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Segunda vuelta

15M, el legado irreversible

Publicada el 13/05/2021 a las 06:00 Actualizada el 19/05/2021 a las 20:20

En las plazas de aquel mayo de 2011 se intuía, contra innumerables pronósticos, que estaríamos exactamente donde estamos: escribiendo sobre el impacto de aquellos días diez años después. El estruendo político del 15M, el antes y el después de aquellas tiendas, el eco de la Spanish revolution atravesando países, la irrupción social de una generación, el hasta aquí hemos llegado de otras, el cambio de lógica con el que se pensó, se vivió y se hizo política aquellos días iba a suponer la transformación de un país a las puertas de su primera gran crisis en democracia.

Por hacer memoria, las corrientes de malestar venían de muchos sitios y desde hacía tiempo. Organizadas en un magma digital con un establishment que solo detectaba señales analógicas, y pocas. Incapaz de ver la trascendencia real, hiperventiló por unas elecciones autonómicas que se iban a celebrar a cinco días de la acampada. Zapatero, el presidente del no nos falles, acababa de aprobar un recorte social histórico y saldría del gobierno seis meses después. El PP ganó en prácticamente todas las comunidades. Poco importaba. Por primera vez los resultados no iban a reflejar el estado de ánimo mayoritario. El 15M contaba con la simpatía del 78% de los ciudadanos mientras los políticos ocupaban la primera preocupación de los españoles, según el CIS.

El aldabonazo fue de tal calibre que se habló de Segunda Transición. El punto de inflexión patrio, cual 23F, con todas las distancias, del siglo XXI. La enmienda era al sistema económico. Al desgaste de materiales en la calidad democrática del 78. Los protagonistas, de manera casi inconsciente, hicieron saltar ese tapón. Aquella noche de la jornada de reflexión, tras el silencio previo a las campanadas, la plaza rompió en un brindis por la nueva era, en un Sí, se puede colectivo. Pero, ¿Qué se podía? ¿Por qué ese júbilo en medio del desastre? ¿De dónde salía esa sensación de triunfo prematuro?

Tras una de las primaveras más alegres que ha tenido Madrid, llegó un invierno continuo de varios años. El 15M había sido la espita de las protestas sociales que vinieron después. La ráfaga previa al gran apagón. Pasó el verano. Cambió el gobierno. Llegó la crisis. Y con ella los llantos de familias desahuciadas, vecinos que fueron parapeto de los antidisturbios, muebles y juguetes de niños en la calle; inmigrantes marchándose seguidos de miles de estudiantes; sanitarios, profesores, funcionarios, mineros, agricultores, parados, jubilados estafados. Una protesta detrás de otra. España, que no recordaba la pobreza, volvía a vivirla.

Una pobreza cuya magnitud no supimos reconocer. Y desde los medios, ocupados por el rescate, dibujamos a brochazos. Las asambleas del 15M, tan criticadas desde la óptica cortoplacista, habían servido para llevar a los barrios unas mínimas estructuras vecinales fundamentales para la ayuda mutua. El espíritu del 15M había activado a una generación que contemplaba exhausta la destrucción de empleo y la suya propia. La desconexión poder-ciudadanía del no nos representan era absoluta. Hay una imagen simbólica que capta el momento. Fue la tarde del funeral de Adolfo Suárez, mientras las máximas instituciones del Estado velaban su figura en el Congreso, un millón de sanitarios de la Marea Blanca marchaban solos al otro lado de los leones.

La fiebre de la crisis bajó unas décimas. Y cuando se daba por desaparecido el movimiento, llegó Podemos. Era 2014 y se daba por muerto, por enésima vez, el 15M. Llegaron las mareas, las confluencias. Los movimientos sociales ya no estarían fuera sino dentro. Y un detalle, en ese invierno largo, también decenas de activistas y jóvenes sufrieron las embestidas policiales y judiciales por manifestarse más de la cuenta.

