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Luces Rojas

Les hemos fallado

Publicada 09/12/2016 a las 06:00 Actualizada 08/12/2016 a las 14:51    
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Escribo desde México, donde participo en la Conferencia Internacional Movimientos Progresistas y Ciudadanos en América Latina y en Europa, auspiciada por la Fundación Lázaro Cárdenas y la Fundación Friedrich Ebert Stiftung. Tengo que hablar sobre desarrollo económico, trabajo decente y desigualdad. Y la primera imagen que me viene a la cabeza es la de la película de Ken Loach Yo, Daniel Blake. No sé si la han visto. Si no lo han hecho, me permito recomendársela. Yo, cuando esa tarde salí del cine, pensé "cuánto hemos fallado", "cómo les hemos fallado". Y estaba pensando en la socialdemocracia. Luego pensé en el Brexit, en el no al acuerdo de paz en Colombia, en la victoria de Trump, en el ascenso de la extrema derecha en muchos países de Europa. Y en que quizá todo eso suceda, al menos en parte, porque "les hemos fallado".

Hemos vivido una crisis económica sin precedentes, donde todas las certezas del pasado se cayeron para mucha gente. Se cayeron los empleos. Se cayeron los salarios. Se cayó la forma de vida razonable y segura que permitían esos empleos y esos salarios. A base de recortes en sanidad y en educación, se cayeron las expectativas de tener cubiertas necesidades tan básicas como la debida protección frente la enfermedad y la buena educación de nuestros hijos. A base de recortes en las prestaciones por desempleo y en las políticas activas de empleo, se cayó en la pobreza, en muchos casos en el estigma social y en la falta de esperanza de volver a encontrar un trabajo. Apenas funciona ya el ascensor social y nada nos garantiza que nuestros hijos vayan a vivir mejor que nosotros.

Esto es lo que ha sucedido. Se han caído las certezas de miles, de millones de personas. La vieja idea de Beveridge de garantizar a los ciudadanos la "seguridad de la cuna a la tumba" se ha desvanecido en el tiempo. Y hay que reconocer que no siempre hemos sabido estar a la altura de las circunstancias. Al contrario, a veces incluso hemos colaborado para poner en práctica las políticas que han hecho caer las certezas y la seguridad de nuestros ciudadanos. Al menos en Europa, donde quizá lo peor no haya sido que gobiernos socialdemócratas hayan ejecutado las políticas de austeridad –siempre, es verdad, bajo la amenaza de ser intervenidos, España es un buen ejemplo de ello–, sino que no haya habido una voz y una política alternativa a esa forma de afrontar la crisis. La voz de la socialdemocracia europea apenas si se ha escuchado. Y no ha habido en verdad una construcción política alternativa a la austeridad. Incluso el sindicalismo europeo ha tenido problemas, dado que dentro de la Confederación Europea de Sindicatos conviven diferentes culturas sindicales y modos de entender cómo había que reaccionar frente a las políticas de consolidación fiscal. Aún así, al menos el sindicalismo europeo logró convocar una jornada europea de acción y solidaridad el 14 de noviembre de 2012.

Es bien probable que este comportamiento por parte de la socialdemocracia haya provocado desafección ciudadana, ira y desesperanza. Y que esa desafección, esa ira y esa desesperanza de los que siempre fueron los nuestros hayan sido canalizadas hacia otras opciones políticas, algunas tan deleznables como las que representa Trump o la extrema derecha europea. Hemos sido –y espero que se entienda bien lo que quiero decir0– demasiado responsables. Hemos dado la sensación de que, ante la crisis, éramos casi iguales que nuestros adversarios políticos. Chantal Mouffe ha hablado, y creo que con mucha propiedad, de los efectos del "consenso en el centro", aludiendo a que nuestras políticas –sobre todo las económicas– se han vuelto tan parecidas a las de los neoliberales, que los votantes no pueden elegir entre políticas significativamente diferentes. Y quizá lo peor. Hemos perdido credibilidad. Porque cuando llegamos al gobierno lo hacemos con un proyecto de país en clave socialdemócrata, donde priman las ideas de igualdad, democracia y justicia social, y luego, cuando la economía "nos aprieta", actuamos muchas veces en otra dirección.

