La doble apuesta (muy calculada) de Feijóo

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Al grano y sin circunloquios: a Alberto Núñez Feijóo le da (relativamente) lo mismo gobernar de la mano de Vox o con el permiso del PSOE. Si ha hecho el viaje Santiago-Madrid, sin entusiasmo pero con convencimiento, es porque ve (ciertas) posibilidades de llegar a la Moncloa. Génova 13 no deja de ser para él un apeadero incómodo, repleto de deudas, fantasmas, pruebas judiciales de corrupción… Pero la estación término es el Palacio de la Moncloa. No hacía falta que se lo recordara su (indeseada) cómplice Isabel Díaz Ayuso: “Aquí no estamos para ganar congresos sino para ganar elecciones”. Se equivocará la izquierda si desprecia o ignora la doble apuesta de Feijóo y sus posibilidades de éxito en estos tiempos de aceleración, ruido, propaganda robotizada… “infocracia”, que diría Byung- Chul Han.

Me explico (o al menos lo intento).

1.- El (todavía) presidente de la Xunta de Galicia ha conseguido la aclamación (98,3% de apoyo) que buscaba para dar el salto al liderazgo del PP nacional. Sobre su viaje político hemos contado estos días en infoLibre detalles suficientes para hacerse una idea del origen, el desarrollo y el contexto (lean, por favor, a mis compañeros Daniel Basteiro, Fernando Varela o Cristina Monge). El caso es que Feijóo ya se ha hecho con el cetro del PP, condición imprescindible para poder disputar el otro, el de la Moncloa. Adelantó para ello los idus de marzo al 24 de febrero, y concentró los apoyos de todas y todos aquellos que tenían pendiente por muy diferentes motivos asestar la puñalada política a Pablo Casado. Aún a costa de mirar para otro lado sobre las denuncias de corrupción, tráfico de influencias y hasta malversación de fondos públicos contra Isabel Díaz Ayuso.

2.- Si había que elegir entre Casado y Ayuso, Núñez Feijóo apostó por Rajoy. No escribiré ese tópico de la indefinición gallega porque soy consciente de la indignación gallega contra tal gilipollez: andamos sobrados de ejemplos de políticos de muy diferentes orígenes autonómicos o nacionalistas (e ideológicos también) expertos en disimular si suben o bajan la maldita escalera, y también de gallegos que demuestran tener clarísimas sus prioridades. El caso es que Feijóo ha conseguido coronarse como líder del PP nacional liquidando a Casado y dejando a Ayuso bastante debilitada, pendiente incluso de tener que sentarse en uno o varios banquillos. Si menciono a Rajoy es por esa clara imitación que hace Feijóo a la hora de esquivar “el lío”, las batallas internas y hasta los compromisos ideológicos: “haremos lo que haga falta”. Caiga quien caiga: con “la gente, los alcaldes, los vecinos…” P’alante. ¿Debate ideológico en el extraordinario congreso? Busquen (ver aquí).

3.- Si alguien esperaba que Feijóo clarificase en Sevilla su posición o estrategia frente a ese hijo pródigo del PP llamado Vox… puede sentarse a esperar. Ni lo ha hecho, ni lo hará. Presume (en el mejor de los casos) de que en Galicia Vox no existe, cuando todo el mundo sabe que la principal peculiaridad gallega es que Vox sigue dentro del PP. Fuera hace más frío. Entre otros motivos (pero muy principal) porque un gallego, de derechas, puede ser “muy y mucho español”, que diría Rajoy, pero seguirá siendo antes (o a la par como mínimo) gallego. Tiene la cosa concomitancias claras (y distancias considerables, por supuesto) con Euskadi y Cataluña. Antes le saldrán alas a un jabalí que mayorías a la ultraderecha españolista en las nacionalidades (o naciones) históricas del Estado.

4.- Que nadie se equivoque. Por supuesto que hay diferencias entre Feijóo y Casado, más allá de las ganadas a pulso en las formas sobre la supuesta “moderación” y el presunto “sentido de Estado” (veremos). Una especialmente trascendente y propagada por Feijóo desde su mismísimo estreno en Sevilla: defiende una España descentralizada y el respeto enriquecedor a sus lenguas frente a la idea fija y prepotente del nacionalismo español. Habrá que estar atentos a los choques con Abascal o Toni Cantó o Jiménez Losantos… Todo muy entretenido, si no fuera porque nos enfrentamos mientras tanto nada menos que a las consecuencias de una guerra en Europa.

¿Está dispuesto Feijóo a gobernar con Vox? ¡Por supuesto que sí!, aunque no lo proclame. Sabe que en las encuestas más fiables siete de cada diez votantes del PP aceptan o apoyan pactar con Vox

5.- ¿En serio defiende Feijóo una España plural, dialogante, respetuosa con sus diferentes lenguas, culturas y sentimientos nacionales? No se precipiten. Insisto en que Feijóo es gallego, habla gallego y sabe que si hubiera hecho al gallego tanto daño como a la sanidad o a la educación públicas, quizás hoy no estaría en la parrilla de salida para la futura presidencia del Gobierno.

