X

Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es




LIBREPENSADORES

El viejo caserón

Vladimir Merino Barrera Publicada 26/08/2017 a las 06:00 Actualizada 25/08/2017 a las 17:18    
Etiquetas
Facebook Twitter Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios 3

Cuántos años que no volvía; mirando desde abajo lo veo sobre la cima, el sol al fondo dibuja la silueta del viejo caserón. Recuerdos de niñez, el columpio en el jardín, la abuela limpiando cristales, yo corriendo por el césped con Atila, a veces jugando en su caseta. Todo tan distante… antes era azul añil, ahora el color está perdido, tal vez como yo. Quiero volver y encontrar mi pasado. El bosque es blanco, la nieve refleja el vacío del interior, deseo llenarlo de vida y expulsar aquellos espíritus que me atormentaron tras la muerte trágica de mi madre; introducir ese aroma a pan tostado que antaño se extendía por los rincones.

Aunque el espacio de los recuerdos es infinito, quiero poner orden y prioridades. Asciendo el primer tramo de peldaños y me detengo, la memoria retrocede y veo un niño solitario, sentado sobre un columpio a la espera de ser balanceado. A escasos metros su mamá, descansando sobre una silla de anea; mira sin ver, oye sin escuchar; mejor, ni ve ni oye, tampoco habla. El niño intuye y solo espera sin saber qué, tal vez un milagro, una aclaración a su nacimiento injustificado. Nadie se lo razonó y él desconocía su origen, ese en el que varios uniformados, embrutecidos y deseosos de placer animal, asaltaron el caserón violando a una joven ciega, sorda y muda; también bella y apetecible para los demonios. Ese era yo, esa era mi madre.

Sigo ascendiendo, desde esa media altura veo sentado en el columpio a un adolescente, no más de catorce años; es de noche y las millones de estrellas forman miles de constelaciones; la mayoría no se ven pero su abuelo, sabio astrónomo, le alienta a destapar la imaginación descubriendo el infinito. Atila tumbado a sus pies, no entiende pero escucha; quizás también viaje en busca de nuevos y mejores mundos. Ese día, amparado en la grandeza y belleza de todo un firmamento que cabe en la imaginación del muchacho, su abuelo explica con dulces palabras y crudas emociones su origen, su razón de ser. Éste, como parte importante de un sin fin, lo acepta y agradece; llora y besa a su mamá en el lecho a la hora de las buenas noches; ella lo ha sentido, lo ha olido y sonríe. Al día siguiente la abuela tostará rebanadas de pan y con el desayuno comenzará un nuevo y pacífico día; el chico, como siempre con el macuto a la espalda, bajará los peldaños de tres en tres para acudir a la escuela. De mayor quiere ser astronauta. No sé si será imaginación mía, pero me ha parecido que nos cruzábamos, que incluso me sonreía.

La pintura de las paredes se muestra decrépita, en todo el exterior se aprecia el paso del tiempo y el abandono. Pienso que tal vez el interior resulte igualmente desolador. Poseo la llave y tras varios chirridos penetro descubriendo mi equivocación. Hay luz, colorido, vida; huele a canela, es el arroz con leche de la abuela. Traspaso la puerta de mi cuarto, mi refugio; un joven de dieciocho años acaricia a su amada, sonríen y se besan; aún no me han visto, no existo para ellos. Saborean su intimidad escuchando música y canciones de Bob Marley; han llenado las paredes con posters de The Beatles, The Rolling Stones, Santana… también banderas jamaicanas; suena a través del cassette de la época Satisfaction... todos los sonidos son míos y de mis recuerdos.

Decido dejar solos a los jóvenes, soy feliz con mis recuerdos y no deseo molestar. Abandono el dormitorio; al otro lado, como si el tiempo fuera y viniera, ha vuelto lo gris y polvoriento; también es pasado y debo asumirlo. Mi madre, hacedora de triste y monótona vida llena de… ─imposible saberlo─ ha desconectado. Solo ella sabrá cómo llegó a sus manos esa caja de Valium 10. Por prescripción médica las tomaba de una en una, necesitaba combatir sus enormes y justificadas alteraciones y depresiones. Ese día quizás tuvo menos perturbaciones y menos desaliento... ─tampoco lo sé─. Acaso en su ceguera externa encontró el camino del retiro, el camino hacia las estrellas. Hoy vuelvo a llorar pero la comprendo; creo que es el acto de su vida que mejor he sabido captar y lo acepto.

Fuera el sol sigue brillando sobre la nieve; nuevamente los chirridos al cerrar el portón y las contraventanas. Sobre mis propias huellas besando el camino, la decisión está tomada. Qué mejor recuerdo y legado a mi madre que la donación del viejo caserón a esa asociación necesitada de ubicación para un refugio colectivo de cuantos como ella y a lo largo de su vida miran sin ver y escuchan sin oír.

Lo sé porque lo hemos comprobado, desde aquel día de la expiración parpadea en el firmamento una nueva estrella; mi abuelo las tenía contadas.
______________________

Vladimir Merino Barrera es socio de infoLibre

 


Hazte socio de infolibre



3 Comentarios
  • RaulGomez RaulGomez 28/08/17 10:56

    Un regalo para los sentidos. Gracias y enhorabuena, Vladimir

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • M.T M.T 26/08/17 16:38

    Bello relato, sí, impregnado de ternura, lirismo y desgarro. Perfecto para la evocación.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    2

  • Bacante Bacante 26/08/17 10:56

    Emocionante relato,  Vladimir,  que duele,  pese a su lírica y belleza. 
    Siempre he creído que ocuparse de otros y ser generoso cura cualquier mal del alma. 
    A propósito de las discusiones en este digital,  de nuevo se nos hace presente la bestialidad machista. 
    Gracias por escribirlo. 

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    3

Lo más...
 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.
facebookLibre