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Los libros

Formas de enseñar

  • El tono de Todo lo que hay que saber sobre poesía, de Elena Medel, se encuentra en el justo medio de la divulgación amena y rigurosa
  • El ambiente poético actual está lo suficientemente maduro como para apostar por un ensayo sobre poesía como este, sin complejos, limítrofe y feminista

Juan Carlos Sierra
Publicada el 11/05/2018 a las 06:00 Actualizada el 10/05/2018 a las 18:23
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Todo lo que hay que saber sobre poesía
Elena Medel

Ariel
Barcelona

2018

He de admitir que llegué a este ensayo de Elena Medel (Córdoba, 1985) por un reclamo publicitario bien tramado. A partir de la pregunta “¿Sabías que…?” el creativo, si es que se llama así a quien diseña y echa a andar una campaña de marketing editorial, ponía la miel en los labios a quienes nos interesa el fenómeno poético en todas sus variantes. La estrategia es simple pero efectiva: ¿quién no quiere saber más o saberlo todo sobre poesía, como promete a su vez el título del libro?


De entre las cuestiones que se resaltaban en el anuncio sobre Todo lo que hay que saber sobre poesía se decía, entre otras cosas, algo así como: “¿Sabías que el endecasílabo llegó a España tras la entrevista entre un embajador veneciano y un poeta castellano?”. Evidentemente, se refería a Andrea Navagero y Juan Boscán respectivamente, anécdota que personalmente ya conocía, pero que en el libro de Elena Medel queda perfilada con detalles sabrosos que están más acá de la erudición y más allá de lo que quizá se le supone a un lector de poesía medio.

Es precisamente en este medio camino, en ese equilibrio entre las alturas del especialista —¿filológicas?— y la tierra firme del simple aficionado a los versos donde se halla el tono de este ensayo; en el justo medio de la divulgación amena y rigurosa, algo que no siempre es fácil conseguir. En este sentido, la mayoría de los 50 capítulos que forman Todo lo que hay que saber sobre poesía responde a esta fórmula. Y digo la mayoría, porque en algunos, traicionando al reclamo publicitario y a la vocación totalizadora del título, se echa en falta algo más de carne en el asador, algo más de profundidad, especialmente en los dedicados a las cuestiones más técnicas de la poesía como los que tratan sobre el ritmo, la métrica, el verso… donde la información que se aporta en muchas ocasiones no va mucho más allá de la que aporta cualquier manual al uso de 1º de ESO. Si, como se argumentaba también en otro momento del anuncio que me subyugó, con este libro cualquiera dispondría de las herramientas básicas necesarias para estar pertrechado con ciertas garantías ante la escritura de un poema, doy fe de que se queda corto, ya que solo se anuncian y se enuncian unos cuantos principios demasiado elementales.

O quizá lo que sucede es que las expectativas que crea el reclamo publicitario son excesivas, porque la autora no aspira a tanto, sino solo al tanteo, a la inoculación del virus de la poesía en el lector para que este, si así lo decide posteriormente, recorra su propio camino, su propia indagación que lo llevará muy probablemente a completar por sí mismo la senda que le han abierto las pistas dejadas por Elena Medel en Todo lo que hay que saber sobre poesía.

Pero no solo de poesía stricto sensu se habla en el libro o, dicho de otro modo, no solo del concepto tradicionalmente aceptado sobre este género, porque en el ensayo que propone Elena Medel hay un diálogo muy evidente y sano entre lo que ha sido, es y probablemente será la poesía. Además esta es abordada no como expresión literaria sin más, sino en su conversación con otras artes, con otras expresiones que podríamos calificar como parapoéticas e incluso con su realidad algorítmica que apunta al futuro, en especial en los capítulos finales.

Esta inclinación al desborde temático, esta tendencia a romper en cierto sentido las expectativas del lector respecto a la imagen canónica del fenómeno poético tiene su correlato en el diseño del propio libro, que sobrepasa también formalmente el concepto tradicional de ensayo. El objeto-libro que tenemos en las manos se acerca deliberadamente al formato de la página web con sus citas entrecomilladas, a la manera de los ladillos de los periódicos, sus entradillas en negrita, también de ascendencia periodística, sus párrafos independientes destacados en fondo gris, sus síntesis en una sola frase y en letra destacada que intenta recoger el contenido de cada capítulo a modo de cierre,… La lectura pierde, pues, su continuidad, lo cual podría suponer la dispersión de la atención del lector, pero esto queda resuelto por la conexión íntima de las diferentes secciones en las que se divide la página.

Finalmente, quizá también en esta línea de alterar lo canónico, es de agradecer la presencia, cada vez que la autora encuentra la oportunidad, de ejemplos de poesía femenina en un contexto literario donde tradicionalmente han predominado las voces masculinas. Aparte de los nombres de poetas conocidas y reconocidas como Safo, Sylvia Plath, Anne Sexton, Alejandra Pizarnik o Sor Juana Inés de la Cruz y del capítulo 32 dedicado expresamente a "La poesía femenina", llama positivamente la atención la reivindicación de autoras prácticamente olvidadas –o borradas— de la historia de la poesía como Margarita Ferreras, Lucía Sánchez Saornil, Andrea Luca o Garsenda de Provença, por poner solo unos pocos ejemplos de las decenas que aparecen en el libro.

Es una lástima que en la publicidad contratada para promocionar Todo lo que hay que saber sobre poesía no se haya insistido más en el carácter sanamente rompedor que Elena Medel ha querido imprimirle. Creo que el ambiente poético actual está lo suficientemente maduro como para apostar por un ensayo sobre poesía diferente, sin complejos, limítrofe y feminista. Saber está muy bien, pero hay muchas formas de enseñar.

*Juan Carlos Sierra es profesor de Literatura.

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