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Desde la casa roja

¿Qué guerra contra los hombres?

Publicada el 24/10/2018 a las 06:00 Actualizada el 23/10/2018 a las 18:59
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Recuerdo muy bien el perfil de mi padre cuando tenía más o menos mi edad. Lo grabé en la memoria en un viaje en coche a Alemania que hicimos los dos juntos. Son muchas horas a pasar con un padre si tienes trece años. Durante el día, me dejaba deambular por las ciudades donde él tenía que trabajar: Steinen, Basel, Lörrach. Luego, cenábamos temprano, casi siempre con alguien, mientras yo hacía que les escuchaba preguntándome qué otro idioma si no era el alemán había estado estudiando para no comprender una frase completa. En aquel viaje, hablamos bastante. Él, probablemente, más. Mi padre no quitaba la mirada de la carretera. No había móviles ni distracciones. No había dónde esconderse. Las emisoras de radio se perdían entre las montañas. Había aduanas, y marcos en nuestros bolsillos. En aquel viaje, mi padre me habló de feminismo. Pero ni él ni yo lo sabíamos.

Hace unos días, un chaval de dieciséis se levantó en medio de un público y me preguntó: “¿Por qué somos ahora los hombres el cáncer del planeta?”. Solo pude responderle: “¿Qué? No sois ningún cáncer en ningún planeta”. Días después, una mujer de casi sesenta años me aseguraba que ella no estaba dispuesta a iniciar ninguna guerra contra su marido porque alguien así se lo dijera. Que estaban bien. Que no iba a cambiar nada. Que él, entre otras cosas, llevaba el coche al taller y sacaba la basura y que de eso, al menos, estaba despreocupada. Así. Encuadradas otras y estas dos conversaciones en diferentes actos a los que asistí por la celebración del Día de las escritoras, también cuestionada su pertinencia por algunas voces, creo que tenemos un pequeño problema de comprensión y de referencias. Todos.

¿Por qué salta un resorte indómito en muchos casos cuando nos hablan de esta discriminación antigua? También me he encontrado con hombres, y con mujeres, que esquivan el tema porque se sienten agredidos. No es hasta que se toca el asunto de la igualdad que sienten cómo su férrea organización basada en la dotación cultural de poder social, político, laboral y familiar, de dueños del escenario público, se ve amenazada por lo que ya es imparable.

El año que siguió al #MeToo, aquella hermosa ruptura del silencio de tantas compañeras compartiendo sus experiencias de violencia y abuso sexual, así como los machismos diarios que tampoco se iban a seguir tolerando, ha dejado en una incómoda situación a aquellos que prefieren mantenerse inmóviles. No creo que sean actitudes como ponerse a la defensiva las que deban seguir a ese primer desconcierto. Aquí no hablamos de un cambio de actitud lento, de “no sé cómo tratarlas ahora” o de “no sé de qué hablan si estudian y trabajan más que nunca”, sino de un revisión individual y colectiva, nombre por nombre, de por qué no le debemos nada por ser hombres o mujeres a un sistema históricamente patriarcal. Si no se suman ya a esta transformación, entonces sí verán el nacimiento de las fricciones.

La vida me ha topado con mujeres fuertes. Y también, naturalmente, con mujeres débiles. Creo que nosotras nos encontramos en una búsqueda de referencias, privadas y públicas, porque antes siempre fueron ellos los que nos contaron el mundo. Y eso supone la reivindicación de mujeres que hasta ahora permanecieron en la sombra. En mi caso, busco autoras que ya estuvieron donde yo estoy, mujeres de la escritura a las que admiro por sus letras o porque, de alguna forma, se resistieron y se resisten a permanecer en el mundo del hogar y los cuidados, física y literariamente. Hasta ahora fueron hombres, en muy alto porcentaje, los que nos hablaron del universo: de la política, de las guerras, de los pecados, de las pasiones y hasta de nuestros propios partos. Cuando dicen que los hombres necesitan encontrar referentes feministas (referentes hombres) para romper con ese desconcierto y sumarse, no entiendo por qué no encuentran esos modelos, ejemplos y caminos en alguna de las mujeres que han alzado la voz hoy y en alguna de las que lo hicieron antes.

¿Acaso tendrían que ser ellos los que se expliquen a sí mismos en qué consiste el feminismo para dotarlo de peso y poder convertirlo en una verdadera revolución?

