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Sobre el himno nacional

Publicada el 08/07/2020 a las 06:00

Durante este preocupante tiempo de confinamiento y recogimiento pasado, he tenido la oportunidad de saber, gracias a un par de buenos amigos y a esa ya imprescindible herramienta –técnicamente aplicación– que conocemos como guasap (WhatsApp), que nuestro himno nacional español puede proceder de una introducción instrumental (es decir, sin letra) a una composición musical (cantada) andalusí (nawba o nuba) del siglo ix, todavía muy conocida e interpretada en nuestros días en el norte de Marruecos.

Sé que hay otras teorías que nos aseguran que es una marcha militar que el rey Federico II de Prusia regaló a un militar español destinado en su corte o que es parte de una recopilación de marchas militares de 1761, que, en cualquiera de los casos, Carlos III establece en 1770 como Marcha de Honores con el nombre de “Marcha de los Granaderos”, que la teoría andalusí considera como una simple deformación de la expresión “música de los granadinos”, es decir, de los pobladores del Reino nazarí de Granada que tuvieron que exilarse tras la conquista castellana de 1492 o incluso de los moriscos expulsados entre 1609 y 1613, que, después de todo, fueron los creadores de la conocida como República de Salé (1626-1668) en la actual área marroquí de Rabat y Salé.

Lo interesante para mí de estas disquisiciones no es si nuestro himno es de procedencia andalusí, prusiana o genuinamente española, sino, precisamente, que puede ser de cualquiera de ellas; que demuestra la diversidad de nuestros orígenes y, por tanto, nuestra propia diversidad. Que nos recuerda que por nuestras venas corre sangre (con su ADN correspondiente) céltica, que venía del norte e ibera, que venía del sur; fenicia, griega y romana, que venía del Mediterráneo y gótica, que venía del frío norte europeo y de más allá; y sin olvidar la árabe y, sobre todo, bereber de nuestros paisanos del otro lado del Estrecho (sí, con mayúscula inicial, que para nosotros, el estrecho de Gibraltar es el Estrecho), la Hispania Transfretana o Mauritania Tingitana romana, con los que estuvimos entremezclados en la propia península Ibérica durante ocho siglos, tres más de los que llevamos separados.

Que la España que conocemos y en la que nos ha tocado vivir es tanto hija de la Hispania romana de los siglos III (a.n.e) al V, como de la andalusí de los siglos VIII al XV; del extendido imperio Habsburgo de los siglos XVI y XVII, como del ilustrado siglo XVIII y el territorialmente menguante y políticamente paralizante siglo XIX; de la maltratada República de 1931-1939, como de la dictadura de 1939-1975, como de la Monarquía nacida de la Constitución de 1978.

No tiene, pues, ningún sentido, sentirse descendiente de solamente alguna de ellas, de las que algunos creen de mayor poder, honor y gloria, porque no siempre ese poder, ese honor y esa gloria fueron acompañados de humanidad, justicia u honradez. Como no lo tiene renegar de otras porque carezcan de esas auras o porque, de la misma forma, parecieron carecer de esa humanidad, esa justicia y esa honradez. Cada época tiene sus códigos, sus valores y sus costumbres, que no son intercambiables en el tiempo.

Un himno no es una música, como una bandera no es una combinación de colores. Tanto la una como el otro son símbolos de un sentimiento de pertenencia y de identificación. Pero no se puede pertenecer al pasado, como no se puede pertenecer al futuro. Solamente se puede pertenecer al presente y en función del presente. No queda, por tanto, más remedio que identificarse con el presente. Y hablando de himnos y banderas, símbolos “nacionales” por definición, ese presente no puede ser otro que eso que conocemos como el Estado-nación España, materializado por un territorio y esos cuarenta y pico millones de personas que en él habitamos y laboramos. Con sus defectos y sus virtudes; sus logros y sus carencias; sus similitudes y su mucha diversidad en lengua, en historia local, en posibilidades y necesidades, en géneros, en ideologías y religiones, en profesiones y trabajos, en gustos y en disgustos. ¡Qué venimos de dónde venimos: de todas partes!

Nadie tiene derecho, por tanto, a apropiarse ni de los colores ni de las notas que nos representan a todos y mucho menos a hacerlos y hacerlas señas de identidad de una determinada ideología y de una determinada concepción de la vida, en nombre de un supuesto patriotismo que no es sino patrioterismo y confundiendo bandera con bandería.

