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Elecciones 20-D

El (nuevo) lujo democrático

  • Votar este año si vives fuera se parece más a un acto de fe extremista que a la ejercitación de un derecho constitucional
  • El gran éxito del Gobierno habrá sido haber impedido el voto de los casi dos millones de españoles que, desde la distancia, jamás les habrían entregado el voto

Bárbara Celis (Ctxt)
LA AUTORA
Publicada el 10/12/2015 a las 06:00 Actualizada el 09/12/2015 a las 21:30
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El (nuevo) lujo democrático

El (nuevo) lujo democrático

CTXT
El voto rogado es un tema espinoso en Londres. Se palpaba en el ambiente del consulado español una mañana fría de noviembre. En este inhóspito lugar, en el que los españoles tenemos que hacer cola a la intemperie, con esperas para entrar que a menudo superan la media hora, dos decenas de rostros jóvenes se daban cita en la puerta para hacer todos los trámites con los que rogar el voto. Se hablaba de “injusticia”, “pérdida de tiempo” y, sobre todo, de votar como una nueva forma de lujo democrático.

“Si mi jefa no entendiera lo importante que es para mí votar en estas elecciones yo no podría estar aquí perdiendo la mañana”, me contaba María, una veinteañera con varios años en Londres, arqueóloga, que hoy sobrevive como dependienta de una tienda. “Le he dicho que tardaría una hora y ya llevo aquí más de dos. Tendré que volver sin ni siquiera comer”, me explicaba ya en el interior del consulado, en un lugar conocido popularmente como el zulo, por estar en un sótano sin ventanas donde las 50 personas hacinadas entre el suelo, escaleras y sillas de plástico parecíamos, a la luz de los neones, secuestrados de las FARC.

María figuraba en el registro de no residentes pero como ese registro tiene fecha de caducidad este año ha tenido que registrarse como residente ausente, y hacer ese papeleo lleva horas. Inscribirse como no residente también significa perder toda la mañana. Y aunque estés inscrito, si te cambiaste de casa o no te llegaron los papeles como en el caso de esta periodista, las tres horas y media no te las quita nadie para cerrar sólo el primer trámite.

Después aún hay que encomendarse a algún santo postal para enviar una carta a España y recibir otra confirmando la inclusión en el censo de residentes ausentes CERA y, más tarde, las papeletas para ir a votar al consulado. Es decir, votar este año si vives fuera se parece más a un acto de fe extremista que a la ejercitación de un derecho constitucional. Sólo en Reino Unido 225.000 españoles aparecen afiliados a la seguridad social de ese país desde 2008. Y para todos los que no residen en Londres, votar es definitivamente una quimera porque los trámites sólo pueden hacerse allí. En total somos casi dos millones de votantes potenciales castrados por la ley del voto rogado.

“A mí me da mucha rabia no votar esta vez. ¿Pero cómo voy a hacerlo? No puedo desaparecer cuatro horas de mi oficina en un día laboral y mi marido tampoco”, me decía una amiga arquitecta. En defensa del consulado español cabría decir que abrieron tres fines de semana… dos horas cada mañana. Eso, en una ciudad como Londres, de distancias abismales, es casi un chiste. Y por si fuera poco el 19 de noviembre los funcionarios del consulado se pusieron en huelga porque cobran menos que un currante de McDonalds. Así tenían los pobres esa cara de quemaos cuando yo fui : trabajando en el zulo y cobrando 1.100 libras al mes en una ciudad donde un alquiler medio son 1.500. Seguro que no es el caso del embajador Trillo.

“Este año era importante votar. Creo que habría votado al PSOE, o quizás a Podemos, pero sin duda habría votado. Hay que echar al PP”, me decía la arquitecta durante una cena con varios españoles. Entre los presentes, ocho personas, ninguno había conseguido hacer los trámites necesarios. Unos por desinformación, otros por imposibilidad de abandonar sus trabajos y otros por desidia. “Estoy muy lejos de España. Me tuve que ir hace años. Ya no me afecta lo que allí ocurra. No quiero saber nada. Todos los partidos van a lo suyo”, me decía uno de ellos.

Varios comentaban que habrían votado a Podemos, “aunque tapándome un poco la nariz”, subrayaban. La campaña de desgaste contra este partido alimentada desde muchos frentes mediáticos y los errores reales de sus dirigentes han atravesado las fronteras españolas. En lo que sí parecía haber unanimidad es en que nadie habría votado a Ciudadanos. “No se puede ir de regenerador de la democracia y pactar con el Gobierno del PP en Madrid, uno de los más corruptos de España”, sostenía uno de los presentes. Votar al PP ni se planteaba. Y sin duda ése será el gran éxito electoral del actual partido en el Gobierno: haber impedido el voto de los casi dos millones de españoles que, mirando a España desde la distancia, nunca les habríamos entregado nuestro voto.



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