Creo que no somos conscientes de lo feministas que somos hasta que nos situamos en la tesitura de contárselo a nuestros hijos. Para mí, es la medida, la revisión permanente del ejemplo. El deseo de aquel hombre que fue mi padre en aquellos años para su hija era tan sencillo como inculcarle la libertad. No una libertad cualquiera. En mi caso, me estaba hablando de la libertad emocional. Y para conseguirla, mi padre me narró toda una serie de cosas que yo debía lograr sola y, de alguna forma, para él, en rebelión frente a lo que de mí podría llegar a esperarse. Para que una vez que el vínculo se rompiera con quien fuera, pudiera alejarme sin mirar atrás. Juro que en él le sonaba mejor. Pero, qué fácil, ¿verdad? A mí, entonces, me pareció de cajón.

Ahora puedo reconocerlo.

Pero él jamás recordará haberme hablado de feminismo.
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23 Comentarios
  • El Diablo Cojuelo El Diablo Cojuelo 31/10/18 21:25

    "Envidiar significa: "Te miro para destruirte ..."Admirar significa: "Te miro oara aprender como la hoas logrdo"...... Saludos ...Lunilla y El DIablo Cojuelo

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  • El Diablo Cojuelo El Diablo Cojuelo 31/10/18 21:12

    "-Elsislencio del envidioso esta lleno de ruidos, la perdons envidiosa es aquella que eueiete opacar a los demàs.La envidia es una deducciòn de inferioridad ...Napoleòn Bonaparte .dixit- Lunilla y eel Diablo Cojuelo. dixit-

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  • Alberto Rincón Alberto Rincón 30/10/18 13:37


    Soy feminista. Repudio la dominación masculina ejercida sobre las mujeres : La violencia física, de la cual la más terrible manifestación es el asesinato y la eliminación de los hijos; la humillación verbal, que suele preceder a la física; la discriminación en todas las esferas, pero por encima de todo en la económica, ya que es la que permite mayor facilidad para el dominio; el estatus que la sociedad concede a cada uno, incluidas muchas mujeres, parece que un puesto de responsabilidad tiene más solidez si lo ejerce un hombre, aunque afortunadamente eso va cambiando y, parece, se va valorando más hacer las cosas bien.

    Soy hombre en la sociedad actual. Enfrentándome con razonable vehemencia a mi naturaleza, a mi herencia, a la postura de otros hombres ( unos más papistas que el Papa, otros anclados en privilegios que empezaron a cambiar con la incorporación de la mujer el mundo laboral) y a mi ética, más arriba expuesta, respecto a la relación entre sexos.

    Comprendo la beligerancia de las mujeres que tratan de cambiarlo todo para definitivamente erradicar esta tendencia objetivamente injusta y aunque muchas voces masculinas, ajenas al maltrato o dominación, claman contra las situaciones discriminatorias, que en muchas ocasiones llevan a la desesperación, silenciosas o silenciadas, la proporción es desmesurada en favor el hombre. Tan solo gracias a partir de una situación de ventaja es suficiente para inclinar la balanza.

    Pero…¿estamos hablando de una guerra civil soterrada? quizá si; unos quiere conservar sus privilegios y otros y otras cambiar la sociedad. En la misma línea, podríamos definir frentes de batalla, a saber: Las empresas, los lugares donde se ostenta poder, la educación, los medios de comunicación, los hogares…. Y por supuesto, hay generales, oficiales, soldados y soldadas, grupos económicos que apoyan a los bandos y países extranjeros que influencian y ayudan a unos u otros.

    Así las cosas, como en cualquier otra guerra civil, hay consecuencias terribles para la cohesión de la sociedad. Daños inherentes a una guerra civil.
    Mi natural pensar lógico me dice que la situación es favorable al hombre y discrimina a la mujer. También me dice, s

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  • Orlinda Orlinda 29/10/18 00:07

    Por supuesto que no pongo en duda lo que dice la autora de su padre, faltaría más, pero también es curioso que las experiencias que se cuentan vayan en el sentido de que todxs han aprendido cosas positivas y nada de machismo, el machismo debe ser pues algo así como una plaga de origen desconocido o quizá un invento de feministas para entretenerse haciéndole la guerra.

