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Plaza Pública

Políticos y Universidad

Joaquín González Cuenca
Publicada el 21/09/2018 a las 06:00 Actualizada el 20/09/2018 a las 19:43
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Llevamos una temporada en que las televisiones, y los medios en general, echan humo con las noticias de tres tifones: el de Filipinas, el del Sudeste americano… y el nuestro. Cuando hablo del nuestro no me refiero a las inundaciones otoñales que castigan campos y pueblos; me refiero a la Universidad. Este baile de grados, créditos, másteres y tesis doctorales de políticos están sacando a la luz las miserias de una institución venerable que creíamos un oasis de paz, de trabajo, de inteligencia creadora y resulta ser una cloaca. Lo peor es que se intente dar la impresión de que se trata de cuatro casos contados cuando la realidad es que estos “cuatro casos” son sólo un síntoma de que el mal es muy grave. Bienvenidos sean estos “cuatro casos” si sirven de alarma para que la sociedad tome conciencia de que la Universidad hace tiempo que está herida de muerte.

La Universidad es una institución de origen medieval que no ha sabido librarse de las lacras que arrastra desde su fundación. Concebida teóricamente como un puente entre el pueblo y los saberes, en la práctica siempre ha padecido un cúmulo de malformaciones que la han convertido en un vertedero de intereses que la desfiguran hasta llegar al estado de postración en que se encuentra. Y no será por falta de intentos de regeneración. Todo lo contrario. Precisamente esta continua intromisión de “técnicos” reformadores, más bien arbitristas, es una de las causas de su mal funcionamiento.

Hace muchos años (¡siglos!) Alfonso X el Sabio lo tenía muy claro: para él universidad es el “ayuntamiento de maestro e de escolares que es fecho en algunt lugar con voluntad e entendimiento de aprender los saberes”. ¿Qué tiene que ver tal nobleza de miras con la innoble fábrica de títulos en que se ha convertido? Pervertida por una praxis estragada, un cúmulo de intereses bastardos y una legislación caótica, no es de extrañar que propicie casos como los que estamos presenciando.

Reformas ha habido muchas. La Universidad es un campo abonado para que los políticos, profesionales del escamoteo y el rifirrafe, y los pedagogos, expertos en lucubraciones y entelequias, se ganen la vida a costa de ella. Para no divagar, vamos a renunciar a hacer historia del reformismo. Descansen en paz don Claudio Moyano, don Fernando de los Ríos, don Manuel Lora Tamayo, don José Luis Villar y toda la saga que ocupó despacho en el controvertido Ministerio de Educación. La revolución, la auténtica revolución, llegó en 1983 con el felipismo y su LRU, parto de José María Maravall y su sombra, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Maravall traía la experiencia de las universidades americanas. Se creyó que Lavapiés o el Ensanche eran la Quinta Avenida y diseñó la Universidad española a la medida de Columbia, Stanford o el MIT. Craso error. Ni sus bibliotecas y laboratorios eran los nuestros, ni tampoco sus presupuestos se parecían en nada. Y, lo que es peor, el puritanismo americano nada tenía que ver con nuestra picaresca y su política no era tan aficionada a meter la mano en el aula como lo es nuestra clase (casta) política. La reforma de Maravall-Rubalcaba en realidad produjo efectos devastadores. Añádase a esto el posterior toque europeo del Plan Bolonia y el resultado no puede ser más demoledor. Si para Valle-Inclán la realidad española es una desfiguración esperpéntica de la europea, la universidad española es el máximo esperpento de una universidad. Así nos va. A ver si el nuevo ministro astronauta trae la solución con la ayuda de algún grupo alienígena con el que haya coincidido en los espacios siderales.

