'Calienta izquierdas'

Se está produciendo un fenómeno digno de estudio. Ante el hecho constatado de que los votantes progresistas demandan la unión de las distintas izquierdas porque solo así se podría intentar frenar el inexorable avance de la radicalizada derecha, ha surgido un movimiento calienta izquierdas. Se trata de animar al personal sabiendo de antemano que les van a dejar con las ganas.  Hay necesidad de estar en el foco mediático, por un lado. Y por otro, hay urgencia en no desaparecer. Convertirse en la nada no renta. Cuando trabajas de político profesional, cuesta reinventarse. Hay una parte positiva, la movilización es necesaria, pero la frustración si no se cumplen las expectativas creadas provocará el efecto contrario al deseado.

Llevamos ya unos meses en que los partidos de izquierdas ven que se acercan las Generales y en los que las elecciones en Aragón y Castilla León han arrojado resultados nefastos para sus intereses. Con los comicios en Andalucía a la puerta de la esquina, se mascaba la tragedia. Así que Podemos dio un paso al frente para poder integrarse en Por Andalucía en plena Semana Santa. Lo que se vendió como un sacrificio de cuaresma, tenía más de necesidad imperiosa que de martirio. Las encuestas lo colocaban fuera y era conveniente no seguir quedando en evidencia. Por eso sorprendió tanto que Pablo Iglesias comenzara a hacer campaña en contra de la coalición justo después de firmar. Como si alguien les hubiese obligado a adherirse por la fuerza.

Es curioso que el encuentro entre Rufián y Emilio Delgado, tan criticado por Ione Belarra, se haya replicado un mes y medio después sustituyendo al diputado de Más Madrid por Irene Montero

En las negociaciones que se llevan a cabo en estos casos, se consensúa el reparto de subvenciones o el de técnicos parlamentarios, entre otra serie de detalles que no son ninguna tontería. Además, esto permite no quedarte fuera y poder volver a presentarte a unas elecciones sin partir de cero. En Andalucía no es un requisito recabar avales para presentarse a las elecciones. En las generales, en cambio, la cosa cambia. Si sales del Congreso porque no has obtenido diputados, tendrás que lograr “la firma, al menos, del 0,1 % de los electores inscritos en el censo electoral de la circunscripción por la que pretendan su elección”, según el artículo 169 de la LOREG. Empezar de nuevo. 

El encuentro entre Irene Montero y Rufián esta semana en Barcelona ha resultado fantástico para los votantes más emocionales de la izquierda, que aún sienten nostalgia por lo que pudo ser y terminó en un divorcio retransmitido como un culebrón. También ha servido a los protagonistas.

A Rufián no le entienden en ERC y lleva años en la cuerda floja. Su éxito en tiktok no le inmuniza, necesita titulares en los medios, que es lo que leen sus mayores, para que comprendan que es una pieza imprescindible. Claro, que Esquerra no tiene aspiraciones en todo el territorio, su objetivo es exclusivamente Cataluña, y que su portavoz en la Cámara Baja resulte simpático a los españoles no les parece útil para la causa. Tampoco en las candidaturas de izquierdas de ámbito nacional consideran que les aporte integrar a un partido nacionalista, sino que más bien les resta.

Irene Montero, que alza su voz con energía en el Parlamento Europeo, precisa un altavoz que llegue a los votantes pero, a pesar de sus esfuerzos, aquí no se la escucha tanto como sería deseable. Es curioso que el encuentro entre Rufián y Emilio Delgado que se celebró en Madrid el pasado 18 de febrero llamando a la movilización de la izquierda para crear un frente electoral unido, que tan criticado fue por Ione Belarra, se haya replicado un mes y medio después sustituyendo al diputado de Más Madrid por Montero. En cálculos electorales, mola calentar al votante progresista, aunque cuando llegue la hora de materializar las buenas intenciones se repita eso de que “hay una inmensa desilusión entre la gente de izquierdas”.

Se está produciendo un fenómeno digno de estudio. Ante el hecho constatado de que los votantes progresistas demandan la unión de las distintas izquierdas porque solo así se podría intentar frenar el inexorable avance de la radicalizada derecha, ha surgido un movimiento calienta izquierdas. Se trata de animar al personal sabiendo de antemano que les van a dejar con las ganas.  Hay necesidad de estar en el foco mediático, por un lado. Y por otro, hay urgencia en no desaparecer. Convertirse en la nada no renta. Cuando trabajas de político profesional, cuesta reinventarse. Hay una parte positiva, la movilización es necesaria, pero la frustración si no se cumplen las expectativas creadas provocará el efecto contrario al deseado.

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