6.- Insistimos (casi todas y todos) en la pregunta del millón: ¿Está dispuesto Feijóo a gobernar con Vox? ¡Por supuesto que sí!, aunque no lo proclame. Sabe que en las encuestas más fiables siete de cada diez votantes del PP aceptan o apoyan pactar con Vox. Por eso ha dado su visto bueno (o ha disimulado mirar a la otra esquina) sobre el acuerdo de gobierno en Castilla y León. Y por lo mismo hará equilibrios imposibles para justificar un gobierno PP-Vox en Andalucía si los números finales de Moreno Bonilla tras su inminente adelanto electoral así lo exigen. Y allí donde haga falta, de modo que las autonómicas y municipales de mayo de 2023 pueden dibujar un mapa de poder imposible o, como mínimo, inescrutable a priori.

7.- Es seguro, o al menos muy probable, que Feijóo certifique en los próximos días o semanas ese perfil “moderado” y pactista que ha logrado instalar en el imaginario mediático-popular, ya sea facilitando con la abstención del PP en el Congreso el plan de choque contra las consecuencias de la invasión de Ucrania o abriendo una negociación fructífera para la renovación (bloqueada desde hace más de tres años por el PP) del Consejo General del Poder Judicial, y la consiguiente renovación parcial también del Tribunal Constitucional, que toca en junio.

8.- Pero que nadie se confunda: pese al aluvión de encuestas que desde ya irán pronosticando la suma mayoritaria de PP y Vox en futuras citas electorales, la madre de todas las batallas que pretende dar Feijóo es la de “la lista más votada”. Aunque el PP ya ha demostrado reiteradamente que sólo plantea un acuerdo sobre esa base cuando le beneficia (ver aquí), probablemente planteará al PSOE un pacto “de Estado” para que ambos partidos permitan que el otro gobierne allí donde uno de ellos sea el más votado, en un ejercicio nostálgico de recuperación del bipartidismo imperfecto que tantas décadas de reparto de poder facilitó y que tantas lagunas democráticas dejó por el camino.

9.- La ambigüedad de Feijóo, prestigiada sin mover un dedo por la etapa de crispación y ruido protagonizada por el dúo Casado-García Egea, tiene un objetivo medido en números por los estudiosos de la demoscopia: entre 500.000 y 1.200.000 votantes que en un contexto determinado pueden inclinar su papeleta hacia el PSOE o hacia el PP y que ya dan por finiquitada la historia de Ciudadanos. Esa horquilla pretende disputar Feijóo a Sánchez a base de denunciar una supuesta radicalidad social-comunista, complicidad “separatista” o populismo “bolivariano”. Lo que haga falta. Si Sánchez se descuida, Feijóo le robará el traje de socialdemócrata con tal de sumar un voto al abanico que va desde el PSOE clásico hasta el territorio ultra de Abascal (no lo olvidemos, surgido desde el propio PP y cuyo regreso siguen añorando en Génova, 13).

La doble apuesta de Feijóo —para lograr el éxito— precisa, obviamente, de una galopante debilidad de la coalición de gobierno en su gestión de las consecuencias de la guerra de Ucrania, la ejecución de los fondos europeos para la recuperación y la batalla de comunicación política que tan bien dominan las derechas y su panoplia de altavoces mediáticos. Si algo tenemos vivido y experimentado en este país es que hasta la opción más insospechada es posible en política siempre quien la lidera sea capaz de hacer creer lo supuestamente increíble. Se equivocarán las fuerzas progresistas en el Gobierno si infravaloran las posibilidades de éxito de Feijóo. Más les vale utilizar el BOE para demostrar —por ejemplo— que la insistencia de la derecha en el mensaje de “bajar impuestos” es una trampa que sólo multiplica la desigualdad, y para desnudar los riesgos democráticos de un discurso en el que se da la espalda a las necesidades modernizadoras de España con tal de mantener un reparto elitista y ventajista del poder. 

Al grano y sin circunloquios: a Alberto Núñez Feijóo le da (relativamente) lo mismo gobernar de la mano de Vox o con el permiso del PSOE. Si ha hecho el viaje Santiago-Madrid, sin entusiasmo pero con convencimiento, es porque ve (ciertas) posibilidades de llegar a la Moncloa. Génova 13 no deja de ser para él un apeadero incómodo, repleto de deudas, fantasmas, pruebas judiciales de corrupción… Pero la estación término es el Palacio de la Moncloa. No hacía falta que se lo recordara su (indeseada) cómplice Isabel Díaz Ayuso: “Aquí no estamos para ganar congresos sino para ganar elecciones”. Se equivocará la izquierda si desprecia o ignora la doble apuesta de Feijóo y sus posibilidades de éxito en estos tiempos de aceleración, ruido, propaganda robotizada… “infocracia”, que diría Byung- Chul Han.

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