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Plaza Pública

Sociedad laica, escuela segregadora

Teresa García Azcárate | Maria Dolores González Cantos
Publicada el 16/04/2019 a las 06:00 Actualizada el 15/04/2019 a las 20:09
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Vivimos en una sociedad laica. En el trabajo, con los vecinos, nadie sabe, nadie pregunta, si eres creyente, si vas a misa, si eres agnóstico, ateo, judío o pastafarista. Todos entendemos que lo que creemos pertenece a nuestro ámbito más íntimo, privado. Salimos a desayunar, tomamos cervezas con los compañeros, y nadie hace diferencias. Excepto en la escuela.

Cuando vas a matricular a tu hijo o hija en el colegio, tienes que retratarte: religión católica, musulmana, judía, o valores. Ya a tu hijo o hija, le han puesto la etiqueta. A partir de ese momento, desde los tres años, cuando toque la clase de religión, será segregado. Sin que entienda por qué, lo sacarán de la clase y lo llevarán, en el mejor de los casos, a otra aula con dos o tres "diferentes" como él; en el caso más frecuente, a la biblioteca, al aula de profesores o al pasillo. No es de extrañar que, a pesar de que en la España de hoy, hay más matrimonios civiles que religiosos, un 25% de la población se declara no creyente o profesa otra religión, y sólo el 35% de los católicos se declara practicante, muchos padres prefieran matricular a sus pequeños en religión para no "señalarlo".

Hay que ser muy valiente y muy íntegro, como Juanma, ese padre heroico del Colegio Giner de los Ríos, en Mairena del Aljarafe, para hacer frente a las presiones de la dirección del colegio y, lamentablemente, las de otros padres y madres, y mantenerse firme en la defensa del derecho a la libertad de conciencia de su hijo de 5 años. Cada vez son más esos padres y esas madres valientes, que denuncian ante la inspección educativa la organización en los centros escolares públicos de actividades religiosas que invaden el espacio común y el horario de otras asignaturas. Las más invasivas, las procesiones de Semana Santa que, no sólo ocupan toda la jornada lectiva, sino muchas horas previas de la clase de música o de plástica. La jerarquía católica sabe muy bien lo que se juega con su presencia en las escuelas. Es el único ámbito ya en el que puede llegar a todos y todas para atraerlos a su rebaño. El profesorado de religión, nombrado por el Arzobispado y pagado por todos nosotros, está organizado en una Asociación en la que se planea e intercambian consejos sobre cómo hacer más atractiva su asignatura. En muchos centros son los más activos y los más dispuestos siempre a la organización de actividades extraescolares, excursiones y salidas del centro.

Al interés de la jerarquía por mantener su influencia sobre los futuros ciudadanos y ciudadanas, se une la defensa de su puesto de trabajo. Por eso, lejos de reflejar la secularización de la sociedad, su carácter irreversiblemente laico, la Escuela Pública parece caminar hacia atrás. Cada vez más procesiones, belenes vivientes, exposiciones de pasos de Semana Santa... Esa contradicción entre la evolución de la sociedad y la agresividad de la jerarquía católica en el ámbito donde se juega su futuro, la escuela –la concertada, que defiende con uñas y dientes y también la pública–, inevitablemente conduce al conflicto.

Porque muchos padres y madres eligen la escuela pública por ser pública y no religiosa, y se encuentran con que a su hijo o hija, lo segregan, le hacen sentirse diferente, "raro" y les ponen a ellos ante la tesitura de plegarse a "la mayoría", renunciando a sus convicciones o ser héroes. Por eso, desde Sevilla Laica, como parte de Andalucía Laica y Europa Laica, defendemos que la religión debe enseñarse fuera de la escuela: en las parroquias, las mezquitas o las sinagogas. Porque, de acuerdo con nuestra Constitución, todos somos iguales, ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho, creamos lo que creamos.

Y la escuela pública, demasiadas veces, nos hace sentir ciudadanos de segunda y, eso sí que no lo soportamos, se lo hace sentir a nuestros hijos e hijas. Así que, mientras no consigamos nuestro objetivo esencial de sacar a la religión de la escuela, por favor, autoridades educativas, no permitan que la asignatura de religión salga de sus límites, porque tendrán conflicto. No porque Sevilla Laica lo promueva, sino porque cada vez hay más padres y madres valientes dispuestos a defender sus principios.
__________________

Teresa García Azcárate es coordinadora de Sevilla Laica y María Dolores González Cantos, vocal de Escuela Pública de Sevilla Laica
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5 Comentarios
  • pantera pantera 17/04/19 13:39

    Constato que eso es lo que ocurre en la escuela pública: muchos siguen en las clases de Religión Católica para “no señalarse”, para no tener que dar explicaciones ante vecinos y familia, para seguir la costumbre, porque “tampoco hace mal a nadie”. Estos son los argumentos que ponen. También están los que son creyentes y practicantes; uno, dos o tres que pertenecen a otra religión y uno que abiertamente no sigue ninguna religión (y no en todas las aulas). Esta es la experiencia que he visto por los colegios que he pasado.
    Los que no siguen religión católica salen del aula durante esas sesiones a otras aulas o a la biblioteca. 

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  • Fernandos Fernandos 16/04/19 15:55

    Bravo, maravilloso artículo, y verdaderamente definitorio de la realidad social y educativa de nuestro país, hay que ser héroes o nos machacan.

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  • Ayla* Ayla* 16/04/19 11:24

    Tenemos que ser consecuentes con nuestros pensamientos y no "ceder" y apuntar a nuestras hijas e hijos a religión por el qué dirán.
    Yo a los míos ni bautizo (ya decidirán si les atrae alguna religión) ni religión en el aula, a pesar de ser tres los niños que daban "ética" (disyuntiva que nunca he entendido, o tienes creencias religiosas o ética).
    Ese es el problema de este país. Además de denunciarlo, porque es una vergüenza, hay que actuar.

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  • Molinera Molinera 16/04/19 00:43

    Pues si señores así estamos todavía en este país supuestamente democrático y aconfesional.
    Hace falta más compromiso y menos apariencia, más coherencia, más hechos y menos palabrería .

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  • Pepa Enciso Pepa Enciso 15/04/19 23:30

    Mi hijo tiene 35 años, fue a la escuela pública y era de los que sacaban de clase para llevarlos a la biblioteca, porque en su clase se impartía la religión. Deberían haber sido los que necesitaban enseñanza religiosa los que tenían que haber salido de clase, porque se suponia que la enseñanza pública era laica. 30 más tarde seguimos con los mismos problemas y no parece que los políticos tengan mucho interés en terminar con este problema. La religión católica sigue siendo "la verdadera" y la única que no se va a sacar de la escuela

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