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En tromba

Labordeta no se ha callado ni muerto

Publicada el 19/09/2020 a las 06:00 Actualizada el 21/09/2020 a las 14:55

Era como esos viejos árboles batidos por el viento que azota desde el mar; era igual que su tierra, suave como la arcilla y duro del roquedal. Atravesó el tiempo dejando en los secanos su lucha total. Quería que le recordáramos como un árbol batido, como un pájaro herido, como un verano ido, como un lobo cansino, como un hombre sin más. No le tembló el pulso, solo la voz, siempre que puso sobre la mesa todas sus banderas rotas, las que rompió la vida, la lluvia y la ventolera de una dura derrota y de la que solo quedó un mástil desarbolado y unos jirones de tela rotos por el vendaval. Avanzó cumpliendo este camino, creciendo hasta el ocaso. Fue una de esas contadas voces diferentes que se cruzan en el alba buscando la verdad. Y en sus canciones retumbaban y seguirán retumbando siempre inciertas duras voces de desesperación pero sus pálidas palabras, al contrario de lo que nos cantó, no se perderán en la noche sin hallar solución porque siempre fue puente herido de abrazos detenidos por ver la libertad.

En estas líneas —hemos construido el párrafo anterior aprovechándonos de algunas de sus grandes canciones— sigue habitando José Antonio Labordeta, de cuya marcha se cumplen 10 años este 19 de septiembre. En estas palabras y en tantas otras que configuran un universo creativo único, apabullante e interminable que el paso del tiempo no ha logrado ni tan siquiera arañar.

Porque Labordeta no se ha callado ni muerto. Porque el abuelo —como lo llamaban desde mucho antes de serlo— sigue cantando, porque sus palabras siguen percutiendo, porque su atronadora voz sigue resonando en la Carrera de San Jerónimo, porque su imagen de hombre cabal, íntegro y honorable sigue proyectando una larga y alargada sombra bajo la que pueden seguir cobijándose todas las gentes de bien, porque realmente este somarda ilustrado, este aragonés libre, moderadamente triste y absolutamente escéptico nunca se ha ido.

Su voz rota, triste y amarga levantó a todo un pueblo en épocas oscuras en las que incluso resultaba difícil levantar la cabeza. De pocos hombres puede decirse lo que no es aventurado decir de Labordeta: que él solo reinventó un pueblo, que unas estrofas suyas reinventaron Aragón. Bien pudo ser él el autor de las palabras de Pablo Neruda cuando confesó que había vivido y escribió que "de estas tierras, de este barro, de este silencio, he salido yo a andar, a cantar por el mundo". Dos canciones, dos simples pero infinitas canciones, ayudaron a delimitar las costuras sobre las que actualmente se asienta una tierra que durante demasiado tiempo se sintió invisible y abandonada, que vivió de espaldas a la vida, ahogada en su sequedad, derrotada en su victoria.

La primera, 'Aragón' (1974), marcó la frontera, el antes y después de un pueblo que había dejado de respirar; le devolvió la posibilidad de ser, de creer y de crecer: "Polvo, niebla, viento y sol, donde hay agua una huerta. Al norte los Pirineos, esta tierra es Aragón". Este quejido, que su autor escribió en 1970, logró que la sangre volviera a circular por un cuerpo antaño inerte que, ahora sí, quería ponerse en pie. La segunda, 'Canto a la libertad' (1975) —que dará la vuelta al mundo y se convertirá en un himno universal contra las dictaduras—, fue capital para que quien acababa de ponerse en pie, de levantarse, quisiera andar, quisiera volar, ser libre: "Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad". La suma de estas palabras, la música de estas canciones, marcaron la topografía de un pueblo que ansiaba existir y existir en libertad.

Pero sería injusto, además de falso, tratar de reducir la vida de José Antonio Labordeta a solo dos canciones, porque él lo ha sido todo en su tierra —una tierra a veces inhóspita con los suyos, como reconocía el propio interesado, donde nunca ha sido fácil destacar y sobrevivir para contarlo— y fuera de ella. Además de cantautor (24 elepés) y escritor (26 obras publicadas entre poesía, narrativa, viajes y memorias), fue profesor de instituto (Teruel y Zaragoza), inventor de periódicos (actor activo en la puesta en marcha en 1972 de Andalán, otro de los hitos en la reinvención de Aragón); periodista, articulista, analista político, político en activo (hombre cercano al PCE en las primeras elecciones democráticas, participó en 1976 en la creación del Partido Socialista de Aragón. Fue diputado en las Cortes de Aragón y en las de Madrid de la mano de la Chunta Aragonesista, partido nacionalista y de izquierdas que ocupó el hueco dejado por el PSA cuando éste fue engullido por el PSOE); también hizo sus pinitos cinematográficos y fue presentador y conductor de programas de televisión como España en la mochila.

