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Luces Rojas

¿La solución a todos nuestros males?

Publicada 17/01/2018 a las 06:00 Actualizada 17/01/2018 a las 11:24    
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La tesis que vamos a explicar a continuación sostiene que la corrupción, el despilfarro presupuestario y la chapuza nacional tienen una misma causa. ¿Podría ser que, erradicando esta, pudiéramos reducir a su mínima expresión tres de los males que asolan nuestro país, logrando así una administración no sólo honrada sino también eficiente en la asignación de recursos? Todo indica que, de hacerlo, por lo menos iríamos bien encaminados.

Para conocer esta causa, propongo una adivinanza. Se trata de descubrir qué tienen en común las siguientes historias:

1. Cualquiera de los graves casos de corrupción de nuestra administración, en especial a nivel autonómico o municipal. Pongamos el caso de Boadilla del Monte, en Madrid, donde la Gürtel dispuso de uno de sus más fructíferos caladeros, donde durante años se organizaron y cobraron facturas fraudulentamente (con la ayuda de no pocos funcionarios del ayuntamiento) y donde la también funcionaria Ana Garrido, una de las denunciantes más conocidas del país, tuvo que sufrir años de acoso por parte de su entorno al sacar a la luz los tejemanejes de sus colegas y superiores.

2. La construcción de la decena larga de aeropuertos españoles que se hicieron sin una correcta evaluación del futuro tráfico aéreo (más bien mediante una evaluación de cuanto de hadas) y por tanto se encuentran vacíos o muy por debajo de sus capacidades, o la erección de la Ciudad de la Cultura en Santiago de Compostela, uno de los proyectos faraónicos más caros e inservibles de la España reciente.

3. Desde el año 2004 la Comunidad de Madrid, una de las más importantes conurbaciones de Europa, con más de 6 millones de habitantes y millones de desplazamientos diarios no realiza un estudio de movilidad, el instrumento básico de diagnóstico para evaluar y planificar las infraestructuras de transporte. Sin embargo, realiza varias de ellas, como el metro ligero a Boadilla del Monte y Pozuelo, el cual, no sorprendentemente, está lejísimos de la rentabilidad, por no decir que es un fiasco ruinoso. La construcción se encuentra bajo investigación por si ha habido trato de favor en beneficio de OHL.

4. El accidente del Alvia en Angrois, en el que murieron más de 80 personas. La cadena de decisiones equivocadas que se tomaron en contra de nociones básicas de construcción de trenes, tanto que llegó a llamarse un "Frankenstein" ferroviario, y luego la ignorancia de los protocolos de seguridad que deben llevar trenes de alta velocidad, que culminaron en la catastrófica medida de desconectar totalmente el sistema ERTMS en el sector con más cambios de velocidad y por tanto de peligrosidad, llevó a que se produjera uno de los accidentes más graves de los últimos tiempos en nuestro país.

Pista: la solución no es Boadilla del Monte, ni Galicia, ni tampoco el PP.

Solución: el común denominador de estos casos es la politización de la administración, la confluencia de los intereses de políticos y funcionarios de carrera para cerrar una urdimbre de complicidades que conduce, por la falta de control mutuo entre estos dos sectores de la administración, a la ignorancia de criterios racionales en la toma de decisiones e incluso a la extensión de comportamientos delictivos.

Lo cuenta Carl Dahlström y Víctor Lapuente en Organizing Leviathan, Politicians, Bureaucrats and the Making of Good Government, un libro que, con abundancia de ejemplos españoles y que se está traduciendo a nuestro idioma, apunta claves decisivas para mejorar nuestro gobierno.

El diagnóstico no es nuevo, todo lo contrario. Varios países habían descubierto el problema y lo habían intentado resolver por lo menos desde el siglo XIX. Desde el punto de vista académico, Max Weber lo había ya señalado en 1948. Y para resolverlo se emplearon dos tipos de estrategias. La que adoptaron los países mediterráneos y los directa o indirectamente influenciados por la administración napoleónica, fue la promoción mediante oposiciones de los funcionarios y la conservación de su puesto de por vida, con lo que se intentaba, por un lado, regular la selección de estos para que no fueran elegidos por su adscripción política y, por otro, asegurar su puesto para aislarlo de los caprichos de los gobernantes.

