipitaciones asociado a la variabilidad provocada por la crisis climática en la Oscilación del Atlántico Norte —fenómeno atmosférico clave en el norte del Atlántico que controla el clima fluctuando entre la alta presión del anticiclón de las Azores y la baja presión en Islandia— tiene también su influencia, aunque menor. Contribuye en un 5% adicional a la intensidad de las lluvias en el sur de la península Ibérica y en tan solo un 2% en el caso del norte de Portugal y de Galicia.
El informe advierte asimismo de un “sistema meteorológico bloqueado”, caracterizado por las altas presiones sobre Escandinavia y Groenlandia, que “actuó como una barrera física en la atmósfera, canalizando tormenta tras tormenta hacia Europa occidental”, aunque aclara que la relación entre este bloqueo y el cambio climático es un área de investigación aún activa.
Además, y aunque el estudio precisa que las aguas que rodean la península Ibérica y Marruecos no presentaron temperaturas anormalmente altas, las tormentas de comienzos de año sí se “vieron potenciadas por ríos atmosféricos que extrajeron humedad de una ola de calor marina, de fuerte a severa, más al oeste del Atlántico”.
Ante esta situación, la comunidad investigadora de la WWA advierte del “riesgo creciente” de unas precipitaciones extremas que se “están convirtiendo en una amenaza cada vez mayor para las infraestructuras y las viviendas en las regiones afectadas”. Por ello, y aunque destaca que los Estados han “avanzado en la gestión de desastres”, es necesario “armonizar mejor los sistemas nacionales y municipales de alerta temprana e invertir en el desarrollo de capacidades locales”.
Ante el aumento en la intensidad de las lluvias, David García insta a los “responsables políticos” a “prepararse y adaptarse para proteger las vidas, los medios de subsistencia y las infraestructuras” de estas regiones más afectadas por estos fenómenos.
Llamamiento a los gobiernos
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En una rueda de prensa este pasado miércoles, varios de los autores insistieron en la necesidad de que las administraciones y la UE en su conjunto “se adapten” a la nueva situación de riesgo que provoca la crisis climática y que, en el caso de lluvias extremas e inundaciones, “lleva diez años” mostrando su cara más dura en el continente. “Necesitamos adaptarnos lo antes posible”, destacaron sobre las consecuencias del calentamiento global que, recuerdan, “no son un problema que vaya a venir, sino que ya está aquí y ahora”. “Necesitamos abordarlo”, indicaron, tras recordar que los fenómenos de “menos lluvia pero más concentrada” son un horizonte del que la ciencia advierte desde hace años y para el futuro más inmediato.
“Tenemos las herramientas y los conocimientos necesarios para evitar que esto empeore, pero necesitamos la voluntad de ponerlos en práctica con mayor rapidez y cambiar nuestros sistemas sociales para mejor”, añade Friederike Otto. “Merece la pena luchar por cada fracción adicional de grado de calentamiento o las lluvias torrenciales no harán más que empeorar”, concluye una de las investigadoras participantes en el estudio de la WWA.
Esta red científica fue la que llevó a cabo también un primer análisis sobre los incendios forestales en Galicia y Portugal y en entornos limítrofes como Castilla y León o Asturias durante el pasado verano. Su conclusión también fue clara: están ligados a la crisis climática y fueron más graves por esta razón.
Tras unos pocos días de tregua, las lluvias regresaron a Galicia este miércoles, en un comienzo de año en el que sobran los dedos de las manos para contar los días sin precipitaciones en Galicia. La sucesión de borrascas (Goretti, Harry, Ingrid, Leonardo, Marta, Nils u Oriana), su persistencia y la intensidad del agua caída provocaron en las primeras semanas de este 2026 una “situación extraordinaria”, según destacó la Xunta.