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Sánchez y la rojigualda


Publicada 24/06/2015 a las 06:00 Actualizada 24/11/2015 a las 13:13    
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Pedro Sánchez se llama a engaño si cree que la Transición resolvió de una vez por todas el asunto de los símbolos –himno, bandera y forma de Estado– destinados a representar la unidad de los españoles. Como en otras materias, aquel pacto, derivado de una determinada correlación de fuerzas, produjo una solución que ha sido útil durante unas décadas, pero que nunca ha llegado a cerrar de modo definitivo el debate primario.

Si lo hubiera cerrado, el propio Sánchez no sería ahora sujeto de una polémica por haberse envuelto de modo grandilocuente en la bandera rojigualda en su proclamación como candidato a la presidencia del Gobierno por el PSOE. Sánchez ha sido aplaudido por el establishment, y también, sí, por amplios sectores de su partido, pero ha provocado perplejidad en algunos de sus correligionarios e irritación en buena parte de la izquierda real y, ya no digamos, en componentes significativos de algunas comunidades autónomas.

Una democracia verdaderamente madura no debería andarse con pelos en la lengua. Enunciar sus problemas no es ofender. Permítanme, pues, que me atreva a decir que, como mínimo, unos cuantos cientos de miles de compatriotas no se sienten demasiado representados por la bandera rojigualda. Unos la identifican con la monarquía –y con razón: fue establecida como bandera nacional en 1843 a partir de la enseña de la Marina borbónica– y desearían tener la oportunidad de votar sobre la forma de Estado. Otros la asocian con el franquismo, que la esgrimió en su sublevación contra la República y la impuso manu militari durante su larga dictadura. Bastantes en Cataluña, Euskadi, Galicia y otras partes la emparejan con un determinado modelo unitarista de Estado español.

Si la Transición hubiera cerrado el asunto de los símbolos, no habríamos discutido hace pocas semanas sobre la pitada monumental a la Marcha Real en el partido de fútbol que enfrentó al Barça y el Athletic de Bilbao. Esa discusión me pareció algo mostrenca: se centró en cómo sancionar a la gente que silbó la Marcha Real en el ejercicio de su libertad de expresión, lo más sagrado en democracia, y no se interrogó sobre el por qué de ese comportamiento. No por menos esperado, lo que debería haber llamado la atención es el hecho de que tantos vascos y catalanes rechazaran sonoramente ese himno.

El amor no puede imponerse por decreto. Yo jamás he profanado la rojigualda ni abucheado la Marcha Real. Al contrario, durante los dos años en los que trabajé en Moncloa, me puse firme cada vez que se izaba esa enseña o sonaba ese himno. Era para mí una cuestión de respeto. De respeto al Estado al que había aceptado voluntariamente servir durante una temporada, y, sobre todo, de respeto a los muchísimos compatriotas que aprecian esos dos símbolos. Pero confieso que mi corazón no latía de entusiasmo. Lo hace mucho más cuando escucho La Marsella un 14 de Julio. No por francofilia, sino porque La Marsellesa encarna universalmente las ideas en las que creo: libertad, igualdad y fraternidad. Si les recuerdo la escena de Casablanca en la que suena esa canción, seguro que me entienden.

Ahí está el problema: la práctica totalidad de los franceses se identifica desde hace generaciones con la bandera tricolor y La Marsellesa. (Sí, lo sé, algunos jóvenes salidos de la inmigración han quebrado recientemente esa unanimidad). La tricolor y La Marsellesa no son tanto emblemas de una unidad territorial como de las ideas que cimentan esa unidad. Nacieron de una revolución que acabó con el Viejo Régimen y estableció los valores republicanos. Es su gran diferencia con los actuales símbolos oficiales de España, heredados de un pasado –monarquía decimonónica y franquismo- que sigue dividiéndonos.

Razones semejantes podrían citarse a propósito de los símbolos estadounidenses, surgidos asimismo de una revolución democrática, de una neta ruptura nacional con el ayer. Y cabría añadir que la primacía de la libertad de expresión en la república estadounidense tolera desde la profanación pública de las barras y estrellas hasta el uso de la enseña de la Confederación por parte de sudistas nostálgicos.

