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Librepensadores

Como si...

Manuel Jiménez Friaza Publicada 16/03/2017 a las 06:00 Actualizada 15/03/2017 a las 22:18    
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Carmen Martín Gaite contaba una vez que ella seguía el «como si» como una regla de vida. Su pequeña teoría del «como si» consistía en hacer un uso de la imaginación parecido al de los niños en los juegos que hoy llamamos, en la neolengua, «juegos de rol». Eran esos que empezaban con «¿vale que yo soy el médico y tú el enfermo?» y, en el momento en que el otro aceptaba la propuesta, se producía la demiurgia que es tan natural en la infancia: la transformación de la ficción en realidad mediante un simple acto lingüístico. En aquel punto en que lo dejamos, el niño devenido médico mediante su pregunta performativa, enarbolaba ya, con gesto adusto y adulto, la jeringuilla de ilusión para pinchar en el culo al que, en el desigual reparto -como en la vida misma, pues en su simulación consistía el juego-, le había tocado el deslucido papel de enfermo...

La novelista sabía bien que la realidad es fea y sórdida, por lo común, y, a veces, difícilmente soportable. Sabía también, como creadora de mundos de ficción, que la mejor manera de sobrellevarla y sobrevivir a ella es reescribirla, como en un palimpsesto, con la imaginación, y actuar en consecuencia, como si fuera de otra manera distinta. Alfonso Sastre, otro gran creador de historias, también ha sido siempre consciente de ese papel poderoso de la imaginación en la creación literaria y en el mundo humano, hasta el punto de haber elaborado, en sus estudios sobre lo que llama la «imaginación dialéctica», una sofisticada y extensa reflexión teórica, un verdadero tratado de Estética. Para Sastre, la imaginación es transformadora desde el momento en que plantea un camino de ida y vuelta a y desde la realidad, en el que ésta queda «tocada» o como herida, y puede convertirse así en una realidad alternativa. El niño que actuaba como si fuera un médico puede llegar a serlo realmente un día. Lo imaginado de forma especular en las utopías puede encarnarse en un lugar y tiempo concretos, traspasando el espejo platónico.

Por aludir de pasada a lo biográfico, yo no habría sido capaz de trabajar tantos años como profesor sin el auxilio del «como si». Uno debe actuar en el aula como si sus alumnos fueran todos inteligentes, capaces y constantes. La educación exige, en ese sentido, un optimismo histórico, un optimismo de la imaginación, más que de la voluntad como quería Gramsci. En el fondo, así lo ve uno al menos, es algo así como las profecías autocumplidas: la dama boba de Lope de Vega se vuelve inteligente gracias al efecto emulador del amor; el niño torpe al que tratamos como si fuera listo, lo acaba siendo por contagio; la fea realidad puede acabar transformándose en otra más habitable y hermosa... Parafraseando el saber popular que nos avisa del peligro de que lo que deseamos puede cumplirse, podríamos decir nosotros: ten cuidado con lo que imaginas porque puede convertirse en real.

Todo puede empezar de nuevo preguntándonos, como explicaba Sastre que preguntaban todas las fábulas: ¿qué pasaría si...? O, en su versión negativa, la más pura y limpia de la contaminación de la fea realidad: ¿qué pasaría si no...? ¿Hay otra manera -y así acabamos- de afrontar el fracaso cotidiano de nuestras sociedades o de nuestra vida cotidiana? ¿Cómo soportar, por ejemplo, la gris actualidad política económica con su carga de mentiras, injusticias o corrupciones a no ser con un «¿qué pasaría si no...?» Que el lector -que en la escritura pública siempre se imagina uno como un lector activo, dialéctico, inteligente, el socio ideal del propio pensamiento- complete los puntos suspensivos con todo lo que pueda imaginar.
____________

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5 Comentarios
  • abelmartin abelmartin 16/03/17 20:53

    El sr. Friaza es el socio ideal de este periódico que otras cabeceras (y otras cabezas) quisieran para sí. Por ello, enhorabuena al diario y al socio.

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    • Manuel_JF Manuel_JF 17/03/17 11:22

      ¡Gracias, abelmartin!

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  • Bacante Bacante 16/03/17 10:32

    Es que el niño torpe no era torpe y nosotros conformamos nuestra realidad. Vemos lo que queremos ver.  Imposible estar más a gusto con la idea de hacer "como si"  cada mañana al levantarme. 

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  • M.T M.T 16/03/17 08:28

    Excelente artículo con todo ese canto a la imaginación, a ese " como si" , " que pasaría si" para sobrepasar la realidad cotidiana, en ocasiones tan prosaica, aburrida, y trasladarnos, aunque solo sea en la imaginación o fantasía, tan liberadora de lo cotidiano, tal como lo lograron Martín Gaite en " Caperucita en Manhattan" y tantas obras más de ella o Sastre a quien usted espléndidamente menciona. Todo ello sin olvidar ese" como si" en la 'Gramática de la fantasía' de Rodari. Desde esos supuestos para la enseñanza y la vida no me cabe duda de que usted debe ser un excelente profesor. Suscribo su apuesta por la imaginación, de la que estamos tan carentes, al tiempo que lo felicito por su escritura. Saludos.

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    • Manuel_JF Manuel_JF 16/03/17 09:55

      Gracias, M.T. Mientras mantengamos esa llama (aunque seamos pocos, somos una "inmensa minoría"), no todo está perdido... Un abrazo.

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