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Un puñetazo contaminado y contaminante

Domingo Sanz
Publicada el 23/12/2015 a las 06:00 Actualizada el 26/12/2015 a las 11:14
Únicamente recuerdo tres momentos notables de violencia individual descontrolada a lo largo de esta legislatura, la más cruel de la historia reciente por lo que se refiere al aumento de esa clase de pobreza que duele personalmente, según el INE.

El primero, un conductor español obsesionado y casi suicida alunizando contra la sede central del PP. ¿Qué pasó con ese hombre?

El segundo, un presidente de los nervios acariciando en público a su hijo de 10 años, usado para la ocasión, porque lo dejó en ridículo ante un locutor deportivo. ¿Había soñado Rajoy esa noche con el miedo a perder su blindaje y el aparato del Estado entrando otra vez en Génova 13 con la ley en la mano?

El tercero, un menor, no tonto y protegido por la edad y por sus padres importantes, golpeando en público a su familiar más famoso. Rendimiento conseguido con el puñetazo: el candidato, catatónico desde el lunes 14 por la noche resucita 48 horas después para ocupar, quizás con k, todas las portadas a una distancia perfecta de las urnas, recibir las carantoñas de Merkel y, por si faltaba algo, juntar en la misma frase y en voz bien alta las palabras Pontevedra y "política", que nadie que no fuera sospechoso había mezclado hasta ese momento. Más portadas más cerca del día D y además, por si nos habíamos equivocado, diciendo una cosa para ir de víctima elegante pero haciéndonos pensar en la contraria, la que le interesa.

En resumen, una gestión del incidente que le permite conseguir publicidad al precio de unas gafas y tocar los sentimientos de millones, porque sabe que el ánimo es un estado que se puede alterar incluso con el vuelo de una mosca impertinente.

Para terminar, se me ocurren dos preguntas: ¿No hubiera sido más digno que ni él ni ninguno de los suyos abrieran la boca? Y otra: ¿Qué pánico le domina a cierta derecha española cuando gobierna que, si pierde o teme perder, se enreda siempre con episodios de violencia, esté o no implicada en ellos?

No podemos evitar que nos vengan a la cabeza julio del 36, febrero del 81, marzo de 2004 y el último puñetazo, una secuencia inapelable de derrotas en las urnas, distintas unas de otras pero siempre desde el gobierno y, además, las únicas en las que había fracasado o terminaría fracasando desde sucesivas posiciones de mando durante los últimos 80 años, que se dice pronto. Y sin ser lo mismo, también nos han violentado bastante los 30 días de más que se ha concedido Rajoy, el mayor abuso de tiempo de gobierno en democracia y manifiestamente innecesario, así como la fecha navideña que ha obligado para las elecciones. Nos queda un consuelo, porque han evolucionado de la violencia mortal a la violencia patética. Quizás debamos dar las gracias a Europa por ayudarnos a enfriar el infierno donde nacen nuestros peores demonios.
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Domingo Sanz es socio de infoLibre
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