La banda sonora oficial del 15M siempre ha sido la misma. Renegar de su importancia desde ciertos sectores. Cuestionar su legado antes y ahora. Es un error dimensionar únicamente el 15M por el recorrido político de Pablo Iglesias. O los 8 millones de votos a Ciudadanos y Podemos. El 15M no solo modificó el arco de representación parlamentaria. Impregnó al resto de partidos convencionales, que cambiaron sus agendas y a sus representantes. Le ocurrió al PSOE en 2011, cuando Rubalcaba incorporó una batería de propuestas en su ponencia como secretario general. Y dimitió tras la irrupción europea de los morados. Los cuadros y militantes de base habían estado en las plazas. La izquierda tradicional del PSOE e IU tuvo que recomponerse mirando de reojo a esta corriente. Y habría que preguntar a Eduardo Madina de dónde bebió su propuesta Un militante, un voto que después le daría la victoria a Pedro Sánchez.

Si rebobinamos hasta hoy, al primer gobierno de coalición, no es casualidad que la primera medida de protección tras el estado de alarma sea blindar los desahucios. Que Pablo Cadado abandone Génova 13 por la corrupción de su partido. Que Iñigo Errejón cambie el paso al Congreso hablando de salud mental, o la candidata de Más Madrid, Mónica García, consiga el sorpaso y las dos fuerzas a la izquierda del PSOE sumen más en votos y en escaños.

No toda la herencia política está bien resuelta. Las nuevas formaciones nacen, crecen y mueren a una velocidad cuestionable. Gente brillante llega y desaparece como si la política fuera una trituradora. Y ya veremos si son más válidos los liderazgos de treinta años o los de cinco minutos.

La disputa entre nuevos y viejos partidos ha capitalizado y bloqueado quizá el aviso más importante del 15M: la conversación pendiente como país. Iñaki Gabilondo resumía en 2014 la Transición: “Se hizo lo que se pudo y me alegro de haber participado de ello”. Dicho esto, continuaba: “Sería absurdo negar que aquello necesita ser reanimado, que está viviendo con respiración artificial, que ya no vale”. Y remataba: “Se ha venido a caer al borde de la orilla desfallecido todo lo que se construyó en el 78”. Hablaba de la Jefatura del Estado, los partidos, la Constitución, el Estado de las Autonomías, los sindicatos, los medios… El tiempo de 2011 y el de ahora le han dado la razón. Y de todo eso, todavía no se ha hablado.

Ahora que Vox lo ha llenado todo de barro y los líderes conservadores del PP, lejos de quienes les precedieron, se niegan a formar parte de una conversación transformadora del país, vivimos con la sensación de que algo se pudre mientras pasa el tiempo. Pero es la misma sensación que precedió al 15M, el periodo previo a que vuelva a ocurrir algo que nos impulse hacia delante.

Y quedémonos también con la herencia social. El rechazo a la desigualdad, cada vez más brutal y más palpable, seguirá siendo el botón nuclear de la indignación. Pero además, algo de esa alegría inesperada de 2011 continúa. Ese mayo fue una fiesta porque miles de jóvenes descubrieron que compartían preguntas e inquietudes parecidas. Porque palparon una grieta desde donde ensanchar un espacio que les pertenece. Descubrieron que se podía vivir, hacer, pensar de otra manera. Remataré con quien mejor lo ha descrito estos días, las palabras de la joven escritora Elisabeth Duval: “Gracias a entonces tenemos un presente que hoy no nos basta”. Y quien quiera ver en el 15M generaciones perdidas o años desperdiciados, pertenece a otra clase, a otro estatus, a otra élite y a otro tiempo, pero no a este.
 

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15 Comentarios
  • Arkiloco Arkiloco 13/05/21 21:39

    Uy, disculpen que me he equivocado de sala. Aquí ya veo que es la de terapia de grupo y otros chivos expiatorios.

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  • Hammurabi Hammurabi 13/05/21 20:49

    Les bastó una semana para cambiarnos del OTAN NO, AL OTAN SI. Complicada la continuidad hacia cualquier cambio, pero la esperanza es lo último que nos queda.

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  • GRINGO GRINGO 13/05/21 18:33

    El 15M fue un movimiento que recuperaba la movilización ciudadana contra un SISTEMA establecido, donde ellos, la ciudadanía, siempre eran los perdedores, al igual que durante el régimen franquista y posterior T78.