Todo se mimetizó y degradó. Al calorcito de las autonomías, las universidades proliferaron como hongos hasta los límites del ridículo, con riesgo de depauperación, sobre todo mental. A las autonomías territoriales añádase la autonomía universitaria y la mezcla es explosiva. Los cargos se multiplicaron por mil. Los rectores actuaron como vulgares caciques. Los departamentos, la gran novedad, pronto se desnaturalizaron, convertidos en garitos y burdeles, con su chulo incluido. La selección del profesorado, por huir de las veleidades de los antiguos catedráticos, fue pasto de la manipulación. Se arbitraron titulaciones inútiles o pintorescas. Los planes de estudios se empezaron a hacer a la medida de los intereses de un profesorado advenedizo e incompetente. Las tesis, ¡ay las tesis!, ¡cuánto camelo!, ¡cuánto papel malgastado! Las antiguas oposiciones se convirtieron en auténticas meriendas de negros (con perdón de los negros), por más que se disfrazaran de comisiones evaluadoras, integradas en un alto tanto por ciento por tribunales de amigos y clientes, que hacían el paripé de unos ejercicios irrelevantes y sin auténtico control. La comunidad universitaria sabe muy bien lo que pasa, pero nadie levanta la voz.

Por si fuera poco, se puso en marcha ese engendro llamado ANECA, oficina de control de la calidad… (¡ojo!, controlada por los prebostes del Ministerio). Es quizá la covachuela más siniestra de todo este artilugio. Se presenta como el muro de contención y el instrumento de una justicia implacable cuando en realidad es el reflejo de todo este marasmo. Habría que ver cómo son elegidos los miembros de ese misterioso tribunal y con qué criterios actúan sus componentes. Por si sirve de ejemplo, da que pensar que se priorice el desempeño de un cargo académico sobre la publicación de un libro.

Esto pudiera parecer un ejercicio de exageración y masoquismo y es claro que no se debe generalizar. Antes de Maravall y después de Maravall hay en la Universidad gente admirable, profesionales rigurosos que hacen del ejercicio universitario un deber casi religioso. Están en el aula, en el laboratorio y en la biblioteca al servicio de los alumnos y de la disciplina de la que son responsables, con un sentido del deber y la rectitud de los que pocos profesionales pueden alardear. Son, sin duda, el honor de la clase universitaria. No puede saberse si son pocos o muchos, pero ahí están. Muchos no deben de ser, porque el sistema es perverso y patrocina otro tipo de profesor.

A la vista de panorama tan deprimente como el expuesto ¿a qué viene ahora rasgarse las vestiduras ante este baile de créditos, grados, másteres y tesis doctorales que, en el fondo, no son más que el chocolate del loro? Parece mentira que a estas alturas llamen la atención los modales de muchos políticos que, como es sabido, no se sonrojan cuando confiesan hacer del pragmatismo el primer principio de su actuación profesional. Que no nos vengan con cuentos de servir a unos ideales al servicio del pueblo. Cuando dejan el cargo o se hunden o es para disfrutar de sustanciosas sinecuras. Si la universidad ya está de por sí suficientemente contaminada, ahora vienen los políticos a añadir contaminación. De un país de avispados y madrugadores ¿qué se puede esperar?

En este asunto lo realmente preocupante no es tanto la presencia de unas irregularidades de tres al cuarto, sino el estado lastimoso de una institución como la universitaria, que se quiere presentar como respetable y modélica y no lo es.
______________________

Joaquín González Cuenca, filólogo y catedrático de Literatura Española, ha sido profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, en la Universidad de León y en la de Castilla-La Mancha.
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22 Comentarios
  • platanito platanito 25/09/18 07:31

    La Wiki me ilustra que don Joaquín (sahagunés sahagunero) es un ínclito medievalista, hijo de la villa del camino francés que también vio nacer a nuestro director editorial.
    Especialista en Cervantes (por lo que supongo emigró de la Castilla vieja a la nueva) tiene un premio de la RAE por su edición crítica del Cancionero General de Hernando del Castillo, el que vio la luz por los años permisivos de La Celestina, y que en ediciones posteriores mas gazmoñas, fue expurgado de las canciones de burlas provocantes a risa.

