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Plaza Pública

De mal café

Gaspar Llamazares Publicada 05/05/2018 a las 06:00 Actualizada 04/05/2018 a las 19:25    
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Entramos en el último mes para la investidura en Cataluña. Tras varios intentos frustrados, todo apunta a que nadie quiere llegar a unas nuevas elecciones, así que asistimos a los últimos movimientos y al final de la aplicación del artículo 155.

Sin embargo, no está claro que se inaugure una nueva legislatura autonómica ni que se continúe con la deriva unilateral de acumulación de fuerzas independentistas por parte del nuevo inquilino del Palau de la Generalitat. Tampoco se sabe cuál será el camino que seguirán Gobierno e instituciones españolas, aquejadas de la deriva penal-represiva y de la polarización en la derecha.

Desde luego, no parece previsible que prevalezca la política para la solución de un conflicto que, lejos de resolverse, se enreda cada día un poco más como consecuencia de la polarización, el agravio y la humillación mutuas. Vendieron a unos y otros que era posible, incluso imprescindible, llegar hasta el final para acabar con la frustración y para que se cumpliesen casi todos sus deseos, pero les engañaron. Un final que nunca llega mientras en el camino nos dejamos historia, cultura, derechos, símbolos, complicidades y afectos bajo la expectativa de acabar con la frustración del modelo autonómico, convertido para unos en un aguado “café para todos”, para otros en un no menos frustrante modelo de disgregación, generador de desigualdades y de castas regionales.

Y todo, ¿para qué? Para que se cumpliesen los deseos de quienes aspiran a un orden nuevo donde manasen ríos de café supremo en una idílica república catalana sin la madrastra España. Y para los otros, los del orden perdido de un estado napoleónico garante de la uniformidad nacional española, con Cataluña solo como una de sus grandes regiones. Unos y otros guardaron en su memoria agravios económicos y políticos sin cuento.

Porque cada uno tenían su respectiva interpretación de la historia: un relato propio que se remontaba hace siglos y que justifica para unos una unión a la fuerza y el anhelo de libertad negado en la República, la Transición, las balanzas fiscales o en la sentencia reciente de recorte del Estatut. Otro relato, bien distinto, el de los otros que no entienden que la rica y pujante Cataluña ignore su contribución y se queje. Muy por el contrario, la consideran privilegiada en la industrialización y favorecida por la activa participación de sus dirigentes a cambio del apoyo a los gobiernos españoles. En resumen, la incomprensión.

Sin embargo, a pesar de los pesares, del tortuoso camino, de tanto esfuerzo y sacrificio, la frustración generalizada se acentúa. Y lo peor no es que el deseo negado se haya tornado en más decepción, sino que los deseos opuestos y enfrentados han provocado el bloqueo y la parálisis política degenerando todo en agravio y humillación mutuos. Estamos varados en tierra de nadie.

Muy lejos de los deseos de unos y otros, y quizás aún más lejos de lo que hace años motivó la frustración y animó sus deseos.

Unos, los de la república catalana bajo la irritante intervención central del artículo 155, los procesos penales y la humillante prisión preventiva, que se consolidan en el tiempo sin que encuentren la forma de ver el momento de volver siquiera al denostado autogobierno y a la espera de un golpe de suerte favorecido por las torpezas del adversario. Tensos y agitados, crispados, pero sin horizonte político. Otros, los de la nación española, con la impotencia de no poder ir más allá, atentos a unos procesos judiciales que imprimen su dirección y su ritmo propios, y al qué dirán de nuestro respectivo partenaire en la intervención o del también humillante refugio de la Unión Europea. Tensos y agitados, crispados, pero sin horizonte político.

Todos indignados, todos animados por el mismo malestar social y la misma decepción política causada por la crisis económica y la impotencia ante las élites o en connivencia con la corrupción de nuestros respectivos gobiernos. Pero ambos engañados porque en política, como el la vida, no hay batallas finales ni victorias totales. Porque la única opción razonable es evitar victorias y derrotas pírricas en las que, como en la leyenda, tendríamos que volver solos a casa.

