El Consorcio PP-Vox contraataca

Los casos que asedian el entorno familiar y político de Pedro Sánchez son también el escenario de una guerra que trata de cerrar la conversación plurinacional. PNV y Bildu siguen siendo dos vectores que otorgan a esta legislatura continuidad junto a Cataluña, permanente sustento institucional. A pesar del ruido que ha contaminado la industria de la actualidad, España es un país de países que funciona. La vida política continúa su devenir a la espera de conocer cuándo serán las próximas elecciones generales. La mayor garantía de estabilidad política será el apoyo a unos presupuestos sociales con el respaldo de los mismos partidos que cimentaron la investidura del presidente del Gobierno en 2023. Conviene no despistarse. Los plurinacionales deben preguntarse si ellos tienen encaje en una España gobernada por el Consorcio PP-Vox. Si no es así, lo único que ERC debe preguntarle a su portavoz en el Congreso es si es tiempo para los reproches o para la gran política.

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El cerco a la España plurinacional

¿Cuántas Españas caben en esta España transversal, plural y periférica? He aquí una de las claves que debemos identificar para poder registrar las coordenadas del nuevo ciclo político. Los conflictos judiciales que rodean a Pedro Sánchez cercan también a la plurinacionalidad que debe desplegar sus propios mecanismos políticos de protección, sostenidos sobre la confianza de los partidos plurinacionales que construyeron la investidura en la Corte de los Leones en 2023. Conviene no perder de vista algo importante: a mayor plurinacionalidad, mayor será la estabilidad democrática de nuestro país. Seamos honestos: el algoritmo judicial debilita la capacidad del Gobierno para llevar a cabo la amnistía total y, por lo tanto, la plurinacionalidad y, por ese mismo motivo, el pilar del nuevo ciclo no puede hacerse depender de un solo hombre ni tampoco de ningún faro moral. Por el contrario, se trata de un sistema que admite y necesita recambios. Cuando cae un interlocutor, ya se debe disponer de otro.

Conviene no perder de vista algo importante: a mayor plurinacionalidad, mayor será la estabilidad democrática de nuestro país

¿Cuántos partidos tienen sentido dentro de esta España? Algunos portavoces plurinacionales deben preguntarse qué espacio tendrían en un Gobierno ocupado por el Consorcio PP-Vox cuando se resignan y dan por agotada la legislatura. En el fragor de la batalla, los soldados no pueden detenerse y acusar a su general. Oskar Matute, un auténtico maverik en los cielos del Congreso, resulta contundente en este sentido: reclama más acuerdos, más velocidad. Aitor Esteban, el último sumotori vasco, también comienza a sentir los efectos del algoritmo judicial. No es la corrupción lo único que se persigue destapando las supuestas “cloacas” del PSOE, es también el modelo que sienta las bases de una España plural y transversal lo que se resquebraja, tratando de sustituir el diálogo por el ruido en la conversación democrática. La plurinacionalidad sufre el contraataque de los uninacionales. Lo hace a través de una guerra del Estado contra el Estado que, no obstante, tampoco ha impedido que este Gobierno y los otros diecisiete autonómicos hayan perdido su iniciativa política. España funciona y, por esta razón, la UCO puede registrar las oficinas de la Dirección General de la Guardia Civil pero no puede entrar en el Congreso de los Diputados.

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El algoritmo judicial y “el último baile”

El auto de procesamiento a Begoña Gómez, la sentencia condenatoria a José Luis Ábalos o las joyas de Zapatero constituyen daguerrotipos que nos hablan de este fin de ciclo político. Pero también refieren a cierto sentido de descontrol. Unidad sí, pero víctima del principio de entropía. La presión está disparada. Es por eso que el Comité Federal de este sábado último en Ferraz pudo haber sido el momento político en el que Pedro Sánchez mudase de piel y haber presentado definitivamente a Pedro. Pero no ha sido así. Pedro Sánchez no se dirigió a la ciudadanía, tampoco a su militancia. Tan sólo se dirigió a los cuadros políticos que ocuparon su asiento en el Comité Federal. Comienza el “last dance” y todos los partidos, salvo Bildu, parecen dar síntomas de extenuación y colapso.