"Yo creo que cada uno tiene sus fantasmas y lo que hacemos es darles vueltas sin cesar", solía decir. Sus fantasmas siempre han tenido nombre y apellido y siempre cantaron con él, escribieron con él, recitaron con él, sufrieron con él, respiraron con él, vivieron con él un día tras otro de su interminable existencia: la Guerra Civil, la derrota, la posguerra, la dictadura, su hermano Miguel, la libertad y Aragón, sobre todo Aragón, donde se funden todas sus derrotas y sus contadas esperanzas.

En 2000 llega al Congreso de los Diputados. Allí permanecerá dos duras legislaturas —la segunda de Aznar con el "No a la guerra" y los atentados del 11-M y la primera de Zapatero, con los rescoldos de lo uno y de lo otro— y aprende de primera mano lo que ya intuía, que "la política es una madrastra sin entrañas". Cae en el grupo Mixto, que, según cuenta en su libro Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados, era el lugar "de los sobrantes, los mitad vaca y mitad cordero y, en las noches de luna, ciudadanos agrestes dispuestos a defender con ahínco lo que siempre creímos que era justo. Casi nunca acertábamos". Fue un diputado trabajador, siempre dispuesto a defender aquello en lo que él creía, aunque supiera de antemano que iba a fracasar en el intento. Se hizo famoso, casi sin querer, cuando mandó "¡a la mierda!" a un grupo de diputados del PP que no paraban de increparle y de interrumpirle cuando, desde la tribuna de oradores, mantenía un debate con el entonces ministro Álvarez Cascos. "¿No se puede hablar aquí o qué? Coño, a ver si no puede uno hablar aquí. ¡A la mierda, joder! Estoy hablando con el ministro y no con ustedes. ¡A la mierda!".

"Avanzamos —escribió en Banderas rotas, libro de memorias publicado en 2001— dejando en las veredas y en los caminos, en los recuerdos y en las vivencias paisajes y paisanajes que el tiempo destruye, desvirtúa, y con ellos se nos van muchas esperanzas e ilusiones". Y va un poco más allá en el mismo libro: "Somos una generación complicada, porque, cuando fuimos jóvenes, el poder nos miraba como un peligro y ahora, ya mayores, el poder nos mira como un estorbo y un problema. Creo que lo mejor que podríamos aportar a la sociedad es nuestra paulatina desaparición".

Hizo de todo y todo lo hizo bien: con un compromiso ético de hombre de izquierdas y una honestidad, dignidad e intensidad incontestables. Siempre formó parte de esa "insólita cofradía de creadores pensativos, rebeldes frente a tanta opresión y tanta mediocridad", como recordó el catedrático y amigo Eloy Fernández Clemente cuando el cantautor recibió, el 23 de marzo de 2010, el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Zaragoza. Pero sería asimismo injusto, además de falso, no reconocer que esas dos canciones, esos dos gritos, esos dos lamentos, y lo que representaron en su momento y siguen representando, todavía ahora magnifican, aún más si cabe, la vida y la obra del zaragozano más importante del siglo XX.

"Nací en Zaragoza en el año 1935 —dejó escrito el propio Labordeta— en el seno de una familia pequeñoburguesa e ilustrada. En mi casa igual se leía a Virgilio que a Lautremont. Tuve una infancia secretuda y llena de escondites donde guardaba mis ansias de ser un hombre. No fui un buen estudiante pero sí un buen amigo de mis amigos. De mi hermano Miguel heredé el ansia de escribir y de mi hermano Manuel el de cantar. De mi padre heredé los silencios y de mi madre las desconfianzas hacia el ser humano. Escribí versos, reí con mis amigos y el franquismo me puso la cara seria hasta tal punto que, durante unos años, olvidé de reírme… Un día me puse a cantar, pero nunca me lo tomé muy en serio porque estaba convencido de que ese no era mi oficio. Oficié en Andalán con unos colegas inconscientes y seguí convencido de que lo mío era pasear por las mañanas en la Zaragoza gusanera… Ahora solo me produce intranquilidad el fax. Lo demás, a mi edad, ya casi lo tengo todo controlado, menos la vida, naturalmente".

___________

Fernando Baeta es periodista.