Engañados porque un relato que no contempla al otro, de dentro y de fuera, pero también al tibio y al no alineado, es una leyenda épica pero falsa e inútil para hacer política. Engañados porque las vías unilaterales que se imponen, sean estas mediante la desobediencia civil, las parlamentarias o las jurídico-penales no solo no solucionan sino que enredan y agravan los problemas políticos. Engañados también porque los agravios y la humillación llevan, si no los paramos a tiempo, a la división y la fractura social ya apuntada en algunas actitudes, aunque todavía minoritarias.

Pero engañados, sobre todo, porque ambos se equivocan de conflicto, de aliado y sobre todo de enemigo. Porque no se trata de nación irredenta o de república idílica que niegue al Estado o a Cataluña. Tampoco se trata de ignorar al otro para imponerlas a una o a la otra por las vías de hecho. Se trata por contra de ahorrarse nuevas incomprensiones, nuevos agravios y humillaciones que harían todo mucho más difícil. Se trata de recuperar el estado social para todos. Se trata de regenerar la confianza institucional de todos. Se trata de hacer política que desarrolle un federalismo plural donde quepan España y Cataluña. Un café de todos.
______________

Gaspar Llamazares es promotor de Actúa y portavoz de IzAb.


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13 Comentarios
  • JacktheRipper JacktheRipper 06/05/18 12:24

    Separatismo e izquierda son términos antitéticos. La izquierda, por definición, es internacionalista y antinacionalista. Para los grandes teóricos del pensamiento de izquierdas, la Humanidad es única e inseparable. Los seres humanos no somos más que hojas de un mismo árbol. Ya en el siglo XVIII decía Thomas Paine: "Mi patria es el mundo, mis hermanos la Humanidad, mi religión hacer el bien". Apartarse de esos principios básicos del ideal socialista es pervertir la ideología que ha inspirado la acción revolucionaria de los dos últimos siglos. Cuando el viento de la historia sopla a favor de derribar fronteras y unir países que históricamente han sido enemigos irreconciliables, no tiene sentido separar lo que ya estaba unido. Cualquier clase de nacionalismo es abominable y solo obedece a intereses espurios de una élite dirigente. El futuro nos lleva inexorablemente a la disolución de las naciones y estados, a la cesión de la soberanía nacional, para crear algo nuevo basado en los principios de fraternidad e igualdad de todos los seres humanos.

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    • Grobledam Grobledam 08/05/18 11:01

      ¡Bravo por su comentario!

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  • svara svara 05/05/18 21:51

    La triste realidad es que tenemos ausencia total de políticos competentes y en consecuencia de políticas serias para lograr la concordia y la colectividad del país. No se si es costumbre ya, pero la deriva orgánica y territorial del país se debe fundamentalmente a la mala praxis que las instituciones encabezadas por incompetentes mentales, con hipotálamo del pleistoceno, son incapaces de imponer un orden institucional sin el distintivo de guerra o de raza, de lengua o de religión. Y así nos va. Deberíamos empezar por una escuela laica en la que desde el primer contacto con la sociedad no se enseñase solo a sentirse privilegiado por las diferencias culturales sino mas bien sentirse orgulloso conocerlas, compartirlas y respetarlas en todo el ámbito nacional. No es posible la concordia entre los diferentes, si la misma se impone por la fuerza, sin mas. Hay que preparar a la gente para que asuma las bondades de las buenas relaciones dónde todo dios salga reconocido y no al revés como se viene haciendo en las diferentes territorios de España. Vamos, en este caso, para atrás. 

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  • jorgeplaza jorgeplaza 05/05/18 11:34

    Me cae bien el señor Llamazares, pero en esta ocasión no puedo estar más en desacuerdo con su artículo.