La Sudáfrica de Mandela optó hace apenas veinte años por la fórmula de una nueva bandera. El fin del régimen del apartheid y el nacimiento de una nación multirracial y democrática fueron bautizados con la adopción de la enseña del arco iris. A la gran mayoría de los sudafricanos –negros, blancos, indios o mestizos- le gustó.

Pedro Sánchez ha heredado de sus predecesores en la dirección del PSOE la propuesta de un Estado federal como salida a la esclerosis del llamado Estado de las autonomías, pero algunos se preguntan razonablemente si sabe lo que eso quiere decir.

El federalismo implica una visión de España distinta a la canónica heredada del nacional-catolicismo. España no es católica, habla castellano, se gobierna desde Madrid, tiene una bandera rojigualda y entona la Marcha Real desde el domingo mismo en que Dios dio por terminada la Creación. España es muchísimo más compleja en su historia y su presente.

Llevamos dos siglos debatiendo sobre qué es España y aún no hemos encontrado una respuesta ampliamente satisfactoria. Frente a la visión nacional-católica, otra reivindica que los bereberes, judíos y árabes son elementos tan capitales en nuestra formación como los romanos y godos; que los ilustrados, liberales, republicanos, socialistas y libertarios fueron tan patriotas o más que los conservadores; que las lenguas gallega, catalana y vasca son tan españolas como el castellano; que España es una nación tan grande que en su seno caben varias naciones; que la piel de toro es, como la llamó Cees Nooteboom, todo un “continente”. El federalismo, la unidad asumida desde la libertad, la vertebración del edificio desde el suelo hasta el tejado, y no al revés, es la fórmula que mejor expresaría nuestra pluralidad.

Nuestra efímera Primera República fue federal y adoptó la bandera rojigualda con retoques en el escudo. Es una solución que puede reivindicarse, siempre y cuando no se hagan trampas y se olviden sus muchas otras propuestas aún incumplidas. La Segunda optó por la tricolor –rojo, gualda y morado- y mucha gente –también en el PSOE- sigue amándola, lo cual es muy legítimo y respetable si lo que tenemos sigue aspirando a considerarse una democracia. La Transición prefirió seguir con los símbolos monárquicos usados por Franco –quitando el aguilucho- y fue una decisión razonable: le privó a los generales de razones adicionales para sacar los tanques a la calle. Ahora bien, Sánchez desbarra cuando dice que los antifranquistas de entonces “luchábamos” por la rojigualda.

Me temo que, a fecha de hoy, seguimos teniendo un problema en esta materia, y creo que el exhibicionismo no contribuye a resolverlo. No he dicho el uso, fíjense, he dicho el exhibicionismo. Hay una gran diferencia entre una y otra cosa.

¿Es éste el más grave de los problemas españoles? En absoluto. El paro, los desahucios, la corrupción, la extensión de la pobreza, la ineficacia y parcialidad de la justicia, los gastos estrambóticos de las instituciones, lo son muchísimo más. No he sido yo quién ha reabierto el debate sobre los símbolos envolviéndose a lo Patton en una bandera en búsqueda de votos. Ni me va el patrioterismo, ningún patrioterismo, ni me presento a las elecciones.


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15 Comentarios
  • CapitanRed CapitanRed 26/06/15 11:53

    El banderazo es el último recurso del PSOE, un síntoma inequívoco de su declive y pasokización.

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  • Raúl Suárez Raúl Suárez 25/06/15 23:32

    Ahora lo veo. Estaba equivocado. Realmente no es que os hayáis vendido barato en Suresnes, "accidentalistas". Directamente es que lo hicísteis gratis, y sin vaselina.

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  • Milkhouse Milkhouse 25/06/15 08:25

    Chapeau... Y nunca será nuestra bandera mientras haya un solo asesinado abandonado en las cunetas de España... 

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    • Bacante Bacante 06/07/15 16:16

      Y si Sánchez no se ha enterado... O es un poquito corto o se lo hace. No sé qué es peor. 