Sin embargo, los autores demuestran, mediante la comparación de decenas de países y un profuso aparato estadístico que este sistema no resulta decisivo a la hora de lograr la independencia de los funcionarios. Es más, la mayoría de los países que tienen una administración de tipo weberiana siguen sufriendo una administración como la que hemos descrito, en la que los "elefantes blancos" del despilfarro y los escándalos de corrupción campan a sus anchas, por la sencilla razón de que los políticos siguen cooptando a los funcionarios para plegarse a intereses contrarios a la razón técnica y social.

¿Por qué? Fundamentalmente por la abundancia de puestos que todavía son de designación política directa. En la administración local, Felipe González abrió en 1991 la posibilidad de la elección de los tesoreros, interventores y secretarios por el alcalde de turno, lo cual a la larga ha hecho un daño tremendo a la independencia de estos. En la administración central los más altos cargos de la administración son nombrados por el partido en el poder (normalmente el secretario de Estado, director general y subdirector general) por lo que no sólo se corre el riesgo de premiar más la fidelidad que la excelencia técnica y la experiencia, sino que, mediante esta elección, se desvirtúa la función administrativa de arriba abajo al promoverse una lógica de ascenso que incentiva los comportamientos leales al poder y no los ajustados a los criterios técnicos de eficacia y eficiencia.

Lo peor es que, como señala el libro, la subordinación de los criterios técnicos a los intereses políticos no se detiene en los más altos cargos, sino que el criterio de promoción en función de la lealtad y no de la excelencia percola a menudo varios escalones hacia abajo en la pirámide administrativa. El funcionario no tendrá incentivos para oponerse a decisiones irracionales en tanto que, de hacerlo, probablemente vea coartada su promoción hacia arriba y a menudo se vea marginado no sólo por sus superiores sino también por sus iguales.

Por el contrario, se incentivará de manera directa o indirecta la colaboración por activa o por pasiva con decisiones que pueden ser, y lo son a menudo, irracionales, suntuarias o faraónicas. Incluso en último extremo mortales, como la decisión de carecer de todo sistema de seguridad en un tramo de alta peligrosidad de un tren que circulaba a casi 200 km/h. Porque esta decisión, como muchas otras, la tomaron ingenieros de carrera no necesariamente de designación política, sino con todos los conocimientos y experiencia necesarios para saber que su firma contravenía todos los protocolos de seguridad y los estudios de viabilidad aceptados internacionalmente.

El mismo entrelazamiento de intereses puede producirse en los casos de corrupción. El funcionario, aun no siendo beneficiario del presunto enriquecimiento ilícito que observa a su alrededor, se verá impedido a denunciar el caso, ya porque esto le vede su futura promoción, ya porque directamente le haga en el presente la vida imposible.

La separación de las carreras de funcionarios y políticos permite el control de ambos e impide esta urdimbre de intereses nocivos. Si el criterio de promoción de los funcionarios son los conocimientos, la excelencia técnica, la experiencia, los éxitos reales supervisados por comités de evaluación independientes, y no la lealtad al partido de turno, al no depender su futuro de su adhesión política, se verán incentivados a denunciar conductas fraudulentas u oponerse a proyectos irracionales e inviables. De la misma manera, los políticos no involucrados en oscuras redes de prevaricación administrativa verán promocionada su carrera si descubren estas entre grupos de funcionarios.

En Borgen, la serie televisiva danesa, hasta los asesores más cercanos de los políticos son funcionarios que no se adscriben a partido alguno. En los países donde la separación es más estricta los puestos de designación política son mínimos y la transferencia de los funcionarios de carrera hacia la política también (en el actual gobierno Rajoy la mayoría de los ministros son funcionarios de oposición, empezando por el mismo presidente).

