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Muros sin Fronteras

Duelo de élites en Venezuela

Publicada 03/08/2017 a las 06:00 Actualizada 02/08/2017 a las 21:29    
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Debe existir un principio invisible en el Derecho Natural, que no se estudia de manera abierta en las carreras de Leyes: el poder pertenece en su totalidad a las élites y a sus representantes delegados, sean partidos conservadores, clubes de empresarios, medios de comunicación o hermandades de Semana Santa. Si aceptáramos esta hipótesis todo se entendería mejor. De ahí los ataques a Ada Colau en Barcelona o a Manuela Carmena en Madrid.

El problema no es su gestión sino su existencia: han osado ocupar una porción de poder que no les corresponde. Esto ha sido así siempre, un coto cerrado, por eso son saludables las revoluciones porque refrescan el ambiente. Su función no es cambiar lo esencial, aunque así lo prometan, es decir la desigualdad, la injusticia, la rapiña del sistema, la impunidad del poder. Su función es cambiar de élites para que todo siga más o menos igual.



Hay países de tradición democrática que disimulan mejor la existencia de este principio: EEUU, que resiste ahora el vendaval autoritario de Donald Trump desde la estricta separación de los tres poderes y una prensa haciendo su trabajo, el Reino Unido, pese al fango de su Brexit, o cualquiera de los nórdicos.

España estaría a la cola por escasa tradición y porque nuestras élites no crean riqueza colectiva como las anglosajonas, solo se la apropian. No suelen arriesgar, juegan sobre seguro: negocio privado con dinero público. Las excepciones, que las hay, están en las pymes y los jóvenes.

 

Venezuela es una revolución fallida, ni siquiera consiguió cambiar de élites. Hoy se pelean por un mismo espacio las élites de un pasado glorioso, cuando el maná petrolero generaba miles de millones de bolívares (solo para ellos), con las élites nacidas con el chavismo, los  llamados boliburgueses, que temen perder sus recién adquiridos privilegios. En medio hay un país depauperado al que no le sirve ninguna música, ni la de Maduro ni la de la oposición.

Lean, por favor, este texto de Martín Caparrós: '¿Fracasó la izquierda latinoamericana?'



Hugo Chávez fue la consecuencia revolucionaria a 40 años de saqueo organizado en los que las élites venezolanas, que hoy militan en las filas opositoras, despreciaron la existencia de la mitad de la población. Eran los pobres, los negros y los indios. No participaban en política, tampoco sabían leer y escribir. Era un apartheid de hecho, sin derechos políticos ni sociales. La revolución chavista dio voz y voto a la mitad ignorada, y les otorgó dignidad y conciencia.

 

Eso funcionó bajo el carisma de Hugo Chávez, a quien el ex presidente uruguayo, José Mujica, calificó de soñador. Fue un sueño colectivo de millones financiado con el petróleo alcista y una deuda descomunal. No se supo aprovechar la bonanza para crear la base de un nuevo Estado. Ese es el mayor fracaso de Chávez.

En España, las elites y sus representantes nunca hablan de Venezuela, entiéndase por un país de fronteras reconocidas en el que viven más de 30 millones de personas en unas condiciones de precariedad económica alarmante. Siempre que pronuncian su nombre, Venezuela, es para criticar a Podemos, la gran bicha que amenaza su status quo.

 

Varios medios españoles ilustraron la violencia del domingo en Caracas, en las votaciones para elegir una Asamblea Constituyente, con una foto del atentado, se supone obra de algún sector de la oposición, contra la Policía Nacional Bolivariana. Era la prueba gráfica para demostrar lo contrario, la violencia del Gobierno contra el pueblo.

Baltasar Garzón definió “posverdad” como la “mentira emotiva” en un artículo publicado en La Vanguardia en el que citaba a Goebbels, jerarca nazi maestro de la manipulación, y aquello de la mentira mil veces repetida hasta convertirla en verdad indiscutible. Nada ha cambiado en el arte de subvertir los hechos.