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27 Comentarios
  • CarlosP58 CarlosP58 22/09/20 10:56

    Magníficas palabras dedicadas a un hombre bueno, luchador y que dejó huella en la España que le tocó vivir.
    "No le tembló el pulso, solo la voz, siempre que puso sobre la mesa todas sus banderas rotas, las que rompió la vida, la lluvia y la ventolera de una dura derrota y de la que solo quedó un mástil desarbolado y unos jirones de tela rotos por el vendaval".
    Diría que fué mágico y curativo. Harían falta cien Labordetas para tener un país político y una sociedad decentes. Gracias por sus palabras.
    Saludos y Periodismo Libre.

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  • Evaus Evaus 21/09/20 02:31

    Precioso artículo para un hombre bueno.No abundan.

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  • guilemm guilemm 19/09/20 21:36

    Tuve la inmensa suerte de tenerlo de profesor durante dos cursos cuando yo tenía 13 y 14 años. Sus clases las esperábamos como agua de mayo, nos hacía trabajar un montón y nos divertíamos en la misma medida, nos hacía dudar, criticar, argumentar....tenía un sentido del humor sin limites que lo escondía detrás de su inmenso bigote, era irónico y muy respetuoso... En fin una gran persona o un gran ciudadano (palabra que utilizaba mucho y nos decía que ser un ciudadano había que ganarselo y trabajarlo y lo enlazaba con el concepto de república desde los griegos). Cuando se presentó para diputado me sentí orgulloso de votarle y de sentirme representado por fin en el congreso por un ciudadano cabal y que sus ambiciones estaban más que colmadas y no me defraudo.




    Cuando murio sentí una inmensa tristeza porque creo que se fué alguien grande (él diría que solamente se ha muerto un ciudadano y esto ocurre todos los días).... No nos olvidemos del inmenso legado colectivo que dejan personas como Labordeta.

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    • Ambon Ambon 20/09/20 13:39

      Yo tuve el privilegio de escuchar un recital suyo en la trastienda de una librería en un provincia limítrofe, los saludos primeros, sus canciones y la charla después, todo con el miedo y al mismo tiempo la ilusión de lo clandestino.

      Muy grande Labordeta

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  • taxista y rojo taxista y rojo 19/09/20 21:07

    Qué texto tan bonito.
    Digno homenaje a una persona grande

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  • Antonio LCL Antonio LCL 19/09/20 18:30

    Recuerdo imprescindible para orgullo de muchos y vergüenza de la escoria destapada. 

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  • Mascarat Mascarat 19/09/20 14:28

    Tuve el honor de dejar mi guitarra a Labordeta, con ocasión de un homenaje a la República que tuvo lugar hace años en Benetússer (País Valencià), para que cantara sus canciones. Recuerdo su sonrisa amable de sabio más allá del bien y del mal, cuando me agradeció el gesto. Me abrumó, ya que yo consideraba ser el afortunado por tener el honor de utilizar el mismo instrumento, y que éste fuera mi abnegada compañera de tantos bolos.
    Un gran hombre, como pocos hay...

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  • yokin yokin 19/09/20 14:23

    Grande Labordeta, siempre en el recuerdo. Saludos.

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  • Ambon Ambon 19/09/20 14:20

    Muchas gracias por el recuerdo de un gran hombre como diría Machado "en el buen sentido de la palabra bueno"

    "Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad".

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    • Gauri Gauri 19/09/20 21:06

      Respeto a Labordeta como político y más como persona, y comparto su actitud, pero como cantante me pareció siempre “flojico”, y sus canciones, sentidas y emotivas, sí, pero del subgénero pachanguero, más bien aptas para peñas enardecidas con calimocho. Qué le vamos a hacer. Y, como aragonés, que la canción que usted reproduce haya llegado a ser una especie de himno regional de mi tierra me pone del hígado: ¿qué carajo quiere decir "una tierra que ponga libertad", ripio ejemplar sin sentido? Sospecho que Labordeta quiso decir, y no acertó a hacerlo, “una tierra llamada Libertad” o algo así, vaya usted a saber. En cualquier caso, cualquiera de las jotas que se cantaban en las tabernas de mi infancia merece más ser ese himno regional. Yo propondría la de “Nadie le teme a la fiera”.

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    • Gauri Gauri 19/09/20 21:06

      Respeto a Labordeta como político y más como persona, y comparto su actitud, pero como cantante me pareció siempre “flojico”, y sus canciones, sentidas y emotivas, sí, pero del subgénero pachanguero, más bien aptas para peñas enardecidas con calimocho. Qué le vamos a hacer. Y, como aragonés, que la canción que usted reproduce haya llegado a ser una especie de himno regional de mi tierra me pone del hígado: ¿qué carajo quiere decir "una tierra que ponga libertad", ripio ejemplar sin sentido? Sospecho que Labordeta quiso decir, y no acertó a hacerlo, “una tierra llamada Libertad” o algo así, vaya usted a saber. En cualquier caso, cualquiera de las jotas que se cantaban en las tabernas de mi infancia merece más ser ese himno regional. Yo propondría la de “Nadie le teme a la fiera”.

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      • paco arbillaga paco arbillaga 20/09/20 15:12


        Gauri: Pues vaya respetos los tuyos hacia una persona muerta. Lo mismo que tú propones y opinas sobre lo que quieres, Labordeta hacía lo mismo y parece ser que muchos de sus paisanos y otros que no lo éramos participábamos de sus decires los hiciera cantando, hablando, escribiendo, o mandando donde les correspondía a algunos políticos intolerantes. Osasuna.

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      • MIglesias MIglesias 20/09/20 08:36

        ¿Usted nunca ha preguntado "que pone en ese cartel"? ¿Nunca ha dicho "pon que..."? Ahí tiene el significado, una España escrita en libertad. Labordeta sabía lo que escribía y decía lo que quería decir.

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        • Gauri Gauri 20/09/20 16:36

          Claro, precisamente se trata de eso: en los carteles y en los rótulos pone algo, pero en ninguna tierra pone nada (aunque, ahora que lo pienso, desde un avión podrían leerse textos gigantescos labrados en la tierra). En esos versos hay un ripio muy forzado, que, a mi juicio, revela descuido y manga ancha -desidia-, con lo primero que le vino a la mente al autor a la hora de componer, y de eso me quejo, porque el periodista reproduce precisamente esos versos, no otros. Labordeta fue muy libre para escribir y cantar lo que quiso y yo soy muy libre para opinar sobre sus canciones, eso es todo. ¿Significa eso falta de respeto?
          Cambiando de tema, leí hace poco que, cuando le diagnosticaron cáncer de próstata, le preguntó el médico si sabía qué era el PSA, y él contestó “Si lo sabré, que lo fundé yo”: se refería al Partido Socialista de Aragón. El médico quiso tranquilizarle diciéndole que en casos de diagnóstico precoz como el suyo alrededor del 95% tenían curación. Y él contestó: “Pues ya la hemos jodido, porque yo he siendo siempre de minorías”. A ese tipo de humor, aquí se le denomina somarda. Pero, efectivamente, murió de eso.

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        • Gauri Gauri 20/09/20 16:36

          Claro, precisamente se trata de eso: en los carteles y en los rótulos pone algo, pero en ninguna tierra pone nada (aunque, ahora que lo pienso, desde un avión podrían leerse textos gigantescos labrados en la tierra). En esos versos hay un ripio muy forzado, que, a mi juicio, revela descuido y manga ancha -desidia-, con lo primero que le vino a la mente al autor a la hora de componer, y de eso me quejo, porque el periodista reproduce precisamente esos versos, no otros. Labordeta fue muy libre para escribir y cantar lo que quiso y yo soy muy libre para opinar sobre sus canciones, eso es todo. ¿Significa eso falta de respeto?
          Cambiando de tema, leí hace poco que, cuando le diagnosticaron cáncer de próstata, le preguntó el médico si sabía qué era el PSA, y él contestó “Si lo sabré, que lo fundé yo”: se refería al Partido Socialista de Aragón. El médico quiso tranquilizarle diciéndole que en casos de diagnóstico precoz como el suyo alrededor del 95% tenían curación. Y él contestó: “Pues ya la hemos jodido, porque yo he siendo siempre de minorías”. A ese tipo de humor, aquí se le denomina somarda. Pero, efectivamente, murió de eso.

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  • alcornoque alcornoque 19/09/20 13:49

    Gracias Sr. Baeta por el recuerdo. ¡Cuántos Labordetas hemos tenido y tenemos en España que hacen grande este país, pero cuántos también que tendrían que irse a la mierda (como él dijo) para que podamos progresar! País de contrastes

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  • SUA SUA 19/09/20 13:25

    Muchas gracias al Sr Baeta por traérnoslo a la mente. Noble baturro, recio de carácter, mente clara y amante de su tierra.
    A través de "Un país en la mochila" difundió las formas de vivir en las zonas rurales; este señor si recorrió pueblos para conocer bien sus vidas y no para campañas electorales.
    Cuando acababa sus intervenciones, el alma me invitaba a gritar ¡bravo, bravo! incluso cuando mandó a los maleducados del Congreso a la mierda.
    Descanse en Paz

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