    Ese movimiento supuso el nacimiento de PODEMOS, en el cual una parte de la ciudadanía confió para iniciar la transformación de una sociedad que había dado muestras más que suficientes de estar diseñada para que "unos robaran a otros, y siempre fueran los mismos los beneficiados y los perjudicados".

    El objetivo era cuestionar y combatir, desde la Deuda que habíamos asumido con la UE, a la manipulación de los tipos de interés por el sistema bancario, el sistema de cálculo de los préstamos, las fórmulas de ahorro (preferentes) orientadas a robar a sus clientes en favor de las entidades financieras que habían quebrado, la corrupción Institucional, las Reformas Laborales y sus recortes de derechos, y un largo etcétera que todos conocemos, más o menos.

    Para esa tarea, el partido emergente, PODEMOS, propuso una alianza al PSOE, supongo que "confiando en la S y la O que todavía mantienen en sus siglas", pero en aquel momento, siendo parte imprescindible de la T78, no quisieron saber nada de la propuesta y les consideraron un peligro por razones que algún día explicarán, prefiriendo a C'S, que hizo cumbre en el TriColón, y ha demostrado ser un partido de lo más dañino para la convivencia a nivel nacional.

    Los herederos de la T78 no podían permitir que PODEMOS intentara cambiar nuestra sociedad y se pusieron a trabajar a través de sus Medios de Comunicación, propiedad del poder económico, a los que no dudaron ayudar desde el Poder Judicial, admitiendo cualquier fábula para procesar a la formación o a sus dirigentes, como luego se ha podido comprobar, aunque no ha impedido que tantos y tantos "periodistas de investigación" sigan dando la matraca, hasta el infinito y más allá.

    Culpables se pueden encontrar todos los que uno quiera, pero en definitiva es una decisión individual que depende del votante, del ciudadano, "pero si es tonto o adicto a Ignorantium", pues seguirá jurando en Arameo, tomando cañas y lamentando la sociedad que le ha tocado vivir...

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  • Angel10 Angel10 13/05/21 17:03

    La ilusión de aquellos días y el resultado de lo conseguido me reafirma en la idea de que los grandes logros sociales nunca se consiguen por las buenas.

    El poder, los poderosos no sueltan prenda, hay que arrebatársela, las reformas no sirven, solo se consiguen cambios de verdad con las rupturas.

    Luego podemos teorizar lo que queramos que era una crisis mundial donde se aplicó el neoliberalismo mas salvaje en todo el mundo, que tampoco en Grecia con un gobierno valiente se consiguió nada, lo que queremos, pero eso no hace mas que ratificarme en mi idea, de que los de abajo nunca conseguimos cosas por las buenas.

    El poder no cede hay que quitarle el poder

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    • Arkiloco Arkiloco 13/05/21 21:56

      Eso y tu estarás allí con tu arco y tus flechas. ¿O tienes la carabina de tu tatarabuelo?

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  • Ambrio Ambrio 13/05/21 14:29

    Buen articulo, como siempre Pilar, pero despues de diez años del 15M que fue algo que realmente hacia saltar lagrimas de orgullo y emocion, que tenemos? Los grandes poderes callaron mientras afilaban sus dentaduras bien cuidadas y esperaban su momento para asaltar esos ideales. Hoy tenemos un cgpj caducado y sin renovar, el partido politico con mas implicacion en el movimiento, ha sido difamado con ataques constantes, desprotegido por muchos que decian admirar ese movimiento, su lider maltratado y acosado por esos mismos poderes hasta limites criminales, con el consentimiento de quienes teniamos la casi obligacion de protegerlo a toda costa (medios, socios politicos, policias, jueces, empresarios etc.) Tenemos corruptos en libertad y ejerciendo aun sus corruptelas, tenemos al partido mas corrupto de la historia de este pais como segunda fuerza politia, solo que ahora ademas lis adeptos y nostalgicos del franquismo sentados en el congreso, tenemos mentiras, bulos, agresividad parlamentaria, colas del hambre, y bueno, podria tirarme hiras escribiendo. Para mi, el 15M fue casi como los aplausos de las 8 a los sanitarios. Un buen impulso sin continuidad. Tambien ha habido cosas buenas, y espero ver alguna mas antes de que acaben del todo con el mensaje de aquel 15M. Ojala todo lo escrito soli sean paranoias mias, pero me da que no. Un saludo a tod@s y buen dia

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  • luzin luzin 13/05/21 10:48

    Vayamos a los hechos, a lo material. ¿Qué ha cambiado? Cuáles son los cambios reales? legislativos? económicos? sociales? ... A parte del entusiasmo de la articulista, de sus bellas intenciones y su añoranza de los momentos vividos el escrito abunda en la cantidad de meras divagaciones sin relevancia para un análisis más concienzuddo o más clarificador.

