En el nido de las serpientes

He visitado el nido durante unos días. Por mi modesta notoriedad pública no han llegado a paralizarme. No merezco tanto. Pero las víboras se han lanzado a mis pantorrillas sin piedad. Han publicado mis datos personales completos, han señalado mi domicilio y han difundido un viejo vídeo en el que trataba de encender la luz de la biblioteca del Ateneo que nos tenían apagada los delincuentes que destruyeron nuestro restaurante. Agua pasada y podrida que las serpientes han reutilizado. Ninguno de los reptiles se hizo eco de mi versión cuando traté de defenderme. Han tratado de manchar la prestigiosa institución que presido y que hemos logrado revitalizar durante un lustro. Estas serpientes no distinguen la cualidad de su presa: si te interpones en su camino, te morderán, seas quien seas. 

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El motivo para el ensañamiento (ante el que no me arredro en absoluto), ha sido que he transmitido con honestidad la información que el presidente Zapatero quería ofrecer mientras estaba obligado a mantener un prudente silencio procesal. Siendo muy menor mi participación en el guion de esta historia, puedo entender mejor el dolor que se infringe a quien siendo inocente (Begoña Gómez, David Sánchez, y sí, también José Luis Rodríguez Zapatero) se ve acosado por estos seres violentos y desalmados. Sus actividades profesionales paralizadas, su vida social impedida, encerrados en sus casas, incluso sus agendas y sus conversaciones publicadas ilegalmente.

Esta brutalidad con las personas más cercanas al presidente del Gobierno ya sería grave si sólo fuera el resultado de la acción de la extrema derecha: las organizaciones querulantes que se dedican a ir cagando por los juzgados para ver si sus heces generan gusanos; los policías sin control preparados para componer con una jerga criminal y grandilocuente relatos sólidos a partir de meras conjeturas (sólo un dato: el 50 por ciento de los policías y los militares votan a la extrema derecha, Vox y Alvise); los muchos jueces y fiscales ávidos de erosionar al Gobierno que por otra vía no se logra tumbar; los panfletos pagados por la élite religiosa y empresarial.

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Toda esta cacería está alimentada con fervor por los dos líderes de la “respetable” derecha española, la que se ofrece como alternativa de gobierno

Pero sucede que toda esta cacería está alimentada con fervor por los dos líderes de la “respetable” derecha española, la que se ofrece como alternativa de gobierno. Uno de esos dos es Isabel Díaz Ayuso, que presume de haber inhabilitado al fiscal general del Estado (cinco votos a dos en el Supremo para vergüenza de ese Tribunal), mientras el novio que le paga la vivienda se embolsa millones en comisiones de mascarillas con el principal proveedor de la Comunidad de Madrid, y luego defrauda las ganancias. El otro, tutelado por ella, es Alberto Núñez Feijóo. Patxi López el miércoles le llamó ruin. Ya había mentado antes el líder del PP al suegro de Sánchez, y a su esposa y a su hermano, para el que Feijóo pide –qué gran corazón el del jefe de la oposición– ni más ni menos que seis años de cárcel.  

En el rifirrafe con Patxi López, el socialista dio con la frase que puso en pie a todos sus compañeros, y que sintetizó bien lo que puede pasar cuando toquen elecciones: que los progresistas planten cara y se levanten ante tanta indignidad. Que logren alertar del peligro de que todas esas serpientes hambrientas controlen nuestras vidas, en un país que es ahora mismo un modelo de convivencia, desarrollo y progreso.

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Estos torpes del PP ya no pueden controlar a los reptiles que liberaron. Están abocados a convertir su “quien pueda hacer que haga”, en un “quien pueda votar que vote”. Y lo mismo tenemos de nuevo una sorpresa, que ya pasó en 1993, en 2004 y en 2023. Sigamos.

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Luis Arroyo es sociólogo, profesor, consultor político, columnista de infoLibre y presidente del Ateneo de Madrid.

He visitado el nido durante unos días. Por mi modesta notoriedad pública no han llegado a paralizarme. No merezco tanto. Pero las víboras se han lanzado a mis pantorrillas sin piedad. Han publicado mis datos personales completos, han señalado mi domicilio y han difundido un viejo vídeo en el que trataba de encender la luz de la biblioteca del Ateneo que nos tenían apagada los delincuentes que destruyeron nuestro restaurante. Agua pasada y podrida que las serpientes han reutilizado. Ninguno de los reptiles se hizo eco de mi versión cuando traté de defenderme. Han tratado de manchar la prestigiosa institución que presido y que hemos logrado revitalizar durante un lustro. Estas serpientes no distinguen la cualidad de su presa: si te interpones en su camino, te morderán, seas quien seas. 

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