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Te lo mereces, gilipollas

Cuando salíamos del curro caminábamos y hablábamos de series. Claro que tocábamos otros asuntos de la vida, algunos dolorosos, otros inocuos, pero lo que más nos conectaba era hablar de series, eso y la risa.

Casi siempre era él quien me recomendaba la serie que ya había visto y yo no podía perderme. Creo que únicamente le tomé la delantera cuando le recomendé la primera temporada de The Crown: "Es buenísima, te va a encantar". Qué satisfecha y orgullosa me sentí cuando supe que mi Sapientín me había hecho caso. Después de comerse la temporada de un atracón, me contó que la serie sobre la corona inglesa era de las mejores que había visto nunca y nos pusimos a desmenuzarla.

Es que él jamás se conformaba con un "es buenísima, te va a encantar". El análisis que hacía era tan profundo y tan prolijo en detalles, que parecía estar dictando la crítica para un medio especializado mientras caminábamos por la Ronda de Toledo.

Recuerdo, en especial, la vuelta desde el polígono donde está la radio. Aquel día nos tocó ir más allá del infinito y al volver en taxi, en nuestra road movie de Hacendado por la carretera de Burgos, charlábamos sobre True Detective. Los dos estábamos fascinados con la serie, yo le expliqué que sentía un nudo en el estómago cuando sonaban los primeros acordes de Far From Any Road en la cabecera y él se arrancó a hablarme del viaje del héroe de Joseph Campbell, esa estructura narrativa del monomito que sirve para contar la historia de Jesucristo, Superman o Luke Skywalker y puede que la de cada uno de nosotros… Disfruté tanto de aquella clase improvisada, que el atasco de tráfico mutó de fastidio en oportunidad.

Mi compañero de curro, de risas, de estrés, de lágrimas y de charlas deliciosas hablando de series, se largó un día. Su viaje tenía que continuar por otro camino que se alejaba del mío. Claro que me sentí abandonada, siempre lo siento cuando se marcha alguien que quiero que esté a mi lado, pero no podía ser de otro modo, tenía un destino clarísimo y partió hacia ese lugar.

Mi compañero de curro leía desde niño y escribía desde que lo era o al menos lo parecía… Hoy lo sigue pareciendo, Juan tiene una infancia tatuada en esa cara de listo, en la inocencia con la que cuenta los chistes –peor que nadie– y en el asombro de estar triunfando a lo bestia.

Todos hemos visto a personas mal construidas que perdieron el norte cuando ascendieron a las alturas, da gloria ver a quien triunfa currándoselo y queriendo bien a los que siempre le han querido

Ayer estuve en un acontecimiento cultural y mediático despampanante: la alfombra roja del preestreno de una serie esperadísima, protagonizada por Victoria Luengo y Hovik Keuchkerian y todo apunta a que millones de personas en todo el mundo van a sentir un nudo en el estómago al escuchar la banda sonora de Víctor Reyes desde su sofá, la música que anuncia que llega a su casa La Reina Roja. El autor de esta historia es Juan Gómez Jurado, mi compañero de curro, el niño adulto con cara de listo, el creador de cerebro brillante y tenacidad y esfuerzo incombustible, que no ha perdido el corazón en su viaje del héroe hacia el éxito estratosférico.

Claro que me siento orgullosa, siempre lo siento cuando le sucede algo bueno a alguien a quien quiero y que, además, lo merece indudablemente. Todos hemos visto a personas mal construidas que perdieron el norte cuando ascendieron a las alturas, da gloria ver a quien triunfa currándoselo y queriendo bien a los que siempre le han querido.

Creo que nunca le he dado abiertamente las gracias por todo lo vivido y lo aprendido con él, entre mis múltiples defectos tengo uno gordo, el pudor de decir a la cara: "cuánto te quiero y te admiro" a quien más cerca tengo. Nadie me ha llamado "gilipollas" con tanto amor como Juan y es mutuo, yo también se lo llamaba y se lo sigo llamando. Qué orgullosa estoy de tu éxito. Te lo mereces, gilipollas.

Far from any road

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