Esta ha sido una de esas semanas en las que resulta ardua la tarea de seleccionar un asunto concreto en el que poner el foco cuando se suceden acontecimientos que son –o uno intuye que pueden ser– trascendentes para el inmediato futuro de este país, de la democracia, de la convivencia y de las cosas que más afectan a la vida de la gente (especialmente de los más vulnerables). Es preciso cada día más un ejercicio selectivo, de modo que procuremos no escribir o hablar demasiado de las falsedades o simples gilipolleces que desde los aparatos mediáticos de la extrema derecha lanzan con el fin de establecer un marco de conversación pública perverso. (Por ejemplo esa supuesta enfermedad cardiovascular de Pedro Sánchez inventada por Federico Jiménez Losantos y elevada a la tribuna parlamentaria por Cayetana Álvarez de Toledo: ni una sola prueba, pero tampoco dudas. El objetivo es obvio).
Feijóo hace como que no se entera de que el emérito está en Abu Dhabi por asuntos que nada tienen que ver con el 23F, sino con el fraude fiscal de más de ocho millones de euros y los cien millones en Suiza
Vayamos a lo que importa.
- Desclasificados (¡45 años después!) los papeles del 23F, no se le ocurre otra cosa al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, que pedir el retorno inmediato del rey emérito a España tras conocerse –según él– que Juan Carlos I “paró el golpe de Estado” y “contribuyó a sostener la democracia”. Más allá de discutir las conclusiones extraídas de los documentos desclasificados (ver aquí algunas sombras evidentes), resulta entre disparatada y ofensiva la propuesta de Feijóo. Hace como que no se entera de que el emérito está en Abu Dhabi por asuntos que nada tienen que ver con el 23F, sino con el fraude fiscal de más de ocho millones de euros a la caja de todos los españoles (pagó más de cuatro para regularizar su situación) y con los cien millones de dólares ocultos en Suiza. Debería Feijóo releer el comunicado que el actual rey, Felipe, hizo público –¡casualmente!– el mismo día que se decretó el estado de alarma por la pandemia y en el que renunciaba a su herencia tras darse por enterado de que su padre tenía fondos ocultos en fundaciones erradicadas en paraísos fiscales cuyo origen estaba en las dádivas efectuadas –¡vaya usted a saber por qué!– por las monarquías autócratas del Golfo –con mayúscula– (ver aquí). Se autorretrata Feijóo al lanzar propuestas tan disparatadas, sin siquiera plantear la necesidad imperiosa de que el emérito pida de una vez por todas disculpas a la ciudadanía por aprovecharse de la jefatura del Estado para amasar una fortuna ilícita. Pero este disparate tiene una segunda lectura: la derecha hace tiempo que no disimula en qué consiste su verdadero concepto de “patriotismo”, ligado a la impunidad, a la picaresca, al relativismo y al rechazo de toda norma regulatoria que suponga el menor control a negocios nada “patrióticos”.
- Yolanda Díaz ha anunciado que se aparta de cualquier carrera por repetir en el liderazgo del llamado espacio Sumar. Es un gesto de una generosidad que en política no abunda (tampoco en otras dedicaciones, por cierto). Era evidente que sin ese paso no podría abrirse en profundidad el proceso de reseteo o remotivación del electorado a la izquierda del PSOE. Después del acto convocado por Rufián y Delgado y del que congregó en el Círculo de Bellas Artes a centenares de personas en torno a voces representativas de Sumar, Más Madrid, Izquierda Unida y los comunes, el anuncio de Yolanda Díaz precipita aún más el proceso que hace meses Antonio Maíllo ya defendió como inexcusable, por responsabilidad ante un electorado que oscila entre la decepción y el enfado; y por el riesgo ya absolutamente presente de una extrema derecha que tiene abducido a un Partido Popular sin piloto al volante (o con un piloto que no entiende el navegador). Esa hoja de ruta que el pasado sábado se anunció con un mensaje común y esperanzado que sea capaz de desterrar la melancolía, la tristeza y el derrotismo necesita ahora cargar de contenido la mochila de los demócratas para impedir que los bárbaros (en definición de Jaime Miquel) sigan pescando en caladeros de jóvenes indignados por el problema de la vivienda o una España vaciada sin horizontes claros. El empeño no es sencillo, pero tampoco imposible. Convendría no caer en el marco permanente que imponen los aparatos políticos, económicos y mediáticos neoliberales, siempre deseosos de cargar a la izquierda incluso con la culpa de la explosión de la ultraderecha. Como apuntaba hace unos días Ignacio Sánchez-Cuenca (ver aquí), los datos económicos reales y los avances sociales comprobables señalan más bien al peso que el ultranacionalismo español en su sobreactuación contra el procés catalán ha tenido en el auge de Vox y Alvises y Negres y Vitos y toda esa peligrosa tropa. Lo cierto es que el anuncio de Yolanda Díaz acelera el proceso que debe desembocar lo antes posible en una propuesta política que no tiene que empeñarse en arreglar el mundo, sino en establecer unas pocas pero indiscutibles prioridades con consecuencias prácticas y compromisos firmes (estilo Mamdani) y en un liderazgo ilusionante, potente y creíble, respetado por todas y cada una de las fuerzas que quieran sumarse a ese frente democrático. Díaz deja así un autorretrato que centra el foco en su enorme labor como ministra de Trabajo y demuestra realismo al aplicarse la máxima de “sobre todo, no estorbar”.
