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Plaza Pública

El islam y nuestros prejuicios

Francisco Martínez Hoyos
Publicada el 07/07/2019 a las 06:00 Actualizada el 06/07/2019 a las 16:26
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Las problemáticas identitarias son un polvorín que amenaza con estallar. El debate se mezcla con cuestiones emocionales que tiñen las palabras de significados que no les son propios. Hay, por ejemplo, quien interpreta “moro” como un insulto. Lo es, siempre que el término se utilice con voluntad de agredir. Pero, por si misma, esta denominación solo expresa una procedencia geográfica: viene del latín mauri y se refiere a los habitantes de la antigua Mauritania, un territorio que abarcaba lo que hoy corresponde a Marruecos y Argelia. Por tanto, si somos estrictos, “moro” no es sinónimo de musulmán puesto que en la Antigüedad clásica el islam ni siquiera existía. Tampoco es equivalente a árabe puesto que alude a unos componentes geográficos y étnicos que nada tienen que ver con la península arábiga. Eso no impide, por desgracia, que en el lenguaje coloquial se hable de “moros” en un sentido descomunalmente amplio.

La terminología poco precisa ayuda a desconocer al Otro. El mismo término de “otro”, en función de una diferencia religiosa, llama a engaño. Eso es así porque los millones de musulmanes establecidos en el viejo continente son europeos, no extranjeros. Pero este hecho tan sencillo no impide que los partidos populistas de ultraderecha construyan un discurso de odio, basado en la estigmatización de una minoría y una utilización más que selectiva de la memoria histórica. Los que recuerdan Lepanto con una falsa nostalgia, puesto que ellos no estuvieron allí, olvidan que la relación entre cristianos y musulmanes ha sido, a lo largo de los siglos, tanto de hostilidad como de colaboración. Olvidan también los mutuos préstamos culturales, como si lo que ellos llaman “civilización” fuera una fortaleza cerrada a cal y canto, impermeable a la contaminación de los supuestos bárbaros que esperan para degollarnos. La realidad, como siempre, nada tiene que ver con las caricaturas.

¿Podemos seguir representando a una parte de nuestros conciudadanos como ajenos a nuestro mundo? En Gran Bretaña, Sadiq Khan, hijo de una familia de inmigrantes pakistaníes, es el alcalde de Londres. Su caso, que no es único —en Rotterdam encontramos a Ahmed Aboutaleb, de origen marroquí, al frente de la ciudad—, evidencia la realidad de una Europa plural.

Al igual que los cristianos no forman un grupo monolítico, los musulmanes tampoco se distinguen por su homogeneidad. Constituyen, por el contrario, grupos de diversas sensibilidades que no responden a una única manera de interpretar El Corán. O de no interpretarlo, puesto que la secularización también opera sobre este segmento de población. Suponer que los ciudadanos procedentes de países musulmanes son todos creyentes y practicantes solo distorsiona nuestra visión de las cosas, con una confusión entre pertenencia nacional y pertenencia religiosa.

La situación de la mujer se ha convertido en un arma arrojadiza contra el islam, con el resultado de que las discriminaciones de género occidentales quedan relegadas a la penumbra. De forma trágicamente paradójica, nuestros países pueden acabar convirtiéndose en agentes de la subordinación de las musulmanas, no en sus liberadores. Este es el efecto que provocó, en España, la Ley de Extranjería. Si una inmigrante deseaba un permiso de residencia propio, que no fuera el de su marido, se veía obligada a demostrar cinco años de convivencia conyugal, denunciar ser víctima de violencia doméstica o acreditar medios de vida suficiente. La exigencia de estos requisitos, en la práctica, no hacían más que reforzar su dependencia respecto al esposo.

Es fácil ridiculizar a cristianos y musulmanes por las barbaridades que se han perpetrado en nombre de sus credos. Se suele olvidar interesadamente que las ideologías laicas también han practicado la violencia a gran escala con el mayor de los entusiasmos. En realidad, las religiones políticas no son tan distintas en lo bueno y en lo malo de las religiones tradicionales. Es cierto, por ejemplo, que los cruzados son unos personajes poco simpáticos para la mentalidad actual, como símbolo de fanatismo y represión. Ningún demócrata estaría de acuerdo con Bernardo de Claraval cuando aseguraba que, para los soldados de Cristo, morir o matar por su fe no constituía un crimen: “La muerte del pagano es una gran gloria para el cristiano, pues por ella Cristo es glorificado”. Lo curioso es que esta frase guarda una paradójica semejanza con otra de un ateo ilustre, Jean-Paul Sartre. El filósofo galo, en su prólogo a Los condenados de la Tierra, de Frantz Fanon, estaba convencido de que las luchas anticoloniales justificaban determinados medios. Matar a un europeo era matar dos pájaros de una sola vez: “suprimir a la vez a un opresor y a un oprimido”.

