¿O yo o el lío? Pues el lío

Consiguió Moreno Bonilla que el único suspense de estas elecciones fuera si él podría gobernar solo o tendría que hacerlo con Vox: “¡O yo o el lío!”. Era la premisa necesaria sobre la que reclamar el voto útil para el PP. Los resultados de este domingo recuerdan aquella mítica portada de Hermano Lobo: “¡O nosotros o el caos!”, gritaba el candidato. Y la multitud respondía: “¡¡El caos, el caos!!”. Pues eso. Andalucía ha preferido ‘el lío’, el PP pierde cinco escaños y Moreno tendrá que pactar con Vox si quiere gobernar, como ya ha ocurrido en los otros tres comicios autonómicos de los últimos meses. Repetimos: Feijóo ha hecho un pan como unas hostias. Había una segunda incógnita este 17 de mayo, y era si el batacazo del PSOE sería todavía mayor que el de 2022: lo ha sido en escaños (ha perdido dos) pero ha recuperado votos. Pudo ser aún peor, si asumimos que ningún exministro de Hacienda suele recibir el aplauso de las urnas. Adelante Andalucía ha sido claro ganador este domingo, al cuadruplicar su resultado, mientras Por Andalucía –la candidatura de consenso a la izquierda del PSOE– se queda como estaba. 

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¿Son estos datos extrapolables a unas elecciones generales? ¿Supondrán algún cambio inmediato en la estrategia de bloques? No, pero contienen algunos avisos importantes. Vamos por partes.

1.- La ‘vía tranquila’ del PP, la que se contrapone al ayusismo, tampoco funciona como tapón de Vox. Moreno Bonilla ha logrado adormecer voto socialista o capturarlo, planteando la utilidad de votar azul para frenar el ascenso verde, lo cual exigía rechazar el disparate de la “prioridad nacional” de Abascal (ridiculizada en medio de la campaña por la crisis del hantavirus y el rescate del barco multinacional que incluía españoles). Es decir, la campaña y el programa de Moreno suponían una rectificación de los pactos del PP en Extremadura, Aragón y Castilla y León, donde los de Feijóo han tragado con todas las principales reclamaciones de Vox, sobre inmigración, sobre violencia machista, sobre agenda verde, sobre adelgazamiento de lo público y debilitamiento del estado del bienestar. El mayor obstáculo que enfrentaba Moreno era la crisis de los cribados, y lo esquivó en primer lugar cambiando de conversación (“Cataluña nos roba con la complicidad de María Jesús Montero y Sánchez”); y en segundo lugar prometiendo una reforma “de arriba abajo” del Servicio Andaluz de Salud (que se preparen los andaluces, que ya está Quirón listo para hacer caja). Ahora uno se pregunta: ¿va a tragar también Moreno con la “prioridad nacional” que ha rechazado y con el resto del pack que Feijóo viene comprando a Abascal? Me temo que sí. 

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2.- María Jesús Montero tenía probablemente la papeleta más complicada de todos los candidatos (el resto eran varones). Por una parte, cargada con el “estigma” de aterrizar desde el Gobierno y por tanto dispuesta a asumir el supuesto desgaste de su cercanía a Sánchez (como le ocurrió también a Pilar Alegría en Aragón). Por otra, obligada a explicar en su tierra andaluza las bondades de un acuerdo de financiación autonómica que antes de nacer ya ha sido distorsionado por las derechas mediáticas y políticas como un regalo a Cataluña a costa del resto de autonomías. Cometió el error de definir como “accidente laboral” (que también lo era) el siniestro que costó hace unos días las vidas de dos guardias civiles en Huelva en una persecución de narcotraficantes. No fue capaz de movilizar al máximo a un electorado socialista que sigue siendo más numeroso cuando se trata de generales que en las citas autonómicas, pero, aunque ha perdido dos escaños respecto a 2022, ha conseguido recuperar más de 50.000 votos.

3.- Vox volvía a examinarse en el escenario donde debutó. La extrema derecha entró con partido propio por primera vez en décadas en un Parlamento español en 2018, y fue en Andalucía con doce escaños, capitaneado por un juez llamado Francisco Serrano, el inventor de las “paguitas” que terminó condenado precisamente por utilizar subvenciones de forma irregular para negocios particulares tras una rigurosa investigación de infoLibre (ver aquí). El partido de Abascal sigue creciendo, aunque no tanto en Andalucía como en otras latitudes. El marco/matraca de la “prioridad nacional” que Abascal y Manuel Gavira han gritado en los 14 mítines que han protagonizado estas dos semanas ha chocado con el barco MV Hondius y el operativo coordinado por el Gobierno de Sánchez, elogiado por la OMS, por la UE y hasta por el papa, mientras Vox, el PP y el presidente canario, Fernando Clavijo, lo rechazaban o incluso boicoteaban. El nacionalismo trumpista de Vox es incompatible con la humanidad (incluso con un patriotismo decente).

