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Feminismo y laicismo, derechos humanos

Nélida Otin Zamora
Publicada el 04/03/2021 a las 06:00

A lo largo de los dos últimos siglos de nuestra historia hemos observado cómo los Derechos Humanos han ido ampliando su abanico de objetivos, obviamente porque no es la misma situación política y social en el siglo XIX que en el siglo XXI.

Algunas personas creen que los Derechos Humanos tienen un tope o techo, pero sabemos que son ampliables y se adaptan a las circunstancias y necesidades de cada momento histórico.

Como ejemplo traigo a la reflexión el feminismo y el laicismo como impulsores de una mejor y más libre sociedad igualitaria. Ambos necesarios y complementarios dado que el androcentrismo de la mayoría de las políticas y la misoginia de la teología de cualquier religión, son la crítica feminista. Las mujeres rara vez aparecen en la teología patriarcal como representantes de la humanidad. Significa que los hombres tanto en la política como en las religiones defienden el derecho masculino a definir y controlar la presencia femenina, lo que hacemos las feministas es poner en tela de juicio la autoridad de esta teología y de sus políticas.

Comprobado está que las religiones son manifestaciones de poder, se nutren de las interpretaciones que les favorecen y asientan con ellas su legitimidad y control social, especialmente subyugan a las mujeres.

Una de las necesidades del feminismo es conseguir que la sociedad avance hacia la laicidad, ya que las religiones, como pensamiento alejado de la razón y la ciencia sigue afectando a las mujeres convirtiendo su rol de género en virtud moral. Los hombres, desde su posición de poder, deben dejar a un lado los mitos y la irracionalidad misógina, y hacer autocrítica respecto a sus privilegios, que tienen solo por nacer varones y que los sitúan como categoría superior a las mujeres.

El feminismo está ligado a la laicidad y necesitan ambas de su complementariedad para avanzar en los derechos humanos, ya que como bien sabemos los mayores obstáculos para la igualdad entre hombres y mujeres los han creado las religiones a lo largo de la historia de la humanidad.

La antropóloga Gerda Lerner destaca la relación directa entre la plena instauración del patriarcado y la creación de las religiones monoteístas en Europa y Asia fundamentalmente. En nuestro ámbito geográfico concretamente se reproduce la cultura patriarcal a través de los siglos con la influencia clara de la Iglesia católica.

Recordemos El manual de la perfecta casada de Fray Luis de León o las observaciones de Calvino, que colocan a la mujer al servicio del hombre. Así comprobamos que la cultura patriarcal se ha fortalecido a través de las religiones y de los gobiernos conservadores que tienen en la religión un importante apoyo. Podríamos hacer referencia a grandes filósofos, políticos y científicos reconocidos que han explicado y justificado la debilidad de la mujer frente al hombre en todos los ámbitos personales y sociales.

He aquí por qué el laicismo y el feminismo son aliados en la conquista de la libertad del ser humano en todas las facetas de la vida. Desde las cátedras de ciencia y filosofía ya se ha conseguido demostrar que no importa el sexo al que se pertenece para desarrollar conocimientos y habilidades iguales.

El laicismo apuesta por la separación de la Iglesia y el Estado como modo de asegurar la libertad de las personas a elegir libremente y ser respetadas y representadas por las instituciones en igualdad. Ya que es de los estamentos sociales el más reticente a esa igualdad, de hecho la mayoría de las religiones son dirigidas exclusivamente por varones.

Exigir la separación de Iglesia y Estado es vital para la defensa de igualdad que debe darse entre hombres y mujeres, pilar indiscutible de la lucha feminista, y que refuerza la idea de que ninguna convicción particular, de una u otra creencia, se puede sostener como argumento contra los Derechos Humanos universalmente admitidos.

Nadie puede pensar que una sociedad puede ser feminista sin ser laica, no hay cumplimiento de los Derechos Humanos si nos dejamos fuera a la mitad de la población.

Una sociedad libre debe abarcar a toda su población sin distinción de etnia, creencia o sexo. Las mujeres y los hombres hemos luchado durante siglos para conseguir que esta sociedad del siglo XXI ofrezca garantías de igualdad en todas las facetas de nuestra vida, y esto es lo que reivindicamos todos los días, pero especialmente lo hacemos visible en el día Internacional de la Mujer en cada 8 de marzo.

Nélida Otin Zamora es vicepresidenta del MHUEL
 

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3 Comentarios
  • Epi Epi 04/03/21 17:27

    Totalmente de acuerdo con tus ideas sobre el laicismo y su conexión con el feminismo, Nélida. Deberían leerlo muchos hombres, pero también muchas mujeres que viven sumisas por causas religiosas.

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  • Fernandos Fernandos 04/03/21 17:18

    No soy mujer pero apoyo incondicionalmente al feminismo, politicamente me parece imprescindible el aporte femenino, son la mitad mas uno

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  • ArktosUrsus ArktosUrsus 04/03/21 17:16

    Un gran artículo Nçelida, pero la antroupólooga Lerne se equivoca cuando dice (si dice porque no lo entrecomillas) "La antropóloga Gerda Lerner destaca la relación directa entre la plena instauración del patriarcado y la creación de las religiones monoteístas en Europa y Asia fundamentalmente." Religiones politeístas son claramente machistas y patriarcalistas. Griegos y romanos sentían por la mujer un auténtico desprecio. Hemos heredado la dependencia romana de la mujer hacia el pate familias o el hombre de la casa. Y no hay que olvidar que las religiones animistas africanas tratan de evitar el placer de la mujer mediante la ablación del clítoris, y que es en la mujer donde los guerreros descargan sus frustraciones. Podemos referirnos la la china de los pies vendados o a la japonesa cuya opinión no cuenta en el sexo. Que el laicismo es necesario, no es cuestionable. Sólo cuando el ser humano se ponga a sí mismo frente a su propio destino, sometiendo realmente los instintos y no permitiendo que las relaciones se basen en el poder y la fuerza, podremos alcanzar la igualdad. El patrón que rige nuestras sociedades es en lo más básico el que rige cualquier grupo de primates: machos alfa o beta que imponen por la fuerza a los demás sus criterios y las obligaciones. La hembra es sólo desahogo de los alfa. Mientras eso no cambie (y ciertamente dejar de creer en seres superiores o dioses que pueden castigarnos si no cumplimos sus normas, lo que lleva a reproducir el esquema en la sociedad) estaremos muy lejos de la igualdad (yo diría incluso la equidad) deseable.

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