Oigamos, pues, nuestro himno con respeto, cuando la ocasión así lo merezca, para no banalizarlo como si fuera la canción del verano ni devaluarlo con apropiaciones indebidas. Y oigámoslo pensando en esos cuarenta y pico millones de personas a los que nos representa porque vivimos aquí o, algunos, allí pensando en el aquí, incluidos los que se quieren ir, para que al ver nuestro respeto por nuestra tierra y por quienes la habitan, pierdan las ganas de irse. E incluidos los que nos están llegando porque nacieron en otras tierras que no pueden darles lo que nosotros sí podemos compartir con ellos, como a lo largo de la historia muchos pueblos compartieron con nosotros. Y, sobre todo, pensando en los que más lo necesitan, que eso, aunque no sea poder, sí es honor y gloria. Y sin preocuparnos de si nuestro Himno nacional es de procedencia andalusí, prusiana o genuinamente española, porque es de todas ellas y de mucho más.

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Enrique Vega Fernández es coronel de Infantería (retirado)

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7 Comentarios
  • cromwell cromwell 09/07/20 13:43

    Sensato y ecuánime artículo con el que me identifico plenamente. No obstante me permito matizar que el mal llamado himno no tiene letra a pesar de sus controversias porque es una marcha aunque yo le conozca seis o siete letras de diversos autores y de niñó tuviese que cantar la de Pemán brazo en alto. En cuanto la bandera representa al estado borbónico aunque también se usase en las breves etapas de la I República y los reinados de Amadeo de Saboya y José I por eso me indigna su apropiación con fines parti distas puestobque es un símbolo respetable que nos representa a todos. Gracias Coronel.

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  • CinicoRadical CinicoRadical 09/07/20 10:06

    símbolos.que cada cual le da el valor que creen,incluso ninguno.
    Salud.

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  • ADL3 ADL3 08/07/20 18:12

    Yo... Es que no necesito ni himnos ni banderas, (la cual juré por obligación, no por convicción), ni símbolos religiosos, ni estrellas, sables y fajines.
    Eso lo dejo para una sociedad que vive del pasado y en el pasado. Para una sociedad que necesita tener algo que reverenciar, obedecer y adorar, porque si no no serían nada por si solos como individuos. Necesitan esos símbolos para existir por los demás.
    Esos demás saben que son necesarios los símbolos y apariciones. Porque para ellos es rentable tener al pueblo entretenido. Por eso se establece su obligación de acatamiento.
    Me levanto con el mismo dolor de espalda y veo y vivo lo mismo que me rodea en la calle, haya sonado el himno o no. Se haya aparecido la Virgen esa madrugada o no.
    Por lo demás, respeto igual a quien me cruzo por la calle y va escuchando musica. Siempre que no tenga que taparme los ojos y los oídos con el riesgo de salir yo mal parado.

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  • GRINGO GRINGO 08/07/20 15:35

    Si la democracia pretendía romper con la etapa anterior, debería haber recuperado la bandera que nos robó el Golpe de Estado de Franco, y habilitar un nuevo himno, con o sin letra.

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  • MIglesias MIglesias 08/07/20 12:32

    Sí y no.
    Sí, porque los símbolos con vocación de representar a un colectivo no pueden utilizarse para segregar a una parte de ese colectivo.
    No, porque el sentimiento de pertenencia es presente pero se adquiere con las vivencias del pasado y ningún símbolo utilizado para reprimir puede provocar adhesión en el reprimido.

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  • Tubal Tubal 08/07/20 11:33

    En resumen: que sí, pero que no...o que no, pero que sí.  Es cierto que en cada época se priorizan determinados valores y se "imponen" determinadas costumbres. Que quemar a alguien vivo porque una oligarquía dominante lo considere peligroso sea una "costumbre" fue, es y será una aberración. Por eso han cambiado y cambiarán los himnos y banderas que pretenden identificarnos como herederos forzosos de indecencias que la razón no soporta.
    Otrosí:  la cantinela de que "los árabes" ocuparon "la Península"(con mayúscula, como el Estrecho) durante OCHO siglos es otra habitual falacia. Los bereberes, magrebíes y mauritanos (almohades y almorávides) conversos al Islam no ocuparon nunca toda esa península y cuatro siglos más tarde salieron ya de Toledo (1065), que está en el centro de lo que hoy es España. De modo que el único espacio peninsular en el que sí permanecieron casi ocho siglos fue el rincón meridional (Reino de Granada). Otra cosa es que dejaran un cierto impacto cultural aquí como transmisores medievales de la cultura griega y como agricultores notables.Modus in rebus...  

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 08/07/20 09:44

    Muy acertado articulo.

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