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Nuevo gobierno de transición para una Cataluña aún española

Publicada el 25/05/2021 a las 06:00

A primeros de marzo de 2017, aún no se había celebrado ese referéndum tras el que tantas cosas han cambiado, pero, más de cuatro años después, sigue siendo válida la hipótesis planteada entonces de que, para España, o tercera república o monarquía sin Cataluña.

Aunque también es probable que el ritmo lento y la opacidad con que discurre la crisis de la monarquía permita que vaya madurando una crisis política de tal profundidad y envergadura que lo de tener que celebrar cuatro elecciones generales en menos de cuatro años terminará pareciendo un entretenimiento. No es descartable un escenario en el que ni siquiera un cambio del modelo de Estado pactado a la desesperada sea capaz de impedir la independencia de Cataluña.

Y que no digan los españolistas de toda condición que no han recibido señales suficientes. El rey anterior sigue huido en los emiratos y no es descabellado imaginar a montones de cómplices, comenzando por su propia familia, encendiendo cada día una vela a dios para que se muera sin dejar rastros que les compliquen la vida, y otra al diablo para que a Sánchez, igual que tras ganar las primarias del PSOE en 2017 le dio por echar a Alfonso Guerra de la Fundación Pablo Iglesias, no se le ocurra aplicar otra vuelta de tuerca y abrir la caja con todos los truenos que oculta la muy franquista y vigente ley de Secretos del Estado.

Los independentistas sí saben pactar coaliciones

Si hay algo que los de ERC, JxCat y la CUP han vuelto a demostrar, y que les diferencia radicalmente de los políticos españolistas, es su capacidad para ponerse de acuerdo en la formación de coaliciones izquierda/derecha, tanto electorales como de gobierno.

Tras la consulta popular del 9N de 2014 constituyeron la coalición electoral ganadora JxSí, formada por CiU, ERC y algunos miembros destacados de asociaciones  independentistas. Sumando los de la CUP consiguieron el 47,8% de los votos y el 53% de los escaños. Demostraron tal capacidad para llegar a acuerdos de gobierno que incluso Artur Más, su líder electoral, decidió sacrificarse para dejar paso a Carles Puigdemont. Algo inimaginable en cualquier otro entorno de la política española.

Hasta la votación en el Parlament, con la elección de un presidente de ERC más de ocho décadas después, los independentistas han superado toda clase de actuaciones represivas promovidas desde el Estado. Y también muchas discrepancias internas sustanciadas en nuevas candidaturas que, después, el electorado ha castigado en las urnas para así mantener la utilidad del voto, mejorando cada vez los porcentajes conseguidos en las anteriores elecciones. En las del 14F, el 52% de los votos y casi el 55% de los escaños.

Sobre lo anunciado por Aragonés, y ya que hablamos de votos, destaca la intención de aprobar una ley electoral en Cataluña, lo que significa que tendrá que estar sometida a la LOREG y a la Constitución vigentes. El periodista Iu Forn ha hecho mención en TV3 y, si no le llegan a parar la lengua los demás tertulianos, se hubiera apostado una comida para toda la audiencia a que esa ley no verá la luz.

Como es día de pedir cosas, creo que la Generalitat debería luchar contra el Estado por una ley de consultas populares y referéndums no solo consultivos que permita consolidar, mediante la implicación activa de toda la sociedad, el gran avance en democracia que se inició en Arenys de Munt en 2010 y consiguió su mayor éxito el 1-O de 2017.

Y unos españolistas que no saben perder

Salvador Illa, el candidato que en 2021 no ha podido conseguir tantos escaños como Arrimadas en 2017, y no estamos siendo agoreros, ha resultado patético reclamando un pleno de investidura sin asegurar antes el éxito. El mismo exministro que, prepotente, no se quiso hacer el test covid antes de un debate electoral, ha transmitido la sensación de que cantaría el “Cara al sol” si Vox se lo hubiera exigido a cambio de los votos de sus once parlamentarios.

