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De reyes y magos

José María Barrionuevo
Publicada el 22/01/2020 a las 06:00

Enero, el portero, nos ha abierto su tiempo para que aprovechemos este nuevo año, con más tiempo, si cabe, porque es bisiesto. Enero nos viene con magia y está dispuesto a sorprendernos, porque a los Magos les ha faltado tiempo para visitarnos. En la primera semana de actuación, el año nos trae ya unos visitantes mágicos, que no nos ocupan sitio apenas y, a lo sumo, solo en nuestros separados sueños. Todos soñamos de distinta manera, pero siempre nos está permitido soñar. Sabemos que no debemos soñar imposibles, pero sí podemos soñar imposibles a los que solamente nos falta una mano amiga y solidaria para que podamos seguir cogiendo los sueños al vuelo.

Hace años, hubo gente que soñó con unos reyes magos, que tenían que ser más tradicionales que aquellos magos verdaderamente originales que, según dicen, se pasaron por el palacio de Herodes y luego se acercaron a Belén para llevar unos presentes al Salvador del Mundo. La gente se arremolinó por dentro al ver la cabalgata y, por arte de magia, exclamó públicamente: “¡No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena!”. Ese jamás todavía nos suena cercano, pero tiene patente de eternidad, porque los que no perdonan no se andan con chiquitas ni grandecitas: van a por todas, si bien, dadas las circunstancias de modernidad y de temple educativo de nuestra población, esa que no sigue los populares programas de cotilleos, porque si no, no le daría tiempo para leer y escribir, deja esos perdones, totalmente insatisfechos, para otra eternidad que sea más elástica.

No solo hay reyes y magos de la política, sino también de otros menesteres, como puede ser el periodismo. A todos les perdonamos que se puedan quedar con nosotros y no nos “dejen solos”, como nos panfletó aquel pequeño general, que nunca nos abandonó, porque no se atrevió a poner un pie más allá de la frontera de Hendaya, ya que el miedo le hizo ser más previsor que a Pinochet.

Se pueden quedar con nosotros todos los magos y reyes, aunque sean del mambo, porque todos nos acostumbramos a las músicas, incluso a las de las esferas celestiales, y en Somalia y otras latitudes no se podrían hallar como en esta santa casa, donde las diferentes ondas son tan tenidas en cuenta.

Si los reyes del mambo se largaron de Cuba, ningún “cantautor de las mañanas” de hoy en día tiene que ser consagrado allende los mares, porque ya estamos acostumbrados a todas las músicas. Las cabalgatas nos encantan por las músicas, no por las carátulas, que como todos los envoltorios, se pueden quedar por los suelos. Seguimos siendo un país de acogida.

Todos podemos cantar e, incluso, dar el cante. Todos podemos cantar, sin que una antigua Pascua Militar nos pueda volver a hacer la pascua. La magia de la convivencia nos permite que los magos de la política puedan ofrecernos no solo el mejor de los espectáculos, sino también el mejor de los ejemplos.

Antes de que se nos acabe el mes que mueve la puerta de entrada a este año nuevo, el 2020, que tan fácil se nos presenta al teclear y que podemos tratar perfectamente con nuestras manos, podemos también celebrar, en el “Día escolar de la no violencia y la Paz”, que nosotros somos los mismos, pero que también podemos ser mejores.

En estos días, en que tanto se habla de educación, no podemos hacer dejadez de ninguna de nuestras principales obligaciones, que es la de educar y educarnos, porque los tiempos cambian hasta de número y de género; así nos va la vida con sus días y noches, sus semanas y meses, sus años, lustros y décadas, sus siglos y eras...

Los Magos fueron sabios y volvieron a sus reinos por otro camino, quizá porque premonitoriamente entendieron que “caminante, no hay caminos; se hace camino al andar”. Así, evitaron los caminos del rey que no perdonaba y hasta quitaba la vida. Un colectivo que sabe andar, es una sociedad viva.

Ya dijimos en una ocasión que en todo el mundo no llegaban a 30 los reyes, que en muchos casos no tienen nada de magos y si de autoridades bastante férreas, que se creen reyes antiguos. Por todo el mundo, sin embargo, se extiende la magia de la democracia, que es la que puede hacer que todas las personas del común nos podamos educar, porque como dijo Pablo Pineda “todos somos muy educables”. A todos nos pueden ayudar a sacar lo mejor de nosotros mismos y se pueden aprovechar todas nuestras tan diferentes cualidades, gracias a la magia de la verdadera educación.

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José María Barrionuevo Gil es socio de infoLibre

 

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