Venezuela se vincula a la financiación de Podemos, pese a que esos supuestos lazos parten de unos informes policiales falsos elaborados en las cloacas del Ministerio de Interior. No me sé las cuentas históricas de Venezuela pero si hubo donativos para algún partido debió ser en el mandato de Carlos Andrés Pérez, el amigo de Felipe González y de la Internacional Socialista que logró el más difícil todavía: ser más corrupto en su segundo mandato que en el primero.

No hay grises, ni matices: la oposición son los buenos y Leopoldo López su ángel custodio. Para Podemos y la izquierda en general tampoco hay grises, ni matices: el chavismo son los buenos y Nicolás Maduro su mártir. Los periodismos de trinchera, sean de derecha o de izquierda, son malos periodismos porque no tratan de contar, solo defender unos intereses.

 

La izquierda española considera a Maduro uno de los suyos. No importan sus salidas de tono, sus decisiones erráticas o sus incapacidades manifiestas. Siempre se le justifica y defiende. El desastre económico de Venezuela lo explican por el boicot de las élites y en la mano que mece la cuna (CIA). Tampoco se puede explicar el hundimiento echando toda la culpa a Maduro. Hay de todo: un petróleo por los suelos y una deuda por los cielos, mala gestión y malas artes. La deuda es herencia de Chávez, no culpa de Maduro.

El presidente venezolano agita una retórica revolucionaria de los años sesenta que tiene más que ver con el márketing revolucionario que con la revolución misma. La retórica no da de comer. Tampoco el victimismo.

 

Este texto de Patricio Fernández en la web de The Clinic, titulado, 'Venezuela o érase una vez una revolución',  resulta clarificador. Dice mucho, por ejemplo esto:

“Yo estuve en Caracas para su entierro, y los pobres de esa ciudad lo despidieron con fervor. Mientras una multitud de ellos esperaba pasar junto a su féretro, escuché gritar a la masa cansada: “¡Maduro no es Chávez!”, aunque igual lo eligieron”.


(Patricio Fernández es chileno, tiene casi 48 años, demócrata sin ambigüedades que se opuso a la dictadura militar. Es fundador del semanario satírico The Clinic, un sarcasmo porque ese es el nombre de la clínica en la que estuvo preso Pinochet en Londres. Se le puede ubicar en la izquierda, pero su vocación periodística está por encima de las ideologías. Su compromiso es con la verdad).

 

El periodismo consiste en explicar la realidad desde la mejor información, que suele ser la más contrastada, para que cada lector, oyente o televidente saque sus conclusiones. Añadan una alta dosis de honradez para lograr algo esencial: la credibilidad.

No existe un periodismo de derechas y otro de izquierda, solo hay buen y mal periodismo. La posición política no modifica la realidad ni las normas éticas del periodismo. Afecta, en todo caso, a la selección de temas.

Alguien de izquierdas estaría más interesado en asuntos sociales, la pobreza, los migrantes, el hambre, las energías renovables o el tráfico de armas. Uno de derechas podría inclinarse más en el enfoque de las bondades de la lucha contra el déficit que las víctimas del ajuste, o más en la seguridad de las fronteras que los derechos de los refugiados.

 

Los mejores periodistas y medios no tienen las fronteras ideologizadas, es decir cuando hay que tratar un tema se hace bien, con datos y opiniones encontradas. Un periódico de derechas puede poner de vuelta y media a Theresa May y uno de izquierdas a Jeremy Corbyn. El periodismo no es militancia.

Pero escribía de Venezuela. Primero un poco de egoteca. Dos textos publicados en julio sobre Venezuela en El Periódico de Cataluña: 'Volar puentes en Venezuela' y '¿Es Venezuela una dictadura?'. En el segundo hago referencia a los barrios populares que despertaron a la política con Chávez. Uno de los más simbólicos, es el 23 de enero. En él han puesto la cruz a Maduro, pero también a la oposición. Es la Venezuela silenciada.

 

Si la Mesa de Unidad Democrática, que engloba a toda la oposición, quiere ganarle el pulso al Gobierno tendrá que ofrecer a esa Venezuela pobre un discurso de esperanza, más allá de la recuperación de su Derecho Natural a gobernar. Para eso tendrían que desprenderse de un antichavismo enfermizo (algo haría bien el amigo) y de un clasismo de piel que invisibiliza a los pobres, a los negros, a los indios. La Constituyente es una salida hacia ningún sitio, no busca solucionar problemas, solo proteger fortunas de los que se creían la nueva élite.

