Desde la tramoya

El Gobierno para una nueva narrativa

Luis Arroyo nueva.

Creo que han acertado plenamente quienes hayan participado en la configuración del nuevo Gobierno. Lo creo por tres motivos.

Primero, porque esas cinco nuevas ministras y esos tres nuevos ministros (incluyendo a Iceta) son muy adecuados para mostrar un perfil mucho más político, más militante y más cálido. El Gobierno anterior era, por resumirlo, un Gobierno de crisis, de pandemia, y muy centrado por ello en el presidente del Gobierno y en el ministro o ministra de Sanidad. Se espera que el resto de la Legislatura sea para la recuperación, para la administración inteligente de las toneladas de dinero que van a llegar de la Unión Europea, y para reforzar el perfil de un Gobierno progresista, ecologista, innovador y feminista (qué foto más inspiradora, en este último aspecto, la del nuevo Consejo).

Las nuevas ministras son todas ellas mujeres con experiencia política (municipal o institucional); de una generación similar, relativamente joven, pero ya madura; preparadas, alguna de ellas con expediente académico o vital brillante; con apariencia empática, solidaria, cercana. Los mismo cabe decir de los tres ministros nuevos. Iceta en Cultura es realmente algo novedoso, porque sabrá darle al Ministerio el tono político y servicial con los colectivos siempre complicados de la Cultura y las artes.

Segundo, porque con este Gobierno, a pesar de que el número de ministerios sigue siendo grande, Podemos –siempre un desafío de coordinación para los socialistas por las posibles y reales discrepancias– sigue difuminándose bajo el paisaje de predominio socialista. Si Irene Montero estaba destinada a ofrecer el rasgo más feminista, parece que ahora ya no es siquiera necesario, porque con un 60% de carteras en manos de mujeres el feminismo se constata solo. Si Yolanda Díaz podía ser hace unas semanas la estrella ascendente del Gobierno, ahora hay unas cuantas candidatas a ascender también. Y si Alberto Garzón y Manuel Castells estaban haciendo un papel meramente testimonial y sin relevancia política, entonces, ¿para qué cambiarlos? Que sigan…

Y tercero, porque por sus características, será más difícil a la oposición aprovechas los errores o las frivolidades que la vida política castiga con tanta crueldad. Es sabido que cuando un ministro comete un error nimio, sobre todo al comienzo de su mandato, la oposición y la opinión se ceban sin piedad. A las ministras se les perdona menos aún, por cierto, lo que debería hacernos pensar. Son en muchos casos verdaderas nimiedades que nada importan a la vida del país, como cuando una ministra dice que uno puede hacerse un caldito con hueso de vaca, o llama "miembra" a las diputadas de una comisión, o habla de "soluciones habitacionales" en lugar de hablar de viviendas. Esas pequeñas pifias pueden fulminar la imagen de un líder político en unos pocos minutos. Pues bien, yo creo que con este nuevo Gobierno, que llega curtido en las penurias de la política, la oposición lo va a tener más complicado.

Por supuesto, nadie dijo que sea fácil estar ahí arriba, y el desgaste comenzó ya el mismo día en que tomó posesión, pero al menos en su configuración inicial, este Gobierno tiene muy buena pinta. El tiempo irá diciendo.

Pezones femeninos

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