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  • Alfredo20032 Alfredo20032 24/06/15 23:45

    De cuerdo totalmente. Muchos socialistas tenemos  afecto por la bandera tricolor porque representa un período de libertad y avance que reivindicamos mientras que aceptamos con respeto la bandera rojigualda aunque no podemos olvidar que durante mucho tiempo era la bandera del franquismo. Por tanto respeto si afecto no. http://alfredo20032.blogspot.com/2015/06/simbolos-nacionales.html

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  • igfernan igfernan 24/06/15 20:20

     God Bless Spain! LOS HETERODOXOS: LOOKING FOR PETER  http://losheterodoxos.blogspot.com.es/2015/06/looking-for-peter.html

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  • RosaGil RosaGil 24/06/15 19:32

    Estoy hasta el gorro de los comentarios acerca de la bandera en el acto de proclamación de Pedro Sánchez como candidato a la presidencia del gobierno. He de confesar que yo estuve más atento a lo que allí se dijo que al fondo de pantalla, pero a juzgar por los numerosos comentarios en los medios de comunicación por tertulianos, expertos politólogos y blogueros de "reconocido prestigio", tengo la impresión de que me equivoqué en el enfoque de mi atención. No importan las propuestas de cambio en la política, ni la declaración de intenciones con el propósito de recuperar nuestros estado de bienestar, ni la voluntad de reducción de la brecha social, ni el propósito de mejorar la educación pública y la sanidad etc. etc., lo que realmente importa es el fondo de pantalla, es decir la bandera hasta ahora constitucional. Gracias a D. Javier Valenzuela  por sacarme de mi error, nada hay mas importante en la vida de un ciudadano que el color de la bandera.

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    • Milkhouse Milkhouse 25/06/15 08:32

      O sea que no has entendido nada ... Vuelve a leer y recuerda que se puede andar y mascar chicle ... A la vez!!!

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    • Antonio Basanta Antonio Basanta 24/06/15 22:37

      De acuerdo con su comentario. No se preocupe que siempre hay españoles preocupados por cambiar el pasado porque nunca piensan en como hacer mejor el futuro.

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    • Bacante Bacante 24/06/15 21:13

      Para qué distraen con colores tan chillones de un mensaje tan bello? Por algo será. Yo quieto pensar que el tamaño estaba muy calculado, señora, y estas son las consecuencias. Saludos. 

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  • josetorres josetorres 24/06/15 18:35

    Buen artículo, como siempre. Primero fueron marxistas; luego socialistas antes que marxistas, un poco más tarde se proclamaron demócratas antes que socialistas. Ahora españolísimos antes que demócratas. El mitin de la bandera fue la una perfecta demostración de una subasta patriótica entre dos: PP y PSOE.

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  • Marlon Marlon 24/06/15 18:06

    que ha sido una puesta en escena?,   si    pero se le ha ocurrido al PSOE, y por eso estais criticandolo.   Cuando veis las independentistas en los estadios no ha articulo y si fuera Iglesias tampoco,  sed objetivos con todos, he visto como excusabais a Pablo de sus declaraciones en Inglaterra, diciendo que no se le habia entendido por  una mala traduccion, para despues salir el y en perfecto castellano decir lo mismo.    que es peor una bandera o defender a los presos?    Que bandera quere Pablo Iglesias pues ya va siendo hora que se defina.

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  • Manuel Iradier Manuel Iradier 24/06/15 15:55

    Magnifico como siempre. He encontrado esta frase de Montesquieu que dice "Los intereses particulares hacen olvidar fácilmente los públicos" que como muy bien dices. " No he dicho el uso, fíjense, he dicho el exhibicionismo. Hay una gran diferencia entre una y otra cosa." Un abrazo 

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  • Macrons Macrons 24/06/15 15:18

    Concuerdo con lo expresado. Es un grave error tratar de sustituir programas por símbolos. Seguimos sin saber cómo piensa Pedro Sánchez resolver los problemas que afectan a los españoles: paro, desahucios, corrupción, pobreza, ineficacia y parcialidad de la justicia... Por no saber no sabemos si se alineará (sospechamos que sí), como otras socialdemocracias europeas, con la obscena política del austericidio. De ser así, a lo más que podrán aspirar los que le voten es a un reparto algo más justo de la miseria creciente, si es que la Troika da el visto bueno a sus presupuestos. En mi opinión Zapatero era (es) honrado y buena persona y ya vimos los disparates que le forzaron a hacer desde Bruselas. Sánchez podrá arroparse con los símbolos que quiera, pero si no se pliega al amo, será presentado públicamente como radical izquierdista.

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    • Bacante Bacante 24/06/15 21:14

      Suscribo su comentario de arriba abajo. 

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