¿Qué le dirías a alguien que entró en coma el 15M y despertara hoy? Cristina Monge
Esta pregunta me la hizo Françesc Miró, periodista y escritor valenciano, en la presentación de mi último ensayo, Contra el descontento. Por una alianza para construir futuros deseables (premio Paidós 2026) en la Fira de Valencia hace unos días. Pensé que, ahora que se cumplen 15 años de aquél 15M, la pregunta no podía ser más acertada. Un Goodbye Lenin a la española, en efecto.
Si esa persona despertara hoy y su último recuerdo fueran aquellas plazas llenas de indignación, tendría que explicarle muchas cosas. La primera, que aquel movimiento fue una sacudida en la historia democrática de este país. Que puso fin al bipartidismo imperfecto que se había instaurado durante casi cuatro cuatro décadas e inauguró un ciclo de multipartidismo e inestabilidad hasta tal punto que el sistema de partidos sigue hoy sin consolidarse.
La sacudida que supuso el 15M propició, aceleró o motivó una renovación de las élites: desde la abdicación del rey hasta el cambio en los liderazgos de los partidos políticos, las instituciones financieras, grandes corporaciones e incluso los medios de comunicación
Tendría que contarle que la sacudida que supuso el 15M propició, aceleró o motivó una renovación de las élites: desde la abdicación del rey hasta el cambio en los liderazgos de los partidos políticos, las instituciones financieras, grandes corporaciones e incluso los medios de comunicación. Una nueva generación ascendió a los primeros puestos de responsabilidad, y aunque no sería riguroso atribuir todos estos cambios a la fuerza de los indignados, no es menos ingenuo pensar que no tuvieron nada que ver.
Supongo que me preguntaría si aquello tuvo repercusiones políticas, y tendría que contarle que dos nuevos partidos, Podemos por la izquierda y Ciudadanos por la derecha (más allá del Ciutadans catalán), recogieron esa ola de indignación y la convirtieron en propuestas electorales exitosas, que miraban cara a cara a los dos grandes partidos y que, por momentos, rozaron lo que se llamó el “sorpasso”. Se abrió una era de las “primeras veces”: primera moción de censura exitosa, primeras repeticiones electorales, primer gobierno de coalición… Estas fuerzas llegaron a las instituciones y a los gobiernos. Gobernaron ayuntamientos, comunidades autónomas y hasta cinco ministerios y una vicepresidencia del Gobierno de España, como ocurre en la actualidad.
Imagino que a continuación me preguntaría qué han hecho esas fuerzas y para qué ha servido su movilización. Me tocaría explicarle que ahora la “transparencia”, la “participación” o la “rendición de cuentas” son conceptos incorporados a la política de forma habitual, y no sólo algo de cuatro politólogos o frikis de la democracia. Que el feminismo ha dado un salto cualitativo de una magnitud inimaginable cuando en Sol los indignados decidieron quitar una pancarta que decía “La revolución será feminista o no será” porque alguien dijo que creaba división. Que España es referencia global en transición ecológica y que buena parte de la electricidad que hoy consumimos procede de fuentes de energía renovable. Que llegó una pandemia y el Gobierno levantó un “escudo social” que protegió a los más vulnerables y evitó que la desigualdad volviera a dispararse (hay informes que hablan de dos puntos del PIB).
Quienes mejor entendieron el momento de indignación perdieron enseguida el olfato para comprender la evolución de la sociedad española
Como la recién despertada era una mujer informada y preocupada por los asuntos públicos, preguntaría por aquellos temas que cuando ella entró en coma eran los principales problemas de preocupación de la ciudadanía: la vivienda, la corrupción, la desigualdad. Ahí tendría que decirle que por mucho que se haya ido avanzando, el núcleo de los problemas siguen ahí… y entonces tendría que explicarle que la rabia ha cambiado de bando y que ahora existen partidos de ultraderecha que dicen cosas que recuerdan al peor de los pasados.
Sería el momento de contarle que quienes mejor entendieron el momento de indignación perdieron enseguida el olfato para comprender la evolución de la sociedad española, que se encontraron con los límites propios de las instituciones y el sistema, que enseguida reprodujeron los peores vicios de los partidos tradicionales, que no supieron ni pudieron ensanchar más los márgenes de lo posible, y que habían generado tantas expectativas que la decepción fue más de la que cabía esperar.
Ojalá con esto consiguiera hacerle ver que vivimos tiempos en que nos estamos jugando la democracia, y que de la misma manera que la crisis de 2008 tuvo la contestación en la indignación del 15M el momento actual exige levantar un movimiento de construcción de alternativas y futuros que siga avanzando en la construcción de más y mejor democracia.
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