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'Corona-news': La alarma que suena en África, el peligro de las manifestaciones en EEUU y la pervivencia del sistema

  • El descontrol de la pandemia en Kano, la segunda ciudad de Nigeria, podría poner en peligro a todo el continente, advierte The New York Times
  • The Guardian recoge un estudio que asegura que las manifestaciones ultraderechistas contra el confinamiento en el país americano podrían llevar el covid-19 a zonas hasta ahora poco afectadas
  • El mismo medio transcribe una conversación entre el economista irlandés McWilliams y el exministro de Finanzas griego Varoufakis sobre el capitalismo y cómo reaccionará ante la pandemia
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Publicada el 20/05/2020 a las 06:00
Una mujer pasea con mascarilla en Lagos, Nigeria.

Una mujer pasea con mascarilla en Lagos, Nigeria.

Efe

infoLibre resume semanalmente las informaciones más interesantes sobre el covid-19 publicadas en la prensa internacional. Esta es nuestra selección de hoy.

La alarma que suena en África (The New York Times)

En parte por ser un continente históricamente marginado y maltratado, y en parte porque el covid-19 aún no ha demostrado todo su potencial de muerte allí, no llegan al Hemisferio Norte demasiadas noticias sobre África y el coronavirus. Pero se están empezando a detectar brotes muy peligrosos que podrían extenderse por países con altos niveles de pobreza y baja capacidad sanitaria, explica The New York Times. En la capital de Somalia, Mogadiscio, los entierros se han triplicado. En Tanzania, su Gobierno ha cesado abruptamente de comunicar las nuevas cifras tras una escalada rápida de los contagios. Pero la situación que más preocupa es la que se vive en Kano, la segunda gran ciudad de Nigeria.

Kano es el ejemplo de todo lo que se puede hacer mal si quieres que el coronavirus campe a sus anchas por un territorio. El Gobierno local estuvo negando el problema hasta casi llegado mayo, atribuyendo el aumento de las muertes de personas mayores a otras causas. Los sanitarios caen enfermos sin parar: muchos carecen del equipamiento básico. Los test son escasísimos y tardan dos semanas en ofrecer resultados. Y buena parte de la población niega que el covid-19 sea real y, si se lo creen y lo tienen, no lo comunican y hacen vida normal por el miedo al estigma.

Los expertos consultados por el periódico piensan, incluso, que la ciudad nigeriana podría convertirse en el primer territorio que aplique la inmunidad de rebaño: llegando a un número tan alto de contagiados que el coronavirus se mitigue de manera natural tras llevarse por delante miles de vidas. Y advierten: "Si Kano cae, Nigeria entera caerá. Y se expandirá al resto del oeste de África y a África entera".

El peligro de las manifestaciones estadounidenses (The Guardian)

El diario británico The Guardian recoge un estudio sobre el peligro de que las manifestaciones estadounidenses contra el confinamiento lleven el coronavirus a zonas donde el impacto de la pandemia ha sido bajo. Ha sido elaborado por el llamado Comité para la Protección de Medicare (el programa que busca implantar una sanidad pública y gratuita en el país) y se basa en el análisis de los datos de ubicación de los smartphones, muy útiles para sacar conclusiones de la movilidad de los ciudadanos y que, en este caso, alertan de la irresponsabilidad de unas convocatorias que juntan, mayoritariamente, a fanáticos de extrema derecha, muchas veces armados.

Los encargados del informe analizaron los datos de los presentes en las protestas de cinco estados: Michigan, Wisconsin, Illinois, Colorado y Florida. Investigaron cómo se movieron durante las cuarenta y ocho horas posteriores a la manifestación. Y las conclusiones dan miedo: muchos acudieron de partes muy alejadas del país, donde el covid-19 aún no se ha manifestado con fuerza. Los epidemiólogos llevan semanas alertando del grave peligro de generar nuevos brotes con estos eventos, pero hay negacionistas que, incluso, dan positivo en covid-19 y manifiestan su intención de seguir participando en estas concentraciones, poniendo en peligro, en el mejor de los casos, a cientos de personas.
 

La pervivencia del sistema (The Guardian)

El periódico británico transcribe una fructífera conversación entre el famoso exministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, y el economista irlandés David McWilliams, sobre qué va a pasar con el capitalismo y con la ortodoxia económica que reina en la Unión Europea, toda vez que el coronavirus ha sacudido todos los mimbres con fuerza en apenas unas semanas. Las conclusiones son dos, y son opuestas: por un lado, como titula The Guardian, hay "un rayo de esperanza" que permite vislumbrar que la apuesta por una recuperación con color verde y sin recetas de austeridad añadidas será fuerte y definitiva. "Las reglas del capitalismo pueden haber sido suspendidas: todas esas políticas sacrosantas se han ido, la separación ordenada de la política fiscal y monetaria se ha ido, la idea de que la deuda pública es algo malo se ha ido", dice Varoufakis.

El "rayo de esperanza" se sustenta, además, en que, a diferencia de 2008, la pandemia está azotando –al menos en su vertiente de parálisis económica– tanto a Alemania o Países Bajos, estandartes de las viejas recetas en el club comunitario, como a los habituales perdedores cuando vienen mal dadas. Sin embargo, hay señales que advierten de que puede ocurrir todo lo contrario: que la recesión dé alas a los movimientos identitarios, insolidarios, xenófobos y contrarios a la idea de una Unión Europea con forma de Estado federal, que defienden en la conversación Varoufakis y McWilliams. "Nos mudaríamos a una economía global transaccional hobbesiana: desagradable, brutal y pobre para la mayoría de las personas", donde el hombre es un lobo para el hombre y reina el sálvese quien pueda.

