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… Que hace llamadas

¿Si tuviera que elegir una parte concreta de su cuerpo para implantarse un teléfono móvil, cuál sería? 

Esta semana se ha celebrado en Barcelona el Mobile World Congress y Martin Cooper ha recibido el premio a su trayectoria profesional. Puede que no le suene su nombre y, sin embargo, es más que probable que usted pertenezca, como yo, a esos dos tercios de la población mundial que posee o está poseído... por algo que Cooper inventó hace medio siglo.

En 1973, este ingeniero industrial estadounidense hizo la primera llamada con un teléfono móvil y esa nueva herramienta de comunicación nos liberó del cable que nos mantenía atados a nuestra casa, a la oficina o a una cabina. Así comenzó la vida de un aparato que iba a cambiar la nuestra. 

El móvil evolucionó hasta convertirse en lo que es hoy, un artefacto tan inteligente que puede dominarnos. Y nos entregamos a él conscientes de que tiene dos caras, la generosa que nos da libertad y la perversa que nos la quita. La bondadosa que nos permite acercarnos a otros, orientarnos en espacios desconocidos e incluso amarnos a distancia y la cruel, que nos separa de los nuestros, nos quita el sueño y nos mete en líos muy gordos.

Es la inseguridad que provoca la pérdida del control del espacio conocido y la certeza de que, con cada conquista evolutiva, nos toca desprendernos de algo que formaba parte de nuestro mundo

Ahora, Marty ha hecho una predicción llamativa; dice que en el futuro llevaremos dispositivos bajo la piel de las orejas, como lo oye… Y que será nuestro propio cuerpo el que cargue la batería al ingerir comida. A mí esto me encanta porque entonces yo dejaré de repetir mi letanía “dónde he dejado el puto cargador” para pronunciar mantras deliciosos como “voy a zamparme otra palmera de chocolate, que tengo un 1% de batería”.

He metido chocolate en la ecuación para disimular el miedo y la pereza que me da imaginarme el implante orejero…

Claro, produce cierto vértigo saber que cualquier idea que ahora nos parece inverosímil es perfectamente alcanzable e inevitable, porque eso sirve para los sueños pero también para las pesadillas. Estamos inmersos en muchos de los escenarios que pensamos que jamás llegarían, tanto que ahora algunas series de “distopía” parecen “costumbrismo” de sobremesa… 

Pero es una constante en el ser humano que la aproximación a ciertos avances nos asuste, que las predicciones de futuro nos produzcan cierto temblor de piernas. Es la inseguridad que provoca la pérdida del control del espacio conocido y la certeza de que, con cada conquista evolutiva, nos toca desprendernos de algo que formaba parte de nuestro mundo.

Consuela saber que hay ciertas cosas que permanecen, y que en el tiempo del despertar de la Inteligencia Artificial, los sentimientos, los instintos y las emociones son calcados a los que existían en tiempos del emperador Adriano. 

Martin Cooper, con 94 años, habla del móvil con auténtica pasión y sale sonriente en todas las fotos. Dice que él siempre ha vivido en el futuro, quizás por eso su gesto es el contrario de quien se queda atascado en el pasado. Y que no debe de estar en grupos de whatsapps infernales, si no, no sonreiría así… 

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