Bien, es el momento de ponerse a trabajar para que todo esto pueda cambiar. La socialdemocracia no ha muerto. Pensemos que el mayor periodo de bienestar en la historia de la humanidad ha venido de la mano de políticas socialdemócratas. Sin embargo, es verdad que ahora debemos reiniciarnos –por utilizar una terminología muy de moda–.

Para empezar es claro que no podemos abrazar el mismo concepto de crecimiento económico que tienen los neoliberales. En La idea de la justicia, Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998, enseña que medir la riqueza por décimas o puntos de PIB no nos dice nada sobre la clase de vida que conseguimos vivir ni tampoco de la libertad que tenemos para elegir entre diferentes estilos o modos de vida. Es el impacto del crecimiento económico en la vida y la libertad de las personas lo que realmente debe importarnos. De ahí que hablemos de desarrollo económico y no de crecimiento económico y que ello no sea sólo una cuestión puramente nominal. Detrás de este cambio de nombre están cuestiones tan esenciales como la sostenibilidad medioambiental del modelo económico o la propia sostenibilidad social. Si se crece y se genera pobreza. Si se crece y se genera desigualdad. Entonces no hay desarrollo económico real. O al menos no hay el desarrollo económico que debería abanderar la socialdemocracia. Porque ese desarrollo económico beneficia a unos pocos pero perjudica a grandes capas de la sociedad.

España puede ser un ejemplo de ello. En lo que va de año nuestro PIB ha crecido un 3,2%. Hemos crecido más que Alemania (1,7), más que el Reino Unido (2,3), más que Francia (1,1) o más incluso que la media de la zona euro (1,6). Y, sin embargo, el riesgo de pobreza de la población ha subido hasta el 22,1% y hasta el 28,8% el riesgo de pobreza de los menores de 16 años. Lo que significa que, en un país que crece por encima del 3%, 3 de cada diez niños y niñas viven en una situación de extrema dificultad. Dos datos más de este modelo de crecimiento. Casi el 15% de los trabajadores son pobres y cerca del 45% de las personas en situación de desempleo están también en riesgo de pobreza.

Es a esto a lo que me refiero cuando hablo de que la socialdemocracia no puede compartir el mismo concepto de crecimiento económico que los neoliberales. Crecer más del 3% cuando más del 20% de la población está en situación de debilidad no puede ser un logro para la socialdemocracia. El crecimiento de la riqueza no es un fin en sí mismo. O la riqueza se distribuye de forma que se combata la pobreza y se limite la desigualdad o no es –y tenemos que decirlo alto y claro– el crecimiento que nos interesa como sociedad. Desarrollo económico tiene que significar cohesión social y mayor igualdad.

Buena parte de esa pobreza y de esa desigualdad tienen que ver con el empleo, que no deja de ser el principal medio de vida de la gran mayoría de la sociedad. Un empleo que se ha devaluado en extremo. Primero porque ha perdido la centralidad que tuvo en el pasado. La centralidad política y la centralidad económica. Y, en segundo lugar, porque la pérdida de derechos ha sido tan intensa durante la crisis que prácticamente se ha convertido en una commodity, contraviniendo el principio de que el trabajo no es una mercancía que reza en la Declaración de Filadelfia de 1944 de la OIT. Empleos precarios, de bajos salarios, en malas condiciones de salubridad y con escasa igualdad de género son hoy moneda de cambio en buena parte del mundo.

También en España, donde uno de cada cuatro trabajadores tienen un contrato temporal y el 90% de los nuevos empleos son temporales y de muy corta duración. Donde el salario más frecuente no alcanza los 17.000 euros anuales y una parte importante de la población trabajadora gana menos del salario mínimo interprofesional. Donde con el crecimiento económico ha llegado el crecimiento de los accidentes de trabajo. Donde las mujeres, en fin, siguen teniendo peores empleos, peores salarios y peores pensiones que los hombres.

Todo esto lo ha provocado la crisis económica, pero también –y sobre todo– las políticas que se han impuesto para salir de ella. Un estudio de la OIT revela que el 75% de las reformas estructurales realizadas en los últimos años en los mercados de trabajo de los diferentes países han consistido básicamente en reducir la protección social de los trabajadores, teniendo un escaso impacto en la reducción del paro o en el propio crecimiento económico.