    Yo solo conocí la universidad madrileña como alumno y dos años de contratado asistente de prácticas de laboratorio y gocé de las enseñanzas de un profesor al que motejábamos "el Porro", del que se decía que había obtenido su cátedra por ciertos servicios turbios durante la guerra. En confidencia, no estoy muy gozoso de mi paso por allí. También oí cosas poco edificantes de la selección de investigadores, controlado por el Opus, en el CSIC, y como aún no había tomado auge el desarrollismo posterior, busqué por los consulados sudamericanos un posible empleo. Me imagino que de haber prosperado el intento, hoy montaría caballo y llevaría pistola.
    De le revolución maragalliana alguna anécdota me contaron los hijos en su paso por la docta casa.
    Y del tema Bolonia creo ya haberme explayado estos últimos días.
    De endogamias he tenido algún ejemplo notable en el vecindario.
    Así que, en conclusión, la pesimista música que nos trae este veterano profesor del reino de León, me suena a algo sospechado. Y se me iba la mano al déjà vu gabacho.
    Y , por supuestísimo, todo lo anterior mejorando lo presente, que no pretendo meter a todos en el mismo saco.
    En todo caso, como dice el Sr Maraña, aunque no hubiese resonado con lo que dice, me agrada que lo haya podido publicar en nuestro digital y tal y tal. Feliz tercer día otoñal.

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  • Juanjo Seoane Juanjo Seoane 22/09/18 14:21

    Es necesario hablar y debatir. Lo que interesa es el grafo de corrupción ética de concretos alumnos y de concretos profesores. Su los alumnos, además, quieren gobernar debemos conocer sus miserias

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  • tonyga tonyga 22/09/18 09:40

    El que aqui escribe lo hace con conocimiento de causa. Pertenezco a una universidad española en un area en el que esta entre la 50 y la 75 del mundo segun el ranking de shangai. Despues de una vida dedicada a la universidad y la investigacion (6 sexenios) y de haber vivido y trabajado en universidades de distintos paises y continentes puedo decir que disiento de la descripcion de la univ. española como una cloaca. En mi campo cientifico la universidad (no solo la mia) tiene un nivel comparable a los paises europeos. Las tesis vienen avaladas por publicaciones internacionales en revistas indexadas. Exactamente igual que en Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos, Japon, etc. Los casos de la prensa son precisamente el resultado de la ingerencia politica y estan restringidos a lugares y areas en el que los politicos pueden actuar. Por supuesto que la Universidad es mejorable, (la ANECA un horror burocratico, etc) y deberia haber un pacto de estado para mejorarla. Crearia una comision de universitarios prestigiosos y conocedores de primera mano de los sistemas universitarios de otros paises y les pediria que elaboraran una propuesta de mejora. Parece facil, pero es una utopia.

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    • jorgeplaza jorgeplaza 22/09/18 16:14

      De acuerdo, pero es injerencia con jota.

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  • Grever Grever 21/09/18 14:06

    Encantado de leerle D. Joaquín. ¿Hasta qué punto la Universidad que usted describe no es sino el reflejo de la sociedad que la mantiene?

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  • AMP AMP 21/09/18 11:55

    ¡Qué descripción más realista!
    ¿Hará algo el amigo Duque?, porque ya debería estar en todos los medios su nombre tomando decisiones para limpiar este estercolero, uno más.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 21/09/18 10:10

    Perdí el contacto directo con la Universidad cuando dejé a medias hace ya muchos años, porque aquello no iba y yo cumplía añitos, una tesis sobre estructura nuclear, pero conservo bastantes buenos amigos profesores de universidad y la impresión que me transmiten no acaba de coincidir con el panorama desolador y tremendo que pinta el artículo. Es solo una impresión, lo admito, pero no encaja con lo que más arriba se dice. Me pregunto si es porque mis amigos son científicos en sentido estricto (físicos) y la impepinable objetividad de su ciencia confiere cierta inmunidad a la disciplina. De lo que no me cabe ninguna duda es de que, salvo para los cuatro prodigios que no necesitan que se les enseñe porque parecen venir preprogramados de fábrica, el único sitio decente para aprender disciplinas científicas (física, matemáticas o lo que antes se llamaban con toda razón ciencias naturales) sigue siendo la universidad. Véanse si no los historiales de los premios Nobel de las disciplinas respectivas y se verá que todos se formaron en la universidad y muchos de ellos en centros de gran prestigio. Y, ojo, lo que me dicen mis amigos es que no hay una gran diferencia, si hay alguna, entre la formación de un graduado o incluso un doctor de una universidad española y las mejores extranjeras (Oxbridge, MIT, Harvard y otras por el estilo): nuestros titulados en física (y también los de ingeniería, cosa que sé por mis propios hijos), al menos los de las universidades españolas más conocidas, no desentonan cuando están en universidades extranjeras. Otra cosa es el presupuesto de investigación o, en general, para educación y ciencia que asignen nuestros queridos gobiernos.