Estos países, que en general se corresponden con los escandinavos y los anglosajones, también son los más prósperos, porque su nivel de corrupción, su nivel de eficacia en los objetivos y de eficiencia en el gasto les ha venido catapultando económica y socialmente desde hace décadas. También ellos sufrieron en el siglo XIX del mismo problema que nosotros. Sin embargo, consiguieron mediante sucesivas leyes que separaban ambas funciones la mejor forma de prevenirlo.

Curiosamente, en estos países el método de selección del funcionariado es más abierto que el weberiano clásico, es decir, por lo general se realizan mediante una selección laboral normal y no mediante oposiciones, ni los puestos suelen estar asegurados de por vida, por lo que los autores lanzan otra andanada contra los sistemas de administración cerrada como España. Una crítica limitada, porque también demuestran que existen países con mecanismos de selección parecidos al nuestro como Alemania o Corea del Sur que, sin embargo, gracias a la separación de las carreras enunciada, se comportan razonablemente bien en términos de corrupción y eficiencia. Se resuelve así en tablas la crítica que a menudo se escucha desde ciertos sectores empresariales contra los funcionarios españoles. Es cierto que los sistemas de selección abierta y de incentivos tipo empresa privada entre los funcionarios pueden ser más eficaces. Pero los sistemas cerrados también pueden comportarse eficazmente. El problema fundamental no es ese.

El objetivo es que el político establezca las directrices: construir escuelas, por ejemplo, y que los expertos decidan los detalles. Sucede que hoy el político dice cuántas y dónde construirlas, con el resultado de que a menudo las escuelas no se levantan en función de las necesidades educativas sino mediante criterios sospechosos que pueden buscar desde el afianzamiento de la red clientelar hasta el enriquecimiento ilícito. Sucede incluso que la política puede condicionar decisiones técnicas que ponen en peligro la seguridad de los niños. Los niños, desgraciadamente, somos todos nosotros.
_____________________

Ramiro Feijoo es profesor de Historia Cultural y director de la Washington University in St. Louis en España y autor de varios ensayos históricos.

 
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14 Comentarios
  • JJ Yebra JJ Yebra 18/01/18 12:56

    En el magnifico libro de J. Marias "Berta Isla", relata como la corona inglesa, sufraga de por vida y con generosidad al infiltrado y la de los familiares que dependen de su dedicación a las misiones de espionaje, en compensación a los beneficios políticos y económicos que reviertan a la corona.
    Existen multitud de funcionarios y no funcionarios, honrados y capaces de desempolvar los múltiples casos de corrupción, que nos arruinan y desmoralizan, que no dan un paso al frente por miedo a perder su puesto de trabajo o arruinar su carreera. no digo más,.....ESA ES LA SOLUCIÓN.

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  • itnas itnas 18/01/18 09:21

    Siento haber llegado tarde a la opinión. Que el artículo me parezca bueno, lo resalto. Que no me parezca novedoso, también lo resalto. El problema es, si los nórdicos lo consiguieron solventar, el menos en parte, preguntarse por la razón por la que en otras latitudes no se implementa, naturalmente aparte de la idiosincrasia y otros bla, bla, bla...

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  • Republicano1944 Republicano1944 17/01/18 18:05

    La corrupción es endémica desde hace siglos. Monarcas, militares, golpistas y caciques la practicaron sin rubor, y en la transición se diseñó el mantenimiento de dichas prácticas por los mismos de siempre. Estamos como en México pero con corbata. Somos la Venezuela del Mediterráneo occidental.

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  • phentium phentium 17/01/18 13:31

    Parece que has hurgado en mi cabeza y has conseguido extraer lo que habia en ella estimado Ramiro.

    Suscribo al 100% esos planteamientos y te doy las gracias por plasmarlos en negro sobre blanco, cosa de la que yo no capaz.

