El blog del Foro Milicia y Democracia quiere ser un blog colectivo donde se planteen los temas de seguridad y defensa desde distintas perspectivas y abrirlos así a la participación y debate de los lectores. Está coordinado por Miguel López.
¿Podría estar ayudando Trump a forjar una Europa más unida y fuerte?
Cada semana que pasa cambia la situación geopolítica en función de las declaraciones que se le van ocurriendo al inquilino de la Casa Blanca —dependientes directamente de su nivel mañanero de cortisol—, en el momento de hacerlas ante una cámara o cuando escribe en su red Truth Social. Las últimas ocurrencias notables, en el momento de escribir estas líneas, fueron para “amenazar” a la OTAN con abandonar la organización o para reprochar al pontífice romano su “debilidad contra el crimen y su terrible política exterior”. Parece ser que León XIV le irrita especialmente por ser un americano que no dice amén a sus decisiones y, para más inri, originario de Chicago, un bastión demócrata.
Un buen día se levanta con mal pie y amenaza con eliminar toda una civilización (la milenaria persa) y al día siguiente anuncia que permanece abierto a negociaciones sobre el tráfico en el Estrecho de Ormuz, al tiempo que vuelve a amenazar a China con imponerle aranceles desmesurados.
Es la práctica diaria del TACO (Trump Always Chicken Out, Trump siempre se acobarda) a la que ya tiene acostumbrado a los estadounidenses, incluidos los partidarios de su mantra MAGA.
Entretanto, en nuestro territorio común, Europa, se está expandiendo una palabra clave: multi-policrisis. Ese es el término que más suena en los pasillos de las instituciones europeas para definir el plantel con el que se encuentra, una vez más, la inoperante UE ante un panorama internacional inestable que no es capaz —nadie lo es realmente— de digerir.
En el horizonte próximo, algunos eventos pueden añadir algo de sabor a la insípida ensalada de tofu que ofrece el menú diario comunitario. Islandia celebrará un referéndum en verano para decidir si reanuda las negociaciones con la UE con vistas a su ingreso. Un tema que se ha reabierto también en Noruega. Cómo verán el patio los vecinos periféricos que hasta Keir Starmer podría tener que lidiar con un posible “Breturn” en lo que le queda de legislatura ante el avance del “Bregret” después de un desventurado “Brexit”. Disculpen tanto neologismo para decir que, según las últimas encuestas, la decisión tomada en 2016 de abandonar la UE fue un error para una amplia mayoría de británicos. En el seno del partido laborista se están alzando voces pidiendo que el Reino Unido vuelva al mercado único e incluso que el programa para las elecciones de 2029 incluya el reingreso en la Unión Europea. La inestabilidad que están causando sus socios ultraatlánticos tal vez contribuya a ello. El último exabrupto del ególatra empresario-mandatario de la Casa Blanca ha amenazado —aunque veladamente— a sus primos brits con reconocer Las Malvinas como soberanía argentina, a modo de sanción, por su falta de apoyo en la aventura norteamericana en Irán. Vistos sus “prontos”, no sería de extrañar que, como castigo al “díscolo” Pedro Sánchez, intentara jugar una mala pasada a España con el reconocimiento de Ceuta y Melilla, haciendo las delicias de su fiel aliado africano, el rey alauita.
Por otra parte, la derrota de Orbán en Hungría ha abierto una ventana de aire fresco para la toma de decisiones en la UE. Prueba de ello es que acaba de desbloquearse la ayuda de 90 millardos de euros prometida a Ucrania, montante que irá transfiriéndose por tramos en función de la implantación de las reformas exigidas a Zelensky, entre ellas la lucha contra la corrupción, y de la preferencia de compras militares de productos Made in Europe en lugar de estadounidenses.
Si hace nada la OTAN experimentó un notable aumento, territorial y político, con el ingreso en su organización en un tiempo récord de Finlandia (2023) y de Suecia tras superar los vetos de Hungría y Turquía (2024), ahora parece entrar en cierta inestabilidad después de que Donald Trump haya amenazado con retirarse de la organización por las reticencias y negativas de sus aliados europeos a participar en la ofensiva israelo-americana contra Irán y por no permitir utilizar el espacio aéreo a sus aeronaves involucradas en esa guerra. “Nunca me convenció la OTAN. Siempre supe que era un tigre de papel, y el presidente ruso, Putin, también lo sabe, por cierto”, declaró al diario Daily Telegraph.