    Nos aporta el nacimiento de nuevos partidos, aunque eso puede ser cuestionado. Ciudadanos pretendía ocupar el espacio de UPyD y Podemos el de IU. De hecho, con el tiempo se han metamorfeado en sus predecesores ... y han acabado con la misma relevancia ...

    Siempre se apunta al fin del bipartidismo, un fenómeno que nunca existió en España, siempre dependiente de los intereses de las minorías nacionalistas, que se han procurado de jugosos privilegios para sus territorios a costa del resto. Y siguen, pero no igual, lo que realmente ha pateado el tablero y que viviremos en las próximas décadas ha sido el intento de secesión de los nacionalistas catalanes, eso si es un intento revolucionario.

    La realidad es que el 15-M es consecuencia directa de una gran crisis del capital, aderezada por la tradición de los movimientos sociales españoles de las tres décadas anteriores. No era revolucionario, era una generación que preguntaba ¿que ahí de lo mío? ... el discurso era denunciar un fraude, hemos estudiado, trabajado y ahora resulta que nada para nosotros ... Una aspiración indefinida de una pretensión socialdemócrata con formas libertarias infantiles (manitas, buen rollito, ...) ... una magnífica representación de nuestras izquierdas indefinidas, extravagantes y divagantes, ... pero sin proyecto, ni ideas, ni programa ... Y claro, eso murió siendo hermoso y poético, y algunos espabilados intentaron aprovecharlo, pero el resultado ya lo estamos viendo ...

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  • Mariché Mariché 13/05/21 10:29

    El movimiento del 15M fue ilusionante por lo que representó, por lo que planteaba y por la participación de la población. La INDIGNACIÓN fue la clave de aquel movimiento. Hoy hay razones suficientes para seguir indignados, para luchar por los logros democráticos contra el fascismo, por los valores éticos, por la justicia social contra la desigualdad, contra la precarieda laboral, contra la mediocridad de los políticos y el papel de los medios de cominicación, ....
    Convendría releer a STEPHANE HESSEL y sus libros ¡Indignaos! y ¡Comprometeos! Todo un alegato contra la indiferencia para despertar las conciencias de las personas. SyR

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  • Epi Epi 13/05/21 08:49

    Estoy contigo, Pilar, el presente no nos basta. A los que tenemos muchos años y muchas arrugas en la frente, quizás no baste, pero a la juventud que tiene toda la vida por delante, no. La Constitución de 1978 se ha quedado vieja y caduca. Ese edificio( la Constitución) necesita una reforma integral : desde los cimientos hasta la techumbre. Las viejas generaciones no podemos impedir a las nuevas su evolución y que tengan que anquilosarse en ideas caducas que a día de hoy o no sirven o sirven muy poco. Mi deber como persona mayor es que mis hijas y mis nietos vivan su vida. Yo ya he vivido más o menos como yo pensaba; ellos ( mis hijas y mis nietos) tendrán que vivir en su tiempo y no en el que a mí me gustaría.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 13/05/21 08:38

    El que no se conforma es porque no quiere. Propongo esa frase para completar el titular, que quedaría así: "15 M, el legado irreversible o el que no se conforma es porque no quiere". Se ajusta mucho más a la realidad.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 13/05/21 07:46


    «Gracias a entonces tenemos un presente que hoy no nos basta.» Así es y así debe ser siempre: del entonces nada se puede cambiar; del presente se puede cambiar todo, ¡o por lo menos debería intentarse! Osasuna y República Libertaria.

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    • Moveros Moveros 13/05/21 07:51

      Bien Paco, bien.

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