 

Rohinyás entre la espada y la pared (The Economist)

"Epidemiólogos y sanitarios han temido durante mucho tiempo un brote de coronavirus en los campamentos de refugiados del mundo", arranca este reportaje de The Economist. Y ha sucedido, probablemente en el peor lugar donde podía suceder: en el asentamiento de los rohinyás, un pueblo perseguido y acosado por Birmania, en el sur de Bangladesh. La también llamada República de Myanmar ha sido acusada por Naciones Unidas de genocidio por la limpieza étnica contra esta minoría musulmana. Alrededor de 800.000 de ellos fueron expulsados de sus hogares en 2017, y se sumaron en Bangladesh a los que ya habían sido desplazados de los 90. El aislamiento al que les tenía sometido el Gobierno del país que les acogió, desde mucho antes de la pandemia, les había protegido ante el coronavirus: hasta ahora.

Un campamento de refugiados donde se acumula un millón de rohinyás es un escenario muy desfavorable en una emergencia sanitaria: sin condiciones de higiene y salubridad adecuadas y con una concentración poblacional que hace imposible la distancia social. Para más inri, Bangladesh dejó sin cobertura móvil a la zona el año pasado, por lo que los voluntarios de la OMS que trabajan sobre el terreno deben recorrer las instalaciones de punta a punta megáfono en mano para advertir del peligro, así como montar brigadas de voluntarios que corran la voz sobre el coronavirus. Afortunadamente, los primeros brotes fueron aislados a tiempo, aunque la batalla aún no está ganada. Los primeros dos positivos fueron puestos en cuarentena y, posteriormente, se amplió a 1.275 familias, 5.000 personas en total, que podrían haber estado en contacto con ellos.

 

Las mujeres alzan la voz en Italia (Politico)

Ninguno de los expertos, técnicos y funcionarios que ha reunido el primer ministro de Italia, Giuseppe Conte, para planear su desescalada son mujeres. Las italianas, explica Politico en este reportaje, representan "dos tercios de los trabajadores de la salud de Italia, el 80% de los cajeros en los supermercados, el 90% de los trabajadores de atención domiciliaria y casi el 82% de los maestros. Pero muy pocos tienen un asiento en la mesa donde se toman decisiones clave sobre las políticas para navegar la reapertura del país". Así, un grupo de 16 senadoras presentó una moción para que el Gobierno aumente la representación femenina en sus grupos de trabajo.

"Los hombres pasan el poder de una mano a otra en un círculo cerrado", defiende Enma Bonino, una de las impulsoras de la iniciativa. Conte las escuchó e incluirá a cinco mujeres en el comité que planea la desescalada. Y Politico, al hilo de la situación ha preguntado a italianas de todos los sectores sobre qué harían ellas para sacar al país transalpino del confinamiento. Profesoras de secundaria pidiendo vigilar la vuelta al cole de los niños más vulnerables, decanas de Universidad defendiendo la implicación de su institución a la hora de elaborar test, y una médica que dirige a los facultativos de familia en Lombardía y que asegura que nunca fue consultada sobre cómo abordar el impacto del coronavirus, entre otros testimonios.

 

Bonus track: esta recopilación de The New York Times sobre, literalmente, "cosas bonitas" que leer, que hacer y que disfrutar en plena pandemia. "Esta época es terrible. ¿Por qué no leer sobre un puñado de cosas que no lo son?". Y esta crónica política del Der Spiegel sobre cómo algunos gobernantes de regiones alemanas se están negando a confinarse de nuevo, pese a que los números ya indican que están sufriendo un rebrote.

 

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1 Comentarios
  • Dver Dver 20/05/20 13:02

    Ahora mismo hay un combate a muerte entre el viejo, y actual, sistema económico capitalista, y un nuevo orden económico en en que la sociedad tome el poder de las grandes decisiones económicas que le afectan o puedan afectarle. Por un lado están los que como Varoufakis (gran experto y mejor combatiente) ven la oportunidad de cambiarlo todo. Por otro, como siempre ha sido en la historia, están los que no quieren oir ni hablar del asunto, y que solo se trata de volver ala normalidad. Si los primeros, entre los que me encuentro yo, pensamos, desde hace tiempo, que no hay otra solución que repartir riqueza y trabajo, salvo optar por una sociedad estatificada y burocratizada. Hasta el momento no se han tomado soluciones en el sentido del reparto de trabajo y riqueza, es decir, progreso humano. Pero esta crisis pandémica ha hecho aflorar las graves contradicciones de las teorías económicas neoliberales (nada de estado; nada de sociedad organizada) y puede ser la oportunidad de que la gente tome conciencia de que es mas seguro y placentero vivir en una sociedad debidamente justa que en otra en la que uno se encuentre al albur de sus propias fuerzas. Este cambio, de producirse, tomará su tiempo y será porque el sistema no tendrá otra opción. Si las condiciones climático sanitario y otras obligan a reducir sectores innecesarios para vivir dignamente, es claro que habrá menos trabajo humano, y aunque la producción aumente, que lo hará, no habrá compradores si no hay ingresos salariales. Esto ha sido así desde la revolución industrial, y todo el progreso que ha venido después ha sido por la necesidad del capital de poder vender, de tener compradores con ingresos fijos periódicos, por lo que los estamentos poseedores de la riqueza (nobleza terrateniente) tuvieron que transformarse en alta burguesía y repartir algo creando una clase media que no existía. Esas son nuestras cartas hoy.
    Las de los intransigentes, son otras. Un poder que aún conservan, pero sobre todo un imaginario popular en la que todo el mundo está esperando volver a lo de antes. Ese es el verdadero peligro. La gente esta esperando el chiringuito como quien espera a Dios. La mejor carta de los retrógrados.

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