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  • Grobledam Grobledam 17/01/18 12:07

    La proliferación de políticos en este país es uno de sus grandes problemas. Tenemos una ratio de políticos por habitante de las más altas del planeta y todo ello tiene que ver con el fenómeno de la "DESCONCENTRACIÓN" (no confundir con DESCENTRALIZACIÓN). El hecho de que en un país relativamente pequeño tengamos 17 parlamentos y una pléyade de ayuntamientos. Si lo sumamos a que también tenemos políticos electos en la Unión Europea la cosa es de escándalo.
    Al ciudadano le interesa tener el equipamiento o servicio próximo a su domicilio y relacionado con las características de su entorno y elegir las líneas maestras de poder o políticas de forma coherente con la realidad tecnológica y global del mundo actual. La construcción de un aeropuerto o la conservación de un Parque Natural no la puede decidir un alcalde ni los vecinos del pueblo. Depende de una planificación global.
    Si elegimos al poder de forma desconcertada y por tanto autónoma lo que vamos a provocar es una pléyade de decisiones de ¿qué tal va lo mío? y en conflicto con el vecino que también mira por el ¿qué tal va lo suyo?. Lo coherente es que todos los vecinos elijan al que toma las decisiones y marca la línea política en conjunto y en función de las variables tecnológicas actuales. Muchas decisiones que nos afectan grandemente se toman a miles de kms de distancia y sin que podamos influir democráticamente en ellas. El tan traído y llevado "derecho a decidir" no se cuestiona. Es evidente que hay que defenderlo; pero elegir al teniente cuando está sometido a las órdenes del general, al qué -por cierto- quizás no podamos elegir es absurdo y provoca contínuas disfunciones.
    Otra cosa es poder controlar al gestor o técnico que gestiona el servicio o equipamiento en proximidad y poder denunciarlo y sustituirlo en caso de ineficacia. ¡Ojo! el gestor no decide, gestiona.
    El mundo actual es como es y la democracia y el control ciudadano se debe adaptar a la realidad tecnológica o del "Modo de Producción" en el que vivimos.
    Si nos creemos que eligiendo al último mono de la cadena de producción de una multinacional, mientras ni siquiera conocemos al Consejo de Administración de la misma, estamos muy equivocados.

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  • vaaserqueno vaaserqueno 17/01/18 10:31

    Me parece imprescindible que así sea, tenemos en la administración técnicos suficientemente preparados para hacerlo y es una de las reivindicaciones del funcionariado.
    Respecto a la duda del Sr. Arbillaga, yo creo que la lucha debe ir precisamente hacia lo contrario, la creación de trabajo estable; destruir el poco que nos queda sólo provocará más precariedad y más incertidumbre y tampoco servirá para solucionar el paro, entrarán unos y saldrán otros, al final el resultado de la ecuación es el mismo.A mi modo de ver lo que hay que hacer es promover el empleo público con sueldos dignos. España es uno de los países con menos ratio empleo privado/empleo púlico, en las estadísticas que yo conozco sobre los ratios de empleo público comparado con población, los datos no están desagregados por tipo de funcionario, por lo que saber cual es el número de empleados de carrera de la parte administrativa y compararlos con los países del entorno resulta imposible, si alguien conoce esa clasificación le agradecería que nos la pasara para poder calibrar mejor.
    Un saludo

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 17/01/18 10:05

    Muy buen artículo aunque copincido con otros comentaristas sobre el problema es más de fondo: el control de los poderosos de los resortes del poder. El capitalismo muta y se adapta a la situaciones, conoce las inconsistencias de la sociedad y las explota admirablemente. Enm el fondo está la pirámide animal en la que todos intentan trepar lo más posible dentro de la manada. Hoy ha cambiado la fuerza física por el músculo económico. Y al igual que el chimpacé menos fuerte puede llegar alto en la escala social por habilidades que no tienen que ver con la fuerza, el ser humano puede alcanzar algunas cotas de poder aunque no disponga de la fuerza del dinero, adquiriendo esa fuerza al alcanzar la cota de poder correspondiente. Cuando se habla de países anglosajones se olvida que el muchos de ellos, empezando por el campeón de todos. EE.UU., el pueblo sufre. Lo pasa mal. Muy mal. Sobrevide porque los seres humanos somos fuertes (si no ¿cómo llegarían los malienses a Libia, por ejemplo?) y necesitamos relativamente poco para sobrevivir. Pero ¿cuántas personas hay expulsadas en esos "paraísos" no weberianos del tejido social? La solución es buena pero no definitiva. Puede ser una plataforma para un salto más pero mientras ocho hombres dispongan de tanta riqueza como los 3.600 millones más pobres, como ocurre en el mundo, o tres personas sean tan ricas como el 30% de la población, como es el caso de España, no habrá nada que hacer. Y otra cosa importante: persígase a los corruptores, no sólo a los corruptos. Y aplíqueseles toda la fuerza de la Ley. Será otro pasito. Y quizá pasito a pasito nuestros tataranietos vivan en una sociedad un poco mejor. Lo nuestro tiene mal arreglo. Parece que a demasiadas personas les encanta que les roben, les mientan, les tengan por débiles mentales. Mientras eso siga así, habrá poco, muy poco que hacer.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 17/01/18 10:44

