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Plaza Pública

La regeneración urbana desde los retos ambientales y la necesidad de habitabilidad

Fernando Martín-Consuegra | Carmen Alonso Publicada 13/02/2018 a las 06:00 Actualizada 14/02/2018 a las 17:37    
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Las ciudades son hoy el centro de los problemas ambientales, pero también ofrecen las claves para su resolución. Problemas como la contaminación atmosférica, acústica, hídrica o visual, la generación y tratamiento de residuos, la dispersión urbana, la impermeabilización y ocupación del suelo, la demanda de energía y agua o la isla de calor van de la mano de problemas sociales como la segregación geográfica, la marginación o la violencia urbana. Su estudio integrado en el ciclo de vida requiere ampliar los límites del sistema, desde la unión de disciplinas, la visión a diferentes escalas, y la inclusión del marco temporal en las cadenas de procesos implicados.

Una parte de esta reflexión es la que se plantea con la regeneración de las actuales ciudades, sobre lo qué trataremos en este artículo.

La habitabilidad satisface las necesidades de cobijo, incluyendo también los espacios públicos, infraestructuras y servicios elementales que constituyen, en conjunto, un asentamiento propicio para la vida. Contempla las condiciones de confort térmico, acústico, visual, y lumínico, y la salubridad en el aire que respiramos y las materias y agua que consumimos, integrándose con los criterios de impacto ambiental que hoy sobrepasan la capacidad de carga de los ecosistemas. La investigación aplicada es un soporte imprescindible para la propuesta de mejoras, y actualmente es muy activa en este ámbito.

A nivel global resulta necesario dotar de unos mínimos de habitabilidad básica para la inmensa cantidad de población que habita en malas condiciones. El 54% de la población mundial vive en ciudades, lo que supone 3.900 millones de personas, pero se espera que aumente en las próximas décadas hasta alcanzar los 6.400 millones en 2050, según la ONU. Las desigualdades entre las zonas rurales y urbanas siguen siendo pronunciadas. A pesar de que se han ido reduciendo, todavía existen grandes brechas en los distintos países. En las regiones en desarrollo, la proporción de población urbana que vive en barrios marginales paso del 39,4% en el 2000, a 29,7% en 2014. Se están consiguiendo crear clases medias en las ciudades de los países en desarrollo.

Las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo continúan aumentando, y en la actualidad son más de un 50% más altas que su nivel en 1990. El cambio climático y la degradación ambiental socavan el progreso logrado, y las personas pobres son quienes más sufren las consecuencias. Las fronteras resultan infranqueables para las personas, pero no lo son para la energía, materiales o residuos. La energía consumida en las ciudades tiene un impacto directo en el territorio, extendiéndose más allá de sus términos municipales. Los ayuntamientos tienen competencias para propiciar un cambio de modelo a través de la ordenación del territorio, donde los criterios de proximidad tendrán un papel relevante, a través de la gestión de esta energía, agua, materiales o residuos.

En el caso de Europa, el reto lo marca la Regeneración Urbana Integrada, que pone el foco de atención en la necesidad de recuperar el potencial que contienen las zonas degradadas de las ciudades, abordando los problemas desde puntos de vista holísticos y multidisciplinares, poniendo el foco en aspectos sociales, medioambientales, económicos y de gobernanza. La ciudad existente se presenta como recurso para su aprovechamiento y puesta en valor, y en ella los retos ambientales se integran con retos técnicos, económicos, socioculturales y políticos. Su riqueza vendrá dada por el conocimiento y respeto de lo existente, y la garantía de habitabilidad para los ciudadanos, que quedan situados en el eje central del engranaje, jugando un papel decisivo para impulsar las actuaciones.

Es especialmente importante tener en cuenta los efectos que ha tenido la crisis en las periferias urbanas de las ciudades europeas. Además del deterioro habitual de las zonas urbanas desarrolladas durante el siglo XX, que paulatinamente van envejeciendo y requieren de inversiones de mantenimiento y mejora energética, confluyen circunstancias que abocan a la población que las habita a una destrucción de sus expectativas de futuro y a una situación social insostenible. La desigualdad está generada por hechos como la escasa calidad en la edificación, las circunstancias de vulnerabilidad urbana, el envejecimiento de la población, y el abandono de la población empobrecida por las políticas neoliberales que han derivado en recortes sociales que se han cebado en las rentas más bajas. En el caso de España la bolsa de la exclusión social es muy elevada y tiende a aumentar a pesar del crecimiento económico. El consumo de energía en el sector residencial está destinado fundamentalmente a la calefacción (IDAE, 2014), con demandas notablemente mayores precisamente en las periferias más degradadas de las ciudades, donde se va a concentrar el problema de la pobreza energética.