    Para empezar: respecto a la repetición de elecciones, lo que parece cada vez más claro es que será inevitable. Ya he argumentado varias veces que Puigdemont es el primer interesado en repetirlas. Veremos si al final, se repiten o no: yo me arriesgo a apostar decididamente por la repetición forzada por el prófugo expresidente y sus incondicionales huestes.

    Y hay que decir también que esa simetría con la que reparte culpas en el asunto de la secesión catalana es absolutamente falsa, porque lo es (y de manera flagrante) la descripción de la postura del Gobierno español: "y para los otros, los del orden perdido de un estado napoleónico garante de la uniformidad nacional española, con Cataluña solo como una de sus grandes regiones". ¿Qué estado napoleónico pretende el Gobierno Rajoy si ni se molesta en hacer cumplir las sentencias condenatorias de la política lingüística catalana? ¿Qué estado napoleónico es uno en el que en la segunda región más poblada --y la tercera más rica-- se permite el lujo de tratar impunemente en la escuela al español, que es el único oficial en toda España según la incumplida Constitución, en pie de igualdad con el chino o el alemán? ¿Un estado napoleónico es uno en el que, por falta de cuarteles o barracones, hay que alojar a las fuerzas del orden en ridículos barcos "Piolines"? Y sobre el 155, lo más cierto que se puede decir es que Rajoy lo aplico a regañadientes, tarde, mal y deseando levantarlo antes de un mes: si no lo ha podido hacer aún ha sido porque los separatistas, en vez de formar un gobierno que no tendría más remedio que aparentar respeto a la Constitución, han preferido seguir su estrategia de provocación, agitación y propaganda.

    Seamos serios, señor Llamazares: para intentar arreglar las cosas es condición necesaria haberlas entendido. O no es ese su caso o tiene usted motivos para decir en este artículo lo contrario de lo que piensa: no sé que es peor.

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  • Grobledam Grobledam 05/05/18 11:32

    Verborrea política de un político que hace tiempo debería haber vuelto a su curro y dejar de escribir artículos llenos de argumentos insustanciales y sin propuestas y soluciones coherentes.
    Su casta y la de los otros habitantes del congreso de los diputados crearon el problema. ¡Que se vayan de una vez! y vengan otros con análisis y propuestas cercanas a lo que de verdad piensan la mayoría de ciudadanos de este estado: los españoles. Parece simple. Es democracia y estado de derecho. Es simple.

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  • Domingo Sanz Domingo Sanz 05/05/18 10:50

    La única salida al conflicto con el independentismo catalán es certificar la Segunda Transición. Me preocupa que también Llamazares pertenezca al grupo de políticos de izquierdas en España, como Sánchez y como Iglesias, que tampoco se atreven a pronunciar la palabra REPÚBLICA con orgullo. Pero también porque ha de ser el objetivo de esta Segunda Transición y, por tanto, la única oportunidad de que la Catalunya más activa y movilizada reconsidere lo de romper con España. Es todo tan evidente, que resultan patéticos los esfuerzos de todos aquellos que no pueden reconocerlo porque están atrapados por sus discursos.

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  • Inocencio XIV Inocencio XIV 05/05/18 10:31

    Corto y bien explicado. La única pega es que se trata de un análisis que en su afán de equidistancia se convierte en simpleza. Queda muy bien esto de sobrevolar y, desde las alturas, discernir con claridad cómo todo el mundo se equivoca mientras la solución es tan sencilla. ¿Por qué no se aplica el mismo análisis para resolver toda cuestión política? ¿Que hay desigualdad? Mejor reparto. ¿Que se retrocede en el ámbito de las libertades civiles? Nada, nada, diálogo. ¿Que las oligarquías tienen podrido al Estado y han encontrado la manera de controlar cada resorte de su maquinaria? Estado social para todos. Y ya está. Tan fácil. Claro, luego puede que te des de frente con la realidad y resulte que encuentres ciertas "resistencias". Pero nada, se le explica al nacionalismo español y las elites extractivas que así no vamos bien y mañana mismo tenemos la Tercera República, super social y super guay. Un plan sencillo. Les explico: algunos pensamos que ese "Estado social para todos" no es posible en España y hemos optado por explorar otra vía, que es la independentista. Pero hay queda, para los que la encuentren viable o no tengan más remedio y no puedan optar por la construcción de un nuevo Estado. Por cierto, ya está bien de querer arrogarse el monopolio del progresismo y de intentar explotar la falsa contradicción entre izquierda-soberanismo porque ambos términos no son excluyentes por mucho que moleste y sirva de cómoda muletilla a los partidarios del federalismo (posición muy respetable, pero no inapelable y mirífica). Hay izquierda en otros lugares, aparte de en España. En casi todo el mundo, de hecho.

