LA PORTADA DE MAÑANA
Ver
El PP hace bandera de la investigación parlamentaria por contratos del covid tras bloquearla donde gobierna

En Transición

Exhibición de debilidad en el Partido Popular

Una organización es más fuerte en la medida en que mejor sabe leer e interpretar la realidad, más conoce sus posibilidades para dar respuesta a las necesidades que ha identificado y mejor acierta al elegir a quién y cómo dirigirse para conseguir sus objetivos. De ahí que se dedique una buena cantidad de recursos a financiar sensores de todo tipo para tomar el pulso a la calle. Esto, que puede parecer la introducción de un plan de negocio de una empresa, es la base de toda organización, y más, si es un partido político.

En el Partido Popular los sensores llevan meses sin funcionarles, no consiguen leer una realidad compleja que ellos mismos están complicando más, no aciertan en sus respuestas, están despistados sobre el comportamiento de sus votantes y recurren a la mentira como forma de huir hacia adelante.

El caso Cifuentes es una muestra clara de todo esto: las evidencias de que el máster ni está ni se le espera se agolpan en las hemerotecas y pocas veces ha habido desnudos tan íntegros como este, hasta el punto de que los implicados han confesado sus apaños intentando huir de una hoguera que sentían cerca. Conforme las pruebas se han ido conociendo, ha crecido la indignación entre profesores de la Rey Juan Carlos primero y del resto de universidades después, entre alumnos y alumnas que cursan sus estudios con regularidad sin que nadie les regale nada, y en las familias que sacrifican sus ahorros para financiar la formación de sus hijos. Entre ellos, muchos –estadísticamente al menos–, votantes del Partido Popular.

Las declaraciones de los principales líderes populares echando balones fuera, o las continuas miradas hacia otro lado, son una prueba de la incapacidad que han tenido para leer lo que está pasando. Mientras van cayendo las pocas dudas, –si es que alguna vez las hubo–, y hasta habituales seguidores populares reconocen ya que el tema no tiene vuelta de hoja, el PP se envuelve en su bandera con su secretaria general al frente, al grito de “defendamos lo nuestro y a los nuestros”. Sólo ha faltado un titular de El Mundo para que ahora el problema sea una “conspiración del PSOE”, queriendo convertir en víctima a la aparente co-autora de una estafa académica en toda regla. Prietas las filas, desatados los nervios, y exhibiendo una debilidad que muestra la incapacidad que tiene ya el Partido Popular para entender lo que pasa en la sociedad donde gobierna.

Da la sensación de que en el PP, catorce años después, nadie ha hecho un análisis serio y riguroso de cómo gestionaron la crisis de los atentados del 11M: sin entender lo que estaba pasando, mintiendo, negando las evidencias cuando se desvelaron, y acudiendo a la teoría de la conspiración después. Demasiadas coincidencias.

El Poder consiste en definir la realidad

Y aunque no tenga nada que ver, algo similar está ocurriendo con el conflicto catalán. Es cada vez más evidente que buena parte de la sociedad española y europea, con opiniones distintas sobre el tema, asiste atónita a una situación a la que jamás se debería haber llegado. En el fondo de la sentencia del Tribunal Superior de Schleswig-Holstein, lo que los magistrados germanos le están comunicando al Gobierno español no es su acuerdo con las reivindicaciones independentistas, ni con el 1 de octubre, ni nada similar. Lo que los jueces alemanes vienen a decirle a nuestro Ejecutivo es que haga el favor de hacer su trabajo y solucionar, en el ámbito político, un problema de naturaleza política. Todo un golpe a la estrategia del PP, que vuelve a envolverse de nuevo en su bandera para negar las evidencias mientras insiste en la misma línea y es incapaz de ofrecer una alternativa o un cambio de rumbo que  pueda ir aproximando la solución.

El problema es que en esta incapacidad para entender lo que pasa y dar una respuesta coherente que les ayude a conseguir sus objetivos, el Partido Popular se está llevando por delante demasiadas cosas: en el caso del máster de Cifuentes, el prestigio y la credibilidad de la Universidad pública y de sus miles de profesores y alumnos. Y en el de Cataluña, se han saltado ya tantas líneas, que sólo quedaba cuestionar a la propia Unión Europea, como hizo González Pons en la convención del Partido Popular. Nuevamente, a ver quiénes son los antisistema…

La capacidad para saber leer lo que pasa, interpretarlo y reaccionar es esencial para cualquier tipo de organización, como decía al principio. Pero es especialmente relevante en el caso de los partidos, que son los encargados de seleccionar a las élites políticas, servir de cauce de participación a la sociedad –según dice nuestra Constitución–, y cumplir una función esencial en la articulación del espacio público. Y esto nos lleva a un tema tan viejo como apasionante: ¿de quién son los partidos?

Más sobre este tema
stats