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  • Grobledam Grobledam 27/10/18 10:55

    Por lo que nos cuenta Ana Moreno Durán de su padre, este señor -en mi opinión- era una persona sabía intelectual y emocionalmente. Como hoy observo que hay alguna que otra confesión más o menos privada, me permito aportar la mía. Mi padre, creo, también era un hombre sabio emocional e intelectualmente; su ejemplo en casa y su actitud vital, así como sus comentarios o recomendaciones me han valido de mucho en la vida y a la vez me han permitido identificar trampas y errores de algunos discursos que benefician poco a la convivencia y desarrollo humano (personal y colectivo) en paz y armonía.
    Hizo bien su padre, Ana Moreno, en tratar de inculcarle libertad emocional y en advertirle de que para conseguirla debía pensar y actuar sola en muchas cuestiones.
    Soy sociólogo de profesión y por lo tanto mi campo profesional es la acción social y gracias a ello percibo (admitiendo la posibilidad de desacierto) cuándo determinada acción social o colectiva viene cargada de conflictos irresolubles y acentúa las dimensiones de la conducta humana que no favorecen la convivencia. La reflexión sobre ello me ha llevado a concluir que la única defensa frente a principios y acciones sociales o colectivas disfuncionales está en la "libertad emocional" y la consecuente reflexión individual, personal y no colectiva, para detectar la trampa o el error de determinadas propuestas en "manada", (políticas y filosóficas al fin y al cabo).
    Para mí tengo que cualquier propuesta de acción social o colectiva que se fundamenta en la abominación del otro y la identificación con el mío o la mia en función de sus características derivadas de raza, religión, sexo, género, etnia, pueblo, nación, etc, etc. Es decir las que le han caído en suerte por avatar del destino... y a la vez concluir que todos los componentes y/o componentas de ese avatar adquieren y comparten por ello los mismos defectos y virtudes y pierden ineluctablemente su opcion intelectual y emocional propia, única y preciosa... Como decía y digo, para mí tengo que esa propuesta de acción social y colectiva tiene trampa y la experiencia histórica demuestra lo perjudiciales que pueden llegar a ser.

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    • Orlinda Orlinda 28/10/18 23:56

      Eso no lo diría de quienes luchan contra el racismo, que abominan de los otros, pero de las mujeres que luchan contra el machismo sí, cuando la experiencia histórica lo que muestra es que las mujeres, la mitad de la población han sido las perjudicadas siempre respecto de y por parte de los hombres. Curioso lo que propone y coincidente con lo que acabo de oír a Casado al preguntarle si es feminista, “el colectivismo no es bueno, yo defiendo a la persona...” y que cada persona se apañe por su cuenta. El individualismo triunfante, tanto en la derecha como en quienes se dicen de izquierdas, así vamos organizarnos para conseguir objetivos.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 24/10/18 23:27

    Ya. Pero, por ejemplo, yo no soy un "violador en potencia" (y no sólo, aunque también, por la edad), ni lo son la inmensa mayoría de los hombres; o, al menos, no lo son más que puedan ser "putas en potencia" la gran mayoría de las mujeres. Y lo de "violador en potencia" y otras expresiones más o menos igual de amistosas hacia el sexo masculino, que no lo niegue la articulista, están de moda. Lo de la igualdad está muy bien mientras no se pasa al desagradable terreno de la realidad, que incluye hechos tan variopintos como que ningún hombre ha muerto de parto ni ninguna mujer de cáncer de próstata; que los hombres son más altos, más rápidos y más fuertes que las mujeres (considerando las respectivas poblaciones estadísticas, no los individuos aislados) pero las mujeres viven más años (considerando, otra vez, las poblaciones); que el CI medio es, en conjunto, sensiblemente el mismo para hombres y mujeres pero hay diferencias estadísticas notables entre los diferentes factores que lo integran, aunque ahora esté prohibido decirlo, igual que está prohibido publicar las estadísticas de los niños asesinados cada año por una mujer, que son más de uno y más de dos. Cada uno de esos variopintos hechos tiene consecuencias aunque se quieran negar: por ejemplo, es seguro que si los trabajos que requieran gran habilidad espacial se adjudican con toda justicia, habrá siempre más puestos de ese tipo ocupados por hombres que por mujeres; nada del cincuenta por ciento. Lo contrario si lo que se necesita es gran fluidez verbal. Igual que será verdad que habrá muchas más viudas que viudos y, por tanto, más ancianas solas que ancianos solos.

