El otro día vi a un adalid de la izquierda blanca en un podcast diciendo que los episodios racistas que se están visibilizando últimamente responden más a una cuestión de clasismo que de racismo.
Debe ser que Lamine Yamal y Vinicius, a quienes insultan cada dos por tres, son pobres.
O que el 100% de las personas no blancas que vivimos aquí lo somos.
Lo que no sé es por qué me sorprendió, teniendo en cuenta que cuando en La Revuelta todavía se preguntaba a los invitados si eran más machistas o más racistas, la gran mayoría se quedaba con la primera opción y unos cuantos citaban el clasismo como eximente del racismo.
Parece que lo importante aquí es no nombrar a la bestia no porque no exista sino por si así, sin tomar medidas y por arte de birlibirloque, desaparece. Y eso tiene que ver con que el racismo se considera todavía, en pleno 2026, una desviación moral de brutos, ignorantes o malas personas de derechas. De ahí que se niegue, se minimice o que se le pongan mil nombres menos el que tiene.
Un día fui a presentar un evento en una organización feminista. Me llamaron porque soy periodista y llevo más de dos décadas trabajando como reportera en la tele. No obstante, cuando llegué, vestida de domingo y maquillada de boda, alguien del colectivo me señaló una puerta y me ordenó que fuera para allá a recoger la escoba ya que debía dejar todo limpio antes de que los asistentes llegaran. Me infirieron el oficio y la clase y me mandaron a barrer con los tacones puestos por mi color de piel.
Pero hay más clasismo que racismo. De verdad que no entiendo la manía de jerarquizar opresiones, como si no pudieran convivir y llevarse la mar de bien. Como si el racismo no provocara que la mayoría de las personas afectadas por él fueran más pobres.
El racismo se considera todavía, en pleno 2026, una desviación moral de brutos, ignorantes o malas personas de derechas
Qué lástima que la parte de la izquierda blanca que ya ha entendido lo del patriarcado no haya continuado explorando otros sistemas de opresión y comprendido que el racismo también es un constructo histórico que se puede expresar de forma individual, sí, pero que es mucho más lesivo en su forma estructural e institucional. En su descargo se podría apelar a su incapacidad para detectarlo, debido a que a las personas que la integran no les afecta en el día a día. Ahora bien, cabría la posibilidad de que leyeran sobre el tema o de que vieran documentales o de que escucharan al movimiento antirracista.
En 2008 la selección inglesa anunció que no jugaría más en el Santiago Bernabéu por los gritos de “mono” que se proferían cada vez que un jugador negro de su combinado nacional tocaba el balón. Desde entonces al “musulmán el que no bote” de hace algunos días han pasado 18 años y un montón de episodios racistas en los campos. ¿Por qué, como sociedad, seguimos sorprendiéndonos? ¡Si hay mil ejemplos también fuera de las canchas!
Torrepacheco.
El Ejido.
El caso de la denuncia que Camila y Petra, su madre, le pusieron al principio al centro educativo al que asistía la joven y luego a la Comunidad de Madrid por inoperancia tras años de bullying y que concluyó en multa para la Administración.
También en el sistema educativo, que los libros de texto sean tan blancos que refulgen o que ni los pogromos del pueblo gitano ni sus aportes o los de otras comunidades se citen y que, encima, la colonización solo llegue hasta 1898.
Que haya coles gueto, debido a que hay gente que pagaría lo que fuera para que su descendencia prístina y con 300 apellidos españoles no asistiera a centros educativos públicos en los que parte del alumnado tiene rasgos, pieles u/y orígenes distintos.
Que el estudiantado migrante, de ascendencia migrante y racializado llegue en un porcentaje muy inferior al nacional blanco a bachillerato.
Que aun llegando lo tenga más difícil para encontrar trabajo.
Que en el 99% de las inmobiliarias acepten cláusulas racistas y que, por tanto, aun teniendo dinero y pudiendo pagar siete años de fianza, si tienes acento foráneo o de aquí al lado pero te llamas Mohamed, alquilar sea una misión imposible.
Y estos solo son algunos ejemplos. No obstante, para ese tipo al que entrevistaron, el problema es el clasismo. Que claro que existe; sin embargo se trata de algo distinto.
Pues nada, ¡seguid con vuestro soliloquio!
Seguid pensando que la pasta va a librarnos de experimentar discriminación.
Seguid obviando que si hay más gente racializada con bajos recursos, se debe precisamente al racismo.
Seguid reconociéndoos como más machistas, clasistas o cualquier –ismo chungo antes de nombrar el problema que existe y tratar de crear medidas para combatirlo.
Seguid poniendo por delante vuestra opinión, basada en la nada, a lo que dicen quienes lo padecen a diario.
Seguid ignorando, incluso desde las instituciones, los datos que generan las propias instituciones y que evidencian que claro que existe.
Seguid pensando que el racismo es algo mitológico, lo mismo que un elfo o un gnomo.
Seguid reaccionando como si fuera la primera vez cuando pasa algo racista. De verdad que es como si os hubieran echado lo que llevaban dentro los espráis de la peli Men in black.
Sois muy tiernos, en serio. Seguid. Pero luego, cuando pase algo chungo, no digáis que no os lo advertimos y, por favor, no os hagáis los sorprendidos.
El otro día vi a un adalid de la izquierda blanca en un podcast diciendo que los episodios racistas que se están visibilizando últimamente responden más a una cuestión de clasismo que de racismo.