Son ya múltiples los estudios que señalan la rehabilitación de los edificios de viviendas con mejora de la eficiencia energética como solución a gran parte de estos problemas sociales, económicos y ambientales, pero su implantación no está respondiendo a las expectativas previstas. A ello hay que añadir que, en el contexto actual de recesión económica, los estados están más interesados en transferir los costos de su funcionamiento a través de cargas fiscales a los usuarios de los servicios de los suministros energéticos que en promover el ahorro o reducir el impacto ambiental. De hecho, basta analizar el gravamen impositivo, al margen del consumo, que representa la factura de combustibles en el caso de España. Es decir, el Estado es en este caso y en cierta medida, quien demuestra menos interés en el ahorro energético.

El discurso de convencimiento debe ahondar en la búsqueda de fórmulas donde se le haga ver, objetivamente, la utilidad de realizar las obras de rehabilitación energética allá donde procedan. Se trata de concienciar a los propietarios de los edificios de que la inversión en rehabilitación energética, aparte de mitigar las emisiones de efecto invernadero en consonancia con los acuerdos internacionales, va a tener consecuencias directas en su calidad de vida.

Sin reflexión, participación multidisciplinar y, sobre todo innovación, es difícil poder adelantarnos a los retos y grandes cambios que se plantean y su impacto social en el futuro. En este escenario la innovación en la aplicación de tecnologías existentes puede jugar un papel muy relevante en la eficaz mejora energética. Este mercado, en España e internacionalmente, es una importante oportunidad para empresas con innovación y tecnología para su aplicación en un asunto de tiene gran repercusión e interés social en muchos países.
______________

Fernando Martín-Consuegra y Carmen Alonso son miembros del grupo de investigación Sistemas Constructivos y Habitabilidad en Edificación (SCHE) del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (IETCC)-CSIC.


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3 Comentarios
  • vaaserqueno vaaserqueno 13/02/18 22:43

    Convencer a los propietarios es fácil, el problema es tener dinero para pagarlo cuando muchos no pueden ni comer tres veces al día.

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  • Coronel Dax Coronel Dax 13/02/18 17:55

    Como este de la vivienda es “mi sector” creo que puedo hablar con un poco más de conocimiento que de otros temas. Cuando comenzó la crisis inmobiliaria comenté con gente de mi círculo que una de las soluciones a la misma era precisamente no abandonar al “ladrillo” (que es lo que se hizo), con consecuencias catastróficas para el sector, con derrumbe de empresas de todo tipo. Algunas “lo merecían”, como muchos promotores, al menos los que se empacharon de ambición , sin pensar en lo que podía suceder (y pocos quedaron en pie), pero esto afectó también a otras empresas y a sus trabajadores (de la construcción, sus serviiccos auxiliares y de toda la industria que arrastran tras de sí, con un enorme desperdicio de brazos y cerebros útiles y bien formados que fueron al paro y aa la desesperación).

    Pensé en fomentar la inversión en renovación del parque de viviendas, con ayudas estatales. Con ayudas a la rehabilitación, pero creo que en muchos casos, para edificios con bastantes años que quedan ya muy lejos de cumplir los estándares de calidad actuales, con su derribo y reposición. Los derribos iban a constituir una reducción de la oferta (en tiempos en los que había mucha vivienda vacía, habría que realojar a los que abandonaban los edificios a reconstruir), se mantenía al menos una cierta actividad en el sector, se mejoraba la calidad energética, pero sobre todo se mejoraba la calidad de vida de los ciudadanos más desfavorecidos. Y se creaban (o mantenían) multitud de empleos. Es decir, un plan de este tipo era todo un conjunto de ventajas sociales y se dedicaba a “mejoras objetivas”.

    Desgraciadamente lo que se hizo fue seguir apoyando a grandes empresas con obras de escasa o nula rentabilidad, ni económica ni social (las líneas de alta velocidad). Y la recuperación actual del sector tiene mucho que ver con una nueva burbuja especulativa (por suerte de mucha menor magnitud que la anterior), pecado en el que este país no deja de caer una y otra vez. Se construyen viviendas no necesarias, y además se invade territorio para ello, cuando tenemos, seguramente, parque de viviendas en exceso, aunque en un porcentaje importante, estas viviendas son de baja calidad.

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  • Mainichico Mainichico 13/02/18 14:58

    Más info sobre contaminación ambiental en: guardacielos.org

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