x

Nos gustaría enviarte las notificaciones para las últimas noticias y novedades

PERMITIR
NO, GRACIAS
X

Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es




Plaza Pública

Pasajes excelsos: escenarios de hostilidad

José Sanroma Aldea
Publicada el 28/05/2018 a las 06:00 Actualizada el 27/05/2018 a las 18:55
Facebook Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios

El discurso de Quim Torra para su investidura fue "brillante, inmejorable, con pasajes excelsos que dan toda la dimensión que requiere el momento excepcional que vive Catalunya". Así lo calificó Carles Puigdemont.

Elogio comprensible. Ese discurso lo proclamaba como el president legítimo. A él, retenido en el país de los románticos alemanes que se movían entre el entusiasmo y la quietud, entre la exaltación y la depresión; tal cual como Puigdemont. Este, en la noche electoral catalana del 21 de diciembre, proclamó que había derrotado al Estado español (en realidad su triunfo fue solo adelantar a ERC). El mismo que, luego, tuiteó su hundimiento a su conseller Comin ("Supongo que tienes claro que esto ha terminado. Los nuestros nos han sacrificado. Al menos a mí"). "Ecce homo", he aquí al hombre que, finalmente, ha logrado del Parlament la investidura como president de un ultracatalán tan racista como Marta Ferrusola, señora de Pujol.

Del sacrificio a la ascensión a los cielos de la ultralegitimidad, mediante el "inmejorable" discurso Torrademont. Pero como ya sabemos, en palabras recientes del president José Montilla: "A veces las declaraciones grandilocuentes con posado épico, lo que esconden es una comedia, una farsa, un esperpento". El heroico personaje impera, pero solo en el pabellón de las máscaras.

En la realidad los " pasajes excelsos" de ese discurso solo han conseguido reabrir caminos a escenarios de hostilidad. No son los bellos y románticos "Camins" de Sopa de Cabra, aunque Puigdemont se recuerde subido al escenario, acompañando al grupo y rasgueando la guitarra.

"No hay dos Cataluñas pero vamos en camino", añadió Montilla. ¿Por qué se ha avanzado en esa mala dirección? Sencillamente porque no se ha conseguido una tregua. La que se derivaba lógicamente de la celebración y resultados de las elecciones catalanas de diciembre de 2017. Las que pusieron punto y final al procès tal y como había sido diseñado en todos sus detalles. Las elecciones legítimas que dieron la victoria, no en votos, sí en escaños, a los partidos independentistas.

Ese resultado no marcaba el punto final de la guerra de leyes, instituciones y autoridades que declaró el Parlament en su resolución 1-XI de 9 de noviembre de 2015. Pero permitía, y en muchos sentidos forzaba, a una tregua. En la que ambas partes tenían algo que ganar. De entrada, frenar la escalada en la estrategia de la tensión cuyo estallido fue evitado por la convocatoria y la celebración de las elecciones en aplicación del 155 de la Constitución. Escalada perjudicial sobre todo para la entera ciudadanía catalana y para la imagen internacional de España. Grave deterioro en momentos en que una España renovada, integradora, podría tener un protagonismo muy positivo.

Los partidos independentistas podían aprovechar su triunfo en escaños para gobernar la legislatura, obligadamente dentro del marco estatutario y constitucional; hubieran podido ganar un tiempo precioso para replantearse la estrategia seguida, que, por su unilateralidad, estaba y sigue estando abocada a la derrota; y para redefinir una estrategia que ahora no tienen o, al menos, no comparten.

Los cuatro grandes partidos de ámbito nacional estatal y con representación en Cataluña podían ganar también margen para debatir las políticas de reforma institucional (incluida la reforma constitucional) y, en todo caso, evitar que la situación catalana se convierta en un agujero negro. Ese cuya fuerza gravitatoria hace difícil que cualquier otro asunto de gran importancia se abra paso en la agenda pública, y, sobre todo, que la agenda social gane la importancia que merece.

Frustrada la tregua, Puigdemont se pinta exultante. Su imposibilitada reelección la compensa con la investidura de Torra, su ungido. Tiene gratis total, a su favor, la aureola mártir de la prolongación, cuestionable y cuestionada, de encarcelamientos decididos por el poder judicial. Tiene el combustible que le da alguna victoria en sede judicial en procesos legales que serán complejos y muchos (no es sólo Rajoy quien tiene interés en judicializar la política) .

Pero con todo eso, y aún en la fase de entusiasmo, Puigdemont no tiene fuerza para hacer pasar al independentismo a la ofensiva por mucho que se lo pida la CUP. Sólo la tiene para afirmar su hegemonía en el independentismo echado al monte. En las ya no tan compactas filas independentistas, Puigdemont ha ganado la partida a ERC, con el apoyo de la CUP (esta más consecuente con sus análisis y con sus palabras que el histórico partido). Ahora, desde la comodidad de la huida, tiene a su alcance intentar manejar la convocatoria de nuevas elecciones, a la pura conveniencia de su proyectado Movimiento Nacional del 1-O con el que la derecha catalana puede seguir comiéndole terreno a la izquierda. ERC paga su culpa, pues no parece que haya hecho nada para imponer a Puigdemont la aceptación de la tregua y el "gobierno efectivo" por el que tantas veces, desde las elecciones, había abogado de palabra. Finalmente se ha tragado el sapo, embellecido con frases excelsas, del gobierno de "restitución" que invocó Torra en su investidura.