    Y, ya que se habla de igualdad, oigo muchas reclamaciones feministas en relación, por ejemplo, a las ingenierías o a los puestos en los consejos de administración, pero jamás he oído ninguna en relación a albañiles, mineros o pescadores de altura. ¿Por qué no se reclama que haya un cincuenta por cien de "albañilas", por ejemplo?

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    • paco arbillaga paco arbillaga 25/10/18 06:42



      jorgeplaza: No creo que hayas puesto un buen ejemplo comparando un «violador en potencia» con «putas en potencia»; incluso no lo has sido utilizando el singular para unos y el plural para otras. Las estadísticas son las que son sobre el maltrato contra las mujeres; en pocos días se han asesinado a varias mujeres, aquí en Pamplona ¡quemando a una viva! ¿Cuántos hombres han sido asesinados por sus parejas en ese tiempo? Osasuna!

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      • jorgeplaza jorgeplaza 25/10/18 09:15

        Te equivocas en varias cosas. Vamos con la primera: he utilizado el singular porque he dicho que yo no soy un violador en potencia, como no lo son la inmensa mayoría de los hombres (plural) y de ahí, de ese plural, he pasado a la potencialidad de que las mujeres (plural) sean putas. Mantengo lo dicho: ni yo ni la mayoría de los hombres somos tal cosa, ni en potencia ni de ninguna manera. La comparación con la prostitución potencial es porque es otro disparate que suele molestar, con razón, a las mujeres: con la misma razón con la que me molesta a mí lo de violadores en potencia.

        Más cosas. Aproximadamente hay un asesinato semanal de una mujer por su pareja. Unas cincuenta o sesenta al año. Muy condenable, evidentemente, pero también extremadamente infrecuente. Es bastante más probable que una mujer muera en accidente de tráfico o por accidente doméstico. Habrá quizá diez millones de mujeres emparejadas con hombres en España, probablemente más: 50 al año entre diez millones es igual a una probabilidad de cinco por millón y año: no creo que sea para enloquecer de terror. Eso no quiere decir que no se persiga ese tipo de delitos: quiere decir que no se exagere desmesuradamente el riesgo de ser víctima de uno.

        No sé cuántas mujeres han matado a su pareja en el mismo tiempo. No lo sé porque esos crímenes se suelen ocultar y no hay estadísticas oficiales: las que existen hay que reconstruirlas a partir de la revisión de casos judiciales. Probablemente no ha habido en la última semana ninguna víctima masculina, pero eso no significa que en un año completo no haya hombres asesinados por sus parejas. Los hay con certeza, aunque menos que a la inversa, pero no sé cuántos porque la estadística se oculta: sólo eso es ya censurable, además de indicar una parcialidad manifiesta.

        Salud.

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        • paco arbillaga paco arbillaga 25/10/18 12:12


          jorgeplaza: Probablemente yo esté equivocado en ciertas cosas; opino que tú también lo estás en algunas de las que dices por ejemplo que te parezcan «extraordinariamente infrecuentes» el asesinato de 50-50 mujeres al año. Están claras nuestras posturas y creo que ni tú ni yo tratamos de convencernos el uno al otro. Osasuna2 salu2

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          • jorgeplaza jorgeplaza 25/10/18 23:17

            No me lo parecen: lo son. Una probabilidad de cinco entre un millón al año es una probabilidad muy, pero muy baja. Jugando un solo número al sorteo de Navidad cada año se tiene una probabilidad de que te toque el gordo de algo menos de uno en cien mil al año, que es el justamente el doble: el doble de probable que a uno le toque el gordo de Navidad jugando un solo número al año que el que a una mujer le asesine su pareja: fíjate si es pequeño el número. Se mueren más mujeres por accidente doméstico. Se exagera enormemente el riesgo que tiene una mujer de ser asesinada por su pareja. Enormemente. Esa exageración es parcial, sesgada y maliciosa. Todo lo cual no quiere decir que 50 asesinatos al año sean una bagatela: no lo son, como no lo es ningún asesinato. Pero el número de hombres asesinados por sus parejas femeninas al año puede que esté en torno a diez, que es del mismo orden de magnitud y no se publica en ninguna parte, lo cual es de nuevo sesgado y malicioso. De esas cositas me estoy quejando.

