Opinión

El horóscopo funciona

América Valenzuela

Hoy he estado en el corazón de Madrid grabando con una cámara declaraciones de los viandantes sobre algunos temas relacionados con la ciencia. Regreso desilusionada al comprobar que la inmensa mayoría aseguraban que el movimiento de los astros determina nuestro comportamiento. Incluso aquellos que habían respondido con lucidez y conocimiento a preguntas complejas sobre el cerebro. Eso sí, a pesar de creer en la magia de la astrología casi ninguno había reparado en que esta semana pudimos ver por primera vez en trece años a Mercurio cruzar frente al Sol.

“Somos un 90% agua. Si la Luna provoca las mareas, cómo no nos va a afectar a nosotros”, me explicaba convencida una chica. La realidad es que la atracción gravitatoria depende de las masas de los cuerpos. Lo dejó muy claro Newton con la Ley de Gravitación Universal. Si las mareas son mínimas en un gran lago, el efecto de la atracción de la Luna sobre los escasas decenas de litros que alberga un cuerpo humano es insignificante. El único efecto que tiene el ciclo de la Luna sobre el ser humano o cualquier otro animal sobre la faz de la Tierra tiene que ver con la luz que refleja. Hay ranas que citan las noches de luna llena para aparearse masivamente en las charcas. La influencia de la Luna llena en mi vida se reduce a no encender la lámpara de la terraza las noches de verano que ceno ahí fuera.

Yo pensaba que la gente se tomaba el horóscopo como un entretenimiento, como quien juega al Risk o al Stratego o quien lee viñetas de humor durante una tarde dominguera. Pero no es así. “Yo soy tozudo, como todos los Tauro”, decía uno de los interrogados para justificarme que los vaticinios son ciertos . La verdad es que el horóscopo funciona. Acierta todo y nada a la vez. Su secreto es una inteligente forma de complacencia. La explicación la brindó al mundo el psicólogo Bertram Forer en 1948 con un experimento muy elocuente.

Pidió a sus estudiantes que respondieran un test de personalidad. Unos días después les entregó el perfil personalizado de cada uno de ellos basado en los resultados de la prueba. Les pidió que evaluaran el análisis. Los resultados rozaron la excelencia. Todos los estudiantes se veían bien reflejados en el documento. La sorpresa llegó cuando Forer les reveló que había entregado el mismo informe a todos y cada uno de ellos. El texto era la suma de extractos de horóscopos. En definitiva, el supuesto perfil personalizado era un compendio de generalidades que sirven para describir a cualquiera.

“Tienes la necesidad de que otras personas te aprecien y admiren, y sin embargo eres crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades en tu personalidad, generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una considerable capacidad que no has aprovechado. Tiendes a ser disciplinado y demuestras autocontrol de cara al exterior pero te sientes inseguro y preocupado por dentro. A veces tienes serias dudas sobre si has obrado bien o tomado las decisiones correctas. Prefieres una cierta cantidad de cambios y variedad y te sientes defraudado cuando te ves rodeado de restricciones y limitaciones. También estás orgulloso de ser un pensador independiente; y de no aceptar las afirmaciones de los otros sin pruebas suficientes. Pero encuentras poco sabio el ser muy franco en revelarte a los otros. A veces eres extrovertido, afable, y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y reservado”.

Estoy convencida de que, en parte, la confusión de la ciudadanía tiene que ver con contenidos como este emitido en RTVE hace unos días. Es un disparate insoportable de principio a fin:

Reportaje sobre la astróloga Martina Carutti

Lo peor de esta desinformación es que se presenta al público con la misma solidez que a un hecho científico probado. Eso, mi querido Géminis, es un despreciable engaño.

Contra los puentes levadizos del ‘Brexit’

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