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    • Inocencio XIV Inocencio XIV 05/05/18 17:51

      "Pero hay queda"---->"pero ahí queda". ¡Qué bruto!

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  • Sua Sua 05/05/18 10:26

    El Sr Llamazares aparte de hacer su diagnóstico, ¿que receta a los afectados?.
    Creo que se ha hecho tanto daño que la soberbia no permite dar marcha atrás.
    La retirada del 155 podía ser un paso y la anulación de "los supuestos delitos" que pudieran llegar a acometer los presos preventivos, podría enfriar la crispación.
    A partir de allí con un nuevo escenario, tal vez se podría hablar de otro modo y buscar entendimiento que creo necesario para salir del atolladero.
    Estas recetas en mi humilde opinión las tienen que exigir los partidos políticos, sin necesidad de que tengamos que volver a la calle como: jubilados, sanitarios, jueces, mujeres, laskelis, estudiantes, etc etc
    Lo demás Sr. Llamazares son palabras que se oyen pero no se ecuchan

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  • Libertino Libertino 05/05/18 06:12

    Vale, muy bien señor Llamazares, y....? ¿Y que van a hacer los republicanos españoles?¿Y que va a hacer la izquierda española para recuperar el relato de un estado plurinacional que de cabida a todos?¿Y cómo van a impedir que el Llarena de turno siga encarcelando a quien piensa diferente?¿Y cómo van a seducir a miles de jóvenes catalanes que ya no piensan en español, que ya sienten que no tienen nada en común con España y seguirán votando independentista?¿Y ....?

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    • HEREJE HEREJE 05/05/18 16:17

      Buenas preguntas si hubiese buena voluntad. Me recuerda a aquel verso del Mío Cid ¡"Qué buen vasallo si oviesse buen señor"!. Desgraciadamente no hay voluntad ni inteligencia, y seguimos como los dos arrapiezos del cuadro de Goya, pegándonos garrotazos, que es lo que nos va. ¡Que no nos pase ná, señor Libertino!.

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  • CarlosP58 CarlosP58 05/05/18 00:34

    Muchas gracias señor Llamazares por poner muy claro lo que viene pasando en las dos orillas del Ebro, frontera evocadora de tantas cosas en esta España actual.
    Llegar hasta aquí ha sido, en la mejora colectiva de la sociedad española desde la transición, obra de millones. Descarrilar y empantanados por décadas es obra de muy pocos, que agitan lo más complicado de las pasiones humanas.
    Y lo describe usted bien. En esta situación a los tibios no se les premia con el apoyo que necesitan para guiar a una sociedad y por buscar soluciones menos traumáticas que tribunales sin política ni políticos.
    Se prefiere bandera y trinchera antes que palabra y política para desenredar tanto entuerto.Y necesitamos palabra, acuerdos y base social con políticos interesados en solucionar lo que necesita esta sociedad sin esperas.Trabajo en condiciones, vivienda, sanidad, educación y defensa de derechos fundamentales de una sociedad Libre y Democrática.
    Saludos y Periodismo Libre.

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    • svara svara 05/05/18 21:47

      Estimado CarlosP58, de todos los comentarios, este tuyo es el que encuentro mas acertado con  la triste realidad que viene asistiendo la vida política de este país desde eras de reyes absolutistas, dictadores y algún repunte republicano abortado por la connivencia de los primeros. 

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