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Caníbales

Alguien tenía que decirlo

Publicada el 30/05/2015 a las 06:00 Actualizada el 29/05/2015 a las 19:00
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El otro día entré con mi padre en el departamento de libros de El Corte Inglés. Iba pues con el hombre que me dejó crecer dentro de su biblioteca esmerada, generosa y culta desde siempre, sin censura, sin consejos. Lo que quiero decir es que me atreví a adentrarme en una librería con un hombre que sabe leer y, de repente, nos vimos los dos asaltados por neumáticos, cupcakes y pizzas en forma de libros.

Acojonaba, la verdad. Así, como suena y con perdón. Pero mi padre y yo somos valientes.

Avanzamos y conseguimos esquivar seis cupckaes y la última pizza para caer en manos de una pandilla de iletrados que nos escupían sandeces desde las portadas de sus novelas y/o memorias y/o chorradas.

Mi padre y yo queríamos entender, así que buscamos por toda la planta a un editor a quien preguntarle algo muy básico:

- ¿Por qué? ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

- ¿Por qué qué?

- Que por qué insultas a los lectores.

- Porque vende.

- Vende un libro al año, vende nada, vende mierda.

- Vende ventas, listilla.

- ¿Y compensa?

El editor me miraba con incomprensión y desinterés. Mi padre me apartó de la conversación para evitar males mayores y probó un enfoque más riguroso:

- ¿Pero por qué ellos? ¿No vende también la calidad?

- Porque es más fácil, señor. Porque uno sale todas las semanas en la tele de despiece, porque otra volverá a ser portada para enseñar sus pezones nuevos, porque a lo mejor el tercero acepta ir a una isla a que le humillen, porque…

- Pero, señor editor, todo eso está muy bien pero me está usted definiendo una línea de bikinis, de productos de depilación, de bebidas energéticas… Y no un producto editorial. ¿No ha pensado usted cambiar de sector y dedicarse a vender píldoras adelgazantes, preservativos de colores, cremas rejuvenecedoras, webs de contactos y polvos crecepelos?

- Me encantaría. A mí no me gusta leer.

- Ahá.

Aclarado todo.

Mi padre y yo buscamos entonces a un dependiente que nos confirmó que no, que todavía no habían traducido el último de Carrère y huimos: a refugiarnos en Amazon, donde no te asaltan los bandoleros del crecepelo porque Amazon te reconoce y te recomienda lo que saben que lees, porque te esconde lo que te ofende.

Y, perdón, que se inaugura la feria del libro y no quiero ser injusta: no tengo nada contra los escritores comerciales, nada. De hecho, hay best sellers que son obras de arte. Pero creo que alguien les tiene que decir a esos editores que tanto lloran por la piratería, por los poetas muertos y los emoticonos vivos, por la falta de afición a la lectura de “este país” (“este país” pronunciado despacito y arrugando la nariz, como si merecieras la nacionalidad francesa), que confiábamos en ellos.

Los que leemos crecimos pensando que el editor era un filtro, un control de calidad, una garantía. A mí jamás se me pasó por la cabeza que los editores eran (o podrían ser) señores que buscaban famosos para colocar en un lineal, junto al champú, los chicles y las ofertas.

Error mío, quizá. Porque mi infancia son recuerdos de los libros de mi padre y pensaba que para escribir había que leer, que para publicar había que escribir, que para crear lectores había que hacer buenos libros.

Pensaba que lo que contabas tenía que importar.

Pero no. Si quieres publicar un libro, sal en la tele, desnúdate, enróllate con un famoso. O no, o mejor, no lo hagas: no da suficiente dinero. O sí, venga, rectifico otra vez: hazlo, que da igual, que le echamos la culpa al IVA, y a las descargas, y al chachachá.

Lo siento, pero en este caso el orden de los factores sí altera el producto: leer, escribir, publicar. Primero, leer (y amar los libros); segundo, escribir (y vivir, y desangrarte, y escupir tus huesos); y tercero, publicar (y compartir, y emocionar, e importar).

No debería publicar quien no lee; no debería publicar quien no necesite escribir para vivir y vivir para escribir.

Porque, y termino, queridos editores de esta lengua nuestra, no creáis que esos hallazgos marketinianos son inocuos: cuando alguien compra un libro malo, le estáis invitando a no leer.


P.D.: esta columna va dedicada a los editores, que los hay y los conozco y los quiero, a los que les importa la literatura. Esta columna va dedicada a los famosos, que los hay y los conozco y los quiero, que leen y no saben vivir sin escribir.
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14 Comentarios
  • Bacante Bacante 05/06/15 12:54

    La gente que escribe lo sabe: Las editoriales no quieren Literatura, quieren best sellers, quieren pasta. 