Una famosa canción pedía una cosa muy sencilla “Contamíname”. El problema es el fundamentalismo de la identidad, presente tanto en romanos como en cartagineses. Lo propio, por el hecho de ser nuestro, es bueno. Lo ajeno, en el mejor de los casos, inspira desconfianza. En el peor, todo lo exterior se convierte en una amenaza con la que se justifica la mentalidad de búnker y la represión de cualquier forma de disidencia. Para el fundamentalista islámico, la naturaleza opresiva de la civilización occidental no constituye un apriorismo ideológico sino un dato empírico, tan claro como que el sol alumbra. Según el conocido ulema egipcio, Yusuf al-Qaradawi, los “cruzados”, ya sean protestantes o católicos, procuran minar los cimentos de la sociedad islámica con la introducción de elementos ajenos como el capitalismo, el socialismo, el laicismo o el exhibicionismo de las mujeres.

Este tipo de discurso viene a ser una versión en negativo del que exhibe, por ejemplo, la derecha cristiana en Estados Unidos, los apóstoles del laicismo radical o los partidarios del Estado de Israel.

Imaginar que el islam, per se, se opone a la modernidad, resulta como mínimo problemático, entre otros motivos porque no existe un único camino hacia esa modernidad. Dentro del mundo islámico, que no islamista, los “nuevos pensadores” de los que habla Rachid Benzine han pensado su fe a partir de las aportaciones de las ciencias. Han comprendido que su religión, como cualquier otra, no es una esencia inmutable sino un fenómeno histórico. Pero, mientras tanto, los occidentales, con torpeza infinita, no los visibilizan a ellos sino a los fundamentalistas. Se rasgan las vestiduras ante las expresiones más brutales de intolerancia pero después apoyan a los talibanes contra la Unión Soviética o negocian con Arabia Saudí porque les interesa el petróleo. A los musulmanes, por todo ello, no les falta razón cuando se quejan de que se utiliza con ellos una vara de medir distinta a la que se emplea con los demás.
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Francisco Martínez Hoyos es doctor en Historia.
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6 Comentarios
  • Deimos Deimos 09/07/19 14:09

    Como ya no nos escucha nadie y me siento aludido por un comentario mío anterior, le diré que se perfectamente que el gentilicio “moro” se aplica a los habitantes de Mauritania, pero seguro que usted habrá llamado latinos a los hispanoamericanos y que se sepa no proceden de Lazio.
    Lamenta que “la situación de la mujer se ha convertido en un arma arrojadiza contra el Islam”. ¿Y qué esperaba? ¿Que nos autocensuremos? ¿Que nos censuren otros por decir obviedades?
    ¿Qué es la “falsa nostalgia” de Lepanto? ¿Existe una falsa nostalgia del desembarco de Normandía? ¿De la toma de la Bastilla? ¿De las Termópilas? ¿Hubiera preferido usted que se hubiera dejado a esos pobres “angelitos” conquistar a sus anchas el Mediterráneo?
    Debería, como historiador, limitarse a narrar los hechos y dejar de “interpretarlos”

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  • Medina Medina 09/07/19 11:55

    El autor es muy libre de reconocer sus prejuicios. Ahora bien... endiñárselos al resto de los ciudadanos... ¿occidentales? ¿de Europa y EEUU? Eso ya no lo acepto. Sólo tres ejemplos: en África el fundamentalismo islamista (Boko Haram no son los únicos) secuestran niñas que posteriormente son convertidas en esclavas sexuales por mor de una interpretación sesgada y fanática del Islam. En Filipinas el Frente Islámico de Liberación Mora (Moro Islamic Liberation Front o MILF en inglés, Lo de "moro" lo dicen ellos en su definición. No es un descalificación europea) secuestra y asesina como sus correligionarios del resto del mundo. Africanos y Filipinos no son "Occidentales racistas e islamofóbicos" como se nos tacha a los europeos y "occidentales" Tenía un amigo de Senegal -musulmán para más señas- que me decía: "Esos no son musulmanes, son terroritas" El tercer ejemplo: La Península Arábiga y sus estados y emiratos. Allí se practica un fundamenteo salafista (Wahabí en Arabia Saudita) donde se aplica