En la época de Hugo Chávez nació un grupo de periodistas que se decían Los del Medio. Se les consideró contrarevolucionarios. Ya no existen, claro, pero millones de ciudadanos siguen en medio de todo. Habría que empezar a buscarlos para sellar esa Venezuela partida en dos.

 


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10 Comentarios
  • Argaru Argaru 07/08/17 20:50

    JAMÁS SE PODRÁ SOLUCIONAR EL PROBLEMA VENEZOLANO SI NO SE HACE UN VERDADERO PACTO SOCIAL QUE CONCILIE A TODA LA SOCIEDAD Y SE HAGA UN VERDADERO REPARTO DE LA RIQUEZA. ¡QUE LOS RICOS DEJEN DE SER OBSCENAMENTE RiCOS Y LOS DEMÁS, OBSCENAMENTE POBRES! VENEZUELA NECESITA El EQUILIBRIO QUE DA LA CLASE MEDIA Y ESO SOLO SE CONSIGUE CON VOLUNTAD POLÍTICA. LAMENTABLEMENTE, ESTO ES UNA UTOPÍA, PORQUE TODOS LOS SINVERGÜENZAS ADINERADOS PREFIEREN SEGUIR VIVIENDO EN " CARCELES DE ORO" ANTES QUE HACER UN REPARTO JUSTO DE LA RIQUEZA Y LA INCOMPENTENCIA Y LOS ERRORES DE MADURO NO AYUDAN MUCHO A RESOLVER EL PROBLEMA. EL QUE LES ESCRIBE QUEDÓ HORRORIZADO CON LO QUE SUCEDIDA EN ESTE HERMOSO PAÍS Y EN ESE MOMENTO, NO ESTABAN NI SE LES ESPERABA A CHAVES Y COMPAÑIA. ASÍ QUE NO SE DEJEN ENGAÑAR NI POR UNOS Y NI POR OTROS. EVIDENTEMENTE, LOS DE SIEMPRE ENGAÑAN MÁS Y MEJOR.

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  • La mosca La mosca 07/08/17 06:48

    Como decía en la columna "FAES tacha de grotesco..." 

    No me gusta Maduro, pero me parece casi una hermanita de la caridad comparado con los fascistas internacionales que quieren descabalgarlo. Se están montando gobiernos fascistas en la mayoría de países del mundo, a veces mediante golpes blandos como Brasil o contragolpes (o golpe manipulado) como en Turquía, o elecciones ganadas a base de mentiras como España o Argentina o apelando al personal de encefalograma plano como EEUU, o mediante sucesiones endogámicas como Arabia Saudí o simplemente encarcelando y matando a la oposición como en la Guinea de Obiang. Así que un personaje no homologable por el fascismo como Maduro es una espinita clavada en el corazón del fascismo iberoamericano y mundial y van a por él con todos los medios, que son muchos, a su servicio. Lo sabemos pero seguimos leyendo esos medios y creo que ya han logrado calar  y fijarse en la mente de la mayoría de las personas. Mal lo tenemos si renunciamos a pensar por nosotros mismos y dejamos que la prensa fascista nos aliene. Gracias, señor Lobo, por su esclarecedor artículo. Salud

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  • individualiberal individualiberal 06/08/17 20:41

    Nunca me definiría como revolucionario. Punto uno tu no provocas una revolución, es como un fenómeno natural fuera de nuestro alcance como un volcán que entra en erupción y cuando ocurre solo decides que haces o no haces.
    Punto dos los que se proclaman revolucionarios cuando llegan a triunfar se vuelven los mas anti-revolucionarios, basta ver como los regímenes "revolucionarios" tienen como primer y mas importante mandato la anti-revolución, es normal no quieren que se les haga la misma pirula que ellos hicieron.

