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Micros maestros

  • En el libro de Julia Otxoa encontramos las bases del microrrelato. Para los amantes del género va a resultar un libro importante: con él se puede aprender mucho
  • En estas 55 historias aparece con un rasgo kafkiano, una herencia esperpéntica, donde luce el surrealismo, el humor y lo absurdo. No es poco

Publicada el 11/05/2018 a las 06:00 Actualizada el 11/05/2018 a las 12:59
Confesiones de una mosca
Julia Otxoa

Menoscuarto
Palencia
2018
  Con  un prólogo de Luis Mateo Diez sobre las fabulaciones actuales y el papel de Julia Otxoa en ellas, la editorial Menoscuarto publica un libro de microrrelatos de esta mujer polifacética que escribe poesía y narrativa, además de ser artista gráfica.

Leer un libro de micros es difícil, no se puede hacer de un tirón, salvo que sean malos. No es este el caso, así que he tardado para ir degustando cada uno, significados, estilo, punto de vista del narrador, lo que cuenta, lo que entrevé...  y en todos ellos la mirada cáustica. Lo que nos ofrece la autora es todo un corolario donde pretende abordar una visión global del mundo que nos rodea, con un punto de vista del reverso humano. Algunos de ellos son redondos, estudiados, milimétricos, donde no sobra ni falta una coma. Defecto mío, lo confieso, que por lo general, suelo hacer enmiendas a lo leído (yo lo hubiera hecho así, esto lo hubiera quitado, le falta esto otro, le sobra lo demás) y, en cambio, con los microrrelatos de Julia Otxoa he vuelto a ellos una y otra vez pensando en cómo lo ha hecho, cómo me ha llevado al final, cómo cumple las reglas del género, con un principio que engancha, tensión en el relato y un requiebro al final que hace saltar todo por los aires. Son 100 páginas que contienen 55 relatos, 55 historias que, como se dice en la contraportada, aparecen con un rasgo kafkiano, una herencia esperpéntica, donde luce el surrealismo, el humor y lo absurdo. No es poco.

Microrrelatos escritos en primera, en segunda y en tercera persona, que de todo hay, con un punto de vista que a veces sobrevuela sobre la historia y en otras es como el sabio de la tribu, el chamán o la mujer alrededor de la hoguera contando la historia; hay microrrelatos distópicos, sí, y lo consigue, en poco menos de página y media; microrrelatos por donde pasean moscas, vacas, asnos, aves, leones, moluscos, besugos, corderos… todo un bestiario. Hay microrrelatos fantásticos  pero también microrrelatos poéticos, donde nos plasma el otro mundo que también existe y que a veces nos empeñamos en ocultar, como "Hombre y niño", donde ambos, al llegar a la noche, se suben al globo que lleva el niño y se pierden en un cielo despejado de estrellas. El más corto de todo el libro, "Niño anzuelo", dice así:
 

El niño mordió el anzuelo y el pescador fue atrapado y llevado a gran velocidad a los abismos marinos.

Pero mis favoritos son los relatos que considero distópicos: "Oficina de empleo", donde los personajes, en busca de un trabajo, son capaces de donar un pulmón, un riñón, o el órgano que haga falta con tal de conseguirlo, hasta convertir la oficina en un amasijo de órganos; o "Anochecer en la ciudad", donde el jefe se dedica a decapitar a sus empleados con las persianas; o "Limpieza de oficinas" y "Cita en la embajada", una crítica a occidente ante la negativa a acoger emigrantes o asilados; o "Extravío", donde plasma la confusión en ciudades que ya nos son ajenas, donde el caos impera y termina por convertirnos en extranjeros a todos y consigue en página y media concentrar una distopía completa; o "Decorados", que tiene un principio espectacular: 

En aquellos días, los desesperados, que eran los más, se arrojaban desde ventanas y balcones ante la inminente llegada del juez que, por impago de sus hipotecadas casas, ejecutaba de inmediato el desahucio.

También es reseñable "Un pequeño banquete" que empieza así: "La mujer se sacó el ojo izquierdo y friéndolo en la sartén se lo puso en un plato con patatas fritas a su marido". (No cuento los finales para que leáis el libro.)

En todos ellos encontramos, insisto, las bases del microrrelato. Para los amantes del género va a resultar un libro importante: con él se puede aprender mucho. Los lectores en general encontrarán un libro ameno y divertido, que les hará pensar y sonreír a partes iguales. La pulsión narrativa está garantizada, el enganche también. Y por supuesto, el pensar y volver al principio de nuevo para descubrirle el truco y la intención.

Recomiendo un acercamiento a Julia Otxoa y sus Confesiones de una mosca. Un disfrute.

*Carmen Peire es escritora. Su último libro, Cuestión de tiempo (Menoscuarto, 2017).


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