El Gobierno, nos indica Alberto Núñez Feijóo recurrentemente, debería irse, pero el Gobierno sigue ahí. El portavoz del PP es una máquina que produce frustraciones cada vez que reclama el anticipo de las elecciones generales, alimentando más tensiones y depositando la acción opositora en los tribunales. Gabriel Rufián parece haber sucumbido a ellas. Uno y otro son menos líderes desde la semana pasada. El momento antipolítico nos indica, sin embargo, que el algoritmo Marchena falla y que el país, en cambio, continúa su devenir político, funcionando sin que se logre movilizar con plenitud el voto de la derecha pero también, y esto es lo más importante, sin que el PSOE logre, por el momento, encontrar la causa central que active el voto de la izquierda.

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La política es también el arte que nos permite desvelar aquello que no se ve o permanece oculto en la memoria social

En las guerras cognitivas está muy presente el olvido que seremos. Son las guerras de la distracción, pero la política es también el arte que nos permite desvelar aquello que no se ve o permanece oculto en la memoria social. Es bastante probable que el algoritmo active a un millón de indecisos si Pedro Sánchez logra ser Pedro. Sólo así podrá aglutinar a una mayoría en torno a síes que nos revelen lo que hemos sido, lo que somos y, sobre todo, lo que queremos ser. El contraataque del Consorcio sólo beneficia técnicamente a Vox y Feijóo continúa congelado en la cota del 33% de los votos.

El algoritmo judicial falla y deja un regusto amargo: la justicia ha hablado y también funciona, apuntalando a un Pedro Sánchez que deberá ser, antes que nada, Pedro en su “último baile”. La situación judicial no cambia el Estado de Derecho. Al trabajador que se deja el salario todos los meses en el alquiler de la vivienda hay que reconocerle su razón: el que la hace la paga. Pero el algoritmo se ha constituido como la gran disonancia cognitiva entre los titulares que ocupan las portadas y lo que preocupa realmente en la vida cotidiana de la sociedad, que es la que, en definitiva, paga esta fiesta.

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En la rula no preguntan, apuntan

La exportavoz del PSOE, Enma López, ha movido ficha anunciando su candidatura a las primarias del partido que decidirán quién encabezará la candidatura socialista en la capital del Madrid D.F. La concejala madrileña utilizó su cuenta oficial para anunciar públicamente su postulación frente a Reyes Maroto. En la rula no preguntan, apuntan, suele decirse en Gijón, ciudad marinera, cuando alguien se anticipa a todos los demás en cualquier acto de la vida. La democracia es el mercado de los votos donde se rulan candidatos, programas, personas e ideas. Y la política es para listos y también para valientes: López, mujer libre, ha respondido a las tres preguntas que debe hacerse un líder en la oposición para ganar unas elecciones: qué quiere para sus vecinos, qué quiere ella y qué quiere para su partido (y las tres deben ser respondidas en este escrupuloso orden). Lo demás, cualquier otro comentario, sólo es brujería.

Los casos que asedian el entorno familiar y político de Pedro Sánchez son también el escenario de una guerra que trata de cerrar la conversación plurinacional. PNV y Bildu siguen siendo dos vectores que otorgan a esta legislatura continuidad junto a Cataluña, permanente sustento institucional. A pesar del ruido que ha contaminado la industria de la actualidad, España es un país de países que funciona. La vida política continúa su devenir a la espera de conocer cuándo serán las próximas elecciones generales. La mayor garantía de estabilidad política será el apoyo a unos presupuestos sociales con el respaldo de los mismos partidos que cimentaron la investidura del presidente del Gobierno en 2023. Conviene no despistarse. Los plurinacionales deben preguntarse si ellos tienen encaje en una España gobernada por el Consorcio PP-Vox. Si no es así, lo único que ERC debe preguntarle a su portavoz en el Congreso es si es tiempo para los reproches o para la gran política.

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