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  • Don Quijote Don Quijote 06/08/17 08:37

    Cualquier día de estos, cuando sintonicen Vdes. la Cadena Ser, oirán la nueva alocución:"Son las 8:30, en España. las 2:30 en.... Caracas.".

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  • frida56 frida56 05/08/17 20:09

    Me ha gustado muchísimo su artículo. Aún no había leído nada tan ponderado sobre este tema. Hay muchas frases subrayables en él,pero yo destacaría la de que el periodismo no es militancia. La equidistancia que tanto le critican algunos comentaristas,yo la encuentro necesaria para abordar este tema (y muchos otros),y creo q es la semilla en la que fructifica el buen periodismo y que produce lo veràs. Se puede ver cómo una forma de no tomar partido y,al no tomarlo,percibirlo como un escoramiento hacia los intereses del poderoso. A mí,en cambio,me parece que la equidistancia es un posicionamiento en sí mismo porque no se conforma con la simpleza de las dicotomías,que casi siempre resultan falsas dicotomías :las dos cosas son malas,pero una es peor;así pues,defiendo la menos mala. En mi opinión,si algo es malo,lo sigue siendo por mucho que haya algo peor. La izquierda se considera la defensora de los pobres de la tierra,la revolución bolivariana defiende a los pobres;luego es buena. Y nos ponemos orejeras para quitar del campo de visión lo que molesta y nos escudamos en que el fin justifica los medios y agregamos que nunca estamos suficientemente bien informados. Pues si no estamos bien informados de lo que de verdad pasa en Venezuela,no lo estamos en lo que afecta a los bolivarianos,pero tampoco a la oposición. Y conste que sī,que estoy saturada de Venezuela,que la usan para tapar problemas más próximos a nosotros y que no me gustan nada ninguna de las partes en conflicto. Creo que los verdaderos intereses de ese pueblo quedan atrapados en los intereses de ambos bandos.



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  • Er Pp Er Pp 05/08/17 12:45

    A estudiar el papelón de los medios de comunicación, en manos de unos pocos,manipulando y tergiversando sin pudor,rubor alguno. Bazofia canalla.
    "América para los americanos" ......ahí siguen.

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  • Sancho Sancho 05/08/17 03:27

    Como autocrítica pongo lo que dice Ramón Lobo con lo que estoy de acuerdo:

    "Los periodismos de trinchera, sean de derecha o de izquierda, son malos periodismos porque no tratan de contar, solo defender unos intereses".

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  • Mustela Mustela 05/08/17 01:10

    Lamento discrepar en varios puntos, pero como no es plan de redactar un 2º artículo basado en este (acabáramos, no me dedico a esto), sólo diré un par de cosas:

    - Mariano Rajoy tampoco es Aznar (pero a él ya le gustaría)
    - La iglesia va muy bien para algunas cosas, muchas más bien, pero para otras es algo peligrosa. ¿Qué tiene que ver en este artículo? Desde que existe el miedo al cambio, mucho.

    Otras cosas con las que sí podría estar de acuerdo son, como por ejemplo, que probablemente no todos valgan para mandar, pero las oportunidades existen y el tiempo pone a cada uno en su sitio, porque Carmena es más válida que muchísimos otros y Colau no tiene el apoyo suficiente para llevar a cabo una buena reforma (y no la valoro tanto como a la primera).

    Un saludo.

    PD: Se consideraría fallida la revolución venezolana en cuanto gane la oposición Y se perpetúe.

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  • Don Quijote Don Quijote 04/08/17 20:02

    Me gusta la música y la letra del artículo. Soy un español que no se olvida de las ayudas que recibimos del Gran Pueblo Venezolano sin preguntarnos si éramos rojos, azules, ....o naranjas.
    Buena suerte en vuestros anhelos para el Bravo Pueblo. copien y peguen mi podcast para recordar su esmerado trato a nuestros emigrantes. http://donquijote.podomatic.com

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  • jhgb jhgb 04/08/17 19:36

    Suena a lucha de clases, muy marxista. Las aclaraciones a esto que digo serian  miles de caracteres, tiene usted toda mi credibilidad y confianza. Me gusta que me haga recordar que el marxismo intentaba explicar la sociedad. Cada loco con su tema.

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