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De cómo Cervantes nos habla de los derechos de los soldados y de la defensa de la libertad de las mujeres

Publicada el 10/10/2019 a las 06:00 Actualizada el 10/10/2019 a las 10:08
De cómo Cervantes, a través del Quijote, nos habla de los derechos de los soldados y de la defensa de la libertad de las mujeres.

Las experiencias de vida y conocimientos de Miguel de Cervantes, junto a su capacidad para escribir y el ingenio que le caracterizaba y que solo pueden tener quienes nacen con este, hicieron posible que viera la luz, entre otras obras, Don Quijote de la Mancha.

Estamos ante la primera novela, la más destacada de la literatura moderna y obra universal. Solo la Biblia ha sido leída más que Don Quijote de la Mancha. Encabezó la lista de las mejores obras literarias de la Historia, con las votaciones de cien escritores de 54 nacionalidades a petición del Club noruego del libro en 2002. “El mejor trabajo literario jamás escrito”, se ha dicho de ella.

Cuando lees a Cervantes a través de Don Quijote solo puedes rendirte a sus pies y disfrutar aprendiendo. El hidalgo soñador pasa a formar parte de ti, por un lado, porque ya estaba en lo que has vivido y por otro, te enseña lo que no conocías y te acompaña en lo que vas conociendo.

Miguel de Cervantes fue militar. En octubre de 1571, participó en la Batalla de Lepanto. Le hirieron dos arcabuzazos en el pecho y en una mano de la que quedó lisiado para siempre. Estuvo privado de libertad varios años en Argel y, así, cuando nos habla a través de los siglos de lo que es ser militar, solo nos cabe “escuchar” con atención.

Este militar experimentado, en la primera parte de Don Quijote de la Mancha, publicada en 1605, nos ha hecho llegar un estereotipo de mujer al que todavía hoy, parte de la sociedad juzga, critica e insulta como “feminazi”. Sí, y la defiende con su espada ante todo aquel que pretenda perseguirla. Nos presenta a Marcela, una mujer que quería ser pastora y libre. Los pretendientes le salían por doquier, la acosaban e incluso la culpaban porque alguno se había suicidado al haberlo ella rechazado. Era feliz siendo pastora y libre. No era no, y nada en el mundo (se incluye a cualquier hombre) la desviaría de sus sueños. Personaje mujer pastora y autor hombre militar, ambos feministas, año 1605. ¡Grandioso! Cervantes tuvo que conocerlas (a mujeres feministas) y sabemos, lo ha dejado por escrito en palabras de Don Quijote, que las defendía.

Mirad qué interesante: en la segunda parte, publicada en 1615, concretamente en el capítulo XXIV, Don Quijote y su amigo Sancho se encontraron un mancebito por el camino, llevaba un envoltorio y una espada al hombro, la camisa por fuera, una ropilla de terciopelo, medias de seda y zapatos cuadrados. La edad llegaría a dieciocho o diecinueve años, alegre de rostro y ágil de cuerpo. Iba cantando seguidillas para entretenerse en la marcha:

A la guerra me lleva
mi necesidad;
si tuviera dineros
no iría de verdad.


Les dijo a los amigos Don Quijote y Sancho que iba a alistarse, que quería tener por amo y señor al rey, y servirle en la guerra, y no a un pelagatos en la corte.

Don Quijote le dijo que no hay otra cosa en la tierra más honrada que servir en el ejercicio de las armas y le da algunos consejos.

“En el caso de que os maten en primera acción… de un tiro de artillería o volado por una mina, ¿qué importa? Todo es morir, y se acabó la función. Mejor parece el soldado muerto en batalla que vivo y salvo en la huida… Y advertir, que le está mejor al soldado el oler a pólvora que a rosas y si… la vejez os coge estropeado…, al menos no os podrá coger sin honra y tanta, que no os la podrá menoscabar la pobreza… Ya se va dando orden para mantener y remediar a los soldados viejos y estropeados, porque no está bien que se haga con ellos lo que suelen hacer los que libran y dan libertad a sus negros cuando ya son viejos y no pueden servir, y echándolos de la casa con título de libres los hacen esclavos del hambre, de la que no piensan librarse sino con la muerte. Y por ahora no quiero decir más…”.

Cuatrocientos años después de estos consejos siguen dándose pasos en este sentido para las y los soldados de nuestros días, porque sigue sin estar bien lo que no está bien. El Ministerio de Defensa, por ejemplo, el 30 de septiembre de 2019, firmó un convenio con la Federación de Municipios de la Región de Murcia para impulsar la incorporación al mundo laboral del personal militar con medidas específicas como reserva de plazas para quienes acrediten cinco o más años de servicios, valoración del tiempo de servicios prestados como mérito.

Me pregunto qué hubiera escrito Cervantes sobre las mujeres que quieren ser militares:  quizá que deben ser libres y luchar por sus derechos. Qué les diría a jóvenes de 18 años si se cruzaran en su camino y supiera que van a alistarse en las Fuerzas Armadas: quizá que sigue siendo un honor morir por tu país o llegar a viejo y vieja habiendo servido a su gente. Me pregunto cómo abordaría el tema de la conciliación si le pidieran consejo o qué medidas tomaría para mejorar el sistema del trabajo de las armas y a sus trabajadores y trabajadoras: quizá que toda medida en la dirección correcta es bienvenida, pero a veces no suficiente y tal vez hablaría de justicia y decisiones valientes. Pero, sobre todo, me asombra cómo puede estar tan de moda esta obra y cómo siglos después nos hace comparar, pensar, reflexionar sobre temas de plena actualidad.

"Ladran los perros, amigo Sancho, luego cabalgamos".
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Teresa Franco es militar en Servicios Especiales. Concejala en el Ayuntamiento de Murcia. Miembro del Foro Milicia y Democracia.
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