MUY FAN DE...

Jorge Moragas

Jorge Moragas.

Una semana, Jorge, una semana aguardando para decirte lo fan que soy de tu persona, no sabes lo larga que se me ha hecho la espera. Con lo impulsiva que soy en cuestión de emociones, me costó vencer la tentación de llamarte para confesarte de viva voz la fascinación que siento por ti. Pero, claro, me dio por pensar que igual te llamaba en mal momento: en pleno comité de dirección, leyendo un tebeo de esos que te encantan, o a lomos de tu moto surcando las autopistas de España –tú siempre tan ocupado– y no iba a arriesgarme a que me colgaras el teléfono. Se entera mi madre de que te he llamado YO y me has colgado TÚ y me embarga el envío de tuppers durante un mes. Menuda es ella para el asunto de la dignidad…

Te cuento, Jorge, estaba yo el domingo viendo un Salvados bastante especial para mí, uno de esos que escuecen más de la cuenta porque reconoces en tu piel, por desgracia, las situaciones de sus protagonistas. Y, de pronto, te llama Jordi y oigo el sonido de tu voz al otro lado: simpático, cordial, así, como eres tú… Oye, por un momento, se dibujó una sonrisa en mis labios y pensé en plan abuela de Aquí no hay quien viva: “Qué agradable es este chico siempre”. Pero a los pocos minutos, mazazo, me quedé de Silestone cuando zanjaste la conversación tan bruscamente: “Os agradezco vuestro interés pero tengo que cortar la comunicación”. ¡Colgaste a tu tocayo, Jorge! ¡Pero si es del Barça como tú! Ay…

Ah, espera, que Évole no te llamaba para hablar de fútbol sino para ponerte al teléfono con Jaume Martorell, un joven dependiente, más activo en la lucha contra la indiferencia desde su silla de ruedas que muchos runners dando vueltas a la manzana, con más fuerza en ese grito mitigado por el filtro de su respirador automático, que el que sale de los pulmones de miles de fans en un concierto de los Rolling Stones. Jaume, un tío de esos a los que apetece mucho conocer y te lo perdiste, con lo sociable que pareces, me cachis, todo por culpa de tu elevadísimo sentido de la responsabilidad. ¡Cómo ibas a atender a Jaume, si estabas operando a corazón abierto!

¿Porque estabas haciendo eso, verdad, Jorge? Algo inaplazable, ineludible, inevitable, mucho más urgente que lo de dar alguna respuesta a esos a los que etiquetamos como “dependientes” por su necesidad de alguna ayuda para poner en marcha su día a día aunque, bien pensado, también podríamos llamarlos así por lo mucho que depende su calidad de vida de vuestras decisiones.

Me extrañó esa parquedad, con lo comunicativo que tú eres: precursor de la presencia de tu partido en Internet, tú que abriste un blog para contarle al mundo lo que pasaba por tu cabeza, tú que hablas con importantes dirigentes alemanes y franceses, tú que departes como si tal cosa con los miembros de la Administración Obama, tú que charlas en perfecto inglés con David Cameron. Tú, conversador apasionado, si hasta Letizia te mandó callar porque te pilló cotorreando durante el discurso del Príncipe Felipe en la relaxing presentation de Madrid para los JJOO 2020. ¿Y vas y pierdes la oportunidad de que un buen montón de espectadores, o lo que es lo mismo, ciudadanos que ven la tele, escuchen tus argumentos y confirmen si eres o no de los que responden…? Como diría Papuchi, el padre de Julio Iglesias, que en paz descanse, “raro, raro, raro”.

Es que claro, Jorge, uno escurre el bulto cuando carece de respuestas, cuando no tiene nada que decirle al otro, cuando no está seguro de llevar la razón. Pero siendo como eres la mano derecha de Rajoy, el fiel escudero del Quijote más satisfecho de España, el más cercano compañero de aquel que afirma que los recortes son por nuestro bien, que cada movimiento del gobierno está diseñado para mejorar nuestras vidas, que cada decisión está encaminada a guiarnos por la senda de la felicidad… me extraña que no aprovecharas la oportunidad de decirle a Jaume y a España entera, con la boca bien grande: “¡Y si somos los mejores bueno y qué!”

Te definen los que te conocen bien como un gran creativo y un apasionado de las nuevas tecnologías, si tienes un rato, entre comité y comité, mira a ver si se te ocurre alguna fórmula chula para que cuando los ciudadanos, a los que te debes, escriban a Rajoy reclamando lo que les corresponde, reciban algo menos rancio que una “carta tipo” como la que le enviaste a Jaume, es que ¿sabes? no mola nada, es como una mezcla chunga entre feo y frío y ajo y agua.

En fin, Jorge, como fan tuya que soy, te entiendo, lo de recibir llamadas en momentos inoportunos es un coñazo. Hasta yo, habladora impenitente, maldigo a veces a Graham Bell por su diabólico invento. Es matemático lo de meterte en la ducha y que se ponga a sonar y no te digo nada para los que tenemos melena –ya tú sabes– lo mucho que estresa oír el ring, ring justo cuando estás hasta arriba de espuma. Bueno ¿y qué me dices de esas llamadas interminables de cuñadas que no respiran entre frase y frase? Un horror, Jorge, dramático.

Yo te admiro tanto que voy a copiarte ese corte en seco tan chulo que hiciste en la tele y les diré a mis cuñadas parlanchinas: “Agradezco tu interés, cielo, pero tengo que cortar la comunicación”. Así, sin piedad. Es más, me gusta tanto tu frase, que cuando empecéis con los mítines electorales también la voy a decir, aunque no me oiga nadie: “Agradezco tu interés, pero tengo que cortar la comunicación. Ya me cuentas otro día, eso de que quieres que te vote, me pillas presidiendo un comité de dirección”. Guiño, guiño, codazo.

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