Gobernar a golpe de IA

La IA promete convertirse en el mejor asesor de los líderes políticos. Más allá del resultado de la búsqueda –que tampoco hacía falta, porque todo el mundo sabe que las ratas son las primeras en abandonar el barco–, lo que más inquietud causa del pantallazo de Fernando Clavijo tratando desesperadamente de boicotear la operación del Hondius, es que el presidente de una comunidad consulte a la IA qué hacer en una situación crítica y lo utilice con absoluta fe, solo porque se lo dicen los algoritmos, llevarán la razón.

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Los pobres asesores tienen los días contados, sus jefes confían más en las redes neuronales artificiales (RNA) que en la función de conexión de sus propias sinapsis. Lógico, por otro lado, porque los consejeros son los primeros que apuestan por la sapienza universal de este moderno oráculo de Delfos que lo mismo te soluciona cómo limpiar las zapatillas que dar una respuesta cuando se te han acabado las excusas.

Hay que mirarlo por el lado positivo. Prescindir de los consejeros supondría un considerable ahorro. Ya no hace falta que te venga un Iván Redondo de turno como estratega de cabecera a contarte si es mejor ponerte gafas de sol para meterse a los votantes en el bolsillo, para eso está Claude, el asistente personal de IA más deseado. Justo lo que necesitas. No te juzga, si le diriges correctamente te responde en el acto lo que quieres oír y por ahora no va a querer ocupar tu puesto ni plantea problemas de conciliación.

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La IA nos va a gobernar por la dejación de funciones de quienes mandan. Seguro que hasta Miguel Ángel Rodríguez le ha consultado excusas para justificar el fiasco de Ayuso en México: ‘Claude, ¿cómo salir airoso de haber tenido que regresar con el rabo entre las piernas? “Transformando un revés en un agravio –responde el asistente artificial–, movilizando emocionalmente al electorado y cargando la responsabilidad sobre sus dos adversarios predilectos, Sánchez y la izquierda latinoamericana”. Y así, MAR solo tiene que hacer check. Más fácil imposible. Listo. Le ha leído el pensamiento, como si le hubiera parido. Igual es que los humanos somos más predecibles de lo que creemos.

Si Florentino hubiera consultado también antes de su errática rueda de prensa, igual no habría quedado como un señoro en horas bajas

Ay, si Florentino hubiera consultado también antes de su errática rueda de prensa, igual no habría quedado como un señoro en horas bajas. Acostumbrado a que ministros, alcaldes y presidentas autonómicas coman de su mano, no lleva bien que se le cuestione. El presidente del Real Madrid no cree que la IA vaya a salvarle el pellejo madridista. Ha usado su método de siempre, jugar a la sorpresa y embestir contra el enemigo. Esta vez, el enemigo es un joven empresario energético que se ha forrado con las renovables y con pedigrí en el sector de la construcción por parte de padres, que contaría con el aval del yerno de Sánchez Galán. Se masca la segunda parte del culebrón que protagonizaron el presidente de ACS y el de Iberdrola, hace más de 15 años, cuando ante el miedo a OPAs de capital extranjero tras lograr la italiana Enel el control en Endesa, se animó a constructores a entrar en compañías energéticas. El asunto es que a Florentino le gusta mandar y quiso tener más voz de la que le quería dar Galán, quien acabó ganando la batalla.

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El espectáculo de Florentino promete más diversión que los proporcionados por la inteligencia artificial. Yo siempre recomiendo a quien descubre emocionado la IA que le pregunte por un tema en el que sea experto para valorar cuánto acierta o yerra y cuestionar un pelín más las respuestas.

La IA promete convertirse en el mejor asesor de los líderes políticos. Más allá del resultado de la búsqueda –que tampoco hacía falta, porque todo el mundo sabe que las ratas son las primeras en abandonar el barco–, lo que más inquietud causa del pantallazo de Fernando Clavijo tratando desesperadamente de boicotear la operación del Hondius, es que el presidente de una comunidad consulte a la IA qué hacer en una situación crítica y lo utilice con absoluta fe, solo porque se lo dicen los algoritmos, llevarán la razón.

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