Ahora bien, el fracaso que supone, para Cataluña y para España, no haber conseguido llegar a una tregua, no es atribuible solo al independentismo, al activismo de Puigdemont y a la pasividad de ERC. También es atribuible al gobierno de Rajoy. ¿Ha hecho algo para facilitar que se abriera paso una tregua efectiva?

Puede suponerse que poco, por varios factores. Por haber fiado su suerte, sobre todo, a la judicialización de la política; y ya estamos viendo los traspiés y los límites que esa procelosa vía tiene. Porque su atonía política es la otra cara de una política antigua en el PP que instrumentaliza la cuestión catalana para sus rentas electorales fuera de Cataluña. Por su encono (en defensa propia) frente a cualquier propuesta de relegitimación de la devaluada democracia española. Pero esta vez le han venido juntos crimen y castigo: en la carrera del nacional-derechismo, Ciudadanos le está ganando la carrera electoral. Lo que más les duele.

¿Qué va a pasar? ¿Qué hacer ahora? El talento político tiene tarea por delante ante la reanudación de la guerra de leyes, de instituciones, de autoridades. Esperemos que haya más despliegue de talento y afán de diálogo que de banderas, trampas y lazos. Pero en la espera, hay una actitud cuya firmeza resulta imprescindible ante los reabiertos escenarios de hostilidad: oponerse a que la ciudadanía catalana (partida políticamente, amenazada de fractura social) sea convertida en dos ejércitos en lucha. Lo contrario conlleva el riesgo de exportar el enfrentamiento también para la reaparición de las dos Españas.

Desde este lado a favor de la unidad de España, a favor de la unidad de Cataluña, evoco a Philip Roth, que falleció hace unos días. Mi memoria le asocia como autor a esta sentenciosa frase: "Hay una forma de ganar la guerra de Vietnam, bombardear no con napalm sino con alimentos".

Decir que Cataluña no es Vietnam es una evidencia simple. Aunque no son pocos, en las filas independentistas, los que afirman que está ocupada militarmente por el imperialismo borbónico español desde 1714. Exceso parejo a propalar la "crisis humanitaria" que vive Cataluña. Una muestra de que las razones torrademontistas solo pueden ganar fuerza si, desde enfrente, se vuelve a la fatal idea de "escarmentar a los catalanes" y "bombardear Barcelona".

En fin: España y Cataluña necesitan ser bombardeadas con iniciativas políticas democráticas. La bomba de la moción de censura frente a Rajoy y su gobierno ha sido lanzada. Nos ha sacado del agujero negro. El debate global se ha abierto. Está por conseguir, invoco a Antonio Machado, que la fuerza del retroceso no sea mayor que la del disparo democrático.
Más contenidos sobre este tema




Hazte socio de infolibre

4 Comentarios
  • @tierry_precioso @tierry_precioso 29/05/18 09:54

    Articulo muy interesante.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • kalikatos kalikatos 28/05/18 11:21

    Camarada Inchausti, Me gustaría que hubieses comentado,  que parte de culpa hay,  por los leales partidos "contitucionalistas", que me parece que alguno ha estado viendo pasar los enfrentamiento, y se ha posicionado con el nacionalismo centralista,  y sigue apoyando el " gamberrismo" institucional,  como es el negarse a Publicar oficialmente el gobierno de salido desde las urnas. 

    Responder

    Denunciar comentario

    12

    3

  • Antonio Basanta Antonio Basanta 28/05/18 10:42

    Muy buen articulo. Solo añadir la similitud del nuevo Movimiento Nacional 1 de Octubre del señor Puigdemont y Colominas con la dictadura franquista. Hasta sus nombre son iguales: Movimiento Nacional como el franquista y 1 de Octubre (año de exaltación a la Jefatura del Estado de Francisco Franco como proclamaban los franquistas) y 1-O secesionistas (dia que hicieron una farsa de referendum , ilegal e inmoral, a la que se sometió (como dijeron sus propios observadores comprados) al mayor fraude o pucherazo electoral de Europa tras las guerras mundiales comparables a los referendums franquistas, nazis o chavistas. Antes teniamos Hospitales 1 de OCtubre, plazas 1 de Octubre en honor a Franco, que nos imponían los franquistas y ahora quieren poner (como Franco) el nombre de 1-O a plazas y hospitales en Cataluña. Como dos gotas de agua: Los franquistas y los nacionalsecesionistas

    Responder

    Denunciar comentario

    5

    11

  • Pelias Pelias 28/05/18 08:31

    Opinión y valoración sesuda. Gracias, Sanroma. Desvelas con claridad los nefastos entresijos y redes en los que Puigdemonts y Torra han hecho caer a parte de la población de ese territorio y, asimismo la incapaz y equivocada actitud de M. Rajoy y su partido ante la provocación independentista. No dices nada de la propuesta de Podemos, pero ... Gracias de nuevo. 

    Responder

    Denunciar comentario

    3

    10

Lo más...
 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.