Y la pregunta que debemos hacernos frente a ello es ¿dónde estuvo la socialdemocracia? Lo sabemos. En muchos casos implementando alguna de esas reformas laborales. Y ahí es donde quizá perdimos más credibilidad. Motivo por el cual la reivindicación del trabajo decente o del trabajo de calidad, como decimos en Europa, deba volver a ser el centro de la agenda política de la socialdemocracia. Un trabajo estable, con un salario digno, realizado en condiciones de seguridad para la vida y la salud y en igualdad para mujeres y hombres debe ser la reivindicación que lancemos a lo largo del mundo.

Con todas las dificultades –y así hay que advertirlo– que ello va a conllevar. Si hay un mundo en completa y compleja evolución, ese es el mundo del trabajo. Al lado de los problemas clásicos como el desempleo, la precariedad, la pobreza laboral o la desigualdad, que en lugar de desaparecer se han agravado, emergen nuevos problemas derivados de la cada vez más intensa digitalización de la economía y de la producción. Hoy se duda –y con fundamento serio– de si en un futuro próximo se necesitará la misma cantidad de empleo para producir riqueza o, por el contrario, la robotización de los procesos productivos hará que el empleo humano sea residual. Se duda también de cuál deba ser la formación que deban tener los trabajadores para afrontar los desafíos tecnológicos y de si muchos de ellos no terminarán siendo marginados de este proceso por su falta de adaptación. Se duda de conceptos tan clásicos como el tiempo y el lugar de trabajo, dado que las nuevas tecnologías permiten trabajar en todo tiempo y lugar. Ello puede ayudar a combinar la vida profesional y personal, pero también convertirse en un vehículo de pura explotación. Se duda incluso de cuál serán las figuras que representen el trabajo asalariado, dado que los autónomos parecen llamados a ser los grandes protagonistas de la era de la gic economy y de la "uberización". Se duda en fin de si con estos cambios tan profundos en la forma de producir y trabajar, fórmulas clásicas como la sindicalización, la negociación colectiva o la propia Seguridad Social podrán resistir o habrán de ser reinventadas para que no mueran.

Pero no pensemos que todo esto está en la estratosfera. No. Afecta directa y diariamente al trabajo y la vida de millones de trabajadores en todo el mundo. Y o somos capaces de tener una respuesta para satisfacer las expectativas y las esperanzas de empleo decente de todos ellos, y especialmente de los más jóvenes, o estamos condenados a la decadencia. Fuimos los hijos de los movimientos de los trabajadores y supimos interpretar y realizar sus sueños. Eso nos dio la hegemonía. Si queremos recuperarla, debemos volver a serlo.

____________________

Luz Rodríguez  es profesora titular de Derecho del Trabajo en la Universidad de Castilla-La Mancha y ex secretaria de Estado de Empleo (2010-2011).
 
 
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LA AUTORA


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12 Comentarios
  • July July 21/01/17 13:05

    "... El Partido Socialista ahora está repartido entre una pandilla de golfos, es decir, una casta grosera que usurpó el nombre de "socialismo" para ponérselo por encima, como si fuera una operación cosmética o un traje de pana." ¿En qué se ha equivocado el PSOE en estos años?: Arranca cuando el PSOE abandona su ideología y se transforma en empleado del capital; los “Solchaga Boys”, la OTAN, las lamidas de almorrana a la monarquía, los besos con lengua a las instituciones de represión directa, recuperando de esta manera la tradición franquista y sus desaparecidos bajo cal viva, la reconversión, la primera Guerra del Golfo, la privatización de la RAE por parte del Polanquismo, la bienvenida de Rubalcaba al 15M con pelotas de goma, cada uno de sus pasos es un continuo error..." Entrevista a Montero González) http://librujula.com/entrevistas/1505-montero-glez-entrevista-al-cajon-cronica-de-un-mitin

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  • tieri tieri 16/01/17 08:40

    Hacer la pelota, no, gracias.

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  • svara svara 15/01/17 00:44

    Los artículos de Luz están siempre empapados de mucha sensibilidad y contenido racional e importante desde el punto de vista social, de un aplomo realista y comprometido que contrasta mucho con la práctica que el partido al que pertenece ha llevado a cabo, ahora en la oposición, antes en el poder. Realmente es muy duro trabajar ocho horas al día y no tener para uno mismo y para darle a los hijos una vida digna. El sistema capitalista desregulado o con un gobierno neoliberal y amorfo en ideas sociales, acentúa el salvajismo del sistema y a los trabajadores nos hace rehenes de su voluntad. El reparto del trabajo este cualificado o no y la dignificación de los sueldos, no están programados en el ADN neoconservador y por esa parte nos queda a día de hoy mucha lucha social. Salud y república. 