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            • paco arbillaga paco arbillaga 26/10/18 07:07


              Tus argumentos me reafirman en nuestra discrepancia. Si a unos hijos les asesinan a su madre les han matado el 100 % de su madre. Los tantos por cientos se pueden utilizar para explicar todas las posturas.

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              • jorgeplaza jorgeplaza 28/10/18 16:16

                Y si les asesinan a ellos (las madres también matan hijos, aunque no se publique) les han asesinado a ellos totalmente. O si la madre asesina al padre (¿cinco? ¿diez al año¿) les han dejado igual de huérfanos que si el padre mata a la madre. ¿O no?

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 24/10/18 12:32

    Excelente artículo. Cuando cambia cualquier marco de referencia, aunque sea para bien, los que ostentan y casi siempre detentan la posición privilegiada no entienden por qué han de cederla, como si fuera propia y no el resultado de siglos de sumisiones, violencia y sometimientos. Muchos no sabremos cambiar del todo. Pero si no vamos en el camino del cambio los tenemos muy difícil. Sólo entiendo una forma de relación entre personas: libres e iguales en derechos con sus propias diferencias que enriquecen no sólo a la persona sino a todo su entorno. Quiéreme libre. O déjame en paz.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 24/10/18 07:26

    «¿Por qué somos ahora los hombres el cáncer del planeta?», ¿por qué algunos hombres son tan machistas, con tantas ansias de mando, con ese afán desmedido de notoriedad? ¿Por qué este feminicidio que no termina nunca como estamos viendo estos días? ¿Es un peligro nacer hombre? Osasuna!

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  • platanito platanito 24/10/18 07:22

    De pequeño me peleaba con mi segunda hermana, que me sacaba 3 años, por la egemonía, supongo. Como no supe poner el granito para traer hijas al mundo, y como mi santa esposa no me ha reclamado casi nunca sus "derechos" (ella la mayor de tres hermanas, huérfana de padre desde los dos años y crecida en una tribu de desplazados montañeses en tierras llanas junto a una pequeña ciudad provinciana y luego expatriada después de la boda) pues nunca vi el trato discriminatorio de los españoles hacia sus hijas, que debían poner la mesa, hacer las camas, lavar y fregar, mientras el "rey" ayudaba a padre a acarrear la leña para calefacción o se ocupaba de los animales. En nuestra casa las mujeres colaboraban en la huerta y los hombres lo hacíamos en el hogar. "Y no se nos caían los anillos" decían siempre nuestros padres.
    No tengo memoria de la primera vez que oí o leí la palabra feminismo. Debió ser en la tele y de mayor. Hoy tengo el privilegio de tener tres nueras que han sabido exigir los suyos de forma natural. Supongo que algo ha debido favorecer que se han formado los 6 en centros mixtos ( públicos).
    En la petanca me tratan de parcial. Me acusan de favorecer al equipo femenino.
    No obstante creo que provenimos de Marte y de Venus y siento la dificultad de entendimiento entre sexos. Y a veces pienso que me falta un puntito de respeto hacia vosotras. ¡Y vale de confesiones!
    Feliz día a todos. Y a taparse bien que nos anuncian la ola polar.

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    • jorgeplaza jorgeplaza 24/10/18 23:29

      Bueno, platanito, bueno; pero hegemonía se escribe con hache, perdona que te diga.

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      • platanito platanito 24/10/18 23:49

        Ya me decía yo que no me cuadraba pero era la h y no la g. Gracias.

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    • Atea Atea 24/10/18 09:31

      Ni siquiera creo que sea falta de entendimiento entre hombres y mujeres sino falta de respeto de tod@s hacia nosotras.
      Esas "carencias" que admites tener en cuanto al respeto es algo generalizado entre hombres y mujeres por la educación que hemos recibido y mamado desde siempre, es casi inevitable, el hecho de que reconozcamos que aún
      existen esos prejuicios,es el primer paso para ir cambiándolos.
      Un saludo.

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      • platanito platanito 24/10/18 14:28

        Pués mueran los prejuicios.

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        • Atea Atea 24/10/18 19:03

          Amén.

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    • M.T M.T 24/10/18 07:58

      Pues muy bien estas confesiones, Platanito, a favor de la igualdad entre hombres y mujeres. Lo suscribo.
      Felicito a la autora del artículo.
      Cordiales saludos.

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  • Kovacs Kovacs 23/10/18 22:44

    Que Marta Nebot y todos los tuiteros que defienden sus palabras te oigan.

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