Se va el papa, a ver qué hacemos ahora. "Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras" y la Cibeles, expedita. La visita, bien discursiva. El primero, en el Palacio de Oriente, recortando silueta sobre un águila bicéfala. (Mi enhorabuena al de la ocurrencia, no todos los días contempla uno al fabuloso obispo-quimera). Luego, en las Cortes Generales, para entusiasmo de sus señorías.
El episodio ha dado para mucho comentario. "Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural", siete minutos de ovación plenaria. Muera el aborto, vivan los viejos y los comatosos. Luego, en los pasillos, tortas por declararse fan del romano pontífice. Ya puestos, instauremos el reinado social de Cristo y así nos ahorramos el engorro de la democracia parlamentaria. Si Prevost llega a exigir que el Legislativo solucionase lo de la vivienda, amanecíamos sin un solo Airbnb, qué oportunidad perdida.
Y tras las filípicas, luz, color y pop catoliquillo hasta las cejas de estevia. Así como las murallas de Jericó cayeron a trompetazos, los diques de la vergüenza ajena han claudicado al son de guitarritas y voces lánguidas. Viendo las imágenes, diría que la visita apostólica ha consumado la victoria del evangelismo. Atiendan a la profecía: antes de que cante el gallo, veremos el barrio de Salamanca llenito de protestantes rumberos.
La primera pica la han clavado en el Bernabéu, epicentro perpetuo del Bando Nacional. Atiendan al menú: los Manolos, coreografías desaconsejadas para el ojo humano, el "creador del tema viral “Antonio Antónimo”" y un trío de graznidos interpretado por Bustamante, Diana Navarro y aquel chaval que hizo el ridículo en Eurovisión. Aprende, Stockhausen. ¿La guinda? Todo ello presentado por Christian Gálvez (lema que me imagino presidiendo la puerta de los infiernos).
Si Prevost llega a exigir que el Legislativo solucionase lo de la vivienda, amanecíamos sin un solo Airbnb, qué oportunidad perdida
En Barcelona la cosa ha sido más elegantona. Más europea, ya se sabe (la gente presume de cada cosa…). Tocaba inaugurar la torre más lustrosa del merengue de Gaudí. El espectáculo, bien pintón. Luces sincronizadas, escolanos cantando el gloria "de angelis", una formidable realización televisiva y la cara del venerable (¿o sería Papá Pitufo?) asintiendo sin demasiada convicción. Por lo demás, monjes en Montserrat y una parroquia del Raval: las dos Cataluñas.
El viaje se ha rematado este viernes en Canarias, tras encontrarse con migrantes y condenar la lacra del tráfico de personas y las prioridades nacionales. Menos fotos se ha tomado (un total de… ninguna) con las víctimas de abusos cortesía de la Iglesia. "Deeply concerned", patadón hacia adelante. Por lo demás, muy partidario de que los papas sean papas: vengan anatemas, enmiendas a la separación iglesia-Estado y tirones de orejas al respetable. ¡El único poder viene de lo alto, democratitas de pacotilla! Prefiero eso, a las franciscadas: declaración amable, implacabilidad doctrinal. "¿Quién soy yo para juzgar a los homosexuales?". Pues el vicario de Cristo, colega. De hecho, he echado de menos alguna amenaza a los infiernos. Porque los sodomitas no irán al cielo, pero los rentistas tampoco. "He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos". Trocotró. Figúrense la de gente que comulgó en el Corpus estando en pecado mortal.
Se va el papa, a ver qué hacemos ahora. "Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras" y la Cibeles, expedita. La visita, bien discursiva. El primero, en el Palacio de Oriente, recortando silueta sobre un águila bicéfala. (Mi enhorabuena al de la ocurrencia, no todos los días contempla uno al fabuloso obispo-quimera). Luego, en las Cortes Generales, para entusiasmo de sus señorías.