    la

    Sharía que es denunciada por Amnistía Internacional, Humah Right Watch y la propia ONU. Para no extenderme recomiendo leer esta carta: https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/28114/europa-islam.html
    Que aunque tiene tres años creo que es muy clara respecto a Europa y el islamismo. No nos rajemos las vestiduras ni apliquemos el "Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima cultpa" que nos decían los curas durante el franquismo. Se puede y se debe alertar sobre cualquer doctrina que vulnere los principios y la Declaración Universal de los Derechos Humanos (documento declarativo adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 217 A (III), el 10 de diciembre de 1948 en París) . Tratar a las mujeres como individuos de segunda clase, sacarlas de la escuela y ponerles el nikab, hiyab o chador y amañar matrimonios forzados en cuanto esas niñas tienen la primera menstruación es un atavismo del pasado... del medievo... de donde procede El Islam. La legislación española sobre las sectas reza: “Son punibles las asociaciones ilícitas, teniendo tal consideración las que, aun teniendo por objeto un fin lícito,"

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  • Orlinda Orlinda 07/07/19 16:08

    Todos los grupos religiosos o no han practicado la violencia. La diferencia, una, entre el cristianismo y el Islam es que Cristo no predicó matar por la fe, Mahoma sí. Otra: para quienes quieren interpretar el Corán la tarea es prácticamente imposible, el Corán es literalmente la palabra De Dios, no admite interpretación. Sí la admite la Biblia, que es una escritura “inspirada” por Dios, no su palabra directa, además de testimonio personal de cómo se percibe la Fe.
    Es bien sabido cómo trata el Islam a las mujeres en todos los Estados en que Gobierna y donde no, tales como barrios europeos. Tener una consideración negativa de lo que predica y hace no es un prejuicio, dan razones con creces para que la consideración no pueda ser otra.

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  • Fortunato Fortunato 07/07/19 13:43

     Soy un torpe que pienso que la vestimenta islámica o musulmana revela la sumisión de la mujer. 

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 07/07/19 07:47

    El art. 16.2 CE78 dice: " Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias". A sensu contrario significa: "Nadie podrá dar el coñazo con su ideología, religion o creencias". El día en que a las "asociaciones de creyentes" es decir, las religiones, seles aplique la ley de asociaciones ¿o no somos todos iguales ante la ley? casi todas tendrán que ser ilegalizadas si no todas, porque dudo que haya una sola que sea democrática ¡como lo fue el cristianismo en sus primeros siglos! Todas son asquerosamente absolutistas. John Locke, en su trabajo "Sobre la tolerancia" ¡sól llebamos más de dos siglos de retraso!, ya dijo que las creencias, ¿hay algo más íntimo que creer? debe estar en su ámbito, el de la intimidad ¡pero sometida a las leyes racionales! En el ámbito de lo político sólo puede estar aquello que se pueda discutir de modo racional. Ningún creyente admite que se discuta la falsedad de sus creencias. Es más, en su incongruencia llegan a formar piña con los demás creyentes que dicen que las suyas son falsas frente al resto de la humanidad que razona. Crea cada uno en lo que su imaginación le pida y su razon le permita. Pero cumpla la ley de Asociaciones y el rsto de las leyes. ¡No lo verán mis ojos! De todos modos, tiene razón el autor del texto. ¡Porque caemos en el subconsciente religioso que llevamos siglos metidos en el cuerpo, no respetamos los derechos civiles de las personas que creen en sus creencias si no son ls nuestras. Es difícil librarse del fanatismo; lo hemos visto en las últimas elecciones.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 06/07/19 23:08

    No puedo decir mucho sobre el articulo.
    Solamente señalar una cosa:
    Entre el 04/03 y el 08/03/2019 de las 20 a las 20:30 horas podía escuchar tres de las cinco emisiones A voix nue en France Culture que estaban dedicadas a Alice Cherki, una psiquiatra y psicoanalista que nacida en una familia judía argelina se comprometía en la lucha para la independencia de Argelia. Fue una amiga de Frantz Fanon y declaraba que a éste le había disgustado un montón descubrir el prólogo de Sartre a su libro Los condenados de la Tierra, cuando salió publicado.
    Y Alice Cherki relataba como a Frantz Fanon le había enfadado muy especialmente la frase mencionada en este articulo que dice: "matar a un europeo es matar dos pájaros de una sola vez: un opresor y un oprimido”.
    Por lo visto Fanon no estaba del todo de acuerdo con el Sambenito de violento que le colgaba y pensaba que este prologo y esta frase le arrinconaban aun mâs en esta caracterización.

    Por otra parte, me pregunto como en otoño después de la ola de calor veraniega, despertará Argelia...

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