Pero esta vez ha sido Miquel Iceta, otro del PSOE, quien nos ha recordado a la vicepresidenta Soraya (seguimos sin anunciar fracasos) cuando, sometida Catalunya al 155 y durante la campaña para las elecciones de diciembre de 2017, dijo aquello de que “ya no se llama Diplocat, ahora se llama Diplocat en liquidació” mientras se le escapaba otro de sus gestos, aquellos que tanto delatan una mezcla de burla y desprecio hacia el adversario, catalán casi siempre. Sin duda, también se sentía muy fuerte la entonces vicepresidenta después de que Pedro Sánchez se hubiera arrugado como un gusano al no requerir que diera explicaciones en el Congreso, pese a haberlo anunciado el mismo día en que las fuerzas represivas del Estado apaleaban a los votantes del 1 de octubre.

El caso es que el ministro Iceta ha decidido vender la piel del oso antes de matarlo y el pasado domingo, 16 de mayo, soñando con nuevas urnas como si Catalunya se pareciera en algo a España, se le ocurrió proclamar que “con el PP casi se rompe España y con el PSOE se ha roto el independentismo”, apostillando sobre sus líderes que “no están de acuerdo sobre el camino a seguir ni en disposición de gobernar juntos, lo cual es muy, muy relevante”.

A buen entendedor, usted que está leyendo, sin comentarios basta

Así que fue decir Iceta una cosa y ocurrir lo contrario, consiguiendo un nuevo govern para la Generalitat que, como cualquier otro que sea anterior a una Cataluña independiente, solo podrá ser de transición. Pero no por ello resultará cómodo para La Moncloa.

Por su parte, Vox acudirá un día sí y otro también a los tribunales y a otras instancias para bloquear el funcionamiento del Parlament y de la Generalitat. El PSOE sacará rendimiento del activismo franquista, pero a los Comunes no les saldrá gratis haber votado lo mismo que los de Abascal. Y eso que en Cataluña se sumaron al cordón sanitario de los independentistas contra el franquismo sin disfraz que representa Vox para, de esa manera, conseguir que no enviaran un senador a la capital del reino.

¿Recuerda usted cuando Pablo Iglesias y los suyos votaron en contra de la investidura de Pedro Sánchez, en marzo de 2016?

No insistas, maldita memoria, que hoy no hemos venido a divulgar malos augurios. De hecho, algunos ya han ocurrido.

Y, cambiando de tercio, quizás ocurra durante este gobierno de Aragonés, y no será malo, que la justicia no contaminada de españolismo, la europea, comience a dictar sentencias importantes sobre el trabajo realizado por los tribunales de España.

Domingo Sanz es socio de infoLibre

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9 Comentarios
  • Jose Espuche Jose Espuche 26/05/21 22:03

    No hay justificación para el indulto de los golpistas y que nieguen el indulto a los Catalanes. No soy partidario de la INDEPENDENCIA porque no es la falta de INDEPENDENCIA lo que ha llevado a Cataluña a esta situación. Son las políticas que se han venido aplicando estando igual o parecido el resto de Comunidades Autónomas. La falta de INDEPENDENCIA no es la culpable de los males económicos que a quejan a Cataluña ni al resto de Comunidades. Hay que buscarla en las políticas que se han venido aplicando. Todas las Comunidades están iguales o parecidas a Cataluña.
    Si quieren estrellarse como el Reino Unido solo tienen que dar el paso de Inglaterra. El Reino Unido ha tenido muchas colonias y de eso han vivido como vulgarmente se dice, como Reyes. Las Colonias se terminaron y ahora justifican la salida de la Unión Europea que Europa no es la mejor forma de independizarse. Un viaje de ida y vuelta si ese viaje lo consiente la Unión Europea.

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  • quiteño quiteño 26/05/21 11:52

    Texto infumable, no hay por donde cogerlo. Mezcla churras con merinas y sigue el guion del indepententismo mas rancio que llega a emparentar precisamente con lo que mas odian, lo que llaman españolismo, categoria donde nos meten a todos los que no pensamos como ellos. Lo dicho, infumable

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  • Luisa Vicente Luisa Vicente 25/05/21 22:10

    El autor de este escrito destila un chovinismo que tira pa trás. ¿ Cómo pueden existir en el siglo XXI, el siglo de la apertura y la cooperación, culturas tan tribales, e ideas tan irracionales ? Se ve que esto es genético, por tanto muy difícil de curar. Si Catalunya no cambia, y sigue creyendo que que es la mejor Comunidad autónoma de España, ¡¡¡ qué estoy diciendo....Comunidad no, PAÍS, por favorrrrr ¡¡¡¡ tendra muy pocas posibilidades de progresar, o peor aún, se aniquilará a sí misma.