      ArktosUrsus: «Y quizá pasito a pasito nuestros tataranietos vivan en una sociedad un poco mejor.» Desde luego que parece imposible avanzar a zancadas y menos aún hacerlo al esprín. Estoy de acuerdo con casi todo lo que dices. Osasuna2 salu2.

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  • hayundi hayundi 17/01/18 10:03

    Ademas muchas veces se da el caso de que el técnico se niega a firmar el capricho del político de turno y este se busca otro externo al ayuntamiento quien le firma el proyecto a cambio de dinero, publico naturalmente. El asunto se solucionaría poniendo por encima de los proyectos político los criterios de los técnicos.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 17/01/18 07:39



    Un artículo muy interesante y que expone parte del problema que vive la sociedad actual, aunque opino que el principal problema que padece esta sociedad es el dominio y control de las multinacionales en la economía y comercio mundiales.

    Coincido con la idea de que los funcionarios de la administración son quienes deberían ejecutar todas las obras, todos los encargos, y decidir junto a la población (que sabrá si necesita tal escuela, parque, hospital) su conveniencia o no, independientemente de los políticos del partido de turno que toque.

    Otra duda que tengo ante la revolución actual en el mercado de trabajo ocasionada por las nuevas tecnologías es si todos los puestos de funcionarios deben ser para toda la vida o deberían ser contratados por unos años para dar oportunidad de trabajo a más personas. Osasuna!

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    • Grobledam Grobledam 17/01/18 11:30

      Si se trata de dar trabajo a más personas no es quitándoselo a otras, ni rotando el puesto de trabajo.
      ¿Qué le parece que para dar mayor riqueza a las personas los ricos no lo fueran para toda la vida, si no un periodo y luego que pasara a ser rico otro?. ¿Habría más ricos?. Estaria bien pero es absurdo.

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      • paco arbillaga paco arbillaga 17/01/18 13:14

        Grobledam: No tenía que haber ricos en ningún momento de la vida; también es absurdo que los haya durante toda una vida y sin embargo lo admitimos. Lo que propongo es que mientras no haya otra solución se reparta el trabajo en la medida en que se pueda. Si el personal no está ni siquiera por defender sus derechos laborales plantear medidas revolucionarias quizá sería un absurdo. Osasuna2 salu2.

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        • phentium phentium 18/01/18 07:35

          Ese sistema es mas o menos el que hay ahora en el sector privado. La excusa/explicacion para colarnos la terrifle "flexibilidad" laboral que hay ahora fue esa y todos sabemos sus resultados: en lugar de distribuir la riqueza ha repartido pobreza y miseria para el trabajador.......y los ricos mas ricos.

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  • Independiente Libre Alaia Independiente Libre Alaia 17/01/18 07:29

    Esta es la clave de este país de una Administración de "pandereta" donde se premia, la fidelidad y la estupidez por la eficacia en la gestión de los recursos. Mientras este tema no se soluciona radicalmente la prosperidad estará estancada. Hay que añadir el colmo de contagio en las administraciones autonómicas. Hay otra importante cuestión generalizada por cultura, formación y conciencia ciudadana se premia el pelotazo, la estafa, ganar sin trabajar y no pagar impuestos. Entre los ricos se ha impuesto la escalada de poder avaricia y egoísmo. Se impone dar un salto cualitativo e invertir en cultura, honestidad y ética.

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