No es por viejo, es por gilipollas

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La juventud no es ningún mérito, aunque Occidente lleve medio siglo sacralizándola a través de la publicidad, la televisión, la música y la política. La juventud, y me refiero a la física, a la del carné de identidad, es una etapa de la vida que se atraviesa y se deja atrás. Es cierto que se suele tener más vigor y entusiasmo a los 20 o 30 años que a los 50 o 60, pero es por una cuestión estrictamente fisiológica, ajena a las virtudes propias del individuo.

Del mismo modo, la vejez no es una enfermedad, un accidente o una tragedia. Es otra etapa, que, por cierto, alcanza menos gente, en la que los achaques físicos suelen ir acompañados de mayor experiencia y sabiduría. Sociedades no tan intoxicadas por el capitalismo salvaje consideran a sus mayores como un valioso patrimonio comunitario.

En alguna que otra ocasión, trolls ultraderechistas me han llamado en redes sociales viejuno o yayoflauta como si ello pudiera insultarme. No me insulta, no. Tales epítetos ni me quitan lo bailao, ni lo que todavía puedo bailar. Solo manifiestan la memez de sus emisores.

Pero existe también otra forma más sutil de insultar a los seniors, y es tratarlos con pena, condescendencia o conmiseración. Como si fueran niños o discapacitados mentales, y, bueno, no son lo primero y, la gran mayoría, tampoco lo segundo. Esta otra forma incluso puede ser expresión de un cierto paternalismo o buenismo mal placé.

No voy, pues, a insultar a Ramón Tamames por razón de su edad y sus problemas físicos en su candidatura a la presidencia del Gobierno de España. Y, por supuesto, no me reiré si tiene dificultades para subir a la tribuna de oradores del Congreso. Pero, atención, tampoco voy a perdonarle la vida por piedad puesto que tiene 89 años. Voy a respetarle tanto que le diré con franqueza lo que pienso. Como lo haría con alguien de 30, 40 o 50 años.

No es por viejo, sino por gilipollas, por lo que tantos le criticamos, señor Tamames.

Usted está en su derecho a presentarse a la presidencia, pero los demás también estamos en nuestro derecho al decirle que se presta al juego sucio de los herederos políticos e ideológicos del régimen que le metió en la puta cárcel. Y también, claro, al show de las cadenas de televisión siempre sedientas de espectáculos esperpénticos.

Usted está en su derecho a presentarse a la presidencia, pero los demás también estamos en nuestro derecho al decirle que se presta al juego sucio de los herederos políticos e ideológicos del régimen que le metió en la puta cárcel

¿De veras puede España permitirse estas tonterías? Quizá sí, pero en este caso estamos no solo mucho mejor de lo que dice VOX, sino en la situación del rico que puede darse el lujo de entretenimientos caprichosos. Creo que esto es lo que se han maliciado los del PP, que el numerito circense de Abascal y Tamames retrata una España que no va tan mal.

Usted mismo, señor Tamames, dijo anteayer en una entrevista televisada: "No soy particularmente crítico con Pedro Sánchez. Le tengo cierta estima". ¿Entonces?

Una frasecita tan manida como trasnochada dice que el que no es revolucionario a los 20 años no tiene corazón y el que lo es a los 60 no tiene cerebro. No negaré que el paso de la edad favorece el aburguesamiento, pero ello no es contradictorio con el hecho de que muchos mayores sepan conservar su juventud moral e intelectual. Mayores que mantienen o incluso acentúan el espíritu crítico e irreverente de sus años mozos. Podría hacer un listín telefónico de ejemplos de ayer y de hoy, pero citaré tan solo a los que me vengan a la memoria de inmediato: José Luis Sampedro, José Luis Aranguren, Juan Goytisolo, Federico Mayor Zaragoza, Noam Chomsky, Stéphane Hessel, Dashiell Hammett, Bakunin, Voltaire

Traicionar los sueños de tus 20 años no es tan inevitable como las arrugas, señor Tamames. Pasar de dirigente comunista a candidato de la ultraderecha, ni tan siquiera es natural. En absoluto. Ahí existe una voltereta que, se lo voy a decir sin la menor condescendia por razón de su edad, resulta grotesca. Como resulta penoso el caso de Fernando Savater, que fue un ácrata de pensamiento luminoso en la Transición y ha terminado siendo vocero de casi todas las causas oscuras: el nacionalismo españolista, el antifeminismo, el odio a la izquierda, el desprecio a la juventud y, creo que también, el coñac 3 Cepas para las corridas de toros.

Un buen artículo de José Manuel Rambla en infoLibre le ha retratado a usted bastante bien, señor Tamames. En su próximo show parlamentario, Rambla ve “la desesperación del político olvidado por entonar su último canto de cisne en el lago sensual de la vida pública. Un canto que, sin embargo, amenaza con parecerse al cacareo desafinado de un humillado profesor ante el auditorio borracho de un cabaret”.

Me gustó también el comentario que sobre su caso hizo Daniel Basteiro en una tertulia mañanera de La 1: “No hay buen viento para quien no sabe adónde va”. Señor Tamames, está estrellando el velero de su vida contra una roca cubierta de chapapote. No se nos ponga a llorar si sale contusionado y embreado. Compórtese como un adulto.

La juventud no es ningún mérito, aunque Occidente lleve medio siglo sacralizándola a través de la publicidad, la televisión, la música y la política. La juventud, y me refiero a la física, a la del carné de identidad, es una etapa de la vida que se atraviesa y se deja atrás. Es cierto que se suele tener más vigor y entusiasmo a los 20 o 30 años que a los 50 o 60, pero es por una cuestión estrictamente fisiológica, ajena a las virtudes propias del individuo.

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