Trump puede ser destituido con la enmienda 25, pero ¿pasará?

El presidente de EEUU, Donald Trump.

Hay que invocar la enmienda 25ª. Es un lunático genocida. Nuestro congreso y nuestras fuerzas armadas tienen que intervenir. Esto es una locura”, tuiteó el martes la influencer estadounidense de extrema derecha Candace Owens, pidiendo la destitución del presidente al que ayudó a volver al poder como una de las voces más visibles del movimiento MAGA. “¡¡¡ENMIENDA 25ª!!!”, publicó la excongresista republicana Marjorie Taylor Greene, quien solía ser su mayor defensora, unas horas después de que Trump amenazase con acabar con todos los iraníes.

“¿Cómo le metemos la enmienda 25 por el culo?”, dijo el lunes el teórico de la conspiración Alex Jones, otro de los mayores aliados de Trump y quien fue condenado en 2022 por inventarse y difundir en su medio Infowars que la matanza de la escuela primaria Sandy Hook (Connecticut) no ocurrió, provocando el acoso a los familiares de las víctimas. “Hay que buscar su destitución inmediatamente. Despertad: está pidiendo un ATAQUE NUCLEAR”, escribió igualmente alarmado el exdirector de comunicación de Trump Anthony Scaramucci

Estas son solo algunas de las voces que en los últimos días han pedido destituir al presidente estadounidense usando un artículo muy concreto de la Constitución. El debate sobre la enmienda 25ª ha surgido repetidamente en momentos de crisis, sin embargo, es la primera vez que tantos de los que solían ser los seguidores más acérrimos de Trump (y no solo miembros del Partido Demócrata, como era habitual) la reclaman, al creer que el presidente no es capaz de continuar en el cargo.

Pero, ¿se puede expulsar así a un líder electo de EEUU? 

En primer lugar, para echar a un presidente estadounidense, tanto su vicepresidente (actualmente, JD Vance) como una mayoría de su gabinete y la mayoría de los republicanos en el Congreso deberían apoyar la medida. Es algo que por el momento no parece probable, pero que no ha evitado que muchos estén pidiendo al Gobierno que use ese camino legal para expulsar al presidente, sobre todo tras lo ocurrido la pasada semana.

Furioso porque la guerra de Irán no está dando los resultados que él esperaba, Trump amenazó con acabar con toda la población del país persa si el país no cedía a su deseo de abrir el Estrecho de Ormuz. “Una civilización al completo morirá esta noche, para no ser traída de vuelta jamás”, aseguró en referencia a la noche del martes al miércoles. Unas horas antes de que terminase el plazo establecido, el presidente anunció un nuevo alto el fuego de dos semanas. Como ha sucedido en numerosas ocasiones a lo largo del último año con sus amenazas para las que fija fechas límite teóricamente inamovibles, Trump cambió de rumbo de nuevo tras horas en las que el mundo contuvo la respiración, preguntándose si sería capaz de cumplir su amenaza.

La enmienda 25

La sección 4 de la enmienda 25ª de la Constitución estadounidense, que data de 1967, busca resolver problemas relacionados con la continuidad del presidente y el vicepresidente en el poder. En concreto, dicha sección autoriza al vicepresidente y a una mayoría de miembros del gabinete, o al vicepresidente y a una mayoría de “otro cuerpo” creado por el Congreso, a declarar que el presidente “es incapaz de ejercer los poderes y responsabilidades de su cargo”

De tener lugar esta declaración, el presidente puede contestar que sí tiene la mencionada capacidad para gobernar, y entonces, si el vicepresidente y esos congresistas insisten en su petición, el vicepresidente pasaría a ocupar el puesto de presidente. Después debe producirse una votación en el Congreso y en el Senado. Si se refrenda el cambio con dos tercios de los votos de ambas cámaras, el cambio se hace permanente.

Sin embargo, a día de hoy poco hace pensar que el vicepresidente, JD Vance, o el gabinete de Trump dejen de apoyarlo, y lo mismo sucede con la mayoría de republicanos en el Congreso y el Senado. El propio Vance amenazó el martes con utilizar “herramientas” de su “arsenal” “que hasta ahora", puntualizó, no han decidido usar, algo con lo que muchos entendieron que estaba sugiriendo un ataque nuclear.

Además, expertos apuntan que no es una enmienda pensada para ocasiones en las que el presidente no se comporte como debería, sino más bien para cuando este no pueda ejercer el cargo por un deterioro físico o psicológico. La enmienda se gestó pensando en el caso de que el expresidente John F. Kennedy hubiese sobrevivido a los disparos que lo mataron en 1963 con graves lesiones que le hubiesen impedido continuar en el cargo. 

Así, se creó para hacer frente a un dilema que en numerosas ocasiones había generado dudas en Estados Unidos: ¿cómo podía el país asegurarse que siempre habría una persona capaz al mando? Otros, sin embargo, creen que también se creó para cuando el presidente no toma decisiones racionales y debe dar un paso a un lado, pero no lo hace. Como sucede en muchos otros casos, el lenguaje de la norma es abierto y está sujeto a la interpretación. 

Del lado de la incapacitación, hay que tener en cuenta que algunos médicos dicen que Trump está dando muestras de los primeros signos de demencia, por su discurso incoherente, sus lapsus de memoria y su dificultad para seguir el hilo cada vez que habla en público. Con todo, la Casa Blanca mantiene que el presidente tiene una salud “excepcional” y que así lo refleja cada examen médico al que se somete. Trump tiene 79 años, cumplirá 80 en junio, y si termina este mandato lo hará con 82, convirtiéndose así en el presidente de EEUU de mayor edad.

“A menos que el presidente Trump se vea realmente incapacitado, la realidad política es que es extremadamente improbable que sea destituido por un gabinete que incluye a leales”, apuntó en un artículo publicado en diciembre la Asociación Internacional de Abogados (IBA), una agrupación internacional que representa a profesionales del sector. Sin embargo, la frase continuaba mencionando a la ya ex fiscal general Pam Bondi y a la exsecretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem, que han sido destituidas en las últimas semanas.

“Hay una teoría que dice que si Trump se convirtiese en una carga política suficiente para el Partido Republicano, entonces el vicepresidente JD Vance lideraría un golpe de Estado sin sangre mediante la enmienda 25. Esto también es improbable, pero refleja los miedos entre los opositores de que un Vance más estable y coherente continúe liderando la toma de poder autocrática de Trump”, reflexionó en el mismo artículo.

¿Y si no es tan difícil que eso pase?

Al parecer, el gabinete de Donald Trump debatió esta opción con más seriedad de lo que muchos creyeron inicialmente tras el ataque al Capitolio el 6 de enero de 2021. La exsecretaria de Educación Betsy DeVos, que ejerció durante el primer mandato de Trump, reconoció en público en 2022 que entonces habló de la posibilidad de invocar la enmienda 25 con otros miembros del gabinete y el entonces vicepresidente Mike Pence, quien le dijo que no estaba de acuerdo con esa opción. DeVos aseguró entonces que otros miembros del gabinete le dijeron que habían tenido la misma conversación entre ellos.

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La duda ahora es si los más cercanos a Trump piensan que no puede gobernar, y de qué manera puede evolucionar ese pensamiento en los próximos meses. Sea o no el caso, lo cierto es que ahora más voces que nunca, y tanto demócratas como republicanos como algunas de exiliados y de quienes formaban parte de los seguidores más acérrimos de Trump, están pidiendo su salida del poder, en una clara muestra de su rechazo a sus últimas decisiones. Es un cambio importante frente al primer mandato, cuando solo los demócratas pedían la destitución del presidente. 

Puede que no consigan que se le expulse, pero quizá estas peticiones provoquen cambios en sus decisiones. O también pueden dar pie a otro tipo de movimientos. El expresentador de la cadena Fox Tucker Carlson ha pedido a los militares que rechacen cualquier plan que implique masacrar a civiles. “Es el momento de decir que no, por supuesto que no, y decírselo directamente al presidente”, dijo en su podcast. En el mismo sentido, este jueves, los congresistas demócratas han intentado sacar adelante una resolución que buscaba detener la guerra de Estados Unidos contra Irán.

“Se invoque o no la sección cuarta [de la 25ª enmienda], el debate revela la fragilidad del sistema de garantías constitucionales en EEUU”, dice la IBA, “especialmente en lo que tiene que ver con la competencia del presidente y la profunda inquietud sobre la capacidad de Trump para gobernar”.

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