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De Blasio, un progresista al frente de la Gran Manzana


Publicada el 06/11/2013 a las 11:55 Actualizada el 06/11/2013 a las 13:30
Bill De Blasioabraza a su hijo Dante tras conocer su triunfo.

El candidato demócrata Bill De Blasio (dcha) abraza a su hijo Dante (izda) tras conocer su triunfo en las elecciones a la alcaldía de Nueva York.

JASON SZENES
En el lenguaje político estadounidense la palabra “liberal” viene a significar lo que en Europa llamamos “progresista”, es decir, alguien partidario de consolidar y ampliar los derechos y libertades y promotor de un activo papel de los poderes públicos en la esfera económica para garantizar, a través de la regulación, la supervisión y unos impuestos justos, tanto el juego limpio y la igualdad de oportunidades como una cierta redistribución de la riqueza y unos mínimos decentes de protección social. Pues bien, Bill de Blasio, el político de 52 años de edad que acaba de terminar con 20 años de alcaldías republicanas en la ciudad de Nueva York, es un pedazo de “liberal”, como bien le ha retratado Javier C. Hernández en The New York Times.

El martes 5 noviembre, De Blasio ha obtenido una victoria electoral arrasadora (lanslide) en las elecciones municipales de la más europea de las metrópolis estadounidenses. Nueva York, que junto con California es el gran feudo demócrata frente a los republicanos, retoma así su anterior tradición progresista, vuelva a sintonizar su voto en las municipales con su voto en las elecciones nacionales. Bien es cierto que Rudolph W. Giuliani y Michal R. Bloomberg, los dos predecesores republicanos de De Blasio, tampoco eran conservadores ultraortodoxos ni miembros del extremista Tea Party, aunque, eso sí, hicieron su carrera municipal predicando y practicando una combinación de mano dura policial para los de abajo con toda suerte de facilidades para los empresarios y banqueros de Wall Street.

Candidato de las clases trabajadoras, populares y medias, la victoria de De Blasio supone, subraya hoy The New York Times, un “claro giro a la izquierda” de la más populosa de las ciudades estadounidenses. “Mis queridos conciudadanos de Nueva York”, dijo De Blasio en un mitin en Brooklyn tras conocer la noticia de su gran victoria, “hoy habéis expresado alto y claro vuestro deseo de una nueva dirección para nuestra ciudad. Que no haya equívocos: la gente de esta ciudad ha escogido una vía progresista (Make no mistake: The people of this city have chosen a progressive path). De Blasio se dirigió a la feliz multitud en inglés y castellano y también pronunció algunas palabras en italiano.

De Blasio nació en Manhattan en mayo de 1961, hijo de un economista veterano de la II Guerra Mundial y de una gestora de relaciones públicas. Acusados de ser comunistas, sus padres fueron objeto de una feroz persecución gubernamental en el marco de la Caza de Brujas de la Guerra Fría, pese a que él había perdido una pierna en la batalla de Okinawa. Este acoso condujo al padre al alcoholismo; la pareja, él de origen alemán, ella de origen italiano, se divorció, y el entonces pequeño Bill siguió creciendo junto a su madre. Su padre terminaría suicidándose.

Ya en sus tiempos universitarios, el flamante alcalde de Nueva York, además de obtener buenas calificaciones, se mostró activo en muchos de los combates progresistas de finales de los años 1970 y todos los 1980. Participó en la organización de acciones de protesta contra la energía nuclear y, aún más significativo, se opuso a la brutalidad con la que Ronald Reagan intervino en Nicaragua para desalojar del poder a los sandinistas, incorporándose al llamado The Nicaragua Solidarity Network of Greater New York. Aún criticando las derivas autoritarias del sandinismo, De Blasio jamás ha renegado de aquella toma de posición de su juventud.

Sus primeras acciones en el seno del Partido Demócrata fueron como miembro neoyorquino de la campaña para la reelección presidencial de Bill Clinton en 1996, y, luego, en 2000, como jefe de la campaña para la elección de Hillary Clinton como senadora por Nueva York. En 2001 se presentó a las elecciones municipales neoyorquinas y consiguió la concejalía del barrio de Park Slope, en Brooklyn, donde vive con su familia. Desde entonces su voz se ha ido convirtiendo en la de los neoyorquinos que no habitan en las lujosas residencias de Manhattan ni viven de los negocios de Wall Street.

“De Blasio”, escribe Javier C. Hernández en The New York Times, “se casó con una escritora negra que una vez se definió como lesbiana, Chirlane McCray, y creó un hogar birracial del que siente orgullosos”. Su exitosa campaña electoral se ha alimentado de la frustración de la mayoría de los neoyorquinos con las crecientes desigualdades de renta en la ciudad, con los métodos brutales de la policía y con la carencia de viviendas accesibles al común de sus habitantes. Son, entre otros, los frutos de dos décadas de gobierno municipal conservador.

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