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  • gusalo gusalo 02/06/15 17:02

    Estoy de acuerdo: la mala literatura es como un cáncer para la Literatura: se reproduce muy rápidamente y fuera de control. Esto no es nuevo. Recordemos la quema de libros en la primera parte del “Quijote”, previo escrutinio del cura y el barbero como entendidos en la materia; o más recientemente –hace menos de un siglo– lo que opinaba Valle-Inclán (por boca de Max Estrella) sobre los culebrones por entregas.  Ciertos libros –yo también lo creo– son “un insulto a los lectores”.  Y aún los hay peores (por ahí deben de circular uno o dos  'evangelios' de algún expresidente); pero no opinemos de lo que ni hemos leído ni estamos dispuestos a leer. El artículo para mí cobra pleno sentido al leer la posdata, donde se subraya la relevancia que en la Literatura tienen los buenos libreros y editores. 

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  • rita martinez gude rita martinez gude 31/05/15 15:34

    Yo iria a un libreria a comprar un libro. Saludos

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  • Maria garcia Maria garcia 30/05/15 16:33

    Ya se estudia. Contenido llevan todas las materias. Sin embargo solo se trata el significado oculto dependiendo,  si es laica o no. Tras todo texto hay intencion de manipular, basandose en el hecho de captar la atencion hacia otro lugar ensalzado. La Lectura consiste en el estudio pormenorizado. O sea el trabajo periodistico. En mi caso muestro compatible la verdad vegana en toda  amplitud.

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  • Irenepaz Irenepaz 30/05/15 16:09

    No ser analfabeto es un arma valiosisima, saber leer da libertad frente a los que no saben. Saber interpretar  lo que se lee requiere más reflexión. Quizas las escuelas no deberian solamente enseñar a juntar letras si no trabajar más activamente la interpretación de lo que se lee, seria un ejercicio de dotar a los niños de mayor capacidad de pensar y expresar su libertad. Un saludo 

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    • rita martinez gude rita martinez gude 31/05/15 15:36

      Totalmente de acuerdo

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  • Maria garcia Maria garcia 30/05/15 14:19

    Debería añadir, que no hay conflicto de intereses hacia ECI..

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  • Giordano Giordano 30/05/15 14:11

    En “Sobre la lectura y los libros” Schopenhauer sostiene que durante la lectura nuestra mente es en realidad la mera palestra de pensamientos ajenos, ¿Qué queda si se descuentan estos? Quien lee mucho y casi todo el día, pero en el medio descansa con entretenimientos irreflexivos, pierde poco a poco la capacidad de pensar…. Ese es el caso de muchos eruditos: han leído hasta volverse tontos… Así como la alimentación excesiva echa a perder el estómago, también se puede congestionar el espíritu. Ninguna cualidad literaria, p. ej., la fuerza de convicción, la riqueza imaginativa, las dotes de comparación, el atrevimiento, la amargura, la brevedad, la gracia, la ligereza expresiva, el ingenio, el contraste sorprendente, el laconismo, la ingenuidad, etc., puede ser adquirida a base de leer al escritor que la posee. Pero de esa manera sí podemos, en el caso de que las tengamos ya como disposición despertar en nosotros tales cualidades y hacernos conscientes de ellas;…

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    • Bacante Bacante 05/06/15 13:05

      Yo diría que ya el hecho de leer un buen libro te fuerza a la reflexión y, lo que es más importante, a la concentración. Permítaseme discrepar, aunque se trate de Schopenhauer, pues toda sabiduría procede de la reflexión y el silencio y la concentración. Muchos buenos libros tampoco sirven para gran cosa y conozco personas no excesivamente instruídas a las que calificaría de "sabias" sin titubear. La erudición es una cosa, otra es el conocimiento y otra, bien diferente, la Sabiduría. Quizás he hecho una ensalada. Saludos.

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  • Giordano Giordano 30/05/15 14:10

    …podemos ver todo lo que se puede hacer con ellas, podemos reforzar nuestra inclinación y hasta nuestro valor para emplearlas, podemos juzgar el efecto de su aplicación utilizando ejemplos y así aprender el correcto uso de las mismas; y solo después hacerlas realidad. Esa es, pues, la única forma en que la lectura instruye para la escritura, al enseñarnos el uso que podemos hacer de nuestras dotes naturales; es decir, únicamente bajo el supuesto de estas. Sin ellas, en cambio, no aprendemos con la lectura nada más que manierismos fríos y muertos, y nos convertimos en insulsos imitadores.

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  • Tubal Tubal 30/05/15 13:22

    ¡Hombre! Lo de "vivir para escribir y escribir para vivir" puede ser muy tóxico. Conozco bastante gente interesante (por su capacidad de análisis y experiencia vital) que nunca han escrito libros. Y, desde luego, conocemos todos a un montón de los que "escriben para vivir". Veo demasiada pasión en este articulito....

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  • Carolus Carolus 30/05/15 10:47

    En vez de irse a Amazon podría haber ido a una librería

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