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    • Domingo Sanz Domingo Sanz 26/05/21 09:00

      Paso 1) Imagine usted que ha quedado para ir a cenar con varios amigos. Paso 2) Imagine también que unos quieren ir al restaurante A y otros al restaurante B. Paso 3) Imagine que se tiran diez minutos discutiendo sobre qué restaurante es mejor. Paso 4) Imagine que nadie convence a nadie. Paso 5) Imagine usted la solución que adoptarán. España: Imagine usted un país que, por el solo hecho de plantear el Paso 2, el grupo más fuerte, aunque no sea el más numeroso (pues el restaurante está en Catalunya y no caben 47 millones de personas), obliga al grupo pequeño de sus amigos a hacer lo que no quieren, antes incluso de defender cada uno su restaurante. Imagine usted que pertenece al grupo pequeño. Lo normal sería que, ante tal violencia, se larguen usted y sus amigos al restaurante que quieren ir y, a los otros, hasta la próxima. Pues eso. España está podrida.

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      • Luisa Vicente Luisa Vicente 26/05/21 14:35

        No hay nada que hacer, señor mío.. Ya lo he dicho antes, es el gen catalán. Seguirán enfermos de chovinismo toda su vida.. Tienen anulado la inteligencia y el pensamiento critico. Piensan y actúan como masa aborregad. Lea al psicólogo Irving y sepa el trastorno que padecen todos ustedes.

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  • Endregoto Endregoto 25/05/21 18:53

    No sé cuando se cansarán ustedes de fracasar. ¿De dónde se sacan que tienen mayoría, si en las últimas elecciones catalanas apenas votó un poco mas de la mitad de los catalanes? Tienen por tanto un cuarto de apoyo de sus paisanos, así que no se como presumen tanto

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  • Ijon Tychi Ijon Tychi 25/05/21 08:38

    El problema con los independentistas es que se consideran el único y elegido/oprimido pueblo realmente catalán. Porque los demás no son (somos) catalanes y, por lo tanto, no tenemos derecho a decidir y mucho menos a opinar.

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    • Domingo Sanz Domingo Sanz 25/05/21 10:27

      Los independentistas, mejor dicho, cada independentista en particular, se puedeN considerar lo que quiera, pero desde el momento en que proponen un referéndum en el que sus votos valdrán lo mismo que cualquier otro, se cargan de razón y el españolismo actúa autoritariamente.

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      • Antonio Basanta Antonio Basanta 25/05/21 19:36

        Usted no tienen ninguna razón. Mas o menos el 48% de los catalanes quiere un referendum de Indpendencia. ¿por qué hay que hacerlo? ¿por qué hay que imponer un referendum a por lo menos la mitad de los catalanes? por totalitarismo independenteista. Mas o menos el 52% de los catalanes, los que no quieren referendum alguno, quieren seguir con las libertades democráticas fijadas en la Constitución, entre ellas la libertad de pertenecer a la ciudadanía española. y además quiere que no haya ninguna manera de que alguien intente robarle su ciudadanía que está protegida `por la Constitución y la democracia. ¿por qué tendría que participar en un referendum solo de catalanes cuando sus derechos y libertades están protegidas en la Constitución y ést, para proteger esos derechos, veta que cualquier comunidad autónoma pueda conculcar esos derechos y libertades forzando (totalitariamente, por supuesto) referéndums en una parte del territorio. Lo que defienden los secesionistas no es democracia, es totalitarismo, es la fuerza bruta, y lo que defienden ese 52% es la democracia ,es la libertad y el derecho de ciudadanía, que no puede ser sometido a referendum alguno. Y además esos ciudadanos están protegidos por el Estatuto catalán que los secesionistas quieren derribar antidemocráticamente por la fuerza y no por los cauces democráticos establecidos en el propio estatuto y en la Constitución. Solo se puede modificar por modificación de la Constitución, es decir con aproximadamente los 2/3 de los ciudadanos españoles. Lo demás es terror y totalitarismo.

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