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  • itnas itnas 21/09/18 09:49

    Me sorprende su reflexión y le digo la razón. P. Lockhart (Lockhart's Lament, 2002) es un profesor de matemática en una escuela de educación infantil de Brooklyn (N. York) que procede de UCLA, Columbia y alguna otra universidad. ¿Por qué ese aparentemente incoherente paso de ir de la enseñanza superior a la básica? Pues porque llegó a la conclusión de que la matemática era enseñada torpe y erróneamente en la universidad y no quería contribuir en tal desastre. De aquí que, a no ser que Ud. sea un miembro convencidísimo de los que denomina 'honor de la clase universitaria', y a la vista del desgarrador retrato que hace de la universidad (subrayo 'la' universidad vs 'una' universidad), no entiendo la razón por la que no ha tenido problema alguno en pasar por las de Madrid, León y Castilla-La Mancha. Que Ud. lleva razón en gran parte de su reflexión, no lo pongo en duda. Lo que sigo sin entender es cómo ha dejado de mencionar que la universidad no es sino un reflejo de la sociedad en la que habita (nada que ver con oasis sociales) y, sobre todo, no nos informa sobre el grupo de trabajo en el que bien pudiera estar Ud. tratando de dar solución a este desastre absoluto (según Ud.) que es la universidad española. Mire profesor González Cuenca, la denuncia está bien, es el paso imprescindible previo, pero lo que algunos echamos en falta son propuestas para tratar de dar solución a este desaguisado. Creo que la Universidad lo merece porque así lo merece la sociedad que la acoge. Y para empezar, no estaría mal anunciar al público que en la universidad española existen no pocos profesionales que publican en revistas científicas del más alto nivel internacional; lo digo para introducir una nota de optimismo que contrapese la genuina perversidad, según algunos, del sistema universitario.

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  • luzin luzin 21/09/18 09:46

    Magnífico artículo .. valiente ante tanto trincón, lameculo y equidistante ... bravo!!!!

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  • jmateosf jmateosf 21/09/18 07:09

    Muchas gracias señor González Cuenca, muy bien explicado. Pensé que nadie se atrevería a contar "La parte escondida del iceberg" (por cierto, libro de Maxim Huerta). Me encanta lo de "merienda de negros" porque fui un "negro", ya sabe, un Tempo Parcial, me apasionaba la docencia, pero con la crisis nos echaron.  Casi se me saltan las lágrimas al finalizar su artículo , viví en mis carnes la transición créditos,grados, másteres y tesis doctorales, viendo cómo gente de mi generación apenas sin estudiar y aprovechando las "variantes legales" con 5 años menos de estudio se podía plantar en hacer una tesis .  Yo para llegar ahí estudié ingeniería técnica  informática + proyecto , 4 y 5 de la superior + proyecto, para el doctorado:  un año de docencia,  otro de investigación y después la "tesina", pero llegaron lo másteres y el MUI.  me decepcioné y lo dejé. Enormemente agradecido a usted por contar gran parte de la verdad.

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  • jmateosf jmateosf 21/09/18 07:09

    Muchas gracias señor González Cuenca, muy bien explicado. Pensé que nadie se atrevería a contar "La parte escondida del iceberg" (por cierto, libro de Maxim Huerta). Me encanta lo de "merienda de negros" porque fui un "negro", ya sabe, un Tempo Parcial, me apasionaba la docencia, pero con la crisis nos echaron.  Casi se me saltan las lágrimas al finalizar su artículo , viví en mis carnes la transición créditos,grados, másteres y tesis doctorales, viendo cómo gente de mi generación apenas sin estudiar y aprovechando las "variantes legales" con 5 años menos de estudio se podía plantar en hacer una tesis .  Yo para llegar ahí estudié ingeniería técnica  informática + proyecto , 4 y 5 de la superior + proyecto, para el doctorado:  un año de docencia,  otro de investigación y después la "tesina", pero llegaron lo másteres y el MUI.  me decepcioné y lo dejé. Enormemente agradecido a usted por contar gran parte de la verdad.

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