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Desde la tramoya

¿Riesgo de ruptura de la coalición?

Luis Arroyo nueva.

Las discrepancias entre los miembros del Gobierno procedentes de Unidas Podemos y los que proceden del PSOE son ya abiertas. Aunque se siguen manteniendo a duras penas las formas, las maquinarias de comunicación de unos y otros dan a conocer a la prensa las diferencias. Las últimas este martes. Primero, la supuesta negativa de Teresa Ribera a prohibir los cortes de agua y de luz a las familias más vulnerables, en contra del criterio de los morados. Y ese mismo día, la convocatoria por Sánchez de una reunión con los tres vicepresidentes socialistas, pero no con Pablo Iglesias, para ir preparando el reparto de los fondos europeos.

Es conocido por los habituales reporteros que siguen al Gobierno y a Unidas Podemos que el partido de Iglesias utiliza la comunicación (a veces filtrando discretamente, otras sin disimulo) para mostrar al público sus discrepancias, marcar distancias con los socialistas y presionar al mismo tiempo a sus socios de Gobierno.

Desde hace un año, las diferencias públicas entre socialistas y Podemos a propósito de decisiones gubernamentales se han observado a cuenta de más de una decena de asuntos, desde los escándalos del rey emérito hasta los desahucios, pasando por las pensiones, la subida del salario mínimo o las devoluciones “en caliente” de los migrantes.

España es nueva en gobiernos de coalición, porque desde la II República no habíamos tenido ninguno. Pero la práctica es muy frecuente en el resto de Europa. Al menos 400 coaliciones han gobernado en Europa desde la II Guerra Mundial. ¿Cuáles son los factores que determinan la estabilidad, la duración, de esos gobiernos formados por más de un partido?

En un estudio longitudinal y transnacional realizado por la profesora Svenja Krauss, de la Universidad de Hamburgo, se analizan esos factores. Hay en primer lugar factores constitutivos que reducen el riesgo de la ruptura. La proximidad ideológica es uno de ellos. En ese ámbito, lo cierto es que PSOE y Unidas Podemos, pese a lo que sus opositores creen cuando hablan peyorativamente de un “Gobierno social-comunista”, tienen enormes diferencias ideológicas. De hecho, la proximidad política del PSOE hacia Ciudadanos –en términos puramente ideológicos– es mayor que hacia Unidas Podemos, en asuntos tan importantes como la monarquía, los lineamientos internacionales o el volumen y el control del sector público o las relaciones con la derecha.

Otro factor constitutivo es el margen de actuación del que la coalición se dota, de acuerdo con las normas del país. Hay países en los que el jefe del Estado tiene un mayor papel, como en Francia, en Alemania o incluso en Portugal. Y países en los que el jefe de Gobierno tiene legalmente un margen menor. En España, el rey no tiene nada sustancial que decir, y el presidente tiene, por el contrario, todo el poder para dar por terminado el pacto, el Gobierno y, en último extremo, la Legislatura, convocando elecciones cuando quiera.

Hay factores coyunturales que afectan también a la duración de los gobiernos de coalición, como el surgimiento de crisis, escándalos o conflictos internacionales divisivos. De nuevo, en este particular, la solidez del Gobierno de coalición español se ha visto amenazada tanto por el estallido de la pandemia como por las nuevas revelaciones sobre las finanzas del rey emérito, asuntos ambos que no estaban previstos en los acuerdos fundacionales entre los socios. Entre los factores coyunturales encontramos también, cómo no, la fuerza de cada uno de los socios. Las coaliciones entre socios que han tenido una diferencia pequeña en votos o escaños son más duraderas que aquellas con un socio más dominante. En la coalición entre el PSOE y Podemos, es evidente que los socialistas son casi hegemónicos. Sánchez y su equipo tuvieron hace un año la habilidad, incluso, de diluir aún más la presencia de sus socios, aumentando a cuatro el número de vicepresidencias, y dejando solo una a Iglesias, y a 18 el de los ministerios, concediendo a los morados sólo tres carteras. Esa dilución, que genera mucha hostilidad en Podemos, es un constante factor de inestabilidad.

Hay, en fin, un último factor condicionante, que es la pura Teoría de Juegos, es decir, el equilibrio de las preferencias tácticas entre los socios. Se ha constatado, por ejemplo, que los socios tienden a mostrar más discrepancias, por ejemplo, cuando se percibe que la legislatura termina o podría estar terminando. Los socios entonces, muy especialmente los minoritarios como Podemos en el caso español, tienden a marcar diferencias, para singularizar su propia oferta ante las elecciones venideras. Hemos visto en los gobiernos de coalición regionales en España cómo socios bien avenidos durante, por ejemplo, los tres primeros años de la Legislatura, se enfadaban en el cuarto con cualquier excusa, para dar por rota la alianza.

Pero el principal factor en el que fija su atención la investigadora citada es la existencia de un acuerdo de Gobierno entre los miembros de la coalición. Los pactos de legislatura, constata, son determinantes para incrementar la duración de la coalición y reducir los riesgos de desacuerdos que impidan la gobernabilidad. Nuestro Gobierno de coalición cuenta con un Pacto que fue firmado por Pedro Sánchez y por Pablo Iglesias en el momento inicial de la formación del Gobierno, el día 30 de diciembre del año pasado, en el Congreso de los Diputados. En aquellas 50 páginas de la “coalición progresista”, se acordó subir los impuestos a las rentas altas y derogar la reforma laboral, impulsar la vía política para abordar el conflicto en Cataluña, limitar el precio de los alquileres, sacar la religión del currículo educativo evaluable, reforzar la lucha contra el machismo y contra el cambio climático, trabajar por la España vacía o eliminar los copagos sanitarios, entre otras.

En aquel documento no había obviamente ni una palabra sobre una posible pandemia mundial. El mundo cambió radicalmente solo tres meses y medio después de la firma de aquel pacto de Gobierno. Las prioridades se alteraron. Las cifras de las cuentas públicas caducaron de inmediato. Me pregunto qué habría sucedido si a Irene Montero, a Manuel Castells o a Alberto Garzón les hubieran asignado el Ministerio de Sanidad, una cartera insignificante en la era pre-covid y crucial desde entonces.

Los pactos de legislatura son un factor determinante en la estabilidad de los gobiernos de coalición. La lógica dice que aquel que se firmó hace un año debería ser puesto al día si el interés de los socios es llegar juntos al final teórico de la legislatura, sin enfrentamientos que afecten al buen gobierno del país. De no hacerlo, la legislatura podría resultar más corta de lo inicialmente deseado por los socios firmantes.

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