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Diario de una confinada

¿Eres un eco?

Raquel Martos

Una oyente ligada a la literatura me regaló ayer unas palabras preciosas de la poeta Kaneko Misuzu: “donde las flores sin nombre encuentran su refugio”. Así describía Elena Aranda cómo se siente cuando en días terribles como estos, un espacio en la radio, por ejemplo, le hace sonreír…Al contarme la historia trágica de esta artista japonesa que se suicidó en 1930 y cuya obra quedó en el olvido hasta los años setenta, Elena me llevaba a ese refugio que nunca falla, el del arte conectado con las emociones, como el que construyeron con la poesía de Misuzu mucho tiempo después de su muerte. Fue en 2011, cuando Japón fue azotado por un terremoto y el posterior tsunami. El Consejo de Publicidad nipón decidió transmitir por todas las cadenas de televisión y radio uno de sus poemas: “¿Eres un eco?”. El objetivo de aquellas palabras era “abrigar los corazones dolidos” tras el desastre:¿ERES UN ECO?Si digo "¿Vamos a jugar?",dices "Vamos a jugar".Si digo "¡Tonto!",dices "Tonto".Si digo "¡No quiero seguir jugando!",dices "No quiero seguir jugando".Luego, me siento sola.Digo "Lo siento",dices "Lo siento".¿Eres un eco?No, eres todo el mundo.El pasado domingo charlaba con mi querida Mónica Carrillo acerca de la fuerza que en estos días han adquirido la solidaridad, la generosidad y el apoyo mutuo. Ella se refería a “la ola buena” cuando comentábamos esta sucesión de acciones luminosas que caminan en paralelo al dolor, la ira, la tragedia o el egoísmo.Ahora, en esta conexión de las tragedias a través de la poesía de Misuzu, podríamos pensar simbólicamente en la pandemia como el terremoto que provoca la muerte, el dolor, la destrucción del bienestar; y tras éste, el tsunami. Pero de este tsunami podrían surgir dos olas. La destructiva, formada por la falta de compasión; y otra mucho más grande, cuya fuerza está impulsada por la empatía, la ola buena.Abrigarse el corazón con el eco de Misuzu no cambió la realidad, no anuló el terremoto en su país ni borró el dolor. Buscar ahora un refugio para las flores sin nombre tampoco cambia la nuestra. No borra las muertes, ni las familias rotas, ni el miedo al futuro, pero en aquel momento sus palabras fueron un refugio y hoy también han de serlo. Es actividad esencial abrigar los corazones dolidos con poemas, con silencios, con risas, con melodías… Y también lo es compartir los regalos que pueden dar calor, como este tan valioso. Una voz que fue silenciada, pero su eco ha llegado hasta hoy.La canción de hoy es un regalo para Elena, pero ella es generosa y le encantará compartirla con los que quieran escucharla…Eco, de Jorge Drexler.donde las flores sin nombre encuentran su refugio

el del arte conectado con las emociones

¿ERES UN ECO?Si digo "¿Vamos a jugar?",dices "Vamos a jugar".Si digo "¡Tonto!",dices "Tonto".Si digo "¡No quiero seguir jugando!",dices "No quiero seguir jugando".

Luego, me siento sola.Digo "Lo siento",dices "Lo siento".¿Eres un eco?No, eres todo el mundo.

esta sucesión de acciones luminosas que caminan en paralelo al dolor

como el terremoto que provoca la muerte, el dolor, la destrucción del bienestar

Buscar ahora un refugio para las flores sin nombre tampoco cambia la nuestra.

Eco

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