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4.- Adelante Andalucía ya despuntaba en las encuestas, pero lo ha hecho aún más en las urnas, donde multiplica por cuatro su presencia en el Parlamento. Las claves del éxito son variadas, pero podríamos destacar dos: un candidato creíble y eficaz, José Ignacio García –popularmente apodado El Gafas porque logró introducir una enmienda en los Presupuestos de Moreno para que la Comunidad financie las lentes de quienes las necesitan–; y un discurso pegado al terreno, al territorio, a la gente y a sus problemas inmediatos. Este segundo factor conecta con el éxito de otras candidaturas de carácter territorial que vienen cosechando muy buenos datos en muy distintos enclaves: en Galicia el BNG; en Aragón la Chunta o en Extremadura, Unidas Por Extremadura. Son signos que apuntalan la realidad de un Estado diverso y plurinacional que no tiene por qué caer en las tentaciones de nacionalismos excluyentes ni xenófobos, sino que sirven para profundizar en un federalismo eficaz para resolver los problemas más cercanos.

5.- Por Andalucía, la candidatura que reunía al espacio Sumar y a Podemos, capitaneada por Antonio Maíllo, el líder de Izquierda Unida, ha logrado mantener los cinco escaños que tenía. No es un mal resultado si partimos de las expectativas de una caída libre de ese espacio en todas las encuestas y de un acuerdo con Podemos tan frágil que su exlíder, Pablo Iglesias, lo descalificó sin ambages a las pocas horas de la firma. No pudo ser la unidad con Adelante Andalucía ni tampoco sirven los cálculos de lo que podría haber sido y no fue: creer que yendo juntos sumarían 13 no es realista, porque es difícil saber cuántos electores se habrían “bajado” de la movilización al descreer de la alianza. 

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En Andalucía culmina el ciclo electoral que Feijóo se empeñó en abrir en Extremadura hace unos meses. Se supone que quería distanciarse de Vox y hoy la dependencia de Abascal es aún mayor. Lo dicho, un pan como unas hostias

Escucharemos y leeremos estos días algunas exageraciones. Por si acaso: ni el resultado andaluz de Moreno Bonilla va a suponer una modificación de la estrategia “atrapalotodo” de Feijóo, ni va a acelerar una convocatoria de elecciones generales. Es más, desde el punto de vista de la estrategia de Sánchez, lo cierto es que en Andalucía culmina el ciclo electoral que Feijóo se empeñó en abrir en Extremadura hace unos meses. Se supone que quería distanciarse de Vox y hoy la dependencia de Abascal es aún mayor. Lo dicho, un pan como unas hostias.  

Sí debería suponer un último aviso para la izquierda alternativa, que tiene que estudiar muy bien sus pasos para remotivar de una vez a un electorado disperso y desencantado, y en su mayor parte poco o nada dispuesto (contra lo que algunos en Ferraz sueñan) a votar al PSOE, que debería también tomar muy buena nota de algo evidente: no basta con exprimir el miedo (real) a los gobiernos del PP con la extrema derecha (ya están aquí); se necesita un frente democrático y progresista cargado de esperanza y de propuestas realistas y convincentes. Nada fácil, pero sí posible.

Por lo demás, conviene no olvidar el tercer globo de aquella viñeta de Ramón en Hermano Lobo; es decir, la respuesta del candidato cuando la gente gritaba “el caos, el caos”. Rezaba: “Es igual, también somos nosotros”. Y por si algún detalle faltara a esa promesa de inestabilidad y retroceso, apunten cuál ha sido la sexta fuerza en Andalucía: Se Acabó la Fiesta. No digo más (aunque sí recomiendo la lectura de esta reflexión de Ignacio Sánchez-Cuenca sobre la “irresponsabilidad” de los votantes.

Consiguió Moreno Bonilla que el único suspense de estas elecciones fuera si él podría gobernar solo o tendría que hacerlo con Vox: “¡O yo o el lío!”. Era la premisa necesaria sobre la que reclamar el voto útil para el PP. Los resultados de este domingo recuerdan aquella mítica portada de Hermano Lobo: “¡O nosotros o el caos!”, gritaba el candidato. Y la multitud respondía: “¡¡El caos, el caos!!”. Pues eso. Andalucía ha preferido ‘el lío’, el PP pierde cinco escaños y Moreno tendrá que pactar con Vox si quiere gobernar, como ya ha ocurrido en los otros tres comicios autonómicos de los últimos meses. Repetimos: Feijóo ha hecho un pan como unas hostias. Había una segunda incógnita este 17 de mayo, y era si el batacazo del PSOE sería todavía mayor que el de 2022: lo ha sido en escaños (ha perdido dos) pero ha recuperado votos. Pudo ser aún peor, si asumimos que ningún exministro de Hacienda suele recibir el aplauso de las urnas. Adelante Andalucía ha sido claro ganador este domingo, al cuadruplicar su resultado, mientras Por Andalucía –la candidatura de consenso a la izquierda del PSOE– se queda como estaba. 

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