- Junts ha votado en contra del paquete de medidas del llamado escudo social una vez separado el decreto de subida de las pensiones. Se puede seguir discutiendo si los decretos ómnibus deberían prohibirse o no, pero uno no se cansa de repasar anteriores decretos ómnibus de distintos Gobiernos y no es fácil encontrar uno en el que las medidas tengan tanta coherencia y relación entre sí: desde las ayudas a damnificados por la dana o los incendios a la congelación de cuotas de los trabajadores autónomos (ver aquí). Para escribirlo claro: PP y Vox no votarían muchas de las medidas de este escudo social por mucho que se sacara de él ese asunto de la prórroga de la protección de familias vulnerables frente a los desahucios. Y Junts se ha autorretratado al votar de la mano de las otras derechas después de que el PNV mantuviera su apoyo al Gobierno tras conseguir matizar ciertas condiciones de protección a pequeños propietarios. Ese voto (no es el primero ni será el último) retrata sobre todo la realidad de un giro parlamentario que va arrimando el ascua de Puigdemont a la sardina de una posible mayoría PP-Vox, atento además a la competencia directa con la extrema derecha nacionalista Aliança Catalana, que roza en algunas encuestas la segunda posición electoral. No le queda otra al Gobierno de coalición que seguir intentando sacar adelante leyes que mejoren la vida de la gente y demuestren la utilidad de sus acuerdos. La cuestión es hasta cuándo puede y debe soportarse el desproporcionado desgaste político que causan los desplantes de Junts. (Sánchez intentará resistir hasta que los números permitan la posibilidad de una nueva mayoría de progreso).
- Para ser sincero, el autorretrato quizás más preocupante e indignante de la semana es el dibujado por un Consejo General del Poder Judicial que decide –gracias a la mayoría conservadora y a la falsa equidistancia de su presidenta, Isabel Perelló– archivar los expedientes sancionadores abiertos contra el juez Eloy Velasco, el que aludió a Irene Montero como “cajera de Mercadona” y al juez Manuel Ruiz de Lara por tachar a Begoña Gómez de “barbigoña”, entre otros insultos y descalificaciones personales (ver aquí). No consideran sus conservadoras excelencias que haya el menor problema en que jueces en ejercicio se permitan no solo pregonar sus posiciones políticas, sino hacerlo además insultando con nombres y apellidos a una exministra y eurodiputada y a la esposa del presidente del Gobierno. Tras la condena sin pruebas del fiscal general del Estado no hacía falta nada más para declarar la alarma ante actuaciones desde el ámbito judicial que están socavando el equilibrio de poderes e incluso la presunción de inocencia. Pero el hecho de que el máximo órgano de gobierno de los jueces proteja y deje en la impunidad total a magistrados cuyos ataques y ofensas no tienen sombra de duda indica además la prepotencia con la que los sectores más conservadores de la judicatura han decidido actuar. Y en esta senda no se libra, sino muy al contrario, la presidenta Isabel Perelló, supuestamente emplazada a equilibrar un Consejo que por fin desatascaba el bloqueo ejercido por el PP durante cinco años y que se demuestra en cada pleno como una especie de peón al servicio del rey Marchena. ¿Se imaginan sentarse en un banquillo y que aparezca por la puerta del fondo uno de esos jueces totalmente ajenos a su obligación de imparcialidad? Para echarse a temblar.
P.D. Al cierrre de estas líneas conocemos el ataque militar lanzado por Trump y Netanyahu contra Irán (ver aquí). No disimulan su intención de acabar por la fuerza con cualquier régimen (sea autocrático o democrático) que suponga una amenaza a su dominio en Oriente Próximo. El dúo genocida aprovecha la revolución popular que en los últimos meses ha sido criminalmente reprimida para intentar debilitar definitivamente la fuerza militar iraní y colocar al frente del gobierno a alguien que se someta a sus intereses. Si lo logra, ningún demócrata echará de menos a los ayatolás (tampoco yo), pero conscientes de que se trata de un nuevo golpe en el tablero para controlar los recursos energéticos y los gobiernos que se resistan a su estrategia.
Esta ha sido una de esas semanas en las que resulta ardua la tarea de seleccionar un asunto concreto en el que poner el foco cuando se suceden acontecimientos que son –o uno intuye que pueden ser– trascendentes para el inmediato futuro de este país, de la democracia, de la convivencia y de las cosas que más afectan a la vida de la gente (especialmente de los más vulnerables). Es preciso cada día más un ejercicio selectivo, de modo que procuremos no escribir o hablar demasiado de las falsedades o simples gilipolleces que desde los aparatos mediáticos de la extrema derecha lanzan con el fin de establecer un marco de conversación pública perverso. (Por ejemplo esa supuesta enfermedad cardiovascular de Pedro Sánchez inventada por Federico Jiménez Losantos y elevada a la tribuna parlamentaria por Cayetana Álvarez de Toledo: ni una sola prueba, pero tampoco dudas. El objetivo es obvio).