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    • tieri tieri 16/01/17 08:38

      No estoy de acuerdo, desde el titulo "les hemos fallado" siento que Luz Rodriguez quiere hacer la pelota a gente de Podemos o del Psoe pero supuestamente de "muy de izquierda" también la referencia a Ken Loach va por ahí y no la veo muy honesta, pues nada a mi son Jim Jarmusch y Sisa que me molan. Yo soy empleado/obrero padre de dos hijos y no quiero que se me haga la pelota sino progreso real. Encuentro las tres columnas de Torres Mora interesantes y mucho más sinceras que esta de "les hemos fallado" de Luz Rodríguez.

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  • paser paser 09/12/16 23:35

    Con todos mis respetos me sorprende su artículo, no porque no esté de acuerdo con su contenido, sino por quien lo escribe y a quién se dirige. ¿Se dirige vd. a sus compañeros que mandan en el PSOE y a los socialdemócratas europeos? ¿ O se dirige a todos los ciudadanos y ciudadanas?. Porque si nos lo recuerda a estos últimos, que la socialdemocracia nos han fallado estrepitosamente, en lo que se refiere a mejorar la vida de la gente, ya lo sabíamos. Por el contrario los que no han debido de enterarse, todavía, son sus compañeros socialdemócratas del PSOE y así mismo los socialdemócratas europeos, de lo que haya que hacer para que los ciudadanos y ciudadanas no sigan perdiendo derechos y bienestar a marchas forzadas en beneficio de unos pocos. Siento decirle que con estos dirigentes del PSOE, no solo no creen que sea el momento de ponerse a trabajar, sino que van a claudicar todavía más a las corrientes neoliberales.

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  • Anajose Anajose 09/12/16 21:26

    Sí,y lo seguís haciendo quienes apoyáis a una gestora y a unos barones cómplices del neoliberalismo: A los de OTAN de entrada,no; a los del GAL; a los del Concordato; a los de las privatizaciones; a los de la corrupción, a los de la reforma del art.135;a los de la reforma laboral...Y lo hacéis ahora,cuando las élites que mandan decretan una involución,sufrimiento y miseria,cuando la indignación frente a la corrupción, la prepotencia, la impunidad de las clases dirigentes harían posible la superación del actual sistema político y económico que se ha revelado tan ineficaz como injusto.

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  • elvizca elvizca 09/12/16 12:46

    Tanto rollo doctoral para decir que han  fallado. Vamos,  como un tropezón, nada serio. Sobre la inmensidad del daño causado y su imposible recuperación nada. Vale, vamos a resetear el partido y ya está, todo solucionado. Me parece mas racional emular a la Sra. Bañez y acudir a las ayudas divinas.

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 09/12/16 12:34

    No soy socialdemócrata, vaya por delante. Pero este es un excelente artículo sobre la socialdemocracia. Mi opinión personal es que los problemas que acertadamente señala doña Luz en su artículo, están en la base misma de la socialdemocracia: una ideología en la que se respetan los modelos sociales capitalistas y se les tiñe con más o menos profundidad de contenido social. Ni siquiera sirve hoy que la propiedad de los medios de producción estén en mano de los trabajadores. Se ha alcanzado una especie de espejo chusco de ese principio (tan unido a "la tierra para quien la trabaja") en el que los autónomos empiezan a ser legión, pero en esa legión caen muchísimos y no todos pueden volver a levantarse. No se pueden establecer políticas sociales en un mundo capitalista. Sólo se ha hecho cuando existía un "contrapoder", una forma de estructura social que pese a sus evidentes fallos y monumentales errores, mostraban que otra forma social es posible. El capitalismo tiende a premiar los esfuerzos empresariales acumulando propiedades en manos de los que llevan a cabo esos esfuerzos, considerando que son personales, desconectados de la realidad social. De ese modo se crean las clases, se implanta la mentira de que "el mérito sólo otorga los puestos" como decía Villarroel, y se fomenta el enfrentamiento porque al desconectar la empresa de la sociedad se fomentan islas de acumulación de riqueza y un océano cada vez más grande de pobreza. El reparto del beneficio creado por la acción empresarial no es una cuestión social sino una cuestión de justicia humana. Ningún ser humano debería tener una mansión millonaria mientras millones de seres humanos mueren de hambre, mala salud, miseria al fin. Hay que combatir la idea social que implica el capitalismo y sus velos (democracia, estado del bienestar). Y no hemos sabido hacerlo. Y la única experiencia diferente, el llamadfo "socialismo real", fue un completo desastre, posiblemente porque se fijó más en "ganar" al capitalismo que en implantar una sociedad realmente más justa, vale decir socialista. Nos falta ideología como instrumento para construir una sociedad realmente justa y humana. Sin ella no hay victoria posible.

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  • Juanjo Seoane Juanjo Seoane 09/12/16 12:06

    Hemos cambiado mucho a nivel individual. Eso ha provocado mucho cambio social. Volvamos a coger las riendas de nosotros mismos

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    • tieri tieri 10/12/16 21:03

      La verdad no estoy seguro de coger tu comentario con nitidez pero creo que me gusta. Una cosa que he notado en publicaciones pogres es este afán de estar mal tratado que todo va mal que somos buenos pero que el mundo es injusto sobretodo neo-liberal y entonces no somos felices y el resultado es que conduzco mi coche con pesadilla y podría tener un accidente. Una vez leí en Infolibre un titular así como: "diez cosas que no van bien", no tuve ninguna gana de lanzarme en la lectura pero pensé escribir un comentario del tipo: "pues para la próxima vez diez cosas que van bien" pero me corté. En eso el magacin del País a veces lo hace bien te habla de un medico en Mozambique u otra gente maja, a este respecto lo primero son mosquiteras en las ventanas, y después de leerlo has aprendido cosas y te sientes bien. Cuando alguien me cae bien, mis hijos por ejemplo, algunas veces lo llamo sin darme cuenta Héctor el nombre de mi perro y mientras Héctor esté bien de manera egoísta, entiendo que la expresión "de manera individualista" no es correcta, no me importaría tanto que el mundo se vaya un poco al carajo. En fin creo el miserabilismo puede ser un serio peligro para Infolibre y me parece que no está mal que gente que siente individualista liberal como yo sea suscriptora. Termino reproduciendo tu mensaje que es un poco misterioso para mi: hemos cambiado mucho a nivel individual. Eso ha provocado mucho cambio social. Volvamos a coger las riendas de nosotros mismos.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 09/12/16 11:53

    Como participante en el Baix Llobregat como cientos de miles de personas trabajadoras en las reivindicaciones laborales (conseguimos muchas de ellas) desde finales de los 60 hasta los 80 puedo asegurar que sí, que están fallando, decepcionando, los partidos de izquierda y también desde hace unos años los sindicatos, por su colaboración y participación en el desarrollo de políticas neoliberales que solo pretenden obtener el máximo beneficio para los dueños de las empresas. El gran problema de las personas es disponer de unos ingresos que les permitan llevar una vida digna. Esos ingresos o se obtienen a través de un trabajo o se instala una renta básica para todos. Los puestos de trabajo cada vez son más escasos debido a los automatismos y al aumento de rendimiento de las máquinas, con lo cual o se reparte el trabajo trabajando menos horas o permitiendo una jubilación anticipada, o el número de personas en paro irá cada vez en aumento. ¿De dónde se saca el dinero para mantener esta nueva sociedad? Distribuyendo equitativamente el beneficio que se genera a través del trabajo y a través del consumo. Osasuna y República Libertaria.

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  • RafaGM RafaGM 09/12/16 10:06

    Siempre ocurre igual; se dan cuenta de los errores que han cometido cuando abandonan las responsabilidades de gobierno y no pueden hacer nada. Luego hacen examen de conciencia a su manera y prometen una regeneración que nadie cree y dicen haber comprendido sus propios fallos y el hartazgo de la población. ¡Basta ya de palabras vacías! El problema de la socialdemocracia es que ha dejado de ser de izquierdas hace muchos años y el PSOE o el PASOK son ejemplos claros de ello. No vuelvan a contarnos cuentos para niños mientras no sean capaces de acompañar sus mensajes de acciones. Ustedes y el resto de teóricos partidos socialdemócratas de Europa nunca se atreverán a imitar un poco a Olof Palme.

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