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Carta a Fernando Simón

Una modulación sentimental

  • La escritora Marta Sanz envía esta misiva al director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias

  • "No sé si te dan las gracias continuamente, pero sí sé que te han insultado, no han valorado tu trabajo y te han querido desprestigiar", señala

  • Esta carta está publicada en el número de verano de tintaLibre, ya a la venta. Si eres socio de infoLibre, puedes consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí

Marta Sanz
Publicada el 03/07/2020 a las 06:00 Actualizada el 03/07/2020 a las 21:35
Fernando Simón, tras una rueda de prensa.

Fernando Simón, tras una rueda de prensa.

EFE

Querido Fernando:

Es para mí una gran responsabilidad escribir esta carta, porque me gustaría preguntarte muchísimas cosas y, a la vez, lo único que me apetece de verdad es darte las gracias. No sé si te dan las gracias continuamente —deberían—, pero sí sé que te han insultado, han dicho mentiras sobre tu persona, no han valorado tu trabajo y te han querido desprestigiar. A mí me va a suponer un gran esfuerzo encontrar el tono para dirigirme a ti, porque la pandemia me ha dejado un poco desafinada. Lo digo y lo repito y lo vuelvo a repetir cada vez que me preguntan sobre mis emociones y mis experiencias a lo largo de estos días. También me he quedado un poco encogidita. Y a la zapatilla por detrás tris tras. Todas las prevenciones me han llevado a una nostalgia de la que abomino porque no creo que nos conduzca a ninguna parte y porque temo que se ancle más en mi propio proceso de maduración —envejecimiento sin eufemismos literarios ajenos a las crudezas científicas de las primíparas añosas y otras denominaciones de la misma naturaleza— que en la necesidad real de comerme la vida a bocados con mucho más ímpetu del que tenía antes de que llegara el encierro: la verdad es que contemplo con cierto estupor a esas personas que hacen colas de tres horas por sentarse en una terraza o corren desaforadamente por las avenidas como si nunca hubiesen corrido y la vida entera les fuese en su vertiginoso impulso. 

También te digo, Fernando, que han nacido en mí miedos que nunca creí que fuese a experimentar y, a la vez, me ha brotado una coraza de escama dura que me ha recubierto la piel y me ha dotado de una fortaleza —repugnante— para soportar ciertas cosas. No te creas que esa coraza me gusta ni un pelo. No me siento orgullosa de esta resiliencia triste, inevitable, bélica, que nos va inmunizando ante la desgracia, aunque, sin que nosotros los sepamos —tú que eres doctor conocerás bien las enfermedades silentes—, la desgracia nos vaya comiendo la columna vertebral, castigando el hígado, produciéndonos distintos grados de desafinación y también de afonía. De afasia. No sé si tendré espacio para hablar de la afonía, así que como yo creo que debemos ser todas buenas y cuidadoras de la casa —eso le digo a mi gata cada noche antes de acostarme, “Cala, Calita, Calimera, Kalin Kakayá, sé buena y cuidadora de la casa”, ¿por qué bautizaremos laicamente a nuestras gatas si luego las llamamos de cualquier manera?, ¿tú podrías responderme a esta pregunta, Fernando?—, pues insisto, como creo que nos debemos cuidar y hacer el bien sin mirar a quién —¿me creo eso de verdad?—, te recomiendo que no comas más almendritas. Es mejor que mastiques raíces de jengibre. Yo, que por mi oficio también hablo mucho y por la boca muere el pez y quien mucho habla mucho yerra, pero, en todo caso, no hablo tanto ni con tanto riesgo como tú, le doy bocados a la raíz cada vez que intuyo una pérdida de voz. Me lo enseñaron unos estudiantes chinos con los que pasé un verano. Aprendí mucho de los chinos. Les respeto. No sé si a ti te sucederá lo mismo. Ignoro si será pertinente sacar este tema a colación. Podemos comentarlo más tarde.

Te contaba, Fernando, que en estos tiempos me he culpabilizado a mí misma por llevar armadura. Me he castigado por la generación espontánea sobre mi anatomía pequeña y mis receptores emocionales, sobre mi sistema completo de percepción y análisis, de una cota de malla eléctrica destinada a que no se me abriesen las carnes al pensar en la saturación de las UCI; en las personas que no se podían despedir de sus familiares agónicos; en las enfermeras y cajeras de supermercado acosadas en sus comunidades de vecinos; en esas pistas de hielo que no se me van de la puta cabeza porque, ¿sabes?, cuando yo era una niña mi tío Nacho me llevaba a patinar y yo, deslizándome, me sentía como una campeona del mundo o como una princesa Disney o como la reina Frigia, que se peinaba con unas rubias trenzas-casquetes, a lo fallera valenciana, que a mí me parecían el sumun de la hermosura en los dibujos de Alex Raymond —magnífico peluquero, estilista y diseñador de moda, además de insigne dibujante—. En fin, Fernando, que, con una fortaleza que no me gustaba pero que era imprescindible para que la angustia no se me tragase como arena movediza, yo pensaba en ti, me ponía en tu piel y admiraba el temple, la credibilidad, el talante sereno, la modulación sentimental y el conocimiento científico por debajo de la vibración —muy lastimosa— de tus cuerdas vocales… 

Porque supongo que tú también has sentido la pena inmensa que debe de experimentarse en la primera línea y que te has recompuesto con un gesto de decoro que no está al alcance de cualquier ser humano. Supongo que algunos días habrán sido terribles y que otros habrás estado a punto, a puntito, de dejarte vencer por una cólera que con inteligencia habrás reprimido para que no se volviera contra ti y beneficiase a tus enemigos. Porque en los tiempos más terribles hemos descubierto que hay enemigos y personas malas: mi declaración no es una hebra del discurso del odio, pero tampoco un ejercicio de estúpida equidistancia. Tú has sido muy sensato y sospecho que habrás contenido las ganas de echarte a la yugular —y hablo en sentido figurado, pero sin las represiones propias de un estilo institucional propio de un técnico del Gobierno o de un vicepresidente que de vez en cuando se desmelena y yo lo entiendo bien— de los antiguos gobernantes que dejaron la casa sin barrer y, ahora, te pasan el libro de reclamaciones y la demanda judicial. Hay que joderse, Fernando, hay que joderse. Tú permanece impasible, pero deja que los demás nos cabreemos con el cinismo de los otros —y de las otras—, con la falta de empatía, con la capacidad de mentir, con el afán de lucro a costa del mal ajeno. Urracas. Déjanos a los demás que reflexionemos sobre los dolores impostados, las presidentas de la comunidad que posan como si fuesen la virgen de la Macarena, los protocolos para bloquear el acceso a los hospitales de ancianos enfermos, sin oxígeno en los pulmones, deslavazados y solos, internos en las residencias. A quién le duele qué, nos preguntamos quienes no salimos en la tele cada día para hablar de fallecimientos y contagios, y no tenemos que mantener el tipo un día tras otro día y aguantar burlas sobre nuestro aspecto, nuestra incapacidad laboral o nuestra maldad congénita. Cuánto he echado de menos un país de personas leales y de todos a una como Fuenteovejuna, aunque no sea la ideología lopiana mi breviario, moral y político, preferido. Dramas municipales son los que ahora protagonizan los cacerolistas de apps y los que no se ponen máscara por los santos higadillos de la cabra de la Legión. Ay, Fernando, qué tiempos de renacido franquismo mohoso y supercherías de hidrogeles inyectables. O de novenas a la Virgen. Cada día a las siete de la tarde, mi vecina del segundo, saca su virgencita al alféizar de la ventana que da a nuestro patio interior y le enciende una vela y pone, a todo volumen, los rezos de una radio ultracatólica que pide por las madres que asesinan a sus hijos antes de nacer. Menos mal que, para contrarrestar el horror y la caspa, nos queda la ciencia y la estadística y algunas poetas excelentes. 

Menos mal que, mientras mi pobre vecina —le tengo una compasión que no creo que ella me tuviese a mí con todos sus rosarios y jaculatorias— saca a la ventana a su virgen de plástico, yo te imagino repasando cuentas que no siempre salen bien y no siempre traen buenas noticias. Te imagino buscando las palabras que salen con dificultad entre el gañote y la almendrita. Te imagino poniendo barreras con las piezas coloreadas de una construcción de aserrín, aserrán, maderitas de San Juan. Ay, Fernando, como sé que eres de Zaragoza y mi marido también lo es, por un compatriotismo que no es igual que el compatrioterismo de esta España llena de españoles que subrayan su españolidad de tercio de Flandes colgando banderas en el balcón, por admiración y con gratitud infinita, queremos un día invitarte a cenar. En la fase que tú quieras. En la tercera fase de los extraterrestres o el desfase absoluto de la nueva normalidad. No te obligaremos a quitarte los zapatos a la entrada, pero tendrás a tu disposición hidrogeles y rollos de papel desechable para lavarte las manos. Y mascarillas que podrás retirarte de la boca cuando sirvamos en la mesa la bandeja con el ternasquico y la frasca de vino de Cariñena. De postre, peli de Buñuel y, después, si se tercia, nos vamos a una mani feminista para que, después de haber hecho todo el trabajo limpio y tener la conciencia impoluta, nadie pueda decir que renunciamos a nuestros principios.

*Marta Sanz es escritora, su último libro publicado es 'pequeñas mujeres rojas' (Anagrama).

*Esta carta está publicada en el número de verano de tintaLibre, ya a la venta. Si eres socio de infoLibre, puedes consultar todos los contenidos de la revista y los números anteriores haciendo clic aquí

 

 

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13 Comentarios
  • ninela ninela 10/08/20 08:49

    En tanto recibas mas ataques de esos buitres , jauría de cobardes, mentirosos y ladrones, mas debes estar orgulloso de tu entereza y valor. Somos un cuerpo sociql que tu eresvuno de los miembro vitales de su existencia.todos confiamos en ti y te defenderemos contra esos monstruos cobardes y mentirosos.

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  • Nuñez Nuñez 12/07/20 12:57

    Marta,que carta mas bonita y sincera. Fernando Simón no se merece menos,al contrario,se merece todo nuestro respeto y todo nuestro agradecimiento.Mucas gracias Fernando por estar ahí

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  • Antonio LCL Antonio LCL 03/07/20 20:28

    Me ha encantado tu artículo Marta que suscribo en su totalidad. Es fácil hacerlo con tus sentimientos y emociones paseando por las líneas de tu artículo. Los comentarios de los lectores muy acertados. Creo que una gran mayoría de ciudadanos valoramos de forma positiva el trabajo de profesionales como Fernando Simón. Salvo quienes se dejan llevar por la maldad de los/las que han visto la oportunidad de aprovecharse en ocasión tan nefasta. Qué ejercicio de hipocresía y fraude político. Estos personajes públicos deberían terminar en las cloacas más inmundas camino de estercoleros o puntos limpios sin derecho a reciclado.

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  • Antonio LCL Antonio LCL 03/07/20 20:28

    Me ha encantado tu artículo Marta que suscribo en su totalidad. Es fácil hacerlo con tus sentimientos y emociones paseando por las líneas de tu artículo. Los comentarios de los lectores muy acertados. Creo que una gran mayoría de ciudadanos valoramos de forma positiva el trabajo de profesionales como Fernando Simón. Salvo quienes se dejan llevar por la maldad de los/las que han visto la oportunidad de aprovecharse en ocasión tan nefasta. Qué ejercicio de hipocresía y fraude político. Estos personajes públicos deberían terminar en las cloacas más inmundas camino de estercoleros o puntos limpios sin derecho a reciclado.

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  • Mascarat Mascarat 03/07/20 16:19

    Mi apoyo y reconocimiento a Fernando Simón por su actitud en un asunto tan delicado. Y mi repudio absoluto a la recua de uniformados chusqueros que por desgracia le flanqueaban en sus apariciones televisivas.
    Gracias Fernando Simón...!!! 

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  • Conxmi Conxmi 03/07/20 15:20

    Totalmente de acuerdo. Deberiamos, todos a una, tapar la boca a esa mala gente que vemos cada dia y no dejar que la buena gente lo pase mal ante sus ataques. Unidad contra la maldad, ahora es imprescibdible. O volverán. Y será peor...

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  • cegonzalsg cegonzalsg 03/07/20 13:52

    He de reconocer que llevo semanas pensando en que si me hicieran la pregunta: "¿Con qué famoso te tomarías una cerveza?" Yo respondería sin dudar: "Con Fernando Simón". Ni políticos, ni futbolistas, ni artistas. Pero soy científico y ese era mi motivo. Hoy veo con sorpresa que hay más gente con esa idea fuera del ámbito científico.

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  • Luis Ruiz Luis Ruiz 03/07/20 11:23

    Creo que, intentando ser neutral, ni resentido de derechas, ni simpatizante de izquierdas, he visto en tu actuación la capacidad de recopilar la información de los expertos en el tema y tu serena actitud para transmitirla.
    Sólo el odio ciega, en cambio una actitud serena permite ser objetivos. Como no eres un político no decidías solamente informabas y dabas consejos.
    Gracias por tu elegancia y serenidad.

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  • ferjasan68 ferjasan68 03/07/20 10:43

    Yo también te invitaría a cenar, a ti y a Cristina Seguí, esa malnacida que vomita odio cada vez que escribe, para comprobar si era capaz de mirándote a la cara, mantener todas las barbaridades que ha publicado. Casi mejor que no venga, nosotros no odiamos. Un abrazo.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 03/07/20 08:37


    Nunca había pensado en cenar o tomarme unos txikitos y unos pintxos con un personaje público, pero la idea de Marta de invitar a cenar a Fernando Simón me ha hecho pensar que con esa persona sería interesante hacerlo principalmente para agradecerle su trabajo y desagraviarle por tanto malaje que no llegándole éticamente ni a la altura de sus zapatos han intentado, desprestigiando su figura, desgastar al Gobierno.

    Además de la maldad del covid-19 también tenemos que inmunizarnos contra la maldad de tantos trapaceros políticos y periodistas desinformadores. Osasuna.

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