Cada vez que Trump amenaza con abandonar la OTAN, lo que consigue es debilitarla
Ni que decir tiene que sus asesores más directos le han apoyado y secundado en este despropósito. Nadie en su gabinete suele llevarle la contraria o, quien sabe, igual participan con gusto de esos dislates, pues nunca un presidente de Estados Unidos se ha rodeado de tanto fanático y personas de escasa o nula competencia profesional (el “tertuliano” Pete Hegseth en el Pentágono o el antivacunas Robert F. Kennedy en la secretaría de Sanidad son buenos ejemplos de ello). Además, estas amenazas toman tintes más serios cuando es el secretario de Estado, Marco Rubio, quien las refrenda al referirse a que, una vez que termine la guerra con Irán, podrían reconsiderar sus relaciones con los aliados europeos de la OTAN.
Incluso el atlantista Donald Tusk, primer ministro polaco, considera que esta situación se asemeja peligrosamente al plan ideal de Putin, según escribió en la red X.
Como reacción, empieza a calar en los gobiernos europeos la duda de si Estados Unidos, ante una agresión externa a un país aliado (art. 5 del Tratado), acudiría en su ayuda, lo que conduce a que en alguna cancillería comiencen a plantearse si los americanos, bajo la Administración Trump, son un socio fiable. Como reza un contundente titular de The New York Times, cada vez que Trump amenaza con abandonar la OTAN, lo que consigue es debilitarla.
Este entorno inseguro hace que comiencen a abordarse seriamente en las reuniones UE un posible reforzamiento o reinterpretación de la cláusula de defensa colectiva que recoge el artículo 42.7 del Tratado de Lisboa, aunque la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen no parece darle la prioridad que merece. Esa disposición “...debe perfeccionarse para que funcione correctamente en la práctica”, afirmó la alemana, según recoge Politico, durante la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno celebrada los días 23 y 24 de abril en Chipre, sin fijar un calendario para comenzar a abordar esa tarea.
El presidente tuvo que ser evacuado de la Situation Room por su comportamiento “volátil e impredecible” durante la gestión de una operación militar
El paraguas estadounidense para la defensa colectiva comienza a tener más agujeros de lo normal y puede que llegues a mojarte más estando debajo que a la intemperie. ¿Podría servir de revulsivo para que, de una vez por todas, la Unión Europea se dote de una cadena de mando, una interoperabilidad militar y una doctrina común de respuesta ante una agresión exterior?
Llevamos ya muchos meses viviendo, a escala global, un espectáculo grotesco. Como no ha podido derrotar a Irán en el breve tiempo que esperaba, Trump amenaza con liquidar a todo un pueblo, a continuación propone una tregua de dos semanas, bloquea los puertos iraníes como respuesta al cierre de Ormuz, luego una tregua indefinida...
A primeros de abril se vivió un infierno en la Casa Blanca. Con motivo del derribo de un caza F-15 americano, Trump estuvo gritando y desbarrando durante horas en el centro de crisis, pidiendo el acceso a los códigos nucleares para acabar con Irán, lo que motivó el enfrentamiento con generales allí presentes. Resultado: el presidente tuvo que ser evacuado de la Situation Room, según informó el Wall Street Journal, por su comportamiento “volátil e impredecible”, totalmente inadecuado en el contexto del desarrollo y gestión de una operación militar real. Luego le fueron informando del desarrollo de la operación pero sin entrar en muchos detalles.
Aunque la guerra en Oriente Medio terminara en las próximas semanas, el estropicio ya está hecho a nivel global y será duradero. El cuadragésimo séptimo presidente de Estados Unidos será recordado en el futuro como un nefasto gobernante que tal vez haya marcado la inevitable pérdida de hegemonía de la primera potencia económica y militar.
Mientras, en la UE, parece que muchos dirigentes siguen a por uvas. Pero, eso sí, vestidos con un elegante terno estilo Chamberlain.
Cada semana que pasa cambia la situación geopolítica en función de las declaraciones que se le van ocurriendo al inquilino de la Casa Blanca —dependientes directamente de su nivel mañanero de cortisol—, en el momento de hacerlas ante una cámara o cuando escribe en su red Truth Social. Las últimas ocurrencias notables, en el momento de escribir estas líneas, fueron para “amenazar” a la OTAN con abandonar la organización o para reprochar al pontífice romano su “debilidad contra el crimen y su terrible política exterior”. Parece ser que León XIV le irrita especialmente por ser un americano que no dice amén a sus decisiones y, para más inri, originario de Chicago, un bastión demócrata.
Un buen día se levanta con mal pie y amenaza con eliminar toda una civilización (la milenaria persa) y al día siguiente anuncia que permanece abierto a negociaciones sobre el tráfico en el Estrecho de Ormuz, al tiempo que